24 de mayo de 2026

NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS - Domingo de Pentecostés

 La maravilla de este tiempo litúrgico es que nos invita a comunicarnos con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. No debemos olvidar que el Padre envió al Hijo y el Hijo se encarnó por obra del Espíritu Santo. Las tres Divinas Personas son un único Dios, el misterio más grande del cristianismo; la gran revelación de Jesús.

  • Hechos de los Apóstoles

Cuando Jesús asciende al cielo hay un momento muy significativo para el grupo que lo acompaña y lo ve elevarse a la gloria, pero no se disgrega, sino que todos ellos permanecen unidos en el cenáculo donde habían recibido tantos regalos de Dios:

«Todos ellos se dedicaban a la oración en común junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús…».

Eso es lo que prepara precisamente la venida del Espírito Santo; es decir, la oración comunitaria que hará presente al Espíritu prometido con sus manifestaciones gloriosas: temblor, lenguas de fuego, don de lenguas...

  • Salmo 26

El salmista glorifica a Dios a través de una petición muy importante:

«Una cosa pido al Señor, eso buscaré: Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida. Gozar de la dulzura del Señor contemplando su gloria».

Continúa su oración: «Escucha, Señor, que te llamo: ten piedad, respóndeme».

Y termina el salmista: «Oigo en mi corazón: buscad mi rostro».

Busquemos el rostro de Dios con fidelidad.

  • San Pedro

Nos pide que vivamos en la alegría compartiendo los padecimientos de Jesucristo para que estos se transformen en gloria. Recuerda el apóstol que habrá muchos ultrajes por el nombre del Señor: «Si sufre por ser cristiano que no se avergüence, que dé gloria a Dios por este nombre».

  • Verso aleluyático

Una vez más en este tiempo se nos repiten las palabras consoladoras de Cristo Jesús: «No os dejaré huérfanos. Me voy y vuelvo a vuestro lado y se alegrará vuestro corazón».

Admiremos el cariño de Jesús que promete no abandonar a su Iglesia nunca.

  • Evangelio

Recoge el capítulo que se llama «la oración sacerdotal de Jesús»; que es, de hecho, una oración al Padre cuando Jesús se da cuenta de que termina su vida. Primero, glorifica a su Padre:

«Padre glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique por el poder que tú le has dado». Y, en segundo lugar, aprovecha para exponer en qué consiste la vida eterna: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo».

Toda la vida de Jesús fue glorificar al Padre haciendo su santa voluntad y, dentro del plan trazado por la providencia, Jesús tiene conciencia clara de haber manifestado la verdad de Dios a sus apóstoles que constituyen la primera Iglesia y que le escuchan junto con María, Madre de la Iglesia desde el principio.

Al empezar su oración deja bien claro Jesús:

«Te ruego por ellos (los apóstoles), no ruego por el mundo sino por estos que tú me has dado y que son tuyos».

Advierte el Señor que quede bien claro: «Que todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío y en ellos he sido glorificado».

El párrafo del Evangelio concluye aclarando que Jesús se va al Padre, pero al mismo tiempo, quedará con los suyos.

¡Feliz domingo de Pentecostés!

17 de mayo de 2026

VOLVERÁ COMO LO HAN VISTO MARCHARSE - Domingo VII de Pascua


Solo pueden entender la Ascensión del Señor quienes lo vieron subir al cielo. Eran los apóstoles y algunas mujeres entre las cuales estaba la Virgen María, Madre de Jesús.

  • Hechos de los apóstoles

Es impresionante la despedida y el subir hacia los cielos de Jesucristo.

Un tanto despistados, los apóstoles, le preguntan a Jesús si es la hora de restaurar el reino de Israel. La respuesta del Señor no se hace esperar y prácticamente se convierte en una llamada de atención, porque al parecer los suyos han entendido casi nada de su mensaje y les muestra como despedida el ascender a la casa del Padre. De todas maneras, la narración de los Hechos termina poniendo en boca de dos hombres vestidos de blanco, posiblemente dos ángeles, la confirmación del triunfo de Jesús:

«El mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo vendrá como lo han visto marcharse».

  • Salmo 46

El salmista presenta a Dios ascendiendo entre aclamaciones, en su «ascensión» a los cielos: «Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo»; y describe la ascensión de esta manera: «Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas».

Y, además, pide a todos:

«Tocad para nuestro Rey, tocad… porque Dios es el Rey del mundo».

  • San Pablo

En su Carta a los efesios el apóstol presenta la extraordinaria grandeza del poder de Dios en la Ascensión de Jesús, «resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo Principado…».

Según San Pablo, el Padre «todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia como Cabeza sobre todo»; y concluye con esta bella confirmación: «La Iglesia es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos».

¡Qué importante es esta verdad para la Iglesia de nuestros tiempos cuando se pretende quitar el poder a Jesucristo!

  • Verso aleluyático

Es el envío misionero de Jesús para todos los que le han de seguir:

«Id y haced discípulos de todos los pueblos. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» … Esta es la gran tarea para la Iglesia: evangelizar al mundo entero porque este es el «mandato» del Señor.

  • Evangelio

El Evangelio de este ciclo A narra la Ascensión de Jesús según el Evangelio de San Mateo:

«Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Ellos se postraron adorándolo y Jesús se despidió con estas palabras: “Se me ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado”».

Esta será la tarea para todos nosotros, cada uno de los bautizados, durante nuestra vida en el mundo.

A continuación, viene la gran promesa de Jesús que no quiere abandonarlos:

«Sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo».

Esta es la promesa de Jesucristo como Dios y hombre verdadero.

Glorifiquemos a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Verbo encarnado, cercano siempre a nosotros con su poder y contemos con Jesucristo siempre a la hora de evangelizar.

 

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista



9 de mayo de 2026

Ya no los llamo siervos sino amigos

El Espíritu Santo es el centro de la espiritualidad que debemos vivir los auténticos cristianos.

  •    Hechos de los apóstoles

El libro de los Hechos nos cuenta las maravillas que realizó Felipe predicando a Jesucristo en Samaria. Son muchos los milagros de que fueron testigos los samaritanos:

«La multitud estaba viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos… y muchos paralíticos y lisiados se curaban».

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se dieron cuenta que con el bautismo hacía tales prodigios Felipe, enviaron a Pedro y a Juan para que, imponiéndoles las manos, los confirmaran en el Espíritu Santo.

Y es entonces cuando se multiplicaron los milagros al imponerles las manos y recibían el Espíritu Santo.

Aquí tenemos un ejemplo hermoso del fruto del sacramento del bautismo y la posterior confirmación.

  • Salmo 65

El salmista nos invita a aclamar al Señor:

«Aclamad al Señor, tocad en su honor, cantad himnos a su gloria y que la tierra entera se postre ante la grandeza del Señor, que transformó el mar en tierra firme y llenó de alegría a la humanidad».

El salmo termina invitando a la fidelidad: «Fieles de Dios venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios».

  • San Pedro

El apóstol, en su primera carta, invita a glorificar a Cristo Señor en nuestros corazones: «Es preciso dar razón de vuestra esperanza a todo el que os lo pidiere».

Pero lo más importante es la conducta que corresponda a una fe auténtica: «Mejor es padecer haciendo el bien si tal es la voluntad de Dios que padecer haciendo el mal».

Termina invitándonos a imitar a Jesucristo «que murió por nuestros pecados, una vez para siempre», pero, como era verdadero Dios resucitó.

  • Verso aleluyático

Jesús nos pide el auténtico amor que hace la voluntad de Dios en todo momento: «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él».

  •  Evangelio

El párrafo del evangelio de San Juan es muy breve, pero es la confirmación del auténtico amor a Jesucristo que condiciona el mismo Señor al cumplimiento de la Palabra de Dios y de sus mandamientos:

«Si me amáis guardaréis mis mandamientos»; y entonces, Jesús mismo sale fiador de la gran promesa: «Estará siempre con ustedes el Espíritu de la verdad».

Jesús advierte que el mundo no puede recibir al Espíritu Santo porque ni lo ve ni lo conoce. En cambio, los apóstoles lo llegarán a poseer porque lo han conocido: «Lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros».

Recordando que su vida en este mundo será por poco tiempo, hace una promesa a la Iglesia insipiente: «No os dejaré huérfanos: volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis porque yo sigo viviendo».

Entonces viene la gran promesa: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo y yo con vosotros», si guardáis mis mandamientos.

Durante estos días preparémonos con oración a recibir el Espíritu Santo teniendo en cuenta el mandato de Jesús de cumplir con fidelidad sus mandamientos.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


3 de mayo de 2026

Yo soy el Camino - Domingo V de Pascua – ciclo A

En este quinto domingo de Pascua resalta la grandeza de Jesucristo, por lo cual cantamos con la liturgia:

«Cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas».

  • Hechos de los Apóstoles

Destaca el crecimiento de la comunidad que va conociendo a Jesucristo, pero posiblemente hay un involuntario descuido, sobre todo, en el suministro diario para las viudas griegas.

En esa situación queda claro que más importante es evangelizar que dedicarse a los bienes materiales: «No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración»; y entonces, no sin la inspiración del Espíritu Santo, aparecen siete hombres escogidos que serán, en adelante, los diáconos de la nueva Iglesia.

Por su parte, los apóstoles evangelizan «y la Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de los discípulos».

  • Salmo 32

Nos invita este salmo a glorificar la misericordia de Dios, cosa que siente Israel desde el principio de su historia: «Aclamad justos al Señor… que merece la alabanza de los buenos».

A continuación, nos invita a la acción de gracias por la Palabra de Dios y por el cuidado que Dios tiene de sus fieles.

  • San Pedro

El párrafo de este día se centra la grandeza de Jesucristo a quien el apóstol aplica las palabras de la Escritura:

«Yo coloco en Sion una piedra angular, escogida y preciosa. El que crea en ella no quedará defraudado».

Por su parte, San Pedro hace una aplicación muy distinta de estas palabras: «Para los creyentes es de gran precio, pero para los incrédulos es la piedra que desecharon los constructores».

Se trata de la diferencia que hay entre aceptar a Cristo o rechazarlo. Para los que siguen a Jesús es muy importante, en cambio, para quienes rechazan a Jesús esa piedra angular se convierte en roca de estrellarse.

San Pedro termina alabando a Jesús como piedra angular de la Iglesia con estas palabras: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, el pueblo adquirido por Dios…».

  • Verso aleluyático

Glorifica a Dios con unas conocidas e importantes palabras del Evangelio de este día:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida: nadie va al Padre sino por mí».

  • Evangelio

Les invito, queridos amigos, a leerlo con profundidad meditando las expresiones importantes de Jesús:

Comienza Jesús manifestando su divinidad:

«Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí… Adonde yo voy ya sabéis el camino».

Tomás, como siempre un tanto racionalista, tiene una pregunta para este momento:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

La respuesta de Jesús llena nuestro corazón de amor y profunda enseñanza:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida», y recalca su unidad con el Padre:

«Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

En este momento interviene Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta».

En la respuesta de Jesús aparece clara la identidad de un solo Dios que forman el Padre y el Hijo (con el Espíritu Santo). Y Jesús termina haciendo una promesa a los suyos:

«El que cree en mí también él hará las obras que yo hago y aún mayores porque voy al Padre».

¡Qué importante es conocer la unidad en la Trinidad y la eficacia de la Palabra de Dios!

 

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

25 de abril de 2026

Domingo del Buen Pastor - Domingo IV de Pascua

 

Los profetas Jeremías y Ezequiel, en el Antiguo Testamento, se referían al pueblo de Israel como «el rebaño» y a quienes los conducían como «pastores».

Es hermoso el salmo 23 que habla expresamente del Señor como un pastor que guarda su rebaño y cuida de sus ovejas.

Hoy los fieles de la Iglesia de Jesús son el rebaño que entra a través de la puerta que es Cristo y se alimentan de su cuerpo y su sangre. Jesús ha encomendado a los apóstoles y sus sucesores a cuidar de ese rebaño para que nunca les falte el verdadero pan del cielo que es la Eucaristía.

+ Lo primero que quiere el Señor es que no lo confundamos a Él con los falsos pastores que no entran por la puerta del redil, sino que saltan por otras «entradas». A esos Jesús los llama ladrones y bandidos.

Es el buen pastor el que entra por la puerta de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas se ponen atentas a su voz porque lo conocen a él y porque llama a cada una de las ovejas por su nombre.

De esta manera nos advierte Jesús sobre la confianza que hay entre las ovejas y el verdadero pastor.

Se conocen por el nombre tanto el pastor a cada oveja, como las ovejas siguen a su pastor porque están seguras conociendo la voz de él.

Advierte también Jesús que las ovejas no conocen la voz de los extraños.

+ Más adelante, Jesús dirá de sí mismo:

«Yo soy la puerta de las ovejas».

Es el único Buen Pastor:

«Los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos».

Repitiendo de nuevo que es la «puerta verdadera», asegura que el que entra por esta puerta tendrá libertad para entrar y salir; y lo más importante de todo es que el Buen Pastor da de comer -como lo ha dicho hace poco- su propio cuerpo:

«El que me come vivirá por mí».

+ Otro signo del Buen Pastor es la diferencia que hay entre el falso pastor que viendo venir al lobo abandona a las ovejas y huye; «y el lobo las roba y las dispersa porque no era un buen pastor sino un asalariado a quien no le importan la vida de las ovejas». En cambio, lo más hermoso del Buen Pastor es la relación personal entre el Padre Dios y Él; y es esa la gran diferencia entre el falso pastor y Jesucristo que asegura: «Yo doy mi vida por mis ovejas».

+ Y alzando la mirada sobre la tierra entera, advierte Jesús:

«Tengo, además, otras ovejas que no están en mi redil; también a estas las tengo que traer y escucharán mi voz»; y entonces será plenitud de la eficacia y alegría del Buen Pastor:

«Todas las ovejas escucharán su voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor».

Por otra parte, advierte Jesús y es muy importante tenerlo en cuenta:

«Por esto me ama mi Padre porque yo entrego mi vida para poder recuperarla… Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente».

+ Finalmente, el Buen Pastor advierte que tiene «poder para entregar su vida y para recuperarla: Este mandato lo he recibido de mi Padre».

Para nosotros lo importante es conocer al Buen Pastor y no confundirlo con otros que tienen, quizá, malos intereses.

Hay que reconocer que el Buen Pastor entra y sale por la puerta para alimentarnos con pastos buenos, especialmente el cuerpo y la sangre del propio Pastor que se llama a sí mismo el «Pan de vida», alimento para la eternidad.

Es conveniente, además, que las ovejas conozcan al Padre Dios que nos entregó a Jesús como Redentor y le agradecemos a la Santísima Trinidad en este tiempo de Pascua su muerte y resurrección.

Creo que una buena conclusión de estos pensamientos que nos ha dejado especialmente San Juan en su Evangelio (capítulo 10) es que sepamos ser las verdaderas ovejas que siguen al Buen Pastor y que piden continuamente pastores santos para su Iglesia.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

18 de abril de 2026

SI VAMOS HABLANDO DE DIOS… Domingo III de Pascua


Si vamos hablando de Dios seguramente que Dios llegará a tiempo en nuestro camino y será un gozo encontrarse con Él, como podemos hacerlo conocer profundizando en las lecturas de este tercer domingo de Pascua.

Hechos de los apóstoles

Los Hechos nos muestran a Pedro el día de Pentecostés, de pie, con los once, pidiendo silencio para hablar a la multitud. Lo fundamental de su enseñanza es su Señor: «Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros y signos y prodigios que conocéis».

A continuación, habla a la multitud de la muerte y resurrección de Jesucristo:

«Dios, rompiendo las ataduras de la muerte lo resucitó», según lo dijo David, «y no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción».

Después de exaltar la imagen de Jesucristo que enseñaba las maravillas de Dios y realizaba muchos milagros, termina San Pedro diciendo al pueblo:

«Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

  • Salmo 15

El salmista, profetiza la resurrección del Mesías prometido, y dice así:

«Protégeme Dios mío que me refugió en ti…

Bendeciré al Señor… Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré…Por eso se me alegra el corazón y se gozan mis entrañas y mi carne descansa serena porque no me entregarás a la muerte».

  • San Pedro

El apóstol, después de recordarnos: «Si llamáis Padre al que juzga a cada uno según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida», termina su exhortación con estas palabras:

«Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza».

  • Verso aleluyático

Recoge un sentimiento del corazón de los discípulos de Emaús, como conclusión de su diálogo con Dios en Cristo:

«Señor Jesús explícanos las Escrituras, haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas».

  • Evangelio

La liturgia en este domingo quiere que volvamos al camino de Emaús y nos presenta a dos de los discípulos que se vuelven de Jerusalén hablando de los acontecimientos sobre Jesús. Y como hablan de Dios, sin saberlo ellos, un peregrino más ágil se acerca a los dos preguntando:

«Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Jesús se hace como que no les entiende y aprovecha para explicarles cómo en Jesucristo se han cumplido las Escrituras.

Habla de su muerte y resurrección y Él mismo reprocha a los dos discípulos por no haber creído las Escrituras e incluso el volverse de Jerusalén como desesperanzados, aunque incluso han oído hablar de la resurrección de Jesús al tercer día.

Es entonces cuando el Maestro habla con pasión a los dos discípulos:

«Comenzado por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura».

Llegan a Emaús, Jesús hace ademán de seguir adelante y los dos coinciden:

«Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída».

Jesús entró y puestos a la mesa partió el pan, como era su costumbre cuando lo consagraba, y al recibir de sus manos el pan consagrado reconocieron a Jesús, pero Él despareció.

Así es cuando se va preocupado por Dios y sus cosas, que de una u otra forma nos encontramos con Él. Por eso, exclamaron los dos peregrinos:

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Era la certeza del Resucitado y, aunque ya era tarde, regresaron a Jerusalén donde estaban los apóstoles y escucharon lo que decían los otros:

«¡Era verdad! ¡Ha resucitado el Señor y se apareció a Simón!».

Y ellos añadieron gozosos:

«¡También nosotros lo hemos visto y lo hemos reconocido al partir el pan!».

Así es, hermanos, si nos fiamos de Dios, tarde o temprano renacerá la fe y el amor en nuestro corazón: ¡Y el Resucitado llenará nuestra vida!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

11 de abril de 2026

DIOS SE ACERCA EN JESÚS - Domingo de la Divina Misericordia - Domingo II de Pascua

Durante muchos siglos Dios compartió con su pueblo y «al llegar la plenitud de los tiempos» llegó el mismo Dios en Cristo Jesús.

Veamos a grandes rasgos la liturgia de esta semana.

Lo vemos en la cena del Jueves Santo dándose a comer y beber Él personalmente.

  • Jesús en venta

Lamentablemente uno de sus apóstoles va a venderlo y por unas «monedas» entrega a su Maestro.

El jefe (Pilato) grita al pueblo: ¿Qué prefieren a este hombre que ha hecho mucho bien y milagros; o a un bandido, Barrabás, ladrón con experiencia?

Son los directores espirituales del pueblo quienes lo incitan a pedir la muerte del Justo; y prefieren al ladrón, patrono de sus fechorías.

El juicio termina subiendo a Jesús al Calvario con la cruz a cuestas.

Desde la cruz Jesús nos deja las grandes enseñanzas y termina preparándose a sí mismo a la resurrección cuando dice: «Todo está cumplido»; es decir, la máxima perfección a la que puede aspirar un ser humano: hacer en todo la voluntad de Dios Padre.

Todo termina con estas preciosas palabras que nos deben servir también de oración a nosotros: «Padre, en tus manos pongo mi Espíritu».

  • ¡Resucitó el Señor!

El Padre acoge estas palabras y al tercer día resucita a su Hijo.

El domingo, Jesús habla con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro y su palabra queda en el corazón de la Iglesia: «¡Alégrense!».

Más tarde Jesús habla con la Magdalena y hace la gran pregunta para todos nosotros, que queda para todos, siglo tras siglo: «¿Por qué lloran? ¿A quién buscan?»

La respuesta toca la inteligencia y el corazón de los seres humanos que muchas veces no saben qué contestar porque buscan algo distinto.

Es el triunfo de Jesús, y de todos y cada uno de nosotros, si lo queremos en realidad.

Jesús se presenta inesperadamente, primero a los dos de Emaús y ellos lo reconocen «al partir el pan».

Luego Jesús va al cenáculo y se coloca en medio de aquella Iglesia insipiente y le desea la paz. Como creían que era un fantasma, Jesús pide de comer y le ofrecen un trozo de pescado asado para que admiren que es un ser humano como antes, aunque está glorificado.

La liturgia de esta temporada nos presentará el encuentro lleno de amor entre Jesús y la pecadora arrepentida, María Magdalena.

Lo veremos también entre los apóstoles pidiéndoles que vayan por todo el mundo para que la humanidad entera pueda convertirse y recibir el perdón de los pecados.

Finalmente, Jesús reúne a los suyos y se sube a los cielos por su propia virtud ya que es el verdadero dueño del mundo, Dios como el Padre, y con palabras del acto de fe que rezamos, repetimos: «Está sentado a la derecha del Padre».

  • Divina Misericordia

Esta magnífica semana larga termina con la Misericordia de Dios en una fiesta que hacemos los hombres que hemos conocido cómo, a pesar de ser pecadores, siempre podemos contar con el amor misericordioso de Dios.

El salmo 117 nos dice: «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia».

Ejemplo para todos nosotros es Santo Tomás que había negado ante todos sus compañeros la resurrección de Jesucristo y termina su negación cuando se aparece el mismo Señor y le dice:

«Trae tus dedos, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente».

Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío».

En este acto de fe y humildad, al mismo tiempo, tenemos la actitud que pide para todos nosotros Jesús, el Señor de la Divina Misericordia.

¡¡Así se ama!!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

29 de marzo de 2026

DOMINGO DE RAMOS

En esta semana que la liturgia llama «santa» porque en ella se encierra el Triduo Pascual, entremos con fe profunda en las reflexiones y lecturas que nos presenta.

Lo que recordaremos en este domingo con amor, ya sucedió y ahora Jesús está glorificado en el cielo y en la Eucaristía, pero recordamos con mucha gratitud su entrega por nosotros, en la liturgia de esta semana que comienza con el Domingo de Ramos.

  • Procesión de ramos

Antes de celebrar la Eucaristía de este domingo, los fieles suelen ir a una plazuela o un templo menos importante para celebrar allí la bendición de los ramos y salir luego cantando en procesión a la parroquia.

El pequeño evangelio que leemos en ese momento es de Mateo.

Jesús, montado en un pollino, entra en la ciudad de Jerusalén y los que lo acompañan, cortando ramas de olivos y de palmeras, lo van aclamando:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!».

Según San Mateo la gente se preguntaba:

«¿Quién es este?»

Procuremos, nosotros, durante esta semana contestar a esa pregunta que siempre nos interpela y exige una respuesta.

  • Isaías

En esta profecía nos presenta a Jesús como un discípulo fiel:

«Ofrecí la espalda a los que me apaleaban. Las mejillas a los que mesaban mi barba. No me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos…».

Este siervo del Señor, a pesar del terrible sufrimiento, venció todos los ultrajes con la fuerza de Dios.

Ante cualquier dolor recordemos al Maestro y contemplemos su ejemplo.

  • Salmo 21

Viene a ser un resumen del dolor de Cristo en la crucifixión cuando, de hecho, exclamó el viernes santo en el Calvario desde la cruz:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

A continuación, el salmo describe muchos detalles que se realizaron en la pasión del Señor:

«Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos. Fuerza mía ven corriendo a ayudarme».

Un salmo para los momentos duros de la vida.

  • San Pablo

Nos invita a meditar en la profundidad del misterio del dolor de Cristo en la crucifixión. A pesar de ser Dios todopoderoso, actuó como un hombre cualquiera soportando la humillación de la cruz.

Ya desde ahora la liturgia, con palabras de esta carta de Pablo a los Filipenses, nos habla de la glorificación de Jesús para que, desde el principio, estemos seguros del triunfo porque además de siervo humilde es verdadero Dios, y su Padre lo glorificó:

«Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo».

Y finalmente, nos pide a todos que glorifiquemos a nuestro Redentor:

«Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

  • Versículo de aclamación

En varios momentos de este día la liturgia nos repite estas palabras:

«Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre».

  • Evangelio

En el ciclo A la liturgia nos presenta el relato de San Mateo. Les invito a todos a meditar con profundidad, y ojalá en familia, los hechos que más les llamen la atención.

De toda esta lectura de la Pasión de Jesús será bueno concluir estas palabras:

«Así se ama».

Y que todos aprendamos de Él a amar.

Si queremos aprender a amar veamos los detalles del amor en nuestro Señor y Redentor Jesucristo.

El evangelista termina el relato de su larga pasión con estas palabras:

«Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro».

No contaban con el poder de Dios que tenía Jesús y que quedó bien claro a los tres días.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

21 de marzo de 2026

YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA - Domingo V de Cuaresma – ciclo A

El domingo de hoy está lleno de esperanza y nos permite ver que la vida en el mundo es un paso para una segunda parte mucho mejor en la resurrección eterna.

  • Profeta Ezequiel

Este pequeño párrafo del profeta Ezequiel nos habla de resurrección. Es el mismo Señor quien dice: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros… Entonces sabréis que yo soy el Señor».

Lo importante es que, tras el tiempo de la vida temporal, Dios mismo ha prometido: «Os infundiré mi Espíritu y viviréis».

  • Salmo 129

«Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa».

El salmo es una invitación a la esperanza: «Desde lo hondo a ti grito, Señor, Señor escucha mi voz… Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?».

La verdad es que nos sentimos pecadores por haber ofendido al Señor y desde nuestro corazón brota un profundo sentimiento de arrepentimiento que reconocemos y que brota desde nuestro interior como un regalo de Dios.

Por eso podemos decir, a pesar de nuestros pecados: «Mi alma espera en el Señor… Aguarde Israel al Señor porque del Señor viene la misericordia y la redención copiosa».

El Señor nos redimirá.

  • San Pablo

Escribiendo a los romanos les dice que hay dos maneras muy distintas de vivir: unos sujetos a las pasiones de la carne y que no pueden agradar a Dios. Otros (San Pablo supone que es la comunidad cristiana) que viven movidos por el Espíritu: «No estáis sujetos a la carne sino al Espíritu porque el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo».

Tengamos muy en cuenta esta expresión del apóstol: no nos dejemos llevar de simples sentimientos o conveniencias. Solo el Espíritu de Cristo nos puede salvar.

San Pablo saca la conclusión de que «si Cristo está en nosotros, el cuerpo está muerto al pecado y vivo por la justificación obtenida como regalo de Dios».

  • Versículo antes del Evangelio

Recordando el Evangelio de hoy, Jesús nos deja estas palabras muy importantes:

«Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí no morirá para siempre».

  • Evangelio

El pasaje del Evangelio de este día es muy hermoso porque nos permite ver la amistad tan profunda que existe entre Jesús y la familia de Betania.

Nos enteramos de que Lázaro, el tercero de la familia, está enfermo.

Las hermanas le envían un recado a Jesús confiando en que, al saber que su amigo ha enfermado va a ir a curarlo, como lo han visto actuar en muchas ocasiones.

Al enterarse Jesús deja pasar un tiempo y quiere ir después a la casita de Betania. Los apóstoles le recuerdan que ir a Jerusalén era exponerse al peligro porque lo buscan para matarlo.

Jesús, lleno de ilusión porque sabe lo que quiere hacer, emprende el camino a Betania.

Al llegar pregunta dónde lo han enterrado. Le advierten que lleva ya cuatro días en el sepulcro.

A Jesús le importan poco porque tiene claro lo que va a realizar. Cuando Jesús pide que abran el sepulcro se llenan todos de admiración y esperanza.

La voz poderosa de Jesús gritó: «¡Lázaro sal fuera!».

El muerto salió con las vendas que llevaba y dijo Jesús que lo desataran.

Nadie puede imaginar la alegría que hubo ese día en Betania y sobre todo en aquellas dos mujeres de la familia de Lázaro.

Para nosotros lo más importante es la verdad que repite Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. Y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre».

Esta es nuestra alegría: después de un tiempo en la tierra, Jesús, que es la certeza de la resurrección, nos invitará a vivir eternamente… Quiera Dios que sea para siempre en la Gloria.

 

José Ignacio Aleman Grau, obispo Redentorista

15 de marzo de 2026

CREO, SEÑOR… Y LO ADORÓ - Domingo IV de cuaresma

                                          

 «Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría los que por ella llevasteis luto. Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos».

Esta introducción hace, para el IV domingo de cuaresma, la liturgia que llama a este «domingo de laetare».

  •  Libro de Samuel

El gran profeta va a buscar un rey para Israel. Pasan delante de Samuel los hijos de Jesé, el de Belén, porque según Dios entre ellos está el elegido para rey de su pueblo.

Van pasando los distintos muchachos y el Señor los va descartando, uno a uno, hasta que cuando han pasado todos, pregunta Samuel a Jesé: «¿Ya no hay más muchachos?».

Jesé contesta: «Queda el pequeño que, precisamente, está cuidando las ovejas».

Samuel, movido por el Señor, contesta:

«Manda por él que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue».

El pequeño David «era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo».

Dios le dijo al profeta: «Úngelo porque es éste».

Samuel lo ungió. Fue el rey querido por Israel: David.

  • Salmo 22

Es el salmo muy conocido del pastor de Israel, que es el mismo Señor:

«El Señor es mi pastor, nada me falta».

El salmo va describiendo las cualidades de misericordia, e incluso ternura de Dios: es un pastor que cuida bien las ovejas, que las guía por el sendero justo. Les prepara una mesa abundante y resalta en él de una especialmente el amor:

«Tu bondad y misericordia me acompañan todos los días de mi vida».

Este precioso salmo del buen pastor nos invita a no separarnos de Dios en el que encontramos todo lo necesario para la vida.

  • San Pablo

Jugando con las palabras «luz» y «tinieblas» nos invita a caminar como hijos de la luz. Son muy conocidas estas palabras que cita en su Carta a los efesios: «Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz».

  • Versículo antes del Evangelio

Esta es la luz (que es Cristo mismo) que culmina con las palabras del versículo anterior al Evangelio:

«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida».

  • Evangelio

Es extenso y muy importante el texto de este día que también es de San Juan.

Los discípulos de Jesús, según las creencias de su tiempo, le preguntan: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres para que naciera ciego?».

La respuesta de Jesús es inmediata:

«Ni este ni sus padres, sino para que se manifestara en él las obras de Dios».

Jesús escupe en la tierra y con su saliva hace un poquito de barro, lo unta en los ojos del ciego y le dice: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé. Él fue, se lavó y volvió con vista siendo la admiración de todos».

Al ver este hecho se dividen las opiniones. Hay quienes niegan la misma persona que antes era ciega, y quienes advierten la maravilla que ha hecho Jesús.

Muy interesante es la actitud de los fariseos que niegan la santidad de Jesús y afirman que Él no puede hacer milagros porque es un gran pecador.

Lo más maravilloso es que, al final, Jesús le sale al encuentro al que había sido ciego y sin más le pregunta: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?

El ciego le contestó: “¿Y quién es para que yo crea en él?”».

Jesús hace la gran revelación:

«Lo estás viendo. El que te está hablando ese es».

El ciego se postró diciendo:

«Creo, Señor».

Jesús afirma que ha venido para un juicio: «Los que no ven, vean; y los que ven, queden ciegos».

Los fariseos se aplican las palabras de Jesús y le preguntan: «¿También nosotros estamos ciegos?».

La respuesta de Jesús para entonces y para hoy es esta:

«Si estuvierais ciegos no tendrías pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste».

Busquemos la luz que es Cristo y encontraremos el camino hacia el Padre.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista