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24 de diciembre de 2017

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO – NAVIDAD


Este año, el IV domingo de Adviento coincide con el 24 de diciembre, que es el día de noche buena y vigilia de Navidad.
Antes de reflexionar respondamos al problema práctico que algunos presentan: ¿Me basta la misa de Gallo para los dos días?
La respuesta es simple: No basta, debo asistir dos veces: la del 24 porque es domingo y la del 25 porque es fiesta de precepto. Ya sabemos que para el 25 la liturgia tiene tres esquemas distintos: la de medianoche, la de la aurora y la del día, cada una de las cuales tiene oraciones y lecturas diferentes. Puedes elegir la que quieras.
Como se trata de dos días especiales abordaré dos breves temas distintos, uno para el domingo IV y otro para Navidad.

***
Y LA DEJÓ EL ÁNGEL
En este cuarto domingo leemos el evangelio de la Anunciación: Dios que respeta siempre la libertad, podemos decir que en resumen envía al ángel Gabriel para hacerle una pregunta a la Virgen María:
-          ¿Aceptas ser Madre del Hijo de Dios?
Tenemos muchos puntos concretos para reflexionar en este bellísimo, y yo diría poético, pasaje:
+ Un saludo motivado por tres cosas.
La presencia del Señor en el alma de la Virgen; la gracia que ha llenado el corazón de María desde su propia concepción y la alegría que produce la presencia de Dios.
Esto debemos tenerlo muy en cuenta nosotros porque si, de verdad, queremos tener la alegría de Dios, es preciso vivir en gracia y si hace falta, será bueno incluso confesarnos para comulgar en esta Navidad.
+ La presencia verdadera de Dios en el alma no produce temor:
“No temas María”, dijo el ángel.
Cuando al Papa Juan Pablo II le agradecían su mensaje: “No tengan miedo”, él respondía: No es mío, eso es del Evangelio.
Este es precisamente uno de esos pasajes evangélicos.
+ María, que ha sentido en su corazón que Dios le pedía vivir virginalmente con José (estudia a fondo las palabras de este párrafo evangélico), no entiende cómo Dios le pide que tenga un Hijo.
+ El ángel explica a María el plan de Dios:
El Niño no será hijo de José pero sí de ella y, por un milagro especial, del Espíritu Santo.
+ Antes de irse el ángel da una  especie de consejo a la Virgen: tu pariente, la anciana Isabel, está encinta de seis meses: “Para Dios nada hay imposible”.
+ Cuando la Virgen María entiende el plan de Dios solo tiene una respuesta: “Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra”.
+ Con esto quedó todo claro y “se fue el ángel”.
Y María comenzó a actuar como una mujer encinta… pero era Dios a quien llevaba en su seno.

DIOS HA VISITADO A SU PUEBLO
Estas palabras son las de Zacarías cuando recuperó el habla al nacer su hijo, Juan el Bautista.
Ahora nosotros tendríamos muchos textos que meditar sobre la Navidad. Son cuatro los esquemas que responden esta fiesta: la vigilia y tres momentos especiales: medianoche, la aurora y a lo largo del día, como decíamos antes.
Entresaquemos unos pensamientos de las lecturas del Evangelio:
+ La genealogía: Jesús, por la descendencia de su padre legal, san José, desciende de David.
+ A los pastorcitos, representantes del pueblo sencillo que siempre está ansiando conocer noticias, se les presenta un ángel que les da la mejor:
“Os traigo una buena noticia: hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”.
Por fin en la historia pudo decir el ángel que traía “una gran alegría para todo el pueblo”.
Cuántas veces al sentarnos frente a la televisión esperamos una alegría y qué pocas veces la encontramos.
“Vamos derechos a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor”.
Esta vez sí valía la pena ir a conocer de cerca el gran acontecimiento de la redención.
Fíjate bien que son los pastores los que confirman la fe de José y de María porque “al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel Niño”.
+ A San Juan se le representa con el águila porque así como esta ave se remonta con los ojos fijos en el sol, el evangelista se remonta a lo más alto de la Trinidad desde el comienzo de su Evangelio.
Qué importante es meditar a fondo estos dieciocho versículos del cuarto evangelio:
La Palabra, que era Dios, “se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria”.
Y la gloria que pudieron contemplar los hombres el día de Navidad es la que corresponde “al Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”.
Y… ¡ojo amigos!:
“A Dios nadie lo ha visto jamás”.
Esta afirmación es verdadera Palabra de Dios… y entonces, ¿cómo podemos conocer a Dios?
Aprende bien que solo a través de Jesús conocemos a Dios:
“Dios Hijo único que está en el seno del Padre es quien nos lo ha dado a conocer”.
Por eso todos en este día nos deseamos una Feliz Navidad, porque es el cumpleaños del Verbo encarnado.
¡FELIZ NAVIDAD!

