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2 de mayo de 2020

BUEN PASTOR Y PUERTA ABIERTA

BUEN PASTOR Y PUERTA ABIERTA


A través del Evangelio Jesús se define de muchas maneras.
En este domingo nos da algunas definiciones de sí mismo y nos permite sacar la conclusión de que ha venido al mundo para que tengamos vida en abundancia.
  •  Hechos de los apóstoles
Muy valiente se presenta Pedro ante la multitud después de recibir el Espíritu Santo y les dice:
“Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías”.
El efecto fue muy fuerte pues dice el libro de los Hechos que estas palabras “traspasaron el corazón de la gente” y de la multitud surgió una pregunta:
“¿Qué tenemos que hacer?”
La respuesta de Pedro es clara:
“Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo”.
El resultado de su predicación fue que unas tres mil personas se bautizaron y entraron en la Iglesia de Jesús.
Qué hermosa enseñanza para nosotros que tenemos que seguir evangelizando y haciendo que el evangelio de Jesús se siga propagando.
El párrafo de hoy termina con unas palabras que debemos tener en cuenta:
“Escapar de esta generación perversa”.
El Papa Francisco dice que evitemos el “espíritu mundano”, que es el gran peligro no solo para la Iglesia sino para la misma humanidad.
  • Salmo 22
Como pertenece al Antiguo Testamento no habla directamente de Jesucristo sino de Dios, pero es evidente que Jesucristo es ese pastor en el plan de Dios.
Este pastor se presenta de dos formas distintas: una, llevando a los fieles como un rebaño que siempre tiene verdes praderas donde recostarse y fuentes tranquilas donde beber.
En segundo lugar aparece como un anfitrión que prepara una mesa suculenta en frente de los enemigos porque el Señor defiende a los suyos todos los días de su vida.
Y algo más importante:
“Habitaré en la casa del Señor por años sin término”.
  • Carta de San Pedro
La primera carta nos presenta a Jesucristo como modelo:
“Padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas:
Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios”.
Termina el apóstol aludiendo también a Jesús como pastor:
“Andabais descarriados como ovejas pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas”.
  • Verso aleluyático
Nos invita a pensar en este versículo del evangelio de Juan:
“Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí”.
Que Cristo nos conoce es claro, porque es nuestro Dios y Redentor. Pero, ¿hasta qué punto conocemos nosotros a Jesús o lo confundimos con tantos otros que quieren ser nuestros pastores?
  • Evangelio
En el evangelio se nos habla del ladrón que quiere llevarse las ovejas a como dé lugar.
Él no entra por la puerta sino que salta en el aprisco por otra parte.
En cambio el pastor verdadero entra por la puerta, las ovejas oyen su voz que llama a cada una por su nombre, para conducirlas a buenos pastos.
Dice San Juan que como no entendían la comparación les puso esta otra:
“Yo soy la puerta de las ovejas”.
Y advierte que los que han llegado antes que Él han sido ladrones y bandidos y por eso las ovejas no los escucharon.
Y explica todavía mejor la comparación:
“Yo soy la puerta, quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”.
El párrafo del evangelio de hoy termina con esta hermosa definición de su divinidad (que eso significa “Yo soy”):
“Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”.
Este es el regalo de Dios a la Iglesia por medio de Jesucristo:
La vida que nos hace hijos adoptivos de Dios.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

11 de mayo de 2019

EL PASTOR QUE ES CORDERO

EL PASTOR QUE ES CORDERO

El pastor y las ovejas es una imagen poética que Jesús conoce desde pequeño y que la gente sencilla conoce también: el servicio del pastor es sacrificado.
Y precisamente esto es lo que da seguridad a las ovejas.
El sentido de todo esto es que mientras permanezcamos con el Pastor estaremos seguros de nuestra salvación.
Seguridad temporal que será eterna si somos fieles porque Dios siempre es fiel y Jesucristo es Dios.
  •  Hechos de los apóstoles
Podemos decir que aquí Pablo se nos presenta como el buen pastor que busca a sus ovejas necesitadas y abiertas al Evangelio.
Como los judíos no quieren recibir ni al Buen Pastor ni su Evangelio, Pablo decide dedicar su apostolado directamente a los gentiles, “cuando los gentiles oyeron esto se alegraron y alababan la Palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron”.
De esta manera Pablo y Bernabé a pesar de los sufrimientos y desprecios de los judíos siguieron evangelizando, dejando a los discípulos llenos de alegría y del Espíritu Santo.
Es el fruto que debe buscar todo evangelizador en la Iglesia.
  • Salmo 99
Podemos aplicarlo a la Iglesia de Jesús:
“Somos su pueblo y ovejas de su rebaño”.
Esta comparación la repetirá Jesús de distintas maneras.
  • Apocalipsis
San Juan nos presenta a la Iglesia triunfante en la que se encuentra “una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero”.
Según el apóstol toda esa multitud viene de la Iglesia militante (la que militaba en la tierra) que “han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero”.
Podemos decir que este es el triunfo del “Cordero degollado y puesto en pie”. El triunfo de Jesús.
  • Verso aleluyático
Comienza con las palabras “yo soy” con las cuales Jesús se da a sí mismo el nombre de Dios, como lo hizo varias veces durante su vida en este mundo.
Después nos invita a pensar en dos puntos de vista:
+ “Conozco a mis ovejas”.
De esto no podemos dudar.
+ Añade después: “las mías me conocen”.
Tampoco podemos dudar de esta realidad pero debemos preguntarnos si soy suyo y si  conozco de verdad a Jesucristo.
  • Evangelio
Es muy breve pero si lo meditamos con profundidad nos encontraremos con una serie de interrogantes importantísimos para nuestra salvación.
+ “Mis ovejas escuchan mi voz”.
Cada uno debemos responder si verdad escuchamos al Maestro o preferimos las multitud de “voces” de este mundo.
+ “Yo las conozco”.
Eso sí es cierto. Jesús nos conoce a cada uno personalmente.
+ “Ellas me siguen”.
El Evangelio es el camino. Conociéndolo y viviéndolo seguiremos de verdad a Jesús.
+ “Yo les doy vida eterna”.
Jesús mismo había dicho: “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”.
+ “Nadie me las quitará”.
Él no nos suelta. Pero nosotros sí podemos dejarlo como la oveja perdida.
+ “Mi Padre que me las dio”.
El Padre confió al Hijo la humanidad. Él nos redimió y rescató.
Termina Jesús diciendo:
“El Padre y yo somos uno”.
Con esto Jesús afirma una vez más su divinidad reconociendo que es uno con el Padre y el amor entre ambos es el Espíritu Santo: Un Dios en tres personas.
Nunca abandonemos al Buen Pastor y tendremos asegurado el alimento para el tiempo y la eternidad.

