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13 de abril de 2019


DOMINGO DE RAMOS

La liturgia de este día es riquísima y puede llenar nuestros sentimientos más profundos de fe y también de amor a Jesús, que se entregó plenamente por nosotros.
Haremos unas breves reflexiones para ayudarnos en esta interiorización.
  • Prefacio
Comenzaremos con el prefacio que siempre centra las fiestas importantes:
“Jesús, siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa y, al resucitar, fuimos justificados”.
En estas palabras nos centra la Iglesia en la Pascua del Señor, para que nunca nos quedemos en el sufrimiento y la muerte, sino en la resurrección que nos salva.
  • Evangelio antes de la Misa
Normalmente en un lugar cercano, pero fuera de la Iglesia, se lee el Evangelio de los ramos para centrar la celebración especial de este día que se llama, precisamente, Domingo de Ramos.
Escucha y medita.
Me imagino que tú estás de pie con un ramo entre las manos. Quizá una palma trenzada, quizá un ramo de olivo…
¿Lo llevas porque lo compraste por uno o dos soles?
¿Y ponerte así en la fila de los que van en la procesión?
Por si acaso te advierto que eso no hace feliz.
Medita que si tú estás ahí parado, es por un compromiso de fe, porque quieres acompañar a Jesús confesando públicamente esa fe, y prepara de todas maneras tu corazón para defender a Jesús cuando llegue el viernes santo.
  • Isaías
Profetiza los sufrimientos de Jesús con muchos detalles, hasta el punto que se llame a este profeta el quinto evangelista.
Fíjate en los detalles con que Isaías cuenta los tormentos del “siervo del Señor”.
Por encima de todo “el siervo” reconoce la ayuda de Dios más fuerte que los tormentos que sufre.
  • Salmo responsorial 21
Es el salmo de los por qué.
A todos nos viene esta pregunta ante el sufrimiento. En el caso es el profeta el que va describiendo los ultrajes que sufre el Señor, que con gran dolor, pregunta a Dios:
“¿Por qué me has abandonado?”
Cuando medites el salmo te encontrarás con detalles como éste que aparecerá en la lectura del Evangelio:
“Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica”.
Por tu parte, no dejes de preguntarte el por qué, ni dejes de preguntárselo a Dios, pero pídele al mismo tiempo mucho amor y resignación.
  • San Pablo
El apóstol cuenta a los filipenses las humillaciones de aquel hombre que es verdadero Dios, pero como dejando de lado su “categoría divina”, acepta la peor muerte, la de cruz.
Sin embargo, una vez más quiere la liturgia que hoy oigamos la exaltación de Jesús, llegando a decir que toda lengua tiene que proclamar:
“Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.
De esta manera Pablo nos invita también a que, frente al que sufre, reflexionemos pensando que Jesús se esconde en cada ser sufriente.
Ten claro que Jesús no va a morir ni va a resucitar en esta semana.
Eso ya sucedió, pero nos permite revivirlo en la fe y el amor y sobre todo en la celebración de la Eucaristía.
Jesús quiere que lo descubras hoy en cada hombre o mujer que sufre y que le ayudes en la medida de tus posibilidades.
  • Evangelio
Hoy leemos la pasión de Jesucristo según San Lucas.
Te invito a leerlo en tu casa. Toma la Biblia tú a solas y medita largamente y con paz.
Piensa cuánto sufrió Jesús y también cuánto sigue padeciendo en la humanidad de hoy y comprométete a aliviar todo el dolor que te sea posible de los demás.
Finalmente, mientras lees la Pasión del Señor considera con cuál de los personajes que intervienen en el largo relato te ves tú retratado.
¿Te sientes a gusto con el papel de Judas, de los otros apóstoles que abandonándole huyeron, de los que gritaban: ¡muera, crucifícalo!, o de la Magdalena o quizá con San Juan?
En este día pide mucho amor y procura que el hecho de llevar entre tus manos la palma te haga más valiente en el futuro.

José Ignacio Alemany Grau

19 de enero de 2019

SEISCIENTOS LITROS DEL VINO MEJOR

En los días anteriores hemos hablado de tres “teofanías”, que ya sabemos que significan tres manifestaciones de Dios.
La tercera es la de hoy, ya que en el milagro de las Bodas de Caná aparece Jesucristo como dueño y Señor de la naturaleza, con el poder de cambiar el agua en vino.
Más todavía, la Iglesia desde el principio, ha visto en esta tercera teofanía como un adelanto de la Eucaristía por la cual Jesús el Jueves Santo convertirá el vino en su Sangre.
Es decir, como un segundo paso del milagro: del agua en vino a la sangre de Cristo.
Veamos ahora la profundidad de las tres lecturas de hoy.
  •  Isaías
Los Santos Padres han visto, desde el principio, en el amor especial de Dios por Sión (que es la ciudadela de Jerusalén) el amor que Dios ha tenido a la Iglesia, esposa de Jesucristo.
Por otra parte que todas las palabras de amor que Dios manifiesta en el profeta Isaías se aplican a la Iglesia en general y a cada uno de los que pertenecen con amor y fidelidad a la Iglesia de Jesús:
Es bonito pensar cómo nos ama el Señor y detenernos a meditar las bellas palabras que hoy cita la liturgia:
“Como un joven se cansa con su novia, así te desposa el que te construyó. La alegría que encuentra el marido con su esposa la encuentra tu Dios contigo”.
  • Salmo responsorial 95
Canta las misericordias del Señor que son muchísimas y que hoy recordamos de una manera especial en las tres lecturas del día:
“Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra; cantad al Señor y bendecid su nombre”.
  • San Pablo
El apóstol San Pablo nos habla de los carismas y nos dice:
“Hay diversidad de dones pero un mismo Espíritu, hay diversidad de ministerios pero un mismo Señor. Y hay diversidad de funciones pero un mismo Dios que obra todo en todos”.
Y hay algo muy importante que no debemos olvidar:
“En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”.
Tengamos presente que quienes tienen los carismas los han recibido para el servicio de la Iglesia y no para su propio interés personal.
Respecto a los carismas el Catecismo Católico nos enseña:
“Extraordinarios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente una utilidad eclesial.
Los carismas están ordenados para la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.
Los carismas se han de acoger con reconocimiento por el que los recibe, y también por todos los miembros de la Iglesia…
Los carismas constituyen tal riqueza siempre que se trate de dones que provienen verdaderamente del Espíritu Santo y que se ejerzan de modo plenamente conforme a los impulsos auténticos de este mismo Espíritu, es decir, según la caridad, verdadera medida de los carismas” (ver779 y 800).
  • Evangelio
El Evangelio es muy querido y conocido en la Iglesia de Jesús, de manera especial porque “la Madre de Jesús estaba allí” en las Bodas de Caná, adonde habían invitado a Jesús con sus discípulos.
Y es precisamente la Virgen quien con su intuición femenina y su amor de Madre le advierte a Jesús que se ha acabado el vino y la boda está poco menos que empezando.
Unas bellas enseñanzas podemos sacar de este párrafo de San Juan:
+ Que a María, nuestra Madre, la llaman los santos la “omnipotencia suplicante”. Esto quiere decir que no es Dios ni mucho menos pero, por ser su Madre, consigue de su Hijo todo lo que le pide.
+ Veamos cómo para pedir con confianza y conseguir lo deseado no hay que hacer grandes discursos sino una simple petición.
+ Aquí tenemos una de las pocas frases de la Virgen que como petición de la Madre de Dios y Madre nuestra, ha quedado en el corazón de los fieles:
“Haced lo que Él os diga”. En aquella oportunidad los siervos llenaron de agua seis vasijas de cien litros y Jesús las convirtió en el mejor vino, según declaró el mayordomo.
Este es en realidad el papel de la maternidad espiritual de la Virgen para con todos nosotros.
María no quiere que la tomemos como meta de nuestra vida, sino como una Madre buena que nos orienta hacia Dios y nos hace ver que siempre que esté ella, estaremos seguros de llegar hasta Dios que es la meta de nuestra existencia.


José Ignacio Alemany Grau

18 de noviembre de 2016

JESUCRISTO, REY HASTA EN LA CRUZ

Reflexión homilética para la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, ciclo C.
Hoy, último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo Rey del universo.
En este día por un don especial del Papa Francisco se termina el Año Santo de la Misericordia.
De hecho Jesucristo Rey es Él mismo, el resumen de la misericordia del Padre, “el rostro de la misericordia del Padre”.
Sigamos la liturgia para comprender mejor este día hermoso.
Empecemos con una definición del Reino de Dios que da la Biblia Didajé de la CEE:
“El Reino de Dios (Padre) está basado en la unión con Jesucristo por obra del Espíritu Santo. Este Reino, que es espiritual, comienza aquí en la tierra y se perfecciona al final de los tiempos.
Es un Reino de paz, alegría, amor y libertad”.
Jesucristo se presenta como Rey refiriéndose precisamente a este Reino de la Santísima Trinidad.
*                  El Prefacio
El prefacio nos da una lección muy importante para este día.
Nos dice que el Padre “consagró a Cristo sacerdote y Rey del universo ungiéndolo con el óleo de la alegría… (Recordemos cómo en la sinagoga de Nazaret dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha ungido”)
… Para que ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz (recuerda que Cristo es sacerdote, víctima y altar),
… consumara el misterio de la redención… y entregara a tu Majestad infinita (medita bien las características de este Reino presentadas en este prefacio).
… un Reino eterno y universal: el Reino de la verdad y la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz”.
Como ves, tienes bastante para meditar las maravillas de Jesucristo Rey.
*                  2 Samuel: Este rey es pastor
El hagiógrafo nos habla de David como pastor. David es imagen de Jesucristo, como veremos en otro momento:
“Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”.
Después de pronunciar estas palabras los ancianos “ungieron a David como rey de Israel”.
*                  Salmo responsorial 121
Nos recuerda la alegría del pueblo de Dios al acercarse a Jerusalén, donde está el palacio de David el cual es figura de Jesucristo como le dirá el ángel a la Virgen: “Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”:
“¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!”
*                  San Pablo y Jesucristo
Este es un buen día para meditar las maravillas que encierra Jesucristo Dios y hombre verdadero.
San Pablo, que amaba apasionadamente a Jesús, nos dice de Él que todas las maravillas que ha querido darnos Dios Padre, nos las ha dado por medio de Jesucristo. Por todo esto Jesucristo es “el primero en todo” para cada uno de nosotros.
Este hermoso párrafo de la carta a los Colosenses nos hace ver su divinidad como Creador de todas las cosas, porque “todo fue creado por Él y para Él”.
También nos manifiesta cómo Jesús es el Redentor ya que el Padre “por Él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz”: ¡qué grande es Jesucristo y qué poco sabemos apreciar y agradecer!
*                  El verso aleluyático
Nos recuerda las palabras del pueblo cuando Jesús entraba en Jerusalén y que hacen alusión al Rey que viene:
“Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el Reino que llega, el de nuestro Padre David”.
*                  Evangelio: el Rey crucificado
San Lucas nos cuenta las distintas reacciones frente a Jesucristo Rey crucificado, que ya estaba próximo a la muerte.
*Las autoridades se burlan ante un crucificado: ¡qué bajo cayeron! ¡Qué odio! ¡Y cuánta envidia!
*Los soldados al ver la actitud de sus jefes, y posiblemente para ganárselos, gritaban al moribundo: “¡si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo!”
*Pilato, con ironía, y cómo no, también por inspiración divina, puso este letrero sobre la cruz:
“Este es el rey de los judíos”.
*El mal ladrón insulta al crucificado con él: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”.
*El buen ladrón, primero corrige a su compañero y luego se vuelve al Señor suplicando: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.
*Jesús no se preocupa por todo lo que ve y oye pero sí regala de inmediato el Reino al ladrón que hizo una bella súplica:
“Hoy estarás conmigo en el paraíso”.
*Y tú, amigo, ¿te ves retratado en algún personaje de estos?
En cualquier caso Jesús quiere regalarte su Reino.
Acércate a la cruz.
Besa los pies del crucificado… y la vida de Dios entrará por tus venas y purificará tu corazón.
¡Viva Cristo Rey!

José Ignacio Alemany Grau, obispo

10 de noviembre de 2016

SE VA OTRO AÑO


Reflexión homilética para el XXXIII domingo del Tiempo ordinario, ciclo C
Amigos, solemos decir: ¡cómo se pasa el tiempo!... Y así es.
Lo inteligente es aprovechar eso que se pasa tan aprisa.
Me disponía para escribirte con el bolígrafo en la mano y me he distraído viendo cómo comen los pajaritos el pan que les puse y… ¡se pasó una hora!
Así, más o menos, se nos va el tiempo sin avisar.
¿Qué tiene de especial el domingo treinta y tres del tiempo ordinario?
Que la liturgia nos dice: la próxima semana es Cristo rey y se acabó el año litúrgico 2016.
Eso que al principio parecía largo, ya se va.
¿Qué mensaje nos deja?
Cada año se lleva tu tiempo y tienes que aprovecharlo bien.
Antes de entrar en las lecturas conviene tener presente algo importante:
Todos los hombres han querido ser protagonistas del fin del mundo, es decir, desearon presenciar qué pasará entonces y qué viene después.
Millones y millones han pasado sin verlo.
Nos dicen que en tiempos de Jesús había muchos “falsos profetas” que engañaban al pueblo diciendo que ellos eran el Mesías. La mayor parte fueron revolucionarios que pretendían liberar a los judíos del poder de Roma.
Jesús habla del fin del mundo. Pero no habló con mentiras ni de revoluciones. Quiere que todos vivamos bien para aprobar nuestro examen (el examen de nuestra vida), ante Dios y ante los hombres.
Sus palabras son firmes y por eso leeremos en el mismo Evangelio de Lucas, pero unos versículos más adelante:
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (21,33)
Lucas (en el capítulo 21) junta el fin del mundo con la destrucción de Jerusalén.
Pero quedan claras dos cosas sobre el juicio final y el fin del mundo:
*Nadie sabe la fecha.
*En cuanto a nuestro fin personal: Jesús, el amigo bueno, nos advierte que debemos estar siempre preparados, que es la única forma de enriquecernos con el tiempo que Dios mismo nos regala.
Después de esta pequeña introducción al domingo treinta y tres, preparémonos para terminar el año litúrgico con la fiesta de Cristo rey.
No olvidemos que esa fiesta coincide con el fin del año y jubileo de la misericordia.
*        El juicio según Malaquías
Se trata de una especie de profecía que la liturgia aplica al  juicio final:
*“Los malvados y perversos arderán como la paja en el fuego”.
*“A los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas”.
*        El salmo responsorial (97): Dios viene a gobernar
Nos invita a todos a glorificar al Señor que “viene para regir los pueblos con rectitud”.
Su presencia se convierte en fiesta:
“Aplaudan los ríos, aclamen los montes” y los seres humanos hagan sonar sus voces y clarines y trompetas.
*        Pablo y la espera del fin del mundo
San Pablo se dio cuenta de que algunos (algo así como ha sucedido de vez en cuando en nuestros días) con la excusa de que se acercaba el fin, ya no querían trabajar.
El apóstol pide dos cosas importantes:
*El que no trabaje que no coma.
*Que todos trabajen para comer el pan honradamente.
*        El verso aleyático es de San Lucas
Se trata de un versículo que viene un poco después de la lectura de hoy:
“Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”.
La venida de Cristo es la llegada del verdadero Libertador que nos abre las puertas a la eternidad feliz.
*        Un Evangelio difícil
Se llama discurso escatológico porque nos habla de lo que pasará al fin del mundo.
Como hemos dicho, la lectura de hoy se refiere al fin del mundo y después pasará a hablar del fin de Jerusalén.
Lo que nos pide hoy el Señor es que no nos dejemos engañar por los falsos profetas que dicen “Yo soy” o “está llegando el tiempo”.
Si confiamos en Dios Él nos defenderá y protegerá:
“Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”.
Termina con este gran consejo:
“Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.
Ya sabes, amigo, si quieres salvarte es preciso perseverar y pide a la Virgen que ella te ayude para conseguirlo.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

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Amigo, si no has ganado la indulgencia del Año Santo ten presente que este domingo trece es el último para ganarla en las iglesias asignadas por todo el mundo y en Roma hasta el próximo domingo.  Y… agradece a Dios por este año tan especial para la Iglesia.

***

Me permito compartirles que hemos publicado ya dos ayudas para celebrar la Navidad con un regalo muy práctico: el librito “Navidad en Familia”, para que tus amigos celebren la Navidad en tu hogar. Y el “Calendario bíblico litúrgico de bolsillo” para que puedan seguir las lecturas de todo el año.

Obséquienlos a sus amistades como la mejor tarjeta de Navidad, y muy económica por cierto.

3 de noviembre de 2016

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

Reflexión homilética para el XXXII domingo del Tiempo ordinario, ciclo C
En el mes de noviembre la Iglesia nos invita a rezar de una manera especial por nuestros difuntos, pidiendo para ellos la “luz perpetua”.
Por eso es bueno el tema de este domingo que habla sobre la resurrección para ayudarnos a profundizar.
*        Los siete hermanos Macabeos
La lectura es un extracto de la conocida historia de los Macabeos.
Una madre y siete hijos. Todos murieron en terribles tormentos que les infligió el rey Antíoco.
Te recomiendo que leas entero el capítulo 7 del segundo libro de los Macabeos ya que la lectura litúrgica de hoy es muy breve.
Esa horrible historia y tortura la viven hoy nuestros hermanos, sobre todo los de oriente. Muchas veces permanecemos fríos e indiferentes ante esos sucesos.
A todos nos vendrá bien meditar algunas frases de la lectura de hoy:
* “Cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna…”
* “Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará…”
La fe que manifiesta cada uno de los hermanos y la valentía de la madre, son un gran ejemplo para todos los tiempos.
*        Salmo 16: Ver el rostro de Dios
Cuántas veces en la Biblia, sobre todo en los salmos, se ansía ver el rostro de Dios.
El versículo que repetiremos nos recuerda que al resucitar (“despertar”) seremos plenamente felices contemplando el rostro de Dios.
Hay una poética y profunda petición en las dos comparaciones que nos ofrece el salmo responsorial:
* “Guárdame como a las niñas de tus ojos”, es decir, cuídame, Señor, como cuidas tus ojos.
Y también:
* “A la sombra de tus alas”, recuerda las palabras de Jesús que quería cuidar a Jerusalén, “como esconde la gallina a los polluelos bajo sus alas”.
*        La fe no es de todos
Pablo empieza pidiendo a Dios para los Tesalonicenses que les dé fuerzas “para toda clase de palabras y de obras buenas”.
He aquí otras enseñanzas:
* Evangelizar con las palabras y las obras de caridad es un don de Dios. Sin Él nosotros no podemos actuar en el orden sobrenatural.
* “La fe no es de todos”. En efecto, la fe es un regalo de Dios que hay que aceptar con humildad y hay que cuidar siempre.
* El Apóstol explica que hay muchos malvados que actúan mal porque no tienen fe.
Que Dios nos libre de ellos y ojalá con las palabras y obras podamos ayudarlos a convertirse.
* El demonio sí existe y a los hombres que lo siguen los vemos frecuentemente en nuestros días destrozando imágenes, profanando la Eucaristía, exaltando los pecados contra el decálogo:
“El Señor que es fiel os dará fuerzas y os librará del maligno”.
*        La resurrección
La resurrección de los muertos es una verdad de fe.
La historia nos dice que los fariseos y los escribas creían en la resurrección, en cambio los saduceos no creen en ella.
Por eso estos últimos vienen a Jesús proponiendo el caso de una mujer que se casa sucesivamente con siete hermanos, porque ninguno le dio descendencia. Los saduceos preguntan a Jesús: ¿En la resurrección cuál de ellos será su esposo?
Jesús aclara dos cosas:
* Que en el cielo todo lo referente a la sexualidad ya no existirá: “son como ángeles de Dios”.
* Moisés, al llamar al Señor: “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” deja claro que “Dios es Dios de vivos y no de muertos porque para Él todos están vivos”.
*        Versículo aleluyático
Finalmente, amigos, recordemos con gozo las palabras del versículo aleluyático:
“Jesucristo es el primogénito de entre los muertos”.
Esto quiere decir que Dios nos ha invitado a todos a la resurrección y el primero de todos en resucitar ha sido Jesucristo. Precisamente con la suya, ha asegurado nuestra propia resurrección.
Por eso debemos glorificarlo:
“A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos”.
No olvidemos tampoco que la Asunción de María a los cielos es un dogma de fe que nos invita a esperar la resurrección:
Jesús, nuestro hermano mayor, y María nuestra Madre, están en el cielo con cuerpo y alma glorificados y esperan que nosotros, después de nuestra muerte, seamos resucitados y gocemos  con ellos eternamente.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

28 de octubre de 2016

EL ENANO SE TREPÓ A LA HIGUERA

Reflexión homilética para el XXXI domingo del Tiempo ordinario, ciclo C
En este domingo la liturgia nos recuerda una vez más la grandeza de Dios que ha creado todo y todo lo ama con providencia y misericordia.
*       Dios es dueño de todo
El mundo entero ante su Creador viene a ser “como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra”.
Pero aunque el Señor sea tan grande es amor y cercanía.
Prosigue el libro de la Sabiduría:
“Pero te compadeces de todos… y cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan”.
Te invito a seguir el párrafo de hoy. Fíjate de manera especial cómo Dios es amor:
“Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste, pues si odiaras algo no lo habrías creado”.
Este Dios grande y bueno “corrige poco a poco a los que caen… para que se conviertan”.
Quedémonos con esta frase hermosa: “el Señor es amigo de la vida”, frente a esta cultura de muerte que enfrentamos.
*       Dios es cariñoso
El salmo 144 es un himno de alabanza a Dios porque su providencia cuida de la humanidad. Cada versículo de este salmo, en la Biblia, tiene la particularidad de ir precedido por una letra hebrea.
En él se nos muestran motivos más que suficientes para adorar, alabar, bendecir y agradecer a Dios porque “es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”.
Nos da también otros motivos para alabarlo: “Dios es cariñoso con todas sus criaturas”…, “es rey glorioso”…,  “es fiel a sus palabras”..., “es bondadoso en todas sus acciones”…, “sostiene a los que van a caer”… Por todo esto iremos repitiendo:
“Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi Rey”.
*       Pablo a los Tesalonicenses
El párrafo, aunque breve, trata dos temas totalmente distintos. En el primero Pablo ofrece sus oraciones: “pedimos por ustedes continuamente para que sean fieles a la vocación que Dios les ha dado y para que Jesús sea glorificado en ustedes”.
Cuando rezas por los demás quizá no sabes qué pedir para ellos. Pablo te ofrece muchas enseñanzas en este sentido.
Hoy nos invita a pedir que los nuestros sean fieles a Dios y glorifiquen a Jesucristo.
La segunda parte de la lectura pertenece al capítulo 2 y encontramos un gran consejo cuando surjan agoreros engañando y repitiendo que se acerca el fin del mundo.
Pablo a ese día lo llama “el día del Señor”.
Nos dice: “A propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no perdáis fácilmente la cabeza… No os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras como si afirmásemos que el día del Señor está cerca”.
Es fácil darse cuenta de que el inventar frases o interpretaciones bíblicas no es ninguna novedad. Precisamente Pablo se queja de que se estaba hablando de cartas que él no había escrito, diciendo que el fin del mundo era inmediato.
Que el demonio está tratando de meter toda la humanidad en el pecado y alejarla de Dios es un hecho, que sucede hoy, como ha sucedido lamentablemente tantas veces en la historia.
Pero que el fin del mundo esté cerca o lejos, “solo lo sabe el Padre”.
*       Salmo aleluyático
Nos recuerda las palabras de Jesús a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan:
“Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único”.
Ten por cierto que si crees en Cristo te salvarás.
Si la fe es verdadera pasión en tu vida, llegarás a la esperanza y al amor.
El que no acepta a Jesús, él mismo se condena. No hace falta que Jesús lo condene.
*       No importa ser pequeño
Zaqueo nos resulta a todos simpático. El Evangelio de hoy, nos lo presenta como hombre de mucho dinero y poca estatura.
Movido, sin duda, en su corazón por la gracia divina tiene grandes deseos de ver a Jesús.
Como no puede porque la gente no le permite ver al Maestro, se trepa “a una higuera para verlo porque tenía que pasar por allí”.
Cuando se acerca, Jesús levanta los ojos y se invita a comer en casa de Zaqueo. Éste lo recibió feliz en su casa.
Ya nos podemos imaginar a los fariseos protestando porque “ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.
Sin embargo, la obra santificadora de Jesús es instantánea.
“Zaqueo se pone en pie”, para que lo vean, “y dijo al Señor: la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres. Y si de alguno me he aprovechado le restituiré cuatro veces más”.
(Según la ley, cuando uno robaba, la pena máxima era pagar cuatro veces lo robado.)
Zaqueo no emplea esa palabra pero la idea está clara y además ofrece la mitad de sus bienes para los pobres.
¿Puede haber mayor conversión?
Jesús lo confirma diciendo: “Hoy ha sido la salvación de esta casa”.
Si estás perdido en el pecado, puedes estar seguro de que Dios te está buscando.
Está muy cerca de ti.
Cuántas veces los que nos parecen peores, los últimos, resultan el mejor modelo para todos.
Esa es la verdadera conversión que suscita Jesús en los corazones.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

22 de octubre de 2016

Dos maneras de orar

Reflexión homilética para el XXX domingo del Tiempo ordinario, ciclo C
Las palabras: “Dios no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repiten su queja”, nos recuerdan que el tema central de este domingo es continuación del tema de la oración que tratamos el domingo anterior.
*        El Eclesiástico
"El Señor es un Dios justo e imparcial”.
Hermoso párrafo que nos aclara que Dios nos oye a todos: pobres, oprimidos, huérfanos y viudas.
Tres veces se repite la palabra grito, indicando la angustia de los que piden. Se resalta de manera especial “los gritos del pobre que atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan”.
Será bueno que aprendamos esta bondad y justicia de Dios en nuestra vida.
*        Salmo 33
Este salmo es como la historia de Israel que siempre ha confiado en el Señor y por eso constantemente acude a Él.
Dios es valiente y fiel con su pueblo.
En él leemos también: “Cuando uno grita al Señor Él lo escucha y lo libra de sus angustias”.
¿Será que el Señor quiere una oración de gritos?
Sabemos que no, porque Jesús nos decía que en la oración, no imitemos a los paganos que creen que a base de repetir van a conseguir lo que quieren.
Lo que sí quiere el Señor es una oración sincera. Por eso seguimos leyendo:
“El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos…”.  El salmista continúa: “bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes escuchen y se alegren”.
*        Pablo al final de su carrera
La carta a Timoteo tiene dos partes: en los dos primeros versículos (6 y 8) Pablo cree que se aproxima el final de su vida y reconoce con humildad que “he combatido bien mi combate y he corrido hasta la meta y he mantenido mi fe”.
Pidamos a Dios que también nosotros podamos vivir la fidelidad y valentía de Pablo hasta el final, para recibir la corona de gloria que el apóstol espera para sí y también para quienes vivamos en el amor a la segunda venida de Jesús.
En los tres últimos versículos (16-18) Pablo lamenta que nadie le haya apoyado en el primer juicio que tuvo que soportar. Además lamenta que muchos fueron infieles también al Evangelio. Después de una frase de perdón (“Dios no se lo tenga en cuenta”) añade que lo  importante es que Dios estuvo siempre a su lado y siguió evangelizando.
Termina confiando en que Dios lo mantendrá firme hasta su muerte.
*        Verso aleluyático
Nos recuerda una enseñanza de Pablo:
Dios vino en Cristo para reconciliar a los hombres con Él. Ahora esa misión de reconciliar la humanidad con el Creador ha pasado a nosotros y debemos ser fieles.
*        Dos maneras de orar
El Evangelio nos enseña dos maneras de orar para que podamos hacerlo de una forma agradable a Dios.
El primero es un fariseo creído que, erguido y bien plantado en la mitad del templo, hace una oración de alabanza, que empieza bien, diciendo: “te doy gracias, oh Dios…”
Pero enseguida continúa en la autoalabanza y exaltación de sí mismo:
“Porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo…”
El publicano, en cambio, adopta una actitud muy humilde, que Jesús describe así:
“Se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; solo se golpeaba el pecho”. Su oración simple, sencilla y de profunda humildad era ésta: “oh Dios, ten compasión de este pecador”.
¿Cuál de las dos oraciones se parece más a la que tú sueles hacer?
Piénsalo porque el resultado no fue el mismo:
“Os digo que éste (el publicano) se fue a su casa justificado. El otro no”.
La lección final es para que la meditemos:
“Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.
Una vez más el Reino es para los sencillos, ¿cómo tú?
José Ignacio Alemany Grau, obispo

14 de octubre de 2016

INSISTE COMO LA VIUDA

Reflexión homilética para el XXIX domingo del Tiempo ordinario, ciclo C
Muchas veces Jesús ha insistido en que debemos rezar siempre y no desfallecer.
La liturgia nos repite con frecuencia alguna de las muchas oportunidades en las que Jesús nos invita a pedir. Suelen decir que oración y caridad son los dos temas en que más insiste Jesús  en el Evangelio.
Hoy vamos a ver cómo la oración debe ser insistente.
*        La oración de intercesión
“Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué” que escogiera unos hombres para atacar al enemigo. Mientras Josué va a la lucha, Moisés sube al monte con Aarón y Jur. 
Moisés reza con los brazos extendidos, intercediendo por su pueblo. Hay un gesto significativo, Moisés extendía sus brazos en cruz. Cuando se cansaba y bajaba los brazos vencía Amalec. Cuando los levantaba vencía Israel.
Viendo esto, sus dos compañeros sentaron a Moisés en una piedra y cada uno sujetó un brazo. A la tarde triunfó Israel.
Este ejemplo de oración sacrificada se toma siempre para enseñar la constancia en la oración.
*        Dios ayuda
El salmo (120) atribuye la victoria de Israel al poder de Dios y no al esfuerzo suyo:
“El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra”.
Israel se siente seguro en Dios que vela día y noche por los suyos.
“Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio?... no permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme, no duerme ni reposa el guardián de Israel”.
El salmo nos hace ver la confianza de Israel en Dios cuya bondad lo ha convertido en guardián de su pueblo:
“El Señor te guarda a la sombra… de día el sol no te hará daño… el Señor te guarda de todo mal… ahora y por siempre”.
Esta predilección de Dios por Israel nos hace ver, una vez más, la fidelidad de Dios a pesar de las ingratitudes de su pueblo.
*        La Escritura, fuerza de Dios
Es muy bello el caso de Timoteo de quien dice San Pablo que “desde niño conoce la Sagrada Escritura”.
Esto nos hace pensar que quizá muchos de nosotros, ya mayores, aunque somos católicos, no conocemos la Palabra de Dios. Tengamos en cuenta que la Palabra nos da “la sabiduría, que por la fe en Cristo Jesús, nos da la salvación”.
Conocer, vivir y orar la Palabra de Dios es el camino de salvación para todos.
Pablo insiste además en que “toda la Escritura es inspirada por Dios”, no es cosa de hombres.
La Escritura así vivida es útil para todo, “para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud. Así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena”.
Pablo termina el párrafo de hoy invitando a Timoteo a que “proclame la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprenda, reproche, exhorte, con toda paciencia y deseo de instruir”.
La constancia y la insistencia son prueba de que uno es buen evangelizador.
*        Verso aleluyático
“La Palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón”.
Si queremos conocer nuestra propia conducta delante de Dios, la Palabra nos permite descubrir la verdad de los deseos e intenciones que tenemos al actuar.
*        Había un juez…
El Evangelio una vez más nos cuenta una parábola para que seamos constantes en la oración:
“Había un juez en la ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres”.
Una viuda pobre y desvalida le pedía justicia. Seguramente tenía un juicio y el juez decía o pensaba: ¡como no hay plata, no hay juicio!
Pero la viuda sabe más que el juez y lo va a aburrir con su insistencia. Al final la viuda derrota al juez inicuo que dice:
“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara”.
Jesús termina la parábola diciendo que Dios es nuestro juez y es bueno y, por tanto si acudimos a Él nos tratará mejor que ese juez.
Lo que sí pide el Señor es fe.
La última frase del párrafo es para temblar. En este mundo de hoy tan descreído, cuando hasta los católicos negamos la fe en tantas verdades graves: negar verdades del Credo, rechazar las enseñanzas del Papa o del obispo, exaltar el pecado como cosas de la sociedad de hoy, etc… pensemos: “cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontraré fe en la tierra?”
Busquemos con sencillez y mucha fe al Señor que nos ama.
José Ignacio Alemany Grau, obispo