José Ignacio Alemany Grau, obispo

15 de diciembre de 2017

DIOS FUENTE DE GOZO

Reflexión homilética para el tercer domingo de Adviento, ciclo B
*       Isaías
El libro de Isaías (Is 61) nos describe proféticamente cuál será la grandeza del Mesías prometido por Dios al pueblo de Israel.
Esto mismo leeremos también en Lc 4 cuando Jesucristo, en la sinagoga de Nazaret, se aplique a sí mismo estos versículos:
“El Espíritu del Señor está sobre mí…”
Pero, quizá, con un poco de atrevimiento, me permito decirte que tú mismo vayas leyendo con fe y detención la primera lectura de este domingo y te la apliques como si Dios te la dijera a ti.
Empecemos la aplicación, si te parece, de esta manera. Yo pongo las primeras palabras y tú sigues en esta oración ante Dios:
Desde el día del bautismo “el Espíritu….”
En cuanto al traje de gala, el manto de triunfo y la corona de novia… no olvides que son bastantes las veces que en la Biblia Dios se presenta como Esposo o Novio de Israel, de la Iglesia y de cada uno de los que pertenecen a la Iglesia.
Y Él nos embellece con los sacramentos, dones y frutos.
*        Salmo responsorial
En cuanto al salmo responsorial, el de hoy no es propiamente un salmo sino que meditamos el Magnificat de la Virgen con una aplicación que María hizo del mismo texto de Isaías aplicándose.
Que esto produzca en ti un gozo tan grande como el que vas a repetir entre versículo y versículo del salmo responsorial:
“Me alegro con mi Dios”.
*        San Pablo a los Tesalonicenses
Sabemos que este tercer domingo de adviento se llama de Gaudete (alégrense) porque así comienza el párrafo de esta carta:
“Estad siempre alegres…”
De hecho San Pablo hoy siguiendo el tema que estamos meditando nos invita a sentir la felicidad más profunda, la felicidad que Dios regala con su gracia y sus dones.
Es el gozo del Evangelio de que habla el Papa Francisco y que debes llevar siempre en el corazón.
(Recuerda su carta “El gozo del Evangelio”.)
Por todos estos dones de los que venimos hablando valen también para ti las palabras de Francisco:
“Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.
Por esto que vamos diciendo entendemos mejor las palabras de Pablo:
“No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo y quedaos con lo bueno”.
A continuación pide Pablo que, evitando toda clase de mal, nos dejemos consagrar por Dios para que nuestra alma viva siempre en la paz y alegría, manteniéndose sin reproche hasta el encuentro con Cristo.
*        Verso aleluyático
El aleluya repite una vez más lo que es la idea central del día que aparece muy clara en este domingo:
“El Espíritu del Señor está sobre mí”.
*        Evangelio
El Evangelio es de San Juan y nos habla del Bautista. La liturgia ha tomado dos versículos del primer capítulo para hacer una presentación teológica profunda de él:
“Vino a dar testimonio de la luz, pero no era la luz”.
Y a continuación leemos un diálogo entre Juan y los judíos que venían con algo más que curiosidad.
Querían saber por qué ese hombre, desconocido para ellos, estaba predicando penitencia con tanto fuego en el alma.
Lo que más llama la atención es la sinceridad de Juan que sabe bien que no es ninguno de los personajes con los que quieren identificarlo, pero sí sabe que tiene un papel muy especial confiado por Dios que lo ha escogido como el precursor del Mesías.
Por eso afirma con toda libertad que ni es el Mesías, ni es Elías, ni es un profeta. Simplemente se presenta como “la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor”.
Pero lo más hermoso es el acto de humildad que hace y cómo aprovecha la oportunidad para proclamar la grandeza del que viene:
“Yo bautizo con agua pero detrás de mí hay uno que no conocéis y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia…”
La gran afirmación de Juan será:
Yo bautizo con agua pero en medio de ustedes está el que bautiza con el Espíritu Santo.
Quiera Dios que este maravilloso Juan nos ayude a todos a ser humildes y a evangelizar con todo el fuego de nuestro corazón.

+ José Ignacