15 de agosto de 2026

¡Señor, socórreme! - Domingo XX del tiempo ordinario – ciclo A

 


Nos cuenta San Mateo que Jesús iba proclamando el evangelio del reino y respaldaba sus palabras curando las enfermedades del pueblo de Israel. 

  • Isaías (56,1.6-7)

El profeta Isaías, de parte de Dios, nos pide actuar con justicia por la razón más importante: el Señor llega y con Él la salvación a través de la cual se revelará la victoria de nuestro Dios.

Es interesante que Isaías pida a los extranjeros que están en Israel que sirvan al Señor «para amar el nombre del Señor y ser sus servidores».

Vemos además que Dios se compromete a tratarlos con un amor especial: «Los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios… Porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos».

  • San Pablo (Rm 11,13-15.29-32)

Habla a los gentiles como a sus hermanos y les dice: «Mientras sea vuestro apóstol haré honor a mi ministerio: “por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a algunos de ellos”».

De esta manera el apóstol demuestra el cariño que tiene por los de su raza y cómo es su intención atraer a los gentiles a la fe en Jesucristo. Para ello se atreve a dar esta valiente razón: «Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos».

  • Verso aleluyático

Repite las palabras del comienzo de esta reflexión por la importancia de la actuar de Jesús predicando mientras comparte con los apóstoles el poder de curación.

  •  Evangelio (Mt 15,21-28)

Una mujer cananea se acerca a Jesús. Es importante recalcar que no pertenece a Israel y de ahí la insistencia de sus palabras y el motivo del rechazo de Jesucristo: «Ten compasión de mí, Señor, hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Es importante destacar la actitud despectiva del Maestro para conseguir la perseverancia de la petición. «Él no respondió nada».

Son los apóstoles mismos los que le insisten a Jesús: «atiéndela que viene detrás gritando».

Jesús explica que solo ha venido para los hijos de Israel.

La mujer lo oyó y gritó: «¡Señor, socórreme!».

Esta actitud de Jesús provoca una reacción de auténtica fe en la extranjera: «No está bien echar a los perros (nombre que daban los judíos a los extranjeros) el pan de los hijos».

La cananea, inspirada sin duda por el mismo Espíritu de Jesús, contestó:

«Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de las mesas de los amos».

Esta fe «desconcierta» el corazón de Cristo, que exclama acompañando sus palabras con el milagro que pide la mujer:

«Mujer, qué grande es tu fe. Que se cumpla lo que deseas».

En este caso del Evangelio debemos ver cómo Jesucristo quiere la constancia en nuestras peticiones y que no sea pedir y desconfiar, sino por el contrario seguir pidiendo por fe lo que conviene para gloria de Dios.

A través de estas tres lecturas de la liturgia de hoy podemos ver que Dios no hace distinción de personas ya que en los tres casos se trata de extranjeros que consiguen el don de Dios porque la salvación en Cristo está abierta para todos.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

8 de agosto de 2026

BUSCA SIEMPRE A DIOS - Domingo XIX del tiempo ordinario – ciclo A


En este domingo pedimos a Dios:

«Que la comunión en tus sacramentos nos salve y nos lleve a la plenitud de la Luz de tu verdad», Jesús.

  • Libro 1 de Reyes

Cuando el profeta Elías llegó a cobijarse en una cueva del monte Horeb, oyó la voz de Dios que le decía: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!».

El profeta cree descubrir la voz de Dios en un violento huracán que rompía las peñas, luego se sintió un terremoto, a continuación, vino un fuego, pero en ninguno de los tres fenómenos de la naturaleza encontró a Dios.

Era demasiado alboroto para descubrirlo entre tanto ruido, pero después del fuego «se oyó una brisa tenue, al sentirla Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva». Dios le iba a hablar en la suave brisa y no en medio del bullicio y la confusión.

No busquemos a Dios en medio del bullicio del mercado, el alboroto de una fiesta, ni en medio de las ideologías que confunden y aturden… A Dios se le encuentra en el silencio de la oración y en un corazón pacificado.

  • San Pablo

Judío, como tantos en su comunidad, se convirtió al cristianismo: «Mi conciencia iluminada por el Espíritu Santo me asegura que no miento».

Desde su conversión Pablo siente «una gran pena y un gran dolor incesante» al tener que separarse del resto de su comunidad judía.

El apóstol afirma que «por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser proscrito lejos de Cristo».

En el pequeño párrafo que sigue a continuación, Pablo alaba a los suyos que pertenecen «a la alianza, a la ley, al culto y las promesas».

El apóstol siente dolor al ver todas las maravillas que el resto del pueblo judío no puede recibir, al no seguir las promesas de Dios, siendo «herederos de los patriarcas de quienes según la carne nació el Mesías».

Por encima de la fidelidad a todo lo humano, Pablo reconoce que «Dios está por encima de todo» y concluye con esta oración de alabanza:

«Bendito por los siglos».

Es bueno confesar que por encima de todas las cosas está el Creador y Santo por los siglos.

  • Verso aleluyático

Es un acto de esperanza en los dones que vienen de Dios:

«Espero en el Señor, espero en su Palabra».

  • Evangelio

Se trata de una secuencia muy bella.

En primer lugar, aparece Jesús solo, en oración con su Padre, después de despedir a la multitud tras la multiplicación de los panes.

Los apóstoles embarcados todos juntos, parten sin Jesús a la otra orilla del lago.

Sacudida la barca por las olas, Jesús está ausente. De pronto, viene Él caminando sobre el agua, y los apóstoles al verlo, llenos de temor, gritan de miedo pensando que era un fantasma.

Jesús les dice estas palabras que debemos tener siempre en cuenta: «Ánimo, soy yo. No tengáis miedo».

Al oírlo, Pedro, quizá por hacer una bravata o quizá con fe verdadera, le dice al Señor: «Si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua».

Jesús le dijo: «¡Ven!».

Pedro, bajando de la barca, echó a andar sobre el agua, pero «al sentir la fuerza del viento le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame”».

Jesús le agarró las manos diciendo: «Qué poca fe, ¿por qué has dudado?»

Ambos subieron a la barca y enseguida amainó el viento y se sosegó el mar.

Queridos amigos, hay que buscar siempre a Dios en Cristo Jesús, confiar en Él y fiarse de su poder, pero con auténtica fe, y no con las dudas con que se echó Pedro en el mar y se asustó por el viento y el oleaje.


José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista



2 de agosto de 2026

EL MEJOR ALIMENTO - DOMINGO XVIII - CICLO A


Los bienes los ha hecho Dios y los regaló a los hombres. El dinero lo ha hecho el hombre para comprar y vender. La felicidad depende de la caridad al compartir.

Veamos algunos consejos y orientaciones en las lecturas de hoy. 

  • Isaías

Nos aconseja que empleemos el sueldo y el dinero en lo que alimenta de verdad:

“¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura?”.

Dios responde:

“Inclinad vuestro oído, venid a mí, escuchadme atentos y comeréis bien”.

La liturgia de este domingo, precisamente, nos va a hablar de la eficacia de escuchar la Palabra de Dios.

En Dios mismo encontraremos el alimento sano y bueno. 

  • Salmo responsorial

Nos muestra a todas las criaturas esperando de las manos de Dios el pan del día porque

“Él es cariñoso con todas sus criaturas”.

Por eso: “Los ojos de todos están aguardando. Tú les das la comida a su tiempo”. Finalmente el salmo nos invita a meditar cómo “Dios está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”.

De las ideas de este salmo brota, sin duda, la costumbre de bendecir los alimentos antes de comer y dar gracias después de alimentarnos. 

  • San Pablo

Acerquémonos al Señor y confiemos en la fuerza de su bondad.

Para el apóstol su tesoro personal es Dios mismo y se siente seguro de que nadie se lo podrá quitar.

Es Dios mismo quien nos amarra con su amor.