José Ignacio Alemany Grau

15 de abril de 2016

EL PASTOR ES MI SEÑOR

Reflexión homilética para el IV Domingo de Pascua, ciclo C
La Iglesia celebra hoy al Buen Pastor.
Para ello se ha centrado en el capítulo 10 de San Juan y lo ha repartido entre los tres ciclos.
Al ciclo C, el nuestro, le toca la última parte y más pequeña, pero meditaremos todo el conjunto, cuando llegue el momento.
*        Oración colecta
Esta oración centra el pensamiento del día del Buen Pastor:
“Dios todopoderoso y eterno que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del Reino de tus elegidos para que así, el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor”.
Y la oración final nos invitará a concluir, llamando a Dios Padre, “Pastor bueno”:
Recemos:
“Pastor bueno, vela con solicitud sobre nosotros y haz que el rebaño adquirido por la sangre de tu Hijo pueda gozar eternamente de las verdes praderas de tu reino”.
*        La primera lectura es de los Hechos de los apóstoles y nos presenta el gran esfuerzo que hacen los primeros pastores para superar las mentalidades del Antiguo Testamento y abrir la puerta del Evangelio a todos los pueblos.
Los protagonistas son Pablo y Bernabé.
Van a predicar a los judíos y éstos los rechazan.
Los desprecian, los insultan y a veces los apedrean.
Los dos santos comprenden la lección y dicen las palabras que te invito a meditar porque así empezó a correr el Evangelio por el mundo hasta que llegó a tu familia y hasta ti.
Piénsalo que no es broma.
En este párrafo de los Hechos, dirigido a los judíos, está el comienzo de la evangelización por occidente:
“Teníamos que anunciaros primero a vosotros la Palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna; sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: Yo te haré luz de los gentiles para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra”.
Pablo y Bernabé fueron grandes pastores según el corazón de Cristo. Su decisión llenó de alegría a los gentiles.
*        Salmo responsorial
Si Dios es el Pastor (el salmo se refiere a Dios en el Antiguo Testamento) nosotros somos su rebaño, su pueblo:
“Sabed que el Señor es Dios: que Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño”.
*        El Apocalipsis nos presenta cómo es la presencia gloriosa de los santos en el cielo.
Todos están en pie (como el Cordero degollado) en señal de triunfo.
Entre ellos hoy se nos presentan los mártires.
Son multitud de todos los tiempos. También los de hoy.
Han aprovechado la sangre del Buen Pastor y “lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangra del Cordero”.
Eso de que la sangre blanquea es un simbolismo poco lógico pero muy significativo: triunfaron con Jesús para siempre.
“Ya no pasarán hambre ni sed… porque el Cordero que está delante del trono será su pastor y los conducirá a fuentes de agua viva”.
*        El verso aleluyático nos invita a repetir:
“Yo soy el Buen Pastor, conozco a mis ovejas y las mías me conocen”.
Que Jesús te conoce es claro: ¡es Dios!
Pero ¿tú conoces a Jesús? ¿Qué sabes de Él? ¿Lo sigues seguro aunque sea por “cañadas oscuras”?
*        El Evangelio, después de explicar cómo Jesús es Puerta y Pastor, después de una dolorosa disputa con los judíos, el Maestro vuelve a la comparación del Pastor.
Cada palabra de este breve párrafo es un tesoro:
-          “Mis ovejas escuchan mi voz”... ¿conoces la voz y enseñanzas de Jesús?
-          “Yo las conozco”… ¡maravilloso! Los hombres se equivocan: no me conocen, pero Jesús sí me conoce.
-          “Y me siguen”: teóricamente lo seguimos, pero en la práctica y en los detalles que manifiestan la verdad, ¿acompañamos a Jesús?
-          “Y yo les doy vida eterna”: ¿qué más pudo hacer Jesús por ti?
-          “No perecerán ni las arrebatarán de mi mano”: vive seguro porque Jesús, que es el más fuerte, está contigo.
Y aún hay más:
-          El Padre también es pastor y entre pastores nos sentimos seguros.
-          Ellos dos jamás se pelean: son uno. Sí, el Padre y el Hijo son un Dios con el Espíritu Santo.
Gracias Jesús, Buen Pastor, en este domingo te pedimos que nos des muchos pastores santos que nos guíen hacia ti.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

23 de abril de 2015

Reflexión dominical para el IV Domingo de Pascua, ciclo B


CADA UNO EN SU SITIO… Y JESÚS EL PRIMERO

*      Llamaron a Pedro para que declarara sobre Jesús.
Estaban reunidos los mismos que habían condenado a Jesús gritando: “¡reo es de muerte!”
Ahora quieren poner orden en Jerusalén pensando que el grupo de los seguidores de Jesús era fácil de asustar.
No olvidemos que después de predicar Pedro, explicando la curación del cojo de nacimiento, se habían convertido cinco mil personas.
Pero el que puso las cosas en su sitio fue Pedro que aprovechó la oportunidad para repetirles, una vez más, lo mismo que dijo al gran público, tanto el día de Pentecostés como después del milagro de la curación del paralítico.
El simple pescador del mar de Galilea los desconcierta a todos.
Este es el esquema de lo que les dijo, hablando de su Maestro:
- Ustedes lo crucificaron pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
- Hoy Jesús está vivo y está actuando.
- No hemos sido nosotros. Jesús ha curado al tullido.
- Han sido cinco mil personas las que se han convertido. Esta es la fuerza del Resucitado también en estos días.
- Está claro que ustedes rechazaron a Jesús pero ahora se ha convertido en la piedra angular.
- Desde ahora ningún otro puede salvar. “Bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos”.
Está claro que Pedro, después de Pentecostés, quedó lleno del Espíritu Santo y no era fácil hacerle callar.
*      A este Jesús rechazado, lo proclamaremos en el salmo responsorial, repitiendo las hermosas palabras del salmo 117:
“La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular… Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”.
*      ¿Quién es tu padre?
“El mundo no nos conoce porque no le conoció a Él”.
Por eso no debemos extrañarnos de que el mundo persiga a los seguidores de Jesús, como vemos dolorosamente en nuestros días.
San Juan en su carta nos habla de Dios y nos dice que, aunque no nos conozcan los demás, debemos meditar esta gran verdad:
“Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, ¡pues lo somos!”
Sí. Somos hijos de buen Padre.
Ya somos sus hijos adoptivos pero “aún no se ha manifestado lo que seremos”.
Medítalo, amigo. Que ayude en tu vida el pensar que “seremos semejantes a Él porque lo veremos tal cual es”.
*      El verso aleluyático nos presenta a Jesús con el título que le da la Iglesia en este día:
“Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí”.
Él nos conoce, ¡es buen Pastor!
¿Nosotros lo conocemos de verdad?
No olvidemos que somos sus ovejas.
*      Juan nos habla de Jesús como Pastor bueno y muy especial entre todos los pastores.
Pero esto del buen pastor es un poco extraño.
Hasta ahora no he conocido ningún pastor que dé la vida por sus ovejas.
Sí conozco, en cambio, a muchos pastores que las trasquilan para aprovechar su lana; las venden en la feria o simplemente las matan para comer su carne.
Sin embargo Jesús se presenta como el Pastor bueno que sacrifica la vida por las ovejas.
Aunque se nos hace muy normal repetir que Jesús es el buen Pastor es algo inexplicable.
Él es Pastor que aprendió del Padre Dios a darse, en vez de aprovecharse de los demás:
“Conozco a las mías y las mías me conocen igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre. Yo doy mi vida por las ovejas”.
Jesús mismo explica que da la vida porque tiene el poder y la seguridad de recuperarla:
“Nadie me la quita sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y poder para recuperarla”.
Solo queda una pena en el corazón del Buen Pastor.
“Tengo además otras ovejas que no son de este redil. También a estas las tengo que traer y escucharán mi voz. Y habrá un solo rebaño y un solo pastor”.
Hoy recuerda la Iglesia al Buen Pastor y por lo mismo nos pide que oremos por las vocaciones.
Hagámoslo con mucho amor.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

8 de mayo de 2014

IV Domingo de Pascua, Ciclo A

PRIMERO PUERTA Y DESPUÉS PASTOR
Es Benedicto XVI el que nos advierte que Jesús, al hablar del buen pastor, no comienza diciendo “yo soy el Buen Pastor” sino que nos dice con una imagen distinta “os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas”.

Es interesante que entendamos que sólo Jesucristo es el dueño del rebaño y que, por lo mismo, solamente puede haber otros pastores buenos cuando entran por Jesús.

El rebaño solamente es suyo. Por eso cuando hable con Pedro, después de la resurrección, le dirá: “Apacienta mis ovejas… mis corderos”. No le regala al rebaño sino el cuidado del mismo.

Y Jesús que ama a sus ovejas (porque da la vida por ellas) las deja únicamente a quien le sigue a Él mismo de verdad.

Este es el domingo del Buen Pastor.

Es interesante que en los tres ciclos de este cuarto domingo de Pascua se lea el mismo capítulo diez de san Juan en tres partes distintas.

Llamar pastor a Dios es algo muy frecuente en el Antiguo Testamento.

Conocemos sobre todo el salmo 22 que leeremos como responsorial y que es tan querido del pueblo de Dios:

“El Señor es mi pastor nada me puede faltar”.

En otros muchos momentos vemos también cómo el pueblo de Dios se considera rebaño de Él y también cómo los distintos profetas de una u otra forma, utilizan la imagen del pastor y las ovejas.

Es interesante esta afirmación del Papa Benedicto XVI: “Los últimos profetas de Israel vislumbran, sin poder explicar mejor la figura, al Redentor que sufre y muere, al pastor que se convierte en cordero”.

Creo que a todos nos inspira una multitud de imágenes distintas pero muy hermosas tanto la palabra pastor como la palabra cordero. Quienes conocemos los campos recordamos muchas imágenes de rebaños sesteando, descansando a la sombra de los árboles, bebiendo en los riachuelos y pastando en las praderas.

Recordamos también los apriscos, con su puerta y con el guardián que abre al pastor y las ovejas que van entrando o saliendo seguras, porque conocen el silbo de su dueño.

Todo esto nos trae Jesús a la imaginación en el Evangelio.

“El que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz y Él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz”.

Nos dice san Juan que los oyentes no entendieron a Jesús y es entonces cuando se presenta Él mismo como puerta: “Yo soy la puerta de las ovejas… quien entra por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”.

Como vemos en el párrafo que nos toca en el ciclo A, Jesús no se ha definido como el Buen Pastor, palabras con las que comenzará el próximo año (el ciclo B) el Evangelio de este día del Buen Pastor. 

De todas formas Jesús nos ha presentado aquí al Pastor bueno, querido de sus ovejas porque se sienten queridas por Él. Conocen su voz y le siguen. Éste es, evidentemente, Jesucristo.

Nos ha hablado también de los malos pastores a quienes las ovejas no siguen porque no lo conocen.

Y nos ha hablado de los otros pastores que son buenos y entran por la puerta que es Cristo y tienen conciencia de que el rebaño le pertenece a Jesús y estos son todos los buenos sacerdotes y los responsables de los grupos (de las ovejas) que pertenecen al rebaño de Jesús.

Aquí surgirían una serie de preguntas:

Si soy pastor, ¿conozco a mis ovejas (los fieles) y ellas me conocen?
¿He entrado por Cristo a quien reconozco como único dueño o he entrado por mí mismo y mis intereses?

Si soy oveja, ¿conozco a Jesús y conozco también a los buenos pastores que siguen a Cristo o en estos momentos en que hay salteadores que se hacen pasar por sacerdotes de la Iglesia me dejo engañar por ellos?

¿Soy dócil a mi Pastor y como de los pastos que Él me ofrece sobre todo su palabra y su Eucaristía?

Los Hechos de los Apóstoles nos presentan a Pedro que termina su valiente discurso el día de Pentecostés diciendo:

“Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías”.

Entonces, el fruto de la predicación de Pedro y la presencia especial del Espíritu Santo hizo que la multitud “traspasado el corazón” preguntara “¿qué tenemos que hacer, hermanos?”.

Pedro los invita a la conversión y al bautismo en nombre de Jesús.

Y ellos aceptan y entran en su aprisco porque aquel día “aceptaron sus palabras, se bautizaron y se les agregaron unos tres mil”.

En cuanto a la primera carta del mismo apóstol Pedro, invita a seguir a Jesús, el Buen Pastor que sufrió tanto por salvarnos y “sus heridas nos han curado” y entrando de lleno en el tema de hoy nos dice: “andabais descarriados como ovejas pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas”.

Hoy es el Domingo del Buen Pastor en la Iglesia de Jesús. Este domingo está dedicado a pedir por los sacerdotes y por las vocaciones para que todos seamos fieles seguidores tanto de la Persona de Jesús como de su doctrina.

No olvidemos lo que decía san Alfonso: “las ovejas que andan más cerca de su Pastor reciben bocaditos de lo que él mismo come”.

Finalmente, hoy recordamos también a las mujeres valientes que han sabido dar la vida. Que Dios las cuide y que también ellas sigan los ejemplos que el Buen Pastor nos ha dado a todos.

Feliz día, madres que me leen cada semana.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

17 de abril de 2013

IV domingo de Pascua, Ciclo C

EL PERFUME DEL BUEN PASTOR 

Hoy, día del Buen Pastor, la Iglesia celebra “La Jornada mundial por las vocaciones”. 

Examinemos, brevemente, la figura del Buen Pastor y de las buenas ovejas en la liturgia del día. 

En el Antiguo Testamento tenemos muchas citas bellísimas que nos presentan a Dios como Pastor. 

Precisamente Jesús, al hablar de sí como el Buen Pastor, está recordándonos cómo Él mismo es el Pastor porque se identifica con Dios Padre. 

Recordemos algunas de esas citas para meditarlas: 

* “Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré. Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré” (Ez 34,11ss). 

* “Como un Pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho” (Is 40,11). 

* “Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño” (Sal 80,1). 

* “Porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía” (Sal 95,7). 

* Y de manera especial el salmo 23, tan conocido, y que rezamos con tanto cariño: 

“El Señor es mi pastor, nada me falta en verdes praderas me hace reposar…”. 

Rezando este salmo nos parece recorrer las praderas de Israel y encontrar a Jesús metido entre multitud de ovejas, alimentándolo con los mejores pastos y las aguas más frescas. 

Porque son todas estas las palabras que Jesús se aplica a sí mismo cuando dice: “Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da su vida por las ovejas”. 

De esta manera queda claro lo que es el Buen Pastor… Pero, ¿cómo son sus ovejas? 

Esto es lo que nosotros mismos debemos pensar, meditar y responder. 

Jesús nos conoce, “Yo soy el buen pastor que conozco a las mías y las mías me conocen a mí…” 

En este momento sería bueno pensar que Jesús nos conoce porque es nuestro Dios y Redentor. 

Pero, ¿es verdad que nosotros escuchamos la voz de Jesús y que lo conocemos? 

¿Es verdad que lo seguimos con fidelidad apenas escuchamos sus silbos amorosos? 

El Papa Francisco pide a los sacerdotes que sean buenos pastores: 

“Al buen sacerdote se le conoce por cómo anda ungido su pueblo… hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora… Esto os pido: sed pastores con olor de oveja”. 

Ya se sabe que si el pastor se pasa el día metido entre su rebaño, se le pega el fuerte olor de las ovejas y esto es lo que pide el Papa. 

La unción y santidad del buen sacerdote es la unción sacerdotal que recibió y que debe llegar a las ovejas. Esto quiere decir el Papa: 

La santidad del sacerdote se conoce en el rebaño. 

Algo parecido quiere el Papa de sus sacerdotes cuando les dice: “en las iglesias y confesonarios ¡puertas abiertas!”. Sí, el pastor debe dejarse comer como Jesús. 

La primera lectura nos presenta a Pablo y Bernabé rechazados por los judíos. Pero no se arredran, sino que deciden ir a evangelizar a los gentiles con gran alegría de ellos. 

Es que el Evangelio no se puede detener: 

“Una gran alegría no se puede guardar para sí, hay que comunicarla”. 

Sacudieron el polvo de los pies y se fueron a evangelizar a otra parte y el fruto de su paso y evangelización era que “los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo”. No fue inútil el paso de aquellos grandes apóstoles de los primeros tiempos del cristianismo. 

Por su parte el Apocalipsis enseña que el pastor está metido entre las ovejas, “el que se sienta en el trono acampará entre ellos. No pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas”. 

El Papa Francisco nos invita a acercarnos siempre a Dios que es el Buen Pastor lleno de misericordia: 

“Dios piensa siempre con misericordia… Dios piensa como el pastor que da su vida para defender y salvar a las ovejas”. 

Acerquémonos siempre a Jesús, el Buen Pastor, y nunca nos faltará lo necesario para vivir felices con Él porque Él nos alimenta con su Palabra y con la Eucaristía.