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15 de diciembre de 2017

DIOS FUENTE DE GOZO

Reflexión homilética para el tercer domingo de Adviento, ciclo B
*       Isaías
El libro de Isaías (Is 61) nos describe proféticamente cuál será la grandeza del Mesías prometido por Dios al pueblo de Israel.
Esto mismo leeremos también en Lc 4 cuando Jesucristo, en la sinagoga de Nazaret, se aplique a sí mismo estos versículos:
“El Espíritu del Señor está sobre mí…”
Pero, quizá, con un poco de atrevimiento, me permito decirte que tú mismo vayas leyendo con fe y detención la primera lectura de este domingo y te la apliques como si Dios te la dijera a ti.
Empecemos la aplicación, si te parece, de esta manera. Yo pongo las primeras palabras y tú sigues en esta oración ante Dios:
Desde el día del bautismo “el Espíritu….”
En cuanto al traje de gala, el manto de triunfo y la corona de novia… no olvides que son bastantes las veces que en la Biblia Dios se presenta como Esposo o Novio de Israel, de la Iglesia y de cada uno de los que pertenecen a la Iglesia.
Y Él nos embellece con los sacramentos, dones y frutos.
*        Salmo responsorial
En cuanto al salmo responsorial, el de hoy no es propiamente un salmo sino que meditamos el Magnificat de la Virgen con una aplicación que María hizo del mismo texto de Isaías aplicándose.
Que esto produzca en ti un gozo tan grande como el que vas a repetir entre versículo y versículo del salmo responsorial:
“Me alegro con mi Dios”.
*        San Pablo a los Tesalonicenses
Sabemos que este tercer domingo de adviento se llama de Gaudete (alégrense) porque así comienza el párrafo de esta carta:
“Estad siempre alegres…”
De hecho San Pablo hoy siguiendo el tema que estamos meditando nos invita a sentir la felicidad más profunda, la felicidad que Dios regala con su gracia y sus dones.
Es el gozo del Evangelio de que habla el Papa Francisco y que debes llevar siempre en el corazón.
(Recuerda su carta “El gozo del Evangelio”.)
Por todos estos dones de los que venimos hablando valen también para ti las palabras de Francisco:
“Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.
Por esto que vamos diciendo entendemos mejor las palabras de Pablo:
“No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo y quedaos con lo bueno”.
A continuación pide Pablo que, evitando toda clase de mal, nos dejemos consagrar por Dios para que nuestra alma viva siempre en la paz y alegría, manteniéndose sin reproche hasta el encuentro con Cristo.
*        Verso aleluyático
El aleluya repite una vez más lo que es la idea central del día que aparece muy clara en este domingo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí”.
*        Evangelio
El Evangelio es de San Juan y nos habla del Bautista. La liturgia ha tomado dos versículos del primer capítulo para hacer una presentación teológica profunda de él:
“Vino a dar testimonio de la luz, pero no era la luz”.
Y a continuación leemos un diálogo entre Juan y los judíos que venían con algo más que curiosidad.
Querían saber por qué ese hombre, desconocido para ellos, estaba predicando penitencia con tanto fuego en el alma.
Lo que más llama la atención es la sinceridad de Juan que sabe bien que no es ninguno de los personajes con los que quieren identificarlo, pero sí sabe que tiene un papel muy especial confiado por Dios que lo ha escogido como el precursor del Mesías.
Por eso afirma con toda libertad que ni es el Mesías, ni es Elías, ni es un profeta. Simplemente se presenta como “la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor”.
Pero lo más hermoso es el acto de humildad que hace y cómo aprovecha la oportunidad para proclamar la grandeza del que viene:
“Yo bautizo con agua pero detrás de mí hay uno que no conocéis y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia…”
La gran afirmación de Juan será:
Yo bautizo con agua pero en medio de ustedes está el que bautiza con el Espíritu Santo.
Quiera Dios que este maravilloso Juan nos ayude a todos a ser humildes y a evangelizar con todo el fuego de nuestro corazón.

+ José Ignacio

18 de enero de 2015

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO,CICLO B

JESÚS COMIENZA PESCANDO PESCADORES

La liturgia es la manera que tiene la Iglesia, nuestra Madre, de ayudarnos a crecer en la fe.

Uno de los medios más importantes es el año litúrgico.

Como sabemos, está dividido en tres grandes periodos: Navidad con la preparación del adviento; la Pascua con la cuaresma y el periodo más largo que llamamos Tiempo ordinario.

El tiempo ordinario nos habla de lo de cada día, que en realidad es lo que nos permite crecer en todos los sentidos. Las fiestas son impulsos importantes, pero es el tiempo ordinario el que nos permite progresar en la vida del Espíritu.

Algo así sucede en la vida humana.

Durante este periodo que ahora comenzamos la Iglesia nos presenta toda la vida de Jesús con la excepción de los dos grandes acontecimientos ya anotados líneas arriba: navidad y pascua.

Iremos leyendo milagros, enseñanzas, rasgos de su vida, sus amigos, sus enemigos, etc.

Es interesante lo que el lunes pasado hemos leído, el inicio de la carta a los Hebreos, para que entendamos que, si en el pasado Dios habló por los profetas, y de otras muchas maneras, “últimamente nos ha hablado por medio de su Hijo”. A Él solo hemos de seguir.

Como el primer domingo celebramos el Bautismo de Jesús, en este segundo vemos cómo empieza Jesucristo a buscar los primeros apóstoles para que le acompañen en la evangelización.

Comienza pescando pescadores, como veremos en los próximos días. 

Profundicemos la liturgia de hoy:

* Salmo responsorial 

Vemos la actitud de Cristo ante el Padre al llegar a este mundo.

Será bueno que la tengamos en cuenta toda nuestra vida porque Jesús pone su entendimiento y voluntad en las manos de Dios, diciendo: 

“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Precisamente la primera oración colecta del tiempo ordinario nos presentó esta misma idea pidiendo “una luz para conocer tu voluntad y fuerza para realizarla”.

Hermosa lección.

*Primera lectura

Nos habla de Samuel, el pequeño Samuel nacido como fruto de la oración de Ana, su madre que era estéril.

Tres veces repite el joven “aquí estoy”, que son las mismas palabras de Jesús al venir al mundo y de María al aceptar el plan de Dios en su vida.

Samuel, el primer profeta escogido por Dios, con la sencillez del niño, va tres veces en plena noche ante el sacerdote Elí, respondiendo a su supuesto llamado.

Al final, el pequeño se pone en comunicación con Dios con estas simples palabras que le dictó el mismo sacerdote:

“Habla, Señor, que tu siervo te escucha”.

*Segunda lectura

San Pablo nos recuerda que no nos pertenecemos a nosotros mismos:

“No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros”.

Es Cristo quien pagó con su vida, para que podamos obtener la libertad que nos quitó el pecado. Por eso el mismo apóstol dice: 

“¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?… Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios”.

Amigo, si somos de Dios, ¡que se note!

Una manera de conseguirlo será glorificar a Dios no sólo con nuestra alma sino también con nuestro cuerpo: “Glorificad a Dios con vuestro cuerpo”.

*Evangelio

El evangelista del ciclo B es Marcos, pero como ya hemos dicho el Evangelio de Juan nos lo va ofreciendo la liturgia a través de los tres ciclos. 

Hoy es precisamente Juan quien nos cuenta cómo Jesús empieza a reunir a los apóstoles y cómo Él los toma de los propios discípulos de Juan.

Juan Bautista es el maestro. Tiene su grupo.

Les había hablado mucho del Mesías. Y un buen día “fijándose en Jesús que pasaba, dice: “Éste es el Cordero de Dios”.

De esta manera tan sencilla Juan pasa sus discípulos a Jesús.

En efecto, los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús:

“Jesús se vuelve… y pregunta: ¿qué buscáis?

Ellos le contestaron: Rabí, ¿dónde vives?”

Jesús les invita y se quedan con Él todo el día.

Hay un detalle muy hermoso que cuenta el propio Juan con estas palabras:

“Serían las cuatro de la tarde”.

Sin duda es un detalle de amor.

El otro discípulo era Andrés que se fue derecho a su hermano Simón para decirle: “hemos encontrado al Mesías que significa Cristo. Y lo llevó a Jesús”. Jesús lo acoge y le cambia el nombre de Simón por el de Pedro, que significa “piedra”.

Otra hermosa lección para nosotros que si queremos evangelizar debemos imitar a Jesús entusiasmando a otras personas para que puedan descubrirlo y darlo a conocer.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

9 de enero de 2015

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

EL BAUTISMO DE JESÚS

La liturgia de hoy nos presenta a Jesús con palabras de Juan:

“Juan al ver a Jesús venía hacia Él exclamó: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

No sabía que pocos minutos después sería él mismo el que tendría que bautizar al que “puede más que yo… Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.

*El prefacio de este día centra la fiesta con estas palabras:

“En el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús para que los hombres reconocieran en Él al Mesías enviado a anunciar la salvación a los pobres”.

Podemos darnos cuenta de que hay dos partes en lo que acabamos de leer.

En primer lugar, las palabras “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” nos está presentando al Padre que desde el cielo manifiesta al mundo que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad (“tu Palabra”) estaba entre los hombres y Dios quería que lo reconocieran como a su enviado.

En un segundo momento se nos ha dicho que el Espíritu Santo, “que bajó hacia Él como una paloma” era la Tercera Persona de la Trinidad Santa que vino a ungir a Jesús para que los hombres pudieran reconocerlo como el Mesías que había venido a anunciar la salvación a la humanidad, especialmente a los pobres.

*Como podemos percibir, en este párrafo están entrelazados el prefacio y el Evangelio correspondientes al ciclo B. Es bueno también que nos fijemos en la primera parte del relato de Marcos que presenta a Juan diciendo: “Detrás de mí viene el que puede más que yo y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. 

Yo os bautizo con agua pero Él os bautizará con el Espíritu Santo”.

Tengamos presente que en el bautismo se da una teofanía: la “manifestación” de las 3 Divinas Personas.

Por otra parte tengamos presente que Jesús no se bautiza para liberarse de ningún pecado puesto que no los tenía sino más bien al introducirse Él mismo en el agua, lo que hace es purificar las aguas del mundo entero mediante el contacto de la Divinidad con el mundo, consagrándolo como lugar de santificación.

*Veamos ahora algunos pensamientos sueltos que nos presenta hoy el profeta Isaías:

- “Buscad al Señor mientras se le encuentra. Invocadlo mientras esté cerca”.

Esto nos pueda recordar las palabras de san Agustín: “temo al Jesús que pasa por si no regresa”.

Es decir que debemos aprovechar la gracia de Dios en el mismo momento en que viene como una bendición a nosotros porque puede ser que no se repita.

- “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. 

La perfección consiste en unificar nuestros planes y caminos con los de Dios. En fin de cuentas Jesús es el Camino que el Padre nos ha trazado para llegar a Él.

“Como bajan la nube y la nieve del cielo y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar… así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo”.

Hermosa comparación de la que somos testigos diariamente.

La lluvia que fecunda nuestros campos, evaporándose regresa otra vez a la atmósfera. Pero cuánta riqueza ha dejado mientras tanto.

De la misma manera la Palabra de Dios la leemos, la escuchamos, la compartimos y podemos estar seguros de que nunca será infecunda a menos que queramos ser tierra estéril.

*La carta de san Juan:

Todos sabemos que su mensaje central es el amor, que es el distintivo de Dios porque “Dios es amor” y al mismo tiempo es el distintivo de todo cristiano.

Hoy Juan en el párrafo que leemos nos hace ver que el amor debe ir unido a la fe y al testimonio.

Él afirma: “lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe” porque “¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que es el Hijo de Dios?”

Después nos presenta así a Jesús: “Este es el que vino con agua y con sangre, Jesucristo”.

El agua significa, para algunos exegetas, el bautismo de Jesús y la sangre su pasión y muerte.

Mientras para otros, Juan hace una referencia al costado de Cristo, abierto por la lanza y del que brotó al punto sangre y agua.

Leemos también:

“Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre y los tres están de acuerdo”.

Posiblemente ustedes y yo habremos leído en algunas Biblias un texto más completo que dice así:

“Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno; y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre y estos tres son uno”.

Es un dato interesante para nuestra meditación y contemplar así la presencia trinitaria en el bautismo de Jesús, la gran teofanía.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

16 de enero de 2014

II domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A

EL PRIMER PASO HACIA JESÚS

* “La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con vosotros”.

Este es el saludo que nos da hoy el apóstol Pablo.

Tener un saludo apropiado, y posiblemente propio, puede ser una manera hermosa de empezar el día, el encuentro entre personas…

Y si somos cristianos sería hermoso emplear éste, tan similar al que frecuentemente nos dirige el sacerdote al empezar la Santa Misa.

En fin de cuentas, gracia y paz son dos grandes regalos de Dios a los hombres y desearlos es una bendición.

* El salmo (39) responsorial que nos brinda la liturgia hoy, es como para meditarlo profundamente, tanto por el salmo en sí como por el versículo que repetiremos:

Esperar a Dios con ansia y sentir que Él se inclina hacia nosotros, nos escucha y Él mismo nos pone “en la boca un cántico nuevo”, un himno digno de Él.

El versículo siguiente no sabríamos (si no tuviéramos delante un salmo) si es de la Carta a los Hebreos o pertenece al Antiguo Testamento. ¡Es bello!

Dios repite frecuentemente en las Escrituras que nunca le podremos ofrecer, desde nuestra pequeñez, algo digno de Él. Todo le pertenece.

Y entonces adoptamos la gran actitud bíblica de la disponibilidad que es lo más grande y lo único que poseemos, nuestra voluntad: “¡Aquí estoy!”

En estas palabras oímos el eco de las voces de Moisés, Isaías, los grandes santos y sobre todo Jesucristo.

Meditando este salmo podemos entender mejor la hermosa oración del domingo pasado:

“Danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla”.

No olvides, amigo, que aquí se encierra el secreto de la perfección cristiana, imitar a Jesucristo que repetía: 

“Mi alimento es hacer la voluntad del Padre que me envió”.

De esta manera adoptamos la actitud mesiánica que Dios nos pide.

* Isaías pone en labios del Señor estas palabras:

“Tú eres mi siervo de quien estoy orgulloso”.

El mensaje del profeta tiene un doble motivo e incluso podríamos ver un tercero.

El primero es que Dios se refiere con esta palabra al pueblo de Israel, que aquí es el pequeño resto fiel al Señor.

En segundo lugar al siervo de Yavé que realiza el plan de Dios. 

Y en tercer lugar podremos entender también, en la profundidad de nuestra oración, cómo el Señor nos ama y nos exige que nos comprometamos en su plan salvador como siervos fieles. Nos dice también a nosotros:

“Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.

Podríamos decir que, poco a poco, al comienzo del tiempo ordinario la liturgia nos va presentando de distintas formas a Jesucristo.

Esto es claro porque la liturgia se propone que conozcamos, imitemos y proclamemos a Jesús, nuestro Salvador, durante todo el año.

* En el Evangelio el Bautista nos presenta a Jesús que iba hacia Él. Juan gritó a la multitud: 

“Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

El Precursor presenta, pues, a Jesucristo como Cordero, comparación que tiene profundo sentido bíblico.

- Cordero es el siervo del Señor que Isaías presenta como “cordero llevado al matadero”.

- Corderos eran los que se ofrecían en holocausto en el Antiguo Testamento.

- Cordero es también el que se inmolaba en la Pascua (Juan 19,34) y el evangelista nos lo presenta colgado de la cruz mientras el soldado romano le abre el pecho con la lanza, como a cordero humillado y brota sangre y agua.

A continuación Juan advierte que ya había hablado muchas veces de Él, como alguien más importante que él mismo. Pero no lo conocía. 

Sin embargo había recibido una revelación de Dios que él cuenta a la multitud:

“El que me envió a bautizar con agua me dijo: “aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”.

Feliz y contento el Bautista proclama a todos “yo lo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

Quizá pensemos cómo siendo primos no se conocían. No olvidemos las distancias en aquel tiempo y cómo María y José llevaron a Jesús a Nazaret mientras Juan y su familia quedaba en Ain Karim

Pero a la hora de la verdad Juan reconoció a Jesús y se jugó todo por Él muriendo mártir de la fidelidad.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

9 de enero de 2014

EL BAUTISMO DE JESÚS

Queridos amigos, comencemos hoy recordando lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica sobre el sacramento del bautismo. Esto nos ayudará a evitar el error de muchos que confunden el bautismo de Jesús en el Jordán con el sacramento que Jesús instituyó.

“El bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el Espíritu y la puerta que abre el acceso a otros sacramentos.

Por el bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión” (1213).

También el mismo Catecismo nos habla del bautismo de Jesús.

Ante todo tengamos presente que no fue un sacramento sino que Jesús se sometió, en un acto de humildad, al bautismo de penitencia de Juan.

“Nuestro Señor se sometió voluntariamente al bautismo de Juan, destinado a los pecadores, para “cumplir toda justicia”. Este gesto de Jesús es una manifestación de su “anonadamiento”. El Espíritu que se cernía sobre las aguas de la primera creación, desciende entonces sobre Cristo como preludio de la nueva creación, y el Padre manifiesta a Jesús como su Hijo amado” (1224).

Como siempre que una fiesta lo tiene, veamos el prefacio, que nos da hoy tres pensamientos que resumen el sentido de la fiesta:

- Los prodigios del Jordán son para manifestar el misterio del nuevo bautismo.

- La voz del Padre hace ver que la Palabra ya estaba habitando entre nosotros.

- El Espíritu Santo, manifestado en forma de paloma, unge a Jesús para que los hombres reconozcan en Él al Mesías que anuncia la salvación a los pobres.

En la lectura de Isaías vemos al siervo del Señor a quien llama su elegido y su preferido “sobre el que he puesto mi Espíritu”. Y presenta las proezas que realizará y que serán las que Jesús explicará en la sinagoga de Nazaret, según Lucas (4,18).

“El Espíritu del Señor está sobre mí porque Él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres… a proclamar el año de gracia del Señor”. 

Esta es la idea tanto del texto de Isaías que leemos hoy como el de Isaías 61,1, que es el que cita san Lucas.

El salmo responsorial (28) nos invita a repetir: “El Señor bendice a su pueblo con la paz” y nos hace pensar en Jesús bautizándose y la voz del Padre sobre las aguas del Jordán:

“La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente. La voz del Señor es magnífica”.

El libro de Los Hechos de los apóstoles nos presenta un párrafo tomado del capítulo 10. Les invito a leerlo entero. Por mi parte les transcribo solamente el párrafo inmediatamente anterior:

Cornelio, centurión pagano que vivía en Cesarea tuvo una visión y un hombre con vestido resplandeciente le dijo: 

“Cornelio, Dios ha oído tu oración y ha recordado tus limosnas; envía a alguien a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro, que se aloja en la casa de un tal Simón curtidor, a orillas del mar”. 

Enseguida envié por ti y tú has hecho bien en venir. 

Aquí nos tienes a todos delante de Dios, para escuchar lo que el Señor te haya encargado decirnos. Pedro, lleno de asombro, dijo las palabras que nos encontramos en la segunda lectura de hoy sobre el bautismo de Juan: 

“Me refiero a Jesús de Nazaret ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo”.

Finalmente, el Evangelio relata el bautismo de Cristo. El de hoy lo narra nuestro compañero del ciclo C, san Mateo:

Juan bautizó a Jesús. “Apenas se bautizó Jesús salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre Él. Y vino una voz del cielo que decía: Éste es mi Hijo, el amado, el predilecto”.

El mismo Padre añadirá a estas palabras de amor por su Hijo, el día de la transfiguración: “¡Escúchenlo!”.

En el bautismo tenemos una verdadera teofanía o epifanía (para el caso ambas son una manifestación de Dios) en la que se presenta la Santísima Trinidad: el Padre que habla, el Hijo en el río bautizándose y el Espíritu Santo que se hace presente bajo el signo de una paloma.

Está claro, amigos, Cristo es el predilecto del Padre, su Verbo, su Palabra, su Hijo. Y a Él tenemos que adorar y escuchar.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

26 de junio de 2013

XIII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C

LIBRES PARA AMAR

Nacimiento de San Juan Bautista, anónimo, 1330
— National Gallery of Art, Washington
El dedo del Bautista (24 de junio)

En esta semana hemos recordado a Juan Bautista, el precursor.

La gente, hablando de él cuando se trata de algo que no quieren o es imposible, dicen: “lo haré cuando san Juan baje el dedo”.

La imagen del Bautista nunca bajará el dedo porque se lo pusieron así para recordar sus palabras: “¡Ése es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!”.

Para esto lo envió Dios, rodeado de prodigios, para preparar la venida del Mesías.

Fue engendrado en el amor de una familia anciana y estéril. Santificado en el seno materno. De él dirá Jesús que es “el mayor entre los nacidos de mujer”.

Es el único de quien la Iglesia celebra el nacimiento (evidentemente, aparte de Jesús y de María).

En su vida, a pesar de todo, se nos presenta sencillo y humilde preparando el camino de Jesús. Después le pasa a Él sus discípulos y su vida muriendo, mártir poco después de bautizar a Jesús en el Jordán.

Les invito a leer el prefacio que nos da un bello resumen de su vida.

San Pablo, por su parte, en los Hechos de los apóstoles, nos presenta a Juan “predicando en el desierto un bautismo de conversión” y añade:

“Cuando estaba para acabar su vida, decía: Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias”.

Cuídate (28 de junio)

Siempre me llamó la atención que personas muy allegadas me dijeran al despedirse, “¡cuídate!”. Pensaba para mí: “¿es que nadie me va a cuidar?”.

Por suerte Jesús no le dijo a la Iglesia: “¡cuídate!” sino que les puso buenos cuidadores:

Pedro, la roca; Pablo el gran apóstol y Francisco, el Papa 266.

Empecemos por el prefacio del día que, como siempre, debemos profundizar:

“En los apóstoles Pedro y Pablo has querido dar a tu Iglesia un motivo de alegría: Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo el maestro insigne que la interpretó. 

Aquél fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel, éste, la extendió a todas las gentes. De esta forma, Señor, por caminos diversos, los dos congregaron la única Iglesia de Cristo, y a los dos, coronados por el martirio, celebra hoy tu pueblo con una misma veneración”.

Las lecturas del día son así.

* Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago. Como los judíos estaban felices, quiso hacer lo mismo con Pedro y lo encarceló.

Detalle importante: “La Iglesia oraba insistentemente a Dios por él”.

A veces no pensamos en el valor de la oración comunitaria.

El ángel del Señor liberó milagrosamente a Pedro.

* Pablo sabe que pronto irá al martirio. Pero está feliz:

“He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida con la que el Señor, Juez justo, me premiará en aquel día”.

Está seguro de la salvación. Pero además nos anima a todos diciendo que esa misma recompensa “me la dará no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida”.

* El domingo pasado nos lo contaba Lucas y hoy lo hace Mateo:

El Padre Dios ilumina a Pedro y éste hace la gran confesión de fe: “Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo”.

Nadie lo sabía. El Padre comenzó a hacer luz sobre su Hijo.

Jesús lo felicita y lo nombra su representante: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Por una providencia especial, hasta físicamente el templo más representativo de la Iglesia está construido sobre el sepulcro de Pedro.

A Francisco lo felicitamos. Hoy es el sucesor de Pedro. Tenemos que serle fieles. 

Recemos mucho por él. No pensemos que todos van a seguir alabándolo, como al principio. Más o menos pronto vendrá la persecución de este nuevo pontífice.

Satanás no puede estar contento con Cristo ni con los suyos.

Cuando el Papa Francisco nos siga exigiendo se verá quiénes son los auténticos católicos.

En este mundo frívolo en que vivimos nuestra fe tiene que ser valiente. Fieles a Jesús, fieles al Papa, fieles a Pedro y Pablo. 

Como dije, siempre me pareció feo que me digan: “cuídate”.

En un mundo tan difícil, que cada uno cuide su fe. ¡Jesús no le faltará! Y ayudémonos unos a otros.


Libres para amar. (Domingo XIII, 30 de junio)

* Siempre me llamó la atención que Eliseo fuera arando su tierra con doce yuntas en fila. Y él mismo iba con la última… ¡tenía platita!

Elías lo escoge profeta de Dios y sucesor suyo.

Eliseo sacrificó la yunta, la comió con su gente, dejó todo y se fue.

Él será profeta milagroso.

¡Eliseo se liberó de todo para seguir a Dios!

* Pablo nos dice: “Sean esclavos unos de otros por amor”.

Sólo el Espíritu Santo puede hacernos amar hasta ese extremo. Hacernos esclavos por amor, nos hace libres como lo fue Pablo y fue el mismo Jesús “quien nos liberó para vivir en libertad”. Sólo los libres aman… hasta el extremo.

* Lucas nos habla de las exigencias del Reino.

Te invito a leerlas. Más que la exigencia concreta medita en la profundidad del mensaje: 
El que se nos entregó del todo, sabe que sólo seremos felices si se lo damos todo a Él.

Seguir a Jesús de verdad es compromiso de por vida.

¿Serás capaz? ¿Seremos capaces?

El secreto está en descubrir al Señor y ser: 

¡¡Libres para seguir a Jesús!!, ¡¡libres para amar!!

José Ignacio Alemany Grau, obispo

11 de enero de 2013

EL BAUTISMO DE JESÚS

La Iglesia celebra hoy la epifanía (manifestación de Dios) en el bautismo de Jesús. 
El prefacio nos hace la presentación del misterio que celebramos: 
“En el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: 
Hiciste descender tu voz desde el cielo para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en Él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres”. 
El profeta Isaías nos presenta a este Mesías, siervo del Señor: 
“Mirad a mi siervo a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre Él he puesto mi espíritu…”. 
En esta lectura vemos a ese siervo, figura de Jesús, preferido de Dios, ante todo por ser Dios, y que con sus sufrimientos, salvará a su pueblo. 
A su vez el apóstol Pedro, en la casa de Cornelio, nos hace hoy esta presentación de Jesús: 
“Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”. 
(Estas lecturas valen para los ciclos A, B y C. Además la liturgia da opción para leer otras que en el ciclo C serían: Is 40,1 y Tt 2,11ss) 
El Evangelio habla hoy del Bautismo de Jesús. 
Ante todo hay que aclarar que no se trata de que Jesús se acercara a Juan para que le quitara los pecados porque nunca los tuvo ni los pudo tener. 
Algunos incluso llegan a sacar la conclusión de “Yo me bautizaré (o bautizaré a mis hijos) cuando tenga treinta años como Jesús”. 
En nuestro ciclo C san Lucas, que es nuestro compañero del año nos advierte que Jesús tenía entonces “como unos treinta años”. Con esto nos indica que había alcanzado la edad en que, según la ley, estaba autorizado para actuar públicamente. 
Es también Lucas quien nos advierte que el bautismo se realizó “mientras oraba Jesús”. 
La oración es un tema favorito para nuestro compañero del ciclo C, que nos invitará frecuentemente a imitar a Jesús orante. 
En el bautismo de Jesús encontramos tres puntos interesantes en los que vamos a seguir la explicación de nuestro Papa Benedicto XVI. 
Sabemos que los pecadores se acercaban a Juan para pedir el bautismo, confesar sus pecados y purificarse de sus culpas. Pero, ¿qué hizo Jesús si Él no tenía pecado? 
“Jesús había cargado con la culpa de toda la humanidad; entró con ella en el Jordán. Inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores. Es por así decirlo el verdadero Jonás que dijo a los marineros “tomadme y lanzarme al mar”… El bautismo de Jesús es la aceptación de la muerte por los pecados de la humanidad, y la voz del cielo (“Éste es mi Hijo amado”) es una referencia anticipada a la resurrección”. 
El Papa nos explica también lo que significan las palabras de Juan “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. 
Esta frase hace referencia a muchos textos bíblicos, sobre todo al de Isaías que habla del siervo del Señor. 
Nos advierte el Papa que, de todas maneras, “la palabra hebrea taljá significa tanto cordero, como mozo y siervo”. 
Según esto, las palabras del Bautista señalando a Jesús, pueden referirse ante todo al siervo de Dios que con sus penitencias carga con los pecados del mundo. 
Pero también se podría reconocer en ellas al verdadero cordero pascual que, con su expiación, borra los pecados del mundo. 
Como nos podemos dar cuenta, con esa explicación se enriquece nuestra reflexión. 
Finalmente, en la voz del Padre y la presencia del Espíritu en forma de paloma, el Papa ve “un preanuncio del misterio trinitario”. 
El Padre se manifiesta en la voz, el Hijo está en el Jordán bautizándose, el Espíritu Santo en forma de paloma. 
“El bautismo que desde entonces administran los discípulos de Jesús, es el ingreso en el bautismo de Jesús, el ingreso en la solidaridad que Él ha anticipado con su bautismo. 
Así se llega a ser cristiano”. 
Algo muy bello para meditar. Y desde mañana entraremos en el tiempo ordinario. 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

21 de junio de 2012

Natividad de san Juan Bautista

MI AMIGO JUANITO

Icono Ortodoxo moderno de la Natividad
de San Juan Bautista
No se extrañen del título porque yo tengo varios motivos para llamar así a San Juan Bautista.
El primero y el más importante es que me cae muy bien.
Es el prototipo del auténtico evangelizador.
En segundo lugar, la Iglesia únicamente celebra el nacimiento de tres personas: Juan Bautista, María y, por supuesto, Jesucristo.
Más tarde, cuando el pequeño Juan crezca y cumpla su misión rubricará su vida y mensaje con su propia sangre en el martirio, que también celebraremos en el santoral.
Y, ¿qué es lo que nos dice la liturgia en la “Solemnidad de San Juan Bautista”?
Ante todo debemos saber que nos presenta dos esquemas, uno para la vigilia y otro para la misa del día (éste es otro privilegio del Santo).
Uniendo algunos pensamientos, compartamos:
La lectura de Jeremías nos dice de él:
“Antes de formarte en el vientre te escogí; antes de que salieras del seno materno te consagré: te nombré profeta de los gentiles”.
Está clara la semejanza del profeta con Juan Bautista porque, como nos dirá el Evangelio, Isabel, al oír el saludo de María que traía en su seno a Jesús, exclamó: “Tan pronto como tu saludo llegó a mis oídos el niño saltó de alegría en mi seno”.
San Pedro, por su parte, nos felicita a todos con estas palabras:
“No habéis visto a Jesucristo y lo amáis; no lo veis y creéis en Él; y os alegráis con un gozo inefable…”
Esto vale de manera especial para Juan que, antes de salir al público Jesús, que era la luz del mundo, “venía a dar testimonio de la luz, preparando para Dios un pueblo bien dispuesto”.
El Evangelio de la vigilia nos cuenta que Zacarías, que había querido y esperado tanto tiempo un hijo, cuando se le apareció el ángel del Señor prometiéndole tener uno, dudó.
El castigo de su duda fue quedar mudo hasta que al nacer el pequeño Juan recobró la palabra y comenzó a proclamar: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo…”
El prefacio, a su vez, celebra la gloria del Bautista y le da los títulos mayores que se han dado a ninguna criatura:
“Precursor de tu hijo y el mayor de los nacidos de mujer…
Él saltó de alegría en el vientre de su madre, al llegar el salvador de los hombres, y su nacimiento fue motivo de gozo para muchos.
Icono ortodoxo de San Juan Bautista
Él fue escogido entre todos los profetas para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo.
Él bautizó en el Jordán al autor del bautismo, y el agua viva tiene, desde entonces, poder de salvación para los hombres. Y él dio, por fin, su sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo”.
Dos aplicaciones para esta fiesta:
Cuando rezamos el Benedictus que proclamó Zacarías creo que todos podemos aplicarnos estas palabras porque todos tenemos obligación de ser misioneros:
“A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos”.
Por otra parte, hay un dicho popular que yo lo explico a mí manera. Y con la explicación la aplicación:
La gente suele decir: “Cuando San Juan baje el dedo”, porque ven que en sus imágenes levanta el dedo pulgar señalando.
Sin duda que el artista se refería a sus palabras, cerca del Jordán. Cuando Juan señaló a Jesús diciendo: “Éste es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
La aplicación es muy simple. También tú y yo tenemos la obligación de enseñar a todos que Jesucristo es el Cordero de Dios “degollado y puesto en pie”, que nos dio la salvación.

9 de diciembre de 2011

III DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO B


JUAN, EL MISIONERO DE JESÚS

Este domingo la liturgia nos lleva en primer lugar a Isaías quien nos presenta la misión del profeta: “El Espíritu del Señor sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia…” Y en la misma lectura el profeta nos habla del gozo de la salvación porque Dios ha ataviado a su enviado con ropas de fiesta, con manto de triunfo como se reviste el novio o la novia: “Desbordo de gozo… porque me ha vestido de traje de gala… ”.
El salmo responsorial, por su parte, nos presenta el cántico del Magnificat como un eco de la primera lectura: “Me alegro con mi Dios”.
San Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses también nos invita a estar siempre alegres, a no apagar el Espíritu y a hacer el bien.
El versículo aleluyático recoge las palabras de Jesús en la sinagoga, que corresponden al inicio de la lectura de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a  los pobres”.
Está claro que el mensaje principal de este domingo es una llamada a alegrarnos y prepararnos ante la inminente venida del Salvador.
Pero, sobre todo, hoy centramos nuestra atención en Juan el Bautista, como habíamos ofrecido el domingo pasado.
* Cómo Dios lo llamó desde el seno materno y lo santificó.
Él fue el primero que recibió la alegría del Salvador y se lo comunicó a su madre. Por eso Isabel exclamó: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de gozo en mi vientre”.
* Se preparó con una vida muy dura y exigente en el desierto:
“Juan iba vestido de piel de camello, con correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”.
* Comenzó a predicar Juan y se mantuvo siempre en la humildad. Se considera únicamente la voz que grita en el desierto “allanad el camino del Señor”. Y esa voz tampoco es suya sino del profeta Isaías que pedía al pueblo de Dios esto mismo.
* Juan es el primero que descubre al pueblo quién es Jesús por inspiración de Dios porque aunque era su primo no lo conocía.
Su grito es el que cada día la Iglesia repite en la Santa Misa cuando nos enseña la hostia antes de la comunión: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
* Juan debió tener una gran intimidad con Dios porque el mismo Espíritu le había advertido “aquél sobre el que veas descender y posarse el Espíritu ése es el que bautiza en el Espíritu Santo”.
* Después de decir estas palabras al pueblo que venía a él arrepentido, termina dando este gran testimonio sobre Jesucristo:
“Yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.
Juan es el gran evangelizador:
- Porque tenía intimidad con Dios.
- Por la humildad. Aunque hubiera podido pasar por un gran profeta, porque así lo creía la gente, les advierte que él no es ni el Mesías ni el profeta.
- Porque Juan no evangeliza para sí mismo. Por eso con toda humildad repetirá: “el que viene detrás de mí es más importante y yo no merezco ni desatarle su calzado”.
Finalmente Juan es el evangelizador noble y generoso que envía sus discípulos a Jesús y por eso la mayor parte de los primeros apóstoles de Jesucristo pertenecían al grupo de Juan.
No hemos de olvidar cómo su padre Zacarías, al recuperar el habla con el nacimiento de Juan le dijo “y tú niño irás delante del Señor a preparar sus caminos”.
Ésta debe ser la gran enseñanza de Juan para nosotros en este tiempo de adviento.
Nuestra obligación como cristianos es preparar los caminos para que el Señor Jesús llegue a todos los corazones y con Él llegue también la salvación.

José Ignacio Alemany Grau, obispo