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2 de junio de 2018

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO




SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

La Iglesia celebró con amor indecible la Pascua de Jesucristo en Semana Santa: su muerte y resurrección. Con la fiesta de Pentecostés terminó el tiempo pascual.
Pero ahora quiere que sus hijos celebremos solemnemente lo que meditamos en aquel agridulce recuerdo que iba envuelto en la penitencia de cuaresma y de los días santos.
Con este fin nos invita a celebrar estas grandes fiestas fuera de cuaresma y pascua para que sus hijos saquemos provecho de esos misterios importantes que son:
+ Jesucristo Sumo y eterno Sacerdote, que es el autor y víctima de nuestra redención.
+ La Trinidad, las tres divinas Personas que son un único Dios y fuente de todo don.
+ El Corpus Christi – la Eucaristía – el gran regalo de Jesús a sus amigos.
+ El Corazón de Jesús, fuente inagotable de todo don.
Hoy meditaremos las dos alianzas que Dios ha celebrado con la humanidad. La primera y transitoria con la sangre de animales, como nos referirá Moisés y la segunda y definitiva que hizo Jesús con su sangre preciosa el día de Jueves Santo.

  • Exodo
La lectura nos muestra la primera alianza celebrada por Dios con su pueblo.
En resumen leemos:
+ La acción de Moisés rociando con la sangre de víctimas animales, por un lado al altar y por otro lado al pueblo.
+ Moisés, después del sacrificio, presenta a todo el pueblo la palabra de Dios y sus preceptos.
+ El pueblo se compromete con Dios diciendo:
“Haremos todo lo que dice el Señor”.
+ Moisés confirma:
“Esta es la sangre de la alianza que Dios hace con ustedes”.
Se trata de una alianza temporal y símbolo de la que hará Jesucristo.

  • Salmo 115
“Alzaré la copa de la salvación invocando el nombre del Señor”.
A continuación vienen solo tres versículos del salmo que, por cierto, es bastante largo, y nos indica la mejor forma de “pagar al Señor todo el bien que me ha hecho”.
La copa de gratitud de que habla el salmista es ahora el cáliz que ofrecemos a Dios; no como la ofrenda de sangre de animales, sino con la sangre de Cristo en la Eucaristía.


  •  Hebreos
Esta carta nos recuerda la sangre del Antiguo Testamento que era de animales y, aunque devolvía la pureza externa a los que la ofrecían, nunca pudo purificar al hombre del pecado cometido contra Dios.
A continuación nos habla de Cristo, el único Sumo y Eterno Sacerdote que ofrece su sangre al Padre para purificar la humanidad caída.
Jesús sí “purifica nuestra conciencia de las obras muertas y nos lleva a dar culto al Dios vivo”.
La sangre de Cristo es de verdad “la sangre de la nueva y eterna alianza”, como oímos cada vez que celebramos la santa Misa.

  • Aleluya
Nos lleva a la sinagoga de Cafarnaúm donde Jesús promete “el pan vivo que ha bajado del cielo” y que es Él mismo.
Debemos tomar conciencia de que, en la Iglesia de Jesús ,la vida eterna depende de comulgar:
“El que come de este pan vivirá para siempre”.
¿Y tú, amigo, comulgas? ¿Lo haces con frecuencia?
Te invito a meditar estas palabras de Jesús en Jn 6. ¡Es maravilloso!

  •   Evangelio
San Marcos nos relata el sacrificio de Cristo en el Jueves Santo:
“Mientras comían Jesús tomó un pan, pronunció la bendición y se lo dio diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo”.
Jesús les ofrece después una copa con vino y les dice:
“Esta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos”.
Fiel al pedido de Jesús que repiten los distintos textos bíblicos, “haced esto cada vez que lo bebéis en memoria mía” la Iglesia primitiva empezó muy pronto, por fidelidad al mandato de su Maestro, a celebrar la Eucaristía que es el corazón de la esposa de Jesús.
Lo esencial de esta celebración no ha variado a pesar de los siglos transcurridos.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

31 de marzo de 2018

NO ESTÁ AQUÍ… ¡ESTÁ EN TI!



NO ESTÁ AQUÍ… ¡ESTÁ EN TI!
“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? Resucitó. No está aquí: ¡miren!”
El secreto de la fe está en mirar con fe.
A Jesús nunca lo vamos a encontrar, ni haremos que lo encuentren otros, si buscamos entre las cosas muertas que atraen al mundo de hoy y de siempre.
Recordemos:
“Mi Reino no es de este mundo”.
Ni en el sepulcro, ni entre vendas o bien entre lienzos de muertos… el Señor no está vivo entre muertos. Está vivo dentro de nosotros.
¿Qué pasó, pues, al tercer día, después de sepultarlo?
¡Un terremoto!
Los soldados huyeron despavoridos para contar lo sucedido a los que los habían puesto a vigilar el sepulcro.
Asustados y con miedo cuentan a los fariseos el movimiento de piedras y el sepulcro vacío.
Su miedo se acaba porque les dan “una fuerte suma” para que callen lo del sepulcro vacío y digan que: “mientras dormían ellos, vinieron los discípulos de Jesús y se llevaron el cuerpo del Señor”.
La mentira tiene las patas muy cortas, pero el dinero las tiene muy largas y los guardias se fueron felices.
¿Qué pasó en realidad?
Meditemos con la liturgia de la Vigilia Pascual.
  •  Historia de la salvación
La primera parte de la liturgia pascual nos ha contado la historia de la salvación en sus etapas más importantes:
+ La creación
Por puro amor de Dios.
+ El sacrificio de Abraham
Para ser escogido como padre del pueblo de Dios.
+ El paso del mar Rojo
Que hace libre al pueblo de Israel, que había vivido esclavizado en Egipto.
+ Isaías
Nos da a conocer la misericordia eterna de Dios.
Medita:
“Con amor eterno te he amado”, te dice Dios a ti, amigo.
+ Isaías
Nos da a conocer que Dios sella con su pueblo  una “alianza eterna”:
¡Eres de Dios para siempre!
+ Baruc
“Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor”.
¿Lo has pensado, amigo? Pues cúmplelo y serás feliz para siempre.
+ Ezequiel
Nos habla de la pureza que nos ofrece el Señor con la abundante agua de su Espíritu.
  •  San Pablo a los Romanos
Si hemos muerto con Cristo al pecado, también hemos resucitado con Él para una vida eterna.
La muerte al pecado fue en el bautismo y entonces recibimos la vida eterna.
¡Hay que conservarla!
  • El Evangelio de la Vigilia
Nos habla de la fidelidad de las buenas mujeres que acompañaron a Jesús en su vida y no quisieron dejarlo después de muerto.
Temprano, “el primer día de la semana”, fueron a embalsamar el cuerpo de su Señor, a quien habían entregado su corazón.
Jesús les regaló:
1º Con la presencia de los ángeles que les dan la gran noticia:
“¡Resucitó! ¡No está aquí!”
2º Luego Jesús mismo les sale al encuentro en el camino de regreso a Jerusalén:
“¡Alégrense!”… “No tengan miedo: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán”.
Qué bueno, Jesús. Todo pasó.
De tu muerte brotó vida nueva para todos.
Y como amigo fiel, reúnes a tu “rebaño disperso”,  empezando por los apóstoles que te habían abandonado.
Tú y yo, amigo, seamos fieles porque Jesús nunca nos dejará.
¡Feliz Pascua de resurrección para todos ustedes, amigos lectores!

José Ignacio Alemany Grau

23 de marzo de 2018

UN RAMO Y EL CORAZÓN SINCERO


UN RAMO Y EL CORAZÓN SINCERO

Jesús subió por el camino de las peregrinaciones desde Jericó hasta Jerusalén.
Según San Lucas, una multitud venía con Jesús.
Habían visto prodigios y últimamente el ciego Bartimeo había recuperado la vista y se había unido al grupo alabando a Dios.
Acercarse a la capital de la fe de Israel era siempre conmovedor y escuchar el salmo “que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor... Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén”.
Pero esta vez era distinto.
En la caravana iba un grupo muy numeroso y venía arropando a aquel que hablaba como ninguno y que todo lo había hecho bien.
Espontáneamente crean un ambiente festivo.
Por su parte Jesús debe pensar que el pueblo tiene que conocerlo antes de crucificarlo.
¡Qué misterios los de Dios!
Jesús humilde pide que le traigan un pollino y se monta en él al estilo de los reyes.
La gente toma palmas y ramos en sus manos y comienza a cantar:
“¡Hosanna!”
“Bendito el que viene en nombre del Señor”.
Los vecinos de Jerusalén se asoman a puertas y ventanas preguntando:
“¿Quién es éste?”.
“La gente que venía con Él le responde:
Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea”.
Fiesta espontánea que Jesús permite en esta oportunidad.
Tú, amigo, acompaña este domingo a Jesús con el ramo, símbolo de tu fe en las manos.

Y canta:
Ese desterrado por la sociedad de hoy… sigue siendo Jesús el Nazareno, el Señor.
No hay otro.
Hoy es preciso, más que nunca, mantener la fe en el Salvador.
  •  El prefacio
Nos habla de Jesús “el cual siendo  inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales.
De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa, y, al resucitar, fuimos justificados”.
Es el amor de Cristo.
Él carga lo malo y nos regala la salvación.
  • Isaías
Nos habla del siervo de Dios que es una imagen del Mesías.
Muchas de las cosas que refiere el profeta se cumplieron realmente en Jesús y en esta Semana Santa las meditaremos:
“Y yo no me resistí ni me eché atrás:
Ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos”
  • Salmo 27
Este salmo era el que según los evangelistas Jesús rezaba en la cruz.
Una de las lecciones que nos da Jesucristo en su pasión es el rezo de los salmos.
San Agustín nos enseña que es Jesús quien reza los salmos cuando los rezamos con la Iglesia, “unas veces reza como Cabeza (es la Cabeza del Cuerpo místico) y otras veces como Cuerpo” (es decir, reza con todos nosotros).
Medítalo en esta semana:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué…?”
  • San Pablo a los Filipenses
Hoy recordamos la breve pero profunda presentación de Cristo que hace San Pablo a los filipenses.
Jesús, verdadero Dios encarnado y hecho un hombre de tantos (sin dejar de ser Dios), humillado, muerto, crucificado y triunfador.
Es el Padre quien lo ha glorificado:
“Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre”.
  • La Pasión
Los cuatro evangelistas narran la Pasión de Jesús.
La liturgia nos invita a leerla de esta manera:
Cada año leemos la Pasión en un evangelista sinóptico, según los ciclos A, B y C.
Y el Evangelio de San Juan, que es el más detallado y más íntimo, lo leemos cada Viernes Santo.
Hoy nos toca San Marcos.
Te invito a leerlo en particular y, quiera Dios, con tu familia.
Mientras lees recuerda y aplícate las palabras que Pascal oyó de labios de Jesús en el Huerto de Getsemaní, según cuenta el Papa Benedicto:
“Aquellas gotas de sangre las he derramado por ti”.
Toda la vida la entregó Jesús por ti.

José Ignacio Alemany Grau

10 de marzo de 2018

DIOS NOS SALVÓ EN CRISTO


DIOS NOS SALVÓ EN CRISTO

Quizá nunca has pensado qué pasa por la noche en la ciudad.
Te levantas feliz y saludable. Te preguntan:
- ¿Cómo amaneciste?
Y contestas como en mi sierra:
- Biencito.
Pero, ¿qué pasó en la noche?
Jesús, en el Evangelio de hoy, te lo explicará.
Comencemos por el comentario del Evangelio que es de San Juan.

  • San Juan

Empieza recordándonos un signo del Antiguo Testamento:
Cuenta el libro de Números que el pueblo se quejó de Dios y de Moisés y que el Señor los castigó con serpientes venenosas.
Se arrepintieron y Dios pidió a Moisés que hiciera una serpiente de bronce colocada sobre un estandarte. Los que la miraban “salvaban la vida”.
Jesús, hablando en la noche a Nicodemo (porque éste temía que le vieran sus compadres fariseos), hizo esta aplicación:
“Como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”.
Hablaba claramente de la redención:
Todo el que quiera salvarse, encontrará la salvación en Cristo.
Jesús no ha venido a condenar a nadie, sino a salvar a todos.
Solo pide creer en Él. Confiar en Él.
Jesús no condena, Jesús salva.
El que no quiere a Jesús no quiere la salvación, él responde de su propia condena.
No vale, pues, decir como se oye a veces:
- Dios es malo porque condena.
¡No!, Dios salva.
Pero “los hombres prefirieron la tiniebla a la luz porque sus obras eran malas”.
Eso explica que mientras tú duermes tan rico, el pecado celebra la noche y la ciudad sea tan distinta de noche y de día.
“En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz para que vean que sus obras están hechas según Dios”.
Y… benditas vigilias y adoraciones al Santísimo que ponen un poco de luz en las nocturnas del pecado.

  • Libro de las Crónicas

Dios conduce la historia.
Cuando llegó el tiempo previsto por Él, suscita en el corazón del rey Ciro el deseo de construir un templo en Jerusalén:
“El Señor… me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén. Quien de vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con Él y suba!”
De esta manera Israel recupera la libertad y regresa del destierro a su patria.

  • Salmo 136

Es el canto lleno de nostalgia que cantaban los israelitas en el destierro de Babilonia.
La imagen de Jerusalén no se apartaba de los ojos ni del corazón del pueblo:
“¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extraña!
¡Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha!”

  • San Pablo

Tú te salvarás por pura misericordia de Dios.
Esta misericordia, Dios te la da por su Hijo, Jesús.
Con Él hemos muerto al pecado y resucitado a la gracia.
No nos debemos la salvación a nosotros mismos. ¡Ojo! Ni a nuestras obras “para que nadie pueda presumir”.
(Una frase que da mucho que meditar).
Por pura misericordia y amor de Dios podemos esperar vivir con Cristo para siempre en el seno del Padre.
“Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir con Cristo (por pura gracia estáis salvados) nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con Él”.
+José Ignacio Alemany Grau

29 de diciembre de 2017

COMO ESCALERA DE CARACOL

Reflexión homilética para este domingo 31 de diciembre
Ante todo feliz Año Nuevo 2018 y que el Señor bendiga todos los proyectos e ilusiones que tienes tú y sobre todo los que Él tiene sobre ti.
No creo que te extrañe el título de esta reflexión porque la vida parece una escalera de caracol por la cual vamos repitiendo casi a diario los mismos acontecimientos y nos puede parecer muy monótona.
Sin embargo la realidad es que pasa el tiempo y cada vez estamos más arriba.
Lo que hace importante a la escalera de caracol es el equilibrio que tenga sobre el mismo y único eje central. Entonces subimos tranquilamente peldaño tras peldaño.
Te deseo que el eje central de tu año y de tus años siempre sea el mismo y único: Dios que es el que te hace feliz y fuerte.
La Iglesia hace mucho tiempo que puso en el primer día del año la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, para marcarnos una orientación segura durante los 365 días.
Esto es maravilloso.
Si seguimos la comparación, María ha llegado a lo más alto a que puede llegar criatura alguna.
Por eso es bueno que desde el primer día del año aprendamos a ascender siempre recordando aquel hermoso dicho:
“Al principio era la Madre”.
A través de María e imitándola, llegaremos siempre a nuestra felicidad que es Dios.
Vayamos ahora, aunque brevemente, al mensaje de las lecturas de este día.

*       Libro de los Números
Este libro nos habla hoy de la bendición que Dios enseñó a Moisés, diciéndole:
“Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas”.
Muchas veces he visto en la sierra que los padres de los novios, cuando salíamos los sacerdotes del despacho parroquial, bendecían a sus hijos que tenían delante puestos de rodillas.
¿Cómo bendices tú?
Porque supongo que lo haces a los tuyos, especialmente a tus hijos.
Dios debe dar una bendición muy especial a través de los papás.
Te invito a aprender bien esta bendición que, aunque es del Antiguo Testamento, lleva tanta hermosura  que incluso san Francisco de Asís la repetía muchas veces:
“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
El señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.
Lo más bonito es lo que viene a continuación:
“Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré”.
Después de esta invocación será bueno que añadas la que hacemos siempre los católicos, es decir: “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
*       Salmo responsorial (66)
Muy apropiado para el día especialmente sobre la bendición que acabamos de comentar:
“El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros… Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga”.
*       San Pablo a los Gálatas
Nos dice hoy el apóstol que Dios “envió a su Hijo nacido de mujer”.
Sí. Dios quiso necesitar de una mujer. Es de fe. Por eso precisamente María es Madre de Dios, porque su verdadero Hijo, es verdadero Dios.
Y nos advierte San Pablo que el Hijo de Dios vino para “sacarnos de la servidumbre de la ley y hacernos hijos de Dios por adopción”.
Te hago la misma invitación que San Pablo en este día:
Aprovecha la presencia del Espíritu Santo en ti para repetir una y mil veces esta sencilla oración:
“¡¡Abbá, Padre!!”.
*       Versículo aleluyático
Nos hace una advertencia muy importante, tomada de la carta a los Hebreos.
Si es cierto que Dios nos habló muchas veces por medio de los profetas, ahora, como última y definitiva vez, nos ha hablado por Jesús y a Él tenemos que escuchar y seguir.
*       Evangelio
El Evangelio de San Lucas en este ambiente navideño, nos cuenta cómo los pastores, al oír a los ángeles que cantaban a Dios fueron corriendo a la cueva y contaron todo lo que “les habían dicho de aquel Niño”.
Dice el Evangelio que todos se admiraban de lo que decían los pastores.
Y “María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”.
¡Contemplativa!
¿Cuando lees el Evangelio de la Navidad, meditas la profundidad del misterio que encierra la encarnación del Verbo?
Finalmente, el Evangelio termina contándonos la circuncisión, que era un rito que cumplía todo israelita hombre, como signo de pertenencia al pueblo de Dios.
Como dice la Biblia Didajé “la circuncisión era un signo para unirse a la alianza de Israel como descendiente de Abraham”. Era entonces cuando le imponían el nombre al pequeño:
“Le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel, antes de su concepción”.
Ya sabes que etimológicamente, Jesús significa “Yavé salva”.
Ese era su nombre y su misión.
En nombre de Jesús te deseo un FELIZ AÑO 2018.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

15 de diciembre de 2017

DIOS FUENTE DE GOZO

Reflexión homilética para el tercer domingo de Adviento, ciclo B
*       Isaías
El libro de Isaías (Is 61) nos describe proféticamente cuál será la grandeza del Mesías prometido por Dios al pueblo de Israel.
Esto mismo leeremos también en Lc 4 cuando Jesucristo, en la sinagoga de Nazaret, se aplique a sí mismo estos versículos:
“El Espíritu del Señor está sobre mí…”
Pero, quizá, con un poco de atrevimiento, me permito decirte que tú mismo vayas leyendo con fe y detención la primera lectura de este domingo y te la apliques como si Dios te la dijera a ti.
Empecemos la aplicación, si te parece, de esta manera. Yo pongo las primeras palabras y tú sigues en esta oración ante Dios:
Desde el día del bautismo “el Espíritu….”
En cuanto al traje de gala, el manto de triunfo y la corona de novia… no olvides que son bastantes las veces que en la Biblia Dios se presenta como Esposo o Novio de Israel, de la Iglesia y de cada uno de los que pertenecen a la Iglesia.
Y Él nos embellece con los sacramentos, dones y frutos.
*        Salmo responsorial
En cuanto al salmo responsorial, el de hoy no es propiamente un salmo sino que meditamos el Magnificat de la Virgen con una aplicación que María hizo del mismo texto de Isaías aplicándose.
Que esto produzca en ti un gozo tan grande como el que vas a repetir entre versículo y versículo del salmo responsorial:
“Me alegro con mi Dios”.
*        San Pablo a los Tesalonicenses
Sabemos que este tercer domingo de adviento se llama de Gaudete (alégrense) porque así comienza el párrafo de esta carta:
“Estad siempre alegres…”
De hecho San Pablo hoy siguiendo el tema que estamos meditando nos invita a sentir la felicidad más profunda, la felicidad que Dios regala con su gracia y sus dones.
Es el gozo del Evangelio de que habla el Papa Francisco y que debes llevar siempre en el corazón.
(Recuerda su carta “El gozo del Evangelio”.)
Por todos estos dones de los que venimos hablando valen también para ti las palabras de Francisco:
“Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.
Por esto que vamos diciendo entendemos mejor las palabras de Pablo:
“No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo y quedaos con lo bueno”.
A continuación pide Pablo que, evitando toda clase de mal, nos dejemos consagrar por Dios para que nuestra alma viva siempre en la paz y alegría, manteniéndose sin reproche hasta el encuentro con Cristo.
*        Verso aleluyático
El aleluya repite una vez más lo que es la idea central del día que aparece muy clara en este domingo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí”.
*        Evangelio
El Evangelio es de San Juan y nos habla del Bautista. La liturgia ha tomado dos versículos del primer capítulo para hacer una presentación teológica profunda de él:
“Vino a dar testimonio de la luz, pero no era la luz”.
Y a continuación leemos un diálogo entre Juan y los judíos que venían con algo más que curiosidad.
Querían saber por qué ese hombre, desconocido para ellos, estaba predicando penitencia con tanto fuego en el alma.
Lo que más llama la atención es la sinceridad de Juan que sabe bien que no es ninguno de los personajes con los que quieren identificarlo, pero sí sabe que tiene un papel muy especial confiado por Dios que lo ha escogido como el precursor del Mesías.
Por eso afirma con toda libertad que ni es el Mesías, ni es Elías, ni es un profeta. Simplemente se presenta como “la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor”.
Pero lo más hermoso es el acto de humildad que hace y cómo aprovecha la oportunidad para proclamar la grandeza del que viene:
“Yo bautizo con agua pero detrás de mí hay uno que no conocéis y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia…”
La gran afirmación de Juan será:
Yo bautizo con agua pero en medio de ustedes está el que bautiza con el Espíritu Santo.
Quiera Dios que este maravilloso Juan nos ayude a todos a ser humildes y a evangelizar con todo el fuego de nuestro corazón.

+ José Ignacio

2 de diciembre de 2017

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO





PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Hoy se inicia el año litúrgico que, como puedes darte cuenta, no coincide con el año civil que empieza el 1 de enero.
Hagamos una breve introducción al año litúrgico recordando algunos detalles:
+ El año litúrgico tiene tres partes fundamentales: 
1) Adviento y navidad; 2) Cuaresma y pascua y 3) Tiempo ordinario.
+ Para las lecturas diarias tomaremos las del “año par”.
+ Como sabemos hay tres ciclos:
1) En el ciclo “A” nos acompaña el apóstol y evangelista San Mateo.
2) En el ciclo “B” San Marcos.
3) En el ciclo “C” San Lucas.
El evangelista San Juan aparecerá en los distintos domingos.
Este año nos toca el ciclo B y nuestro compañero fundamentalmente será San Marcos.
+ Los ornamentos del día durante el adviento (cuando no haya fiesta especial) son de color morado, excepto el tercer domingo que se puede utilizar el color rosa.
+ Cuando se hace la corona de adviento se suele poner como fondo el color verde con cintas rojas y cuatro velas del color de los ornamentos: tres moradas y una rosa.
+ El adviento tiene en realidad tres partes:
1) El primer domingo nos hablará de la Parusía.
2) El segundo y tercero nos hablarán de San Juan.
3) El cuarto nos preparará para la navidad.
A continuación desarrollamos algunos pensamientos sobre este primer domingo de adviento:
*      Isaías
El profeta nos presenta  distintas reflexiones, todas ellas muy interesantes y dignas de que las meditemos, pero en este día quiero fijarme en estas:
+ “Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia”.
Esto nos trae a la memoria, sin duda, estas otras palabras del mismo profeta, que repetiremos durante el adviento:
“Cielos, destilad el rocío, nubes, derramad al justo; ábrase la tierra y brote al Salvador”.
+ Fijémonos también en algo muy importante para nuestra vida que vamos a leer al comienzo y al final de la lectura de hoy:
“Tú, Señor, eres nuestro Padre, tu nombre de siempre es “nuestro Redentor”.
+ Y terminaremos la lectura con esta otra frase más profunda y completa:
“Señor, tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano”.
Qué hermoso confiarse a la providencia de Dios, como la arcilla en manos del alfarero.
*      San Pablo
En el inicio de la carta de San Pablo a los Corintios leemos estas palabras de cómo es un cristiano cuidado por la providencia divina:
“No carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”.
Y también esta otra sobre la bondad de Dios:
Por Cristo “habéis sido enriquecidos con todo: en el hablar y en el saber…”
Por eso será bueno que, admirando tantas maravillas como Dios ha hecho con nosotros, vivamos en acción de gracias como el apóstol.
*      Evangelio
Es de San Marcos y nos invita una vez más (como lo ha hecho la liturgia en esta última temporada) a “vigilar”.
Es de advertir que en el breve párrafo de hoy nos repite varias veces esa palabra.
Jesús nos presenta el ejemplo de un hombre que fue de viaje y dio una tarea a cada criado con el encargo de que estuvieran vigilantes al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer, para que en cualquier momento que llegara él estuvieran bien despiertos.
Y Jesús termina con estas palabras muy importantes para nuestro adviento:
“Lo que os digo a vosotros os digo a todos: velad”.
Con estos pensamientos podemos conocer qué nos pide claramente la liturgia de hoy.
*      Salmo responsorial
Sin embargo podemos completar con el salmo 79 que nos invita a invocar a nuestro Padre, ahora con el nombre de Pastor, para que “despierte su poder y venga a salvarnos”.
Y siguiendo la otra comparación tan querida, sobre todo por el profeta Isaías, le decimos también:
“Ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa”.
Y podríamos terminar con el versículo aleluyático que es una oración confiada a Dios:
“Muéstranos tu misericordia y danos tu salvación”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo
  

19 de noviembre de 2015

Reflexión homilética para la Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, ciclo B

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

“Señor Padre Santo, te damos gracias porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría, para que ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal:
El reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz”.
*       Así la Iglesia nos invita a rezar en el prefacio de hoy.
Se trata de un reinado maravilloso.
Sin embargo, no deja de ser muy extraña la forma como Jesús, viviendo en este mundo, pretendió ser Rey:
¡Desde la cruz!
Y precisamente es en la cruz donde ponía su título de Rey y es allí donde pudo leerlo la multitud.
La liturgia por su parte repetirá: “reinó desde el madero”.
La Sagrada Escritura en distintos momentos nos habla del reinado de Cristo:
En el ciclo A nos presenta a Jesús en el juicio final diciendo:
“Entonces dirá el Rey a los de la derecha: venid benditos de mi Padre”.
En realidad el Padre se presenta como juez  último de todo lo que existe, pero en este episodio presenta al Hijo del hombre como Rey.
Jesús explicó en otra oportunidad:
“El Padre no juzga a nadie sino que ha confiado al Hijo todo el juicio” (Jn 5,22).
El ciclo C nos recuerda que mientras unos se burlaban diciendo: “Si eres tú el Rey de los judíos, sálvate”; el ladrón ajusticiado le decía al Señor: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.
Hoy, en nuestro ciclo B, el apóstol Juan nos lleva al pretorio para que escuchemos el diálogo entre Pilato y Jesús:
-          “¿Eres tú el rey de los judíos?”
Jesús:
-          “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí”.
Cuando Pilato le pregunta:
-          “¿Con que tú eres Rey?”
Jesús aclara:
-          “Tú lo dices. Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para dar testimonio de la verdad”.
Jesús es Rey que vence y nos salva a todos.
Es el reino que va por dentro (“está dentro de ustedes”).
Jesús mismo advirtió a los apóstoles que su reino llegaría cuando “sea levantado en alto”, es decir, cuando sea crucificado; como le decía a Nicodemo:
“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre” (Jn 3,14).
También en otros momentos Jesús repitió la misma idea:
“Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre sabréis que Yo soy”.
El reino que nos ofrece Jesús no pertenece a este mundo.
Es espiritual.
Se basa en el nuevo mandamiento: el amor:
“Ámense unos a otros como yo os he amado”.
Jesús es el Rey de la verdad. Es el rey de la vida. Es el rey del amor.
*       Por su parte Daniel, en su párrafo brevísimo, nos dice del Hijo del hombre, que “le dieron poder real y dominio… su dominio es eterno y no pasa; su reino no tendrá fin”.
*       El salmo responsorial es el 92. Es el salmo de la realeza, salmo mesiánico que nos invita a repetir “el Señor reina, vestido de majestad”.
*       En cuanto al versículo aleluyático Marcos, el que fue nuestro compañero en el ciclo B que ya termina, nos recuerda cómo aclamaban a Jesús al entrar en Jerusalén el domingo de Ramos:
“Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro Padre David”.
*       El Apocalipsis nos habla de Jesucristo, “el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra”.
Y después de darnos el motivo por el que debemos glorificarlo, es decir, porque nos ama y nos ha librado del pecado con su muerte y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes, añade:
“A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos”.
En esta sociedad que rechaza a Dios, se repite “no queremos que éste (Jesús) reine sobre nosotros”, y “no tenemos más rey que el César” (¿el dinero?).
Nosotros que sí amamos a Jesús, abrimos el corazón a Cristo Rey para que reine entre nosotros y podamos encontrar la paz que anhelamos.

José Ignacio Alemany Grau, obispo