Por cierto que tiene mucho mérito esta afirmación del apóstol quien, después de haber soportado tantas pruebas al evangelizar, siempre se quedó con Dios en los brazos y por eso llegó a afirmar:

“¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución?

¿El hambre?...”. Es decir, todo aquello que suele aparecer a lo largo de la vida.

Pero si realmente vivimos en el amor de Dios será fácil vencer, no por nosotros, sino “por el amor (y la ternura) que Dios nos ha manifestado”, a través de Jesucristo. 

  • Verso aleluyático

Hay que comer, sí.

Busquemos con valentía para nosotros y los nuestros y para poder compartir los alimentos necesarios. Pero tengamos presente que el mejor alimento debe ser siempre “toda palabra que sale de la boca de Dios”. 

  • Evangelio

Jesús se entera de que Herodes ha martirizado a Juan Bautista y “se marcha de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado”.

Cuando desembarca se encuentra el Señor con mucha gente que lleva sus enfermos. Su corazón apostólico siente pena, sana a los enfermos y evangeliza.

Los apóstoles se acercan a Él interrumpiéndole. Así es la lógica humana:

“Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”.

La lógica divina es distinta:

“Denles ustedes de comer”.

Le presentan cinco panes y dos peces.

La bendición de Jesús a los panes y peces nos trae el recuerdo de la eucaristía en la que se multiplica Cristo mismo que es el pan de vida:

“Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio”.

Comieron y recogieron doce cestos de sobras:

Eran “unos cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”.

Un hermoso día para un apóstol inquieto como Jesús que alimenta a su pueblo con la Palabra de vida y con el pan y pescado.


José Ignacio Alemany Grau, obispo


26 de julio de 2026

¿QUÉ PEDIMOS A DIOS? - Domingo XVII del tiempo ordinario – ciclo A

En este domingo la Iglesia quiere enseñarnos a pedir eficazmente lo que es más conveniente para nuestra salvación.

  • 1 Reyes

Dios le dice a Salomón: «Pídeme lo que quieras».

Sabiamente Salomón le pide a Dios un montón de cosas que agradan a Dios y Él le dice: «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar: te doy un corazón sabio e inteligente como no lo ha habido antes ni habrá después de ti».

Desde entonces a Salomón se le recordará como el rey sabio de Israel.

Qué importante es para nosotros saber pedir lo que nos haga agradables a Dios y fieles a los hombres con quienes trabajamos.

  • Salmo 118

Encierra un secreto muy importante en la vida espiritual:

«Cuánto amo tu voluntad, Señor. Mi porción es el Señor, he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata».

En la voluntad de Dios está nuestra alegría y santificación.

  • San Pablo

Nos enseña el apóstol, en su Carta a los romanos, que «sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien, a los que ha llamado conforme a su designio.

A los que ha escogido Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo… A los que llamó los justificó y a los que justificó los glorificó».

Dejémonos en las manos de Dios ya que Él conoce perfectamente lo mejor para cada uno de nosotros

  • Verso aleluyático

Es una alabanza a Dios tomada del Evangelio de San Mateo, en el capítulo 11:

«Bendito seas Padre, Señor de cielo y tierra porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla».

Pero ¿qué secreto es el que Jesús dice que se ha revelado a la gente sencilla?

El Evangelio nos dará nuevas comparaciones para que comprendamos qué debemos hacer para entrar en el reino de los cielos, que Jesús trajo a la tierra.

  • Evangelio

El Evangelio de hoy, tomado de San Mateo, nos descubre con distintas comparaciones qué es el reino de los cielos y cómo se entra en él.

+ «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, vende todo lo que tiene y compra el campo».

+ «El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que al encontrar una de gran valor vende todo lo que tiene y la compra».

+ «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces» … la arrastran a la orilla y separan los peces buenos de los malos.

Jesús, a continuación, explica que «saldrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido».

¿Y a los buenos? Los llevarán a la gloria de Dios.

¿Qué relaciones tienes tú con el reino de Dios? ¿Cuánto has perdido para conseguir la felicidad eterna?

Que estas comparaciones, y las del domingo anterior, que nos hacen conocer un poquito lo que es el reino de los cielos, nos permitan vivir de cara a una eternidad feliz, aunque tengamos que perder algo valioso.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

19 de julio de 2026

En el reino del Padre - Domingo XVI del tiempo ordinario – ciclo A

 

En este domingo la liturgia destaca la importancia que tiene Dios en nuestra vida. Él es el único Señor que dirige la creación entera, obra de su poder.

  • Libro de la Sabiduría

Nos enseña que «fuera de ti no hay otro Dios al cuidado de todo». Solamente Dios, por su esencia, es capaz de justificar todas sus obras.

El poder de Dios es tan inconmensurable que solo Él puede otorgar su perdón a todos nosotros.

Preparémonos para vivir de tal forma que Dios nos justifique. Solo Él «tiene la dulce esperanza que aún en el pecado se produzca el arrepentimiento».

  • Salmo 85

«El Señor es bueno y clemente, rico en misericordia con los que le invocan».

Al Señor acudimos con nuestra simplicidad de corazón y le pedimos que escuche nuestras peticiones por su misericordia».

Es muy importante lo que viene a continuación:

«Tú, Señor, eres clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal».

A este único Dios pedimos compasión y misericordia.

  • San Pablo

En su Carta a los romanos, el Apóstol nos enseña que el Espíritu Santo «viene en ayuda de nuestra debilidad porque nosotros no sabemos pedir lo que conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables».

Muy importante es confiar en el Espíritu Santo porque Él aclara las peticiones de los hijos de Dios e intercede ante el Padre por todos nosotros.

  • Verso aleluyático

Una vez más se repite en este día que son los sencillos quienes consiguen conocer a Dios y pedirle con confianza:

«Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla».

  • Evangelio

Es importante meditar, en esta cita del Evangelio de San Mateo, cada una de las comparaciones que presenta Jesús para decirnos cómo es el reino de los cielos:

+ El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla y de noche el enemigo, sobre el mismo campo, sembró cizaña.

Los obreros preguntan: «¿quieres que vayamos a arrancarla?».

Pacientemente contesta el señor: No, porque pueden arrancar al mismo tiempo el brote bueno.

En ésta, como en las otras parábolas, veremos siempre la misericordia del Señor para con las personas que tengan fe.

+ Después de esta parábola, Jesús habla (aunque no haya obligación de leerlas en este domingo) del reino de los cielos que se parece a un grano de mostaza…

+ A continuación, el Señor compara el reino de los cielos con la levadura que una mujer amasa con tres medidas de harina y todo fermenta.

Cuando los discípulos se encuentran a solas con Jesús, en su casa, le piden explicaciones sobre la parábola de la cizaña.

Jesús, con detalle, les explica y el resumen está claro:

El sembrador es inmejorable, es Él mismo.

La semilla siempre es buena si la echa el Sembrador y, sin embargo, no falta gente en un campo bien dispuesto que quiere sembrar la mala semilla para estropear la cosecha.

Cuidemos entonces la semilla que Jesús ha puesto en nuestro corazón y «los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


12 de julio de 2026

ACOJAMOS LA PALABRA DE DIOS - Domingo XV del tiempo ordinario – ciclo A

En este domingo, tanto Jesús en el Evangelio, como las primeras lecturas nos hablan de la necesidad de la lluvia, símbolo de la Palabra de Dios, para producir un fruto que valga.

  • Isaías

En un párrafo muy breve nos compara la Palabra de Dios con la lluvia y la nieve que hacen fecunda la tierra. Por su parte, Dios espera que su Palabra no regrese vacía a su fuente, sino que sea eficaz para que, quienes la reciban, hagan la voluntad de Dios y de esta manera se purifiquen y santifiquen.

  • Salmo 64

Se repite la comparación entre la semilla que da fruto y la Palabra de Dios que es fecunda en los corazones abiertos a su voluntad:

«La semilla cayó en tierra buena y dio fruto».

