Mostrando entradas con la etiqueta La tentación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La tentación. Mostrar todas las entradas

3 de marzo de 2017

LLEGÓ LA CUARESMA

Reflexión homilética para el primer domingo de Cuaresma, ciclo A
Hoy es el inicio de la cuaresma propiamente hablando.
Es el primer domingo y durante la semana se dirá: primer lunes, primer martes, primer miércoles… de cuaresma (fíjense: el primer miércoles de cuaresma es ocho días después de la ceniza).
¿Qué nos enseña la liturgia en este domingo?
1.             El Génesis
Después de releer una vez más el pecado de nuestros padres, Adán y Eva, nos queda una pregunta: ¿Por qué los primeros padres, con su pecado, nos llevaron a todos al destierro y a la condenación?
*Eva y, sobre todo Adán, pecaron como cabezas y responsables de la humanidad y nosotros heredamos el pecado original y la inclinación al mal.
Si los padres están en el destierro los hijos nacen allí aunque no tengan culpa.
El pecado de orgullo lo llevamos bien metido en el alma. Y no se debe al hecho de comer o no una fruta prohibida, sino al orgullo de querer ser como Dios.
Pues ese fue el pecado de los primeros padres: “serán como Dios”. Así les dijo la serpiente y así cayeron.
Ese es el pecado de nuestra sociedad que pretende marginar al Creador y poner al hombre como el único dios.
De todas formas la bondad de Dios aparece en todo momento, tanto antes del pecado como después, sobre todo al anunciarles el protoevangelio (primer anuncio de la redención).
2.             San Pablo a los romanos
Su lectura es clara y nos explica el misterio del pecado y de la redención:
Por un solo hombre, Adán, responsable de la humanidad, entró el pecado en el mundo y a todos nos quedó como herencia el pecado y la muerte.
Por otro hombre, Jesucristo (que al mismo tiempo era Dios), entró en el mundo el perdón del pecado y la gracia:
“Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno, todos se convierten en justos”.
¿Por qué muchos se fijan más en el pecado de Adán que en la victoria de Cristo?
Es hora de agradecer y de recordar siempre que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. Y esto se lo debemos a Jesucristo.
3.            Evangelio de San Mateo
Hoy nos presenta San Mateo las tentaciones de Jesús en el desierto.
Te invito a releerlas para aprovechar la gran lección de Jesucristo.
Ahora profundizaremos en algunos puntos:
*¿Por qué cuarenta días y cuarenta noches?
En la Biblia el número cuarenta es simbólico, no exactamente cronológico:
Cuarenta días del diluvio, cuarenta días estuvo Moisés en el Sinaí para recibir la ley del Señor, cuarenta años caminó el pueblo de Dios por el desierto, Elías caminó cuarenta días hasta el monte de Dios Horeb,  etc.
Ahora leemos que Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches: un tiempo muy especial.
*El ayuno
“Es un medio de preparación espiritual, disciplina y penitencia que se practica sobre todo en tiempo de cuaresma”.
Los católicos estamos obligados al ayuno el miércoles de ceniza, el viernes santo y una hora antes de recibir la comunión.
A parte hay grupos y personas particulares que ayunan según su devoción.
El ayuno obliga desde los 18 hasta los 60 años.
Completando, diremos que la abstinencia que consiste en no comer carne ni caldo de carne, obliga los viernes y días de ayuno, a partir de los 14 años.
Recordemos que según hablaba Jesús sobre el ayuno, lo importante es que purifique nuestra alma y nuestro cuerpo al mismo tiempo.
*Hablemos de la tentación
La tentación en sí misma nunca es pecado.
En el padrenuestro no nos enseñó Jesús a pedir que el Padre nos quite las tentaciones sino que no nos deje caer en ellas.
Las tentaciones vencidas producen algo muy positivo: crecer en la fe y santidad.
Otra pregunta:
Si Jesús no podía pecar, ¿por qué fue tentado?
Posiblemente el diablo lo tentó, como hace siempre con las personas que son buenas.
Pero en el plan de Jesús aparece claro que quería dejarnos la lección de cómo hay que permanecer fuertes en la tentación y cómo vencerla. Es decir, orando, y no como Adán y Eva que en la tentación dialogaron con el diablo y cayeron.
También enseña Jesús que si la tentación viene con palabras de la Biblia mal interpretadas, debemos conocer bien la Palabra de Dios para responder con palabras bíblicas y no con las nuestras.
Te invito a buscar en la lectura del Evangelio de hoy los tres textos bíblicos bien precisos con los que Jesús respondió a la tentación del diablo.
Y ahora, amigos, entremos con ilusión en la penitencia  cuaresmal para llegar felices a la Pascua de Jesús.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

19 de febrero de 2015

I DOMINGO DE CUARESMA, CICLO B

LA ALIANZA DE DIOS SE REALIZA EN CRISTO

Jesús “al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y al rechazar las tentaciones del enemigo nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba”.
Las palabras del prefacio de este domingo nos centran en la cuaresma.
En efecto, la cuaresma es cuarenta días de preparación al misterio más grande de nuestra fe:
Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, muerto y resucitado para nuestra salvación.
La tradición bíblica nos presenta la oración, el ayuno y la limosna como signos característicos de purificación.
Precisamente el Evangelio del miércoles de ceniza, con que comenzamos la cuaresma, nos explicaba cómo quiere Jesús que los realicemos para que sean eficaces delante de nuestro Dios.
El ayuno que sea con sencillez para que lo vea Dios y no sean los hombres quienes al vernos nos alaben.
La oración también debe hacerse de tal forma que el Padre, que ve lo secreto, pueda recompensarnos.
Lo mismo pide el Señor para la limosna, con esa bella expresión: “que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”.
Hoy meditamos en el amor misericordioso de Dios que a través de la historia de salvación ha hecho diversas alianzas para unirnos a Él.
* La primera lectura nos presenta el pacto de Dios con Noé y con toda la humanidad después del diluvio:
“Esta es la señal del pacto que hago con vosotros, con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades: pondré mi arco en el cielo como señal de mi pacto con la tierra”.
Y el arcoíris, que ya existía, se convierte en el signo visible de la alianza de Dios con la humanidad “para siempre”.
* El salmo responsorial nos habla de la misericordia de Dios a quien le decimos:
“Recuerda, Señor, que tu ternura y misericordia son eternas. Acuérdate de mí con misericordia por tu bondad, Señor”.
También nos advierte el salmo que el Señor es bueno y enseña el camino de regreso a los pecadores.
* San Pedro nos habla de la alianza y reconciliación que Jesús nos ha merecido con su muerte para rehacer nuestra relación con Dios:
“Cristo murió por los pecados una vez para siempre. El inocente por los culpables para conduciros a Dios”.
La grandeza de la muerte de Cristo siempre será un misterio para nosotros porque “como era verdadero hombre lo mataron; pero como poseía el Espíritu fue devuelto a la vida”.
Mediante un párrafo no fácil de entender, san Pedro nos hace ver que la misma alianza que Dios celebró con Noé y su familia, la celebra ahora con la familia cristiana por medio de Jesucristo resucitado.
Para ello tenemos el sacramento del bautismo que nos une definitivamente con Dios.
* Durante el tiempo cuaresmal empleamos en la liturgia el color penitencial, morado, y no oiremos el aleluya hasta el día de la pascua.
Por eso, lo que era el versículo aleluyático se convierte en un sencillo versículo que meditamos antes del Evangelio. El de hoy nos recuerda las palabras de Jesús que nos han quedado en el relato de las tentaciones escrito por Mateo:
“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Es la invitación a profundizar en la Biblia sobre la misericordia de Dios.
* En cuanto al Evangelio, Marcos es muy conciso al hablar de las tentaciones:
“El Espíritu empujó a Jesús al desierto”.
El Señor lleno del Espíritu supera la tentación de satanás que se opondrá durante toda su vida al Reino que Jesús predica.
“Estuvo cuarenta días”, número simbólico que nos indica la perfección de la oración de Cristo.
“Vivía entre alimañas”. Estas palabras traen un eco de la alianza anunciada por Isaías cuando nos dice que en los tiempos mesiánicos el lobo pastará con el cordero, la vaca con el oso, el león comerá paja con el buey, etc.
Es algo así como decir que Jesucristo, verdadero hombre totalmente pacificado, tiene el dominio de toda la creación.
Por otra parte Marcos presenta también a los ángeles sirviendo a Jesús que es Señor de todos ellos.
Después de las tentaciones el evangelista nos recuerda que Jesús, huyendo de Herodes que había arrestado a Juan, se fue a Galilea y ahí comenzó a predicar.
La predicación de Jesús se resume en estas palabras:
“Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios, convertíos y creed en el Evangelio”.
Estas palabras son la esencia del mensaje cuaresmal que nos presenta la liturgia ya desde el miércoles de ceniza.
Jesús es la personificación del Reino, por tanto Él nos trae la salvación de Dios, la alianza nueva y eterna entre las criaturas y el Creador.
Meditemos en esta temporada la grandeza del don más maravilloso que nos ha dado nuestro Padre: su Hijo, Dios como Él, será nuestro Redentor.
Un motivo muy importante para meditarlo en estos cuarenta días y prepararnos así a vivir con alegría desbordante la Pascua.


José Ignacio Alemany Grau, obispo

6 de marzo de 2014

I Domingo de Cuaresma, Ciclo A

NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN
“Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: “siendo rico se hizo pobre por nosotros…”. A imitación de nuestro Maestro los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y realizar obras concretas a fin de aliviarlas…

En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo. Amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo”.

Según la Tradición hay tres signos penitenciales que la Iglesia nos propone todos los años, de una manera especial, para el tiempo de cuaresma:

La oración, el ayuno y la limosna.

El Papa Francisco, en su mensaje cuaresmal, y precisamente con la cita que utilicé al principio de la reflexión, nos habla de la oración, el ayuno y la misericordia.

Esta tercera palabra le sirve al Papa para concretar los tipos de limosna que podemos hacer tanto material como espiritual. Les invito a tenerlo presente de una manera especial en estos días de penitencia, que eso es la cuaresma, para prepararnos a la gran fiesta pascual recordando la muerte y resurrección de Cristo.

Hoy la liturgia nos centra en este ambiente penitencial y en el prefacio propio del día nos advierte:

* “Jesús, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inició la práctica de nuestra penitencia cuaresmal”.

* “Al rechazar las tentaciones del enemigo (como leeremos en el Evangelio) nos enseña a sofocar” las fuerzas de las pasiones que nos conducen al pecado.

* Y en tercer lugar nos advierte que con esta actitud de penitencia celebraremos con sinceridad el misterio de la Pascua de este año y así “podremos pasar un día a la Pascua que no se acaba”, participando de la resurrección de Cristo.

En la antífona de la comunión, después de haber participado del pan de la Eucaristía, la Iglesia nos cita unas palabras de Mateo, que a su vez pertenecen al Deuteronomio:

“No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Con esto nos quiere enseñar que si es necesario el pan de cada día tenemos que preocuparnos también del pan de nuestros hermanos, especialmente en tiempo de cuaresma. Pero tampoco debemos olvidar la necesidad de recibir el pan de la Eucaristía y leer la Palabra de Dios.

Ambas cosas nos las regala nuestro Padre celestial especialmente en la misa del domingo.

En la primera lectura se nos presentan las mentiras del diablo de ayer y de hoy:

En el paraíso pregunta astutamente y con una auténtica mentira “¿cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?”.

Con esto ya tiene preparado el terreno tras la respuesta de Eva, para añadir:

“No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal”.

En estos días es lo mismo. Nos dicen que el hombre es el único dios. Que lo sabe y lo puede todo…

En estas afirmaciones que oímos aparece la misma mentira de satanás a Eva. 

Precisamente Jesús dirá de satanás: “cuando dice la mentira habla de lo suyo porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44).

En el salmo responsorial de este primer domingo de cuaresma se nos invita a reconocer nuestra miseria y pobreza, rezando el salmo 50 y repitiendo como estribillo: “misericordia, Señor: ¡hemos pecado!”.

San Pablo nos enseña cómo entró el pecado y cómo Cristo lo destruyó y concluye:

“Si por la desobediencia de uno (Adán), todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno (Jesús) todos se convertirán en justos”.

Tengamos siempre en cuenta cuánto le debemos a Jesús y seamos agradecidos.

Al leer el Evangelio de las tentaciones les invito a fijarse en algunos detalles:

* El tentador emplea la Escritura, como hacen muchas personas hoy también, interpretándolas a su manera. Jesús contesta también con un texto bíblico pero utilizado correctamente.

* El diablo aprovecha para tentarlo, en un momento en que físicamente estaba débil por la penitencia.

* Busca ante todo fomentar la soberbia con engaños similares a los que utilizó con Adán y Eva en el paraíso.

* Vencida la tentación el Padre Dios le envía a los ángeles para que le sirvan.

Jesús, que no podía pecar, nos enseña cómo debemos nosotros superar las tentaciones.

Finalmente, recordemos que la tentación en sí, lejos de ser pecado, se puede convertir en crecimiento espiritual si sabemos vencerla.

Terminemos con estas palabras del Papa Francisco:

“Que este tiempo de cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual, el mensaje evangélico que resume el anuncio del amor del Padre misericordioso listo para abrazar en Cristo a cada persona”.

No lo olvides: “el Padre misericordioso nos abraza siempre con los brazos de Cristo”.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

14 de febrero de 2013

I Domingo del Tiempo de Cuaresma, Ciclo C.

¿PARA QUÉ LAS TENTACIONES? 

Estamos en el primer domingo de cuaresma. 
Todos sabemos que en los tres ciclos (A, B y C) los Evangelios sinópticos nos hablan de las tentaciones de Jesús en este día. 
El problema podemos encontrarlo en estas palabras de san Lucas: 
“El Espíritu Santo lo fue llevando por el desierto mientras era tentado por el diablo”. 
San Mateo nos lo pone peor: “fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo”. 
Nuestra pregunta es: 
¿El Espíritu Santo tentó a Jesús? 
Debe quedar muy claro que no. Tengamos en cuenta estas palabras de Santiago: “cuando alguien se vea tentado que no diga “es Dios quien me tienta”; pues Dios no es tentado por el mal y Él no tienta a nadie”. 
Por un lado nos tientan las propias pasiones y por otro el mismo diablo, como dice el Evangelio de hoy. 
Antes de seguir, también es importante que recordemos que la tentación nunca es pecado. 
El pecado es caer en la tentación. Por eso Jesucristo nos dirá que cuando recemos digamos “no nos dejes caer en la tentación”. 
Por otro lado, sabemos que muchos santos se han purificado con la tentación e incluso han adquirido grandes méritos venciendo fuertes tentaciones. 
Y ahora volvamos a la enseñanza concreta que nos da nuestro compañero de viaje litúrgico, san Lucas, comenzando por un detalle. 
“Durante cuarenta días… estuvo en el desierto”. 
Benedicto XVI nos recordaba en la catequesis del miércoles pasado: 
“Comenzamos el tiempo litúrgico de la cuaresma, cuarenta días que nos preparan para la celebración de la santa pascua”. 
Después de pedirnos que nos esforcemos en crecer en la vida espiritual, el Papa nos habla del número cuarenta que aparece varias veces en la Biblia: 
“Los cuarenta años que el pueblo de Israel peregrinó por el desierto: un largo periodo de formación para convertirse en pueblo de Dios, pero también un largo periodo en el que estuvo siempre presente la tentación de ser infieles a la alianza con el Señor”. 
Cuarenta fueron también los días de camino del profeta Elías hasta el Horeb, y Jesús en el desierto, antes de iniciar su vida pública, pasó cuarenta días y cuarenta noches, incluida las tentaciones. 
En la primera tentación de Jesús el diablo le dice: “si eres el hijo de Dios dile a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contesta “no sólo de pan vive el hombre”.
Después lo lleva el diablo a una altura y le ofrece todos los reinos de la tierra, si es que lo adora. 
Jesús lo calla también con otro texto bíblico: “al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto”. 
Finalmente, el diablo coloca a Jesús en el alero del templo y le dice que se tire, porque Dios mandará sus ángeles para que no tropiece en las piedras. 
Jesús termina el diálogo con otro versículo de la Biblia: “No tentarás al Señor tu Dios”. 
Es interesante pensar cómo el diablo y los suyos emplean la Biblia para tentar, sacando los textos bíblicos de su contexto. 
Jesús, en cambio, usa la Escritura, sin manipularla para aclarar la situación. 
Benedicto XVI nos ilumina con estas palabras que aclaran el núcleo de las tres tentaciones que experimentó Jesús: 
“Reflexionar sobre las tentaciones a las que es expuesto Jesús en el desierto es una invitación para cada uno de nosotros para responder a una pregunta fundamental: ¿qué es lo más importante en mi vida? 
Las pruebas a las cuales la sociedad actual somete al cristiano son muchas y tocan la vida personal y social. No es fácil ser fieles al matrimonio cristiano, practicar la misericordia en la vida cotidiana, dejar espacio a la oración y al silencio interior; no es fácil oponerse públicamente a opciones que muchos consideran normales, como el aborto en caso de un embarazo no deseado, la eutanasia en caso de enfermedad grave, o la selección de embriones para prevenir enfermedades hereditarias. 
Siempre se hace presente la tentación de separar la fe y la vida”. 
La conversión será la respuesta que tendremos que dar a Dios muchas veces en la vida. 
El prefacio de hoy explica por qué Jesús fue al desierto a hacer penitencia y cuál es la lección que nos da a nosotros en este domingo: 
Jesucristo “al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y al rechazar las tentaciones del enemigo nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba”. 
Es muy importante que nuestra mente y corazón no queden únicamente en la cuaresma, en el ayuno y en la mortificación, sino que veamos que todo es una preparación para la fiesta más grande: la Pascua de Jesús en la que celebramos nuestra propia resurrección como fruto de su resurrección y entrega para salvarnos. 
Para vencer las tentaciones ten en cuenta el consejo que nos da hoy san Pablo:
“La Palabra está cerca de ti. La tienes en los labios y en el corazón. 
Porque si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos te salvarás”. 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

24 de febrero de 2012

I DOMINGO DE CUARESMA, CICLO B


CRECER CON LAS TENTACIONES

Llegó la cuaresma.
Para la liturgia es, precisamente hoy, el día primero de la cuaresma. Los días anteriores, desde el miércoles de ceniza, fueron como una introducción.
La liturgia de este domingo nos mete de lleno en este misterio y lo hace con estas palabras de la oración del día:
“Al celebrar un año más la santa cuaresma concédenos, Dios todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud”.
Está claro que la cuaresma nos mete de lleno en el misterio central del cristianismo que es la Pascua de Jesús.
Cuarenta días para prepararnos a celebrar, agradecer y vivir a fondo la entrega de Dios a los hombres en la muerte y resurrección de Cristo.
Esta debe ser nuestra preocupación hasta que el triunfo de Jesús, en la vigilia pascual, nos traiga la seguridad de nuestra salvación como regalo del Dios misericordioso que se nos entregó en Cristo.
El punto central que nos invita a reflexionar en este domingo es el de las tentaciones de Jesús.
Al ser nuestro compañero del ciclo B, el evangelista San Marcos, el relato bíblico es muy corto pero evidentemente que en él aparece lo fundamental: Jesús se somete a la tentación que todos nosotros tenemos que soportar de distintas maneras en nuestra vida, para enseñarnos a vencer.
Lo primero que dice San Marcos, y en esto coincide con los otros dos sinópticos (Mateo y Lucas), es que fue llevado por el Espíritu Santo al desierto.
Parece que Marcos, que transcribe un tanto la imaginación de San Pedro, lo dice de una manera más pintoresca: “el Espíritu empujó a Jesús al desierto”. El término empujar nos indica cómo Jesucristo, después del bautismo en que el Espíritu Santo lo había colmado, actuó siempre en su vida humana bajo la influencia del Espíritu que es el mismo que lo encarnó y que lo resucitará, según las Escrituras.
A continuación Marcos enseña que “se quedó en el desierto cuarenta días”.
El número cuarenta es bíblico e indica plenitud: Cuarenta días de diluvio, cuarenta años por el desierto, cuarenta días de Moisés en el Sinaí antes de recibir las tablas de la ley… y ahora los cuarenta días de Jesús en oración.
Marcos añade: “dejándose tentar por Satanás”.
La tentación de Jesús, como todo lo que Él hace, tiene un doble matiz:
Como Dios, ni tienta ni puede ser tentado, pero como hombre se somete a nuestras limitaciones. La gran lección de este relato es que aprendamos que, la tentación en sí, nunca es pecado.
El diablo tentó a Jesús de gula, orgullo y ansia de poder.
Las enseñanzas de estas tentaciones de Jesús son múltiples.
Por una parte, utilizar la Biblia para vencer las tentaciones es una gran ayuda espiritual, pero también es cierto que la mala interpretación de la Biblia ha llevado a la humanidad a muchas desuniones, sectas y pecados.
Esto es precisamente lo que hace el diablo y Jesús corrige la falsa interpretación de los textos bíblicos con otros textos distintos.
Las tentaciones, también dentro del plan de Dios, ayudan a crecer espiritualmente y al vencerlas crecemos en perfección y santidad ante Dios.
Será bueno que aprendamos esta lección muy práctica para nuestra vida: la tentación vencida es muy importante para el crecimiento espiritual de una persona. Por eso hemos de permanecer serenos y buscar en esos momentos la ayuda del Señor para evitar el pecado.
Añade San Marcos en su conciso relato, que Jesús “vivía entre alimañas durante ese tiempo” lo cual es en parte descripción del ambiente donde estaba y puede significar también el dominio de la naturaleza, cuando el hombre vive con el corazón pacificado.
Finalmente, como un triunfo sobre toda la situación de aquellos cuarenta días termina diciendo que “los ángeles le servían”.
El breve relato de Marcos añade una invitación a la conversión y a la penitencia:
“Está cerca el reino de Dios, conviértanse y crean en el Evangelio”.
Posiblemente al imponernos la ceniza, el miércoles pasado, el sacerdote dijo estas mismas palabras en el acto penitencial.
El camino hacia Jesús debe pasar por esa doble actitud tan importante. Abandonar el pecado y abrazarse a la novedad del Evangelio.
Que en el fondo de este primer domingo de cuaresma mantengamos la paz del arco iris que Dios prometió a Noé, según el Génesis, y San Pablo nos lo recuerda también en este día.

José Ignacio Alemany Grau, obispo