El Señor cuida de la tierra:

«La riegas y la enriqueces sin medida. La acequia de Dios va llena de agua» que favorece el fruto abundante.

Y así, con diversos detalles, el salmo alaba la fecundidad de la tierra por voluntad del Señor.

  • San Pablo

Empieza este párrafo de la Carta a los romanos diciendo:

«Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación… está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios».

A continuación, el apóstol nos explica que la naturaleza está sometida a la frustración porque uno la sometió. Sin embargo, es «con la esperanza de que la creación misma se verá liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios».

Por este motivo San Pablo hace esta comparación: «La creación entera está gimiendo con dolores de parto», pero lo más importante es que «nosotros poseemos las primicias del Espíritu y gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo».

Así nuestra vida debe glorificar a Dios porque a pesar de tanta maldad y pecado, la misericordia infinita del Señor hace fecunda nuestra vida hasta ser glorificados en Cristo.

  • Verso aleluyático

Hace alusión al Evangelio de este día y nos invita a meditar:

«La semilla es la Palabra de Dios; el sembrador es Cristo. Quien encuentra a Cristo vive para siempre».

  • Evangelio

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús sentado y toda la multitud escuchando ávidamente sus palabras.

En esta ocasión les habló con la parábola del sembrador.

Un sembrador (símbolo de Cristo) tenía abundancia de semilla y la esparció por todas partes. Esta semilla simboliza, ni más ni menos, el mensaje que trae la Palabra de Dios.

Jesús mismo explica a sus oyentes lo que sucedió con esa Palabra.

Cuando los apóstoles le piden a Jesús que les explique a ellos esta parábola, les dirá:

La semilla es el mensaje, la Palabra de Dios; una parte cayó en el camino y los pájaros se la comieron; es decir, se perdió la Palabra.

Otro poco de semillas cayó en terreno pedregoso y con la salida del sol se abrasó y quemó, porque no había echado raíces.

Parte cayó entre zarzas y estas ahogaron el brote que apenas nacía.

Finalmente, parte cayó en tierra buena y dieron fruto abundante: «unos ciento; otros sesenta; otros treinta».

De esta manera Jesús compara la predicación de la Palabra según la capacidad de acogida que tiene cada corazón. A algunos no les importa nada su mensaje; otros aparentan interés; otros comienzan a actuar bien, pero se dejan arrastrar por malas compañías, malos ejemplos, ideologías modernas… Y finalmente, y es lo que nos importa a nosotros, la Palabra de Dios es oída, penetra en los corazones buenos y fecundos que la acogen y viven con fidelidad. Estos se santifican y glorifican a Dios.

Recordemos siempre que nuestra obligación primera es oír la Palabra y ponerla en práctica, como Jesús mismo decía: «Siempre hago lo que agrada a mi Padre».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista 

5 de julio de 2026

LOS SENCILLOS ROBAN EL CORAZÓN DEL PADRE - Domingo XIV del tiempo ordinario – ciclo A

En este domingo la liturgia intuye que, por la humillación de Jesús, Verbo encarnado, llegaremos todos a la verdadera alegría que brota de la liberación de todo pecado.

  • Zacarías

El profeta invita a los israelitas a la alegría:

«Alégrate, hija de Sion».

El motivo más importante de esta alegría es la mirada del profeta que descubre a lo lejos al Mesías, «modesto y cabalgando en un asno, que en sus limitaciones destruirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén» y su victoria llegará «de mar a mar y del gran río al confín de la tierra».

De hecho, la humildad de Jesús nos librará del pecado y de la muerte, gracias a su resurrección.

  • Salmo 144

El salmista nos invita a bendecir el nombre de Dios por siempre:

«Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás».

A continuación, exhorta a todas las naciones a glorificar al Señor, sobre todo por su clemencia y misericordia… «Día tras día te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás».

La alabanza del hombre para con Dios glorifica al Señor y lo hace benévolo para con sus criaturas.

  • San Pablo

En su «Carta a los romanos» nos aclara que la vida del cristiano no está «sujeta a la carne sino al Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros».

Con humildad de corazón y con mucha fe debemos tomar conciencia de la importancia del Espíritu que, en fin de cuentas, es el mismo que resucitó a Jesucristo, el hombre-Dios y habita en nuestros corazones.

Es importante sacar esta consecuencia de Pablo: «Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente pues si vivís según la carne vais a la muerte».

La invitación del apóstol es para vivir con el Espíritu, dando muerte a las obras del cuerpo: «pues si con el Espíritu dais muerte a las obras de la carne, viviréis».

Procuremos durante toda nuestra vida estar abiertos al Espíritu para no caer en el pecado.

  • Verso aleluyático

Nos hace pensar en las maravillas que repetiremos en el Evangelio:

«Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla»: La sencillez garantiza la presencia de Dios en el corazón de su criatura.

  • Evangelio

Es como un suspiro de amor de Jesús hacia el Padre a quien alaba con estas palabras:

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor».

Tengamos siempre presente que son los sencillos los que, con su humildad y amor, roban el corazón del Padre. Es entonces cuando podemos conocer la grandeza y divinidad del Padre y la majestad del Hijo.

Jesús termina glorificando al Espíritu Santo, tercera Persona de la Trinidad Santa, con estas palabras:

«El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres».

Que el Espíritu del Señor conduzca siempre nuestra vida hacia la felicidad y la paz eternas.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

28 de junio de 2026

El milagro de la vida en Cristo - Domingo XIII del tiempo ordinario – ciclo A

 

A menudo parece que nos peleamos con la vida. En realidad, la vida es un regalo de Dios, tanto la vida temporal como la vida eterna. Meditemos.

  • Libro II de Reyes

Eliseo se convierte en el gran taumaturgo después de Elías, su maestro. Va con frecuencia a una casa para comer. Le toman cariño y preparan una habitación pequeña para que pueda pasar la noche el gran profeta de Dios.

Cierto día llega a la casa, como de costumbre, y le presentan la habitación en la que podrá pasar la noche. Eliseo desea ser agradecido y le pregunta a su criado qué puede regalarle a la sunamita. La respuesta fue: «¿Qué sé yo? No tiene hijo y su marido es viejo».

Eliseo manda llamar a la mujer y le promete: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás un hijo».

Es el regalo más grande para una mujer estéril que no puede tener descendencia, pero es al mismo tiempo, la recompensa de Dios por el cariño con que acoge al profeta cada vez que va a su casa.

  • Salmo 88

Glorificar y cantar al Señor es el deseo de toda persona que tiene fe; por eso leemos estas palabras del salmista:

«Cantaré eternamente las misericordias del Señor… Dichoso el pueblo que sabe alabarte, camina, oh, Señor, a la luz de tu rostro… Porque tú eres su honor y su gloria: El Santo de Israel nuestro Rey».

  • San Pablo

En su carta a los romanos, el apóstol enseña que «los que por el bautismo nos hemos incorporado a Cristo fuimos incorporados a su muerte».

Y por la muerte temporal se nos incorpora «a su resurrección de entre los muertos por la gloria de Dios Padre».

La enseñanza de Pablo es que morir al pecado en el bautismo nos abre las puertas de la eternidad con Cristo muerto y resucitado.

Por eso el apóstol termina exclamando: «Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús».

  • Verso aleluyático

Es una llamada a la esperanza definitiva en Dios. Con el nacimiento, con el bautismo «vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada».

Termina el versículo pidiéndonos:

«Proclamad las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa».

  • Evangelio

Es un parrafito del capítulo diez de San Mateo en que se recalca que lo más importante de todo es colocar a Cristo como el primero. Y así entendemos:

«El que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí».

Lo mismo sucede respecto de los hijos. El primero será siempre Cristo.

Incluso, la misma vida que poseemos en este mundo no es el primer tesoro. El primer tesoro siempre será Jesucristo mismo. Por eso: «El que encuentre su vida la perderá y el que pierde su vida por mí la encontrará».

Concluye este párrafo del Evangelio con una invitación práctica de Jesús:

«El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, solo porque es mi discípulo, no perderá su paga».

El primero para nosotros siempre es Jesús y a Él lo encontramos en el necesitado.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

21 de junio de 2026

¡No tengan miedo! - Domingo XII del tiempo ordinario – ciclo A

 

Vivimos condicionados por muchas cosas que parecen insignificantes y en realidad de esta manera también condicionamos nuestra libertad que es un don de Dios. Tengamos siempre presente estas palabras de San Pablo: «Donde está el Espíritu del Señor allí está la libertad».

  • Jeremías

«Oía el cuchicheo de la gente: “pavor en torno. Delatadlo, vamos a delatarlo”. Mis amigos acechaban mi traspié: a ver si se deja seducir y lo abatiremos…».

Después de estas duras palabras el profeta Jeremías termina glorificando al Señor:

«Cantad al Señor, alabad al Señor que libró la vida del pobre de manos de los impíos».

  • Salmo 68

El salmista invita a la confianza en Dios:

«Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro… Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor, que me escuche tu gran bondad».

En medio de las dificultades más grandes confiemos siempre en el Señor y alabemos su gran bondad:

«Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas».

  • San Pablo

Dice el Apóstol a los romanos que la salvación de Jesucristo llegó a todos los hombres por la misericordia de Dios.

Por muchos que sean los pecados y los problemas que encontremos en la vida, confiemos siempre en nuestro Redentor:

«No hay proporción entre el delito y el don…: La gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud».

  • Verso aleluyático

Jesucristo confía plenamente en el Espíritu Santo y también en los que poco a poco van ingresando en la Iglesia primitiva:

«El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí -y añade Jesús- También ustedes darán testimonio».

  • Evangelio

En el evangelio de San Mateo, nos advierte Jesucristo que no tengamos miedo a los hombres porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse.

Todas las cosas que pasen en este mundo serán conocidas a la hora del juicio de Dios.

De nuevo repite el Señor: «No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma».

Y nos invita: «No temáis al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. Temed más bien al que puede mandar el cuerpo y el alma al fuego».

A continuación, nos invita a renovar nuestra confianza en Dios observando a los pajaritos del cielo:

«¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones».

En medio de tantas dificultades que podemos encontrar en la vida, la misericordia -y el amor de Dios- es siempre grande para los seres humanos. No olvidemos nunca las palabras del Señor en este domingo: ¡No tengáis miedo!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

14 de junio de 2026

ID Y PROCLAMAD - Domingo XI del tiempo ordinario – ciclo A

 

Hoy escucharemos un mosaico de la bondad de Dios y de la continuidad que debemos vivir los seres humanos.

  • Éxodo

Nunca imaginaremos suficientemente el amor que Dios sentía por el pueblo de Israel a pesar de las faltas de caridad que tuvieron con Él.

Hoy dice Dios a Moisés: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí».

Israel no fue capaz de comprender nada de esto y nosotros lo único que podemos es admirar la gran caridad de Dios con este pueblo al que Él mismo llevó «como un águila a sus polluelos» mientras castigaba al opresor.

Dios ama el amor verdadero y donde no lo hay lo siembra.

  • Salmo 99

Este salmo, muy corto, por cierto, alaba las grandezas del Señor y nos invita a todos a saber que toda nuestra vida tiene que ser una canción a Dios:

«Servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores».

Continúa alabando al Señor Dios que nos hizo y, por tanto, a quién pertenecemos y debemos saber que «el Señor es bueno».

  • San Pablo

En su Carta a los romanos el apóstol canta la ternura de Dios que murió por todos:

«En verdad apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez… Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo siendo nosotros todavía pecadores murió por nosotros».

De aquí saca San Pablo esta conclusión:

«Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados por Dios por la muerte de su Hijo, con cuánta más razón cuando ya reconciliados seremos salvos por su vida»

  •  Verso aleluyático

Muchas veces repetimos en el padrenuestro: «Venga a nosotros tu reino». Se trata del reino de Dios que estando cerca nos pide a todos la conversión y la fe: «Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

  • Evangelio

Vemos en este párrafo de San Mateo la misericordia del Señor cuando ve a tantos hombres y mujeres como extenuados y agotados, algo así como cuando las ovejas no tienen pastor que les señale el camino. De ahí el dolor de Cristo:

«La mies es abundante, pero los trabajadores pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Es precisamente cuando San Mateo relata cómo Jesús en ese momento nombra a sus apóstoles, entre los cuales está Pedro, el de las traiciones, y también Judas Iscariotes, el que lo entregó.

Con este montón de hombres Jesús construye el principio de su Iglesia y les da unas normas que en sus inicios tienen ciertos recortes, pero al terminar el Evangelio irán por el mundo entero según el mandato último del Señor.

De todas formas, queremos hoy concluir esta reflexión recordando el mandato de Jesús.

«Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca».

¿Te sientes llamado por Dios a evangelizar a los de tu tiempo?

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

7 de junio de 2026

QUIEN ME COMA TENDRÁ VIDA - Domingo del Corpus Christi

La fiesta de la Eucaristía, de manera especial en este año, se celebra en distintos días debido a las Elecciones Generales en Perú.

Los invito, queridos lectores, a meditar en este domingo como la gran Fiesta del Corpus Christi.

Por un milagro muy importante que una hostia dejó caer sangre sobre el corporal, el Papa Urbano IV instituyó esta gran fiesta con la certeza que se tenía de la presencia de Jesús en la Eucaristía, confirmada por aquel gran milagro.

Desde entonces (siglo XIII) la Iglesia celebra con gran solemnidad el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo con procesiones embellecidas con alfombras de flores y oraciones especiales.

Son famosos los cánticos de santo Tomás, especialmente «Pange lingua» y «Tantum ergo».

  • Deuteronomio

En esta lectura se recuerda el amor de Dios que sacó de Egipto a los israelitas que vivían como auténticos esclavos. Ellos tuvieron que caminar a través de todo el desierto expuestos a peligros, carencias de todo tipo, especialmente por la falta de agua y de alimento:

«Les hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; sin embargo, Dios sacó agua para ti de una roca de pedernal y te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».

Esto en realidad era una prueba del mismo Señor que quería que su pueblo aprendiera «que no solo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios».

  • Salmo 147

Es una invitación a «glorificar al Señor»:

«Alaba a tu Dios Sion que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti… Ha puesto paz en tus fronteras».

El salmista termina invitando también a Jacob para que anuncie la Palabra de Dios.

  • San Pablo

En su Carta a los corintios el apóstol tiene unos simples versículos que transcribo para su meditación:

«El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo?

Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

El pan es uno y así nosotros, aunque somos muchos formamos un solo cuerpo porque comemos todos el mismo pan».

Qué importantes es aprovechar la Eucaristía para vivir la comunión entre todos nosotros.

  • Verso aleluyático

Recoge unas palabras del Evangelio como una invitación a meditarlas con profundidad:

«Yo soy el pan vivo… El que coma de este pan vivirá para siempre».

Procuremos comulgar con frecuencia para asimilar este milagro de amor.

  • Evangelio

El Evangelio de San Juan nos invita a renovar nuestra fe en el gran sacramento de la Eucaristía. Es Jesús mismo quien dice:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi vida para la vida del mundo».

Cuando los presentes oyen estas palabras se preguntan:

«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Jesús no solamente no se retracta, sino que vuelve a afirmar de distintas maneras:

«Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros».

A continuación, estas palabras nos invitan a tomar muy en serio el sacramento de la Eucaristía y asegurarnos de esta manera una eternidad feliz:

«El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día».

Para nosotros la Eucaristía es un gran regalo porque nos asegura la inhabitación de Dios en nuestro corazón: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él».

Medita la grandeza de este gran don, pero también la gravedad que acarrea no comerlo como el gran alimento de la vida presente y la futura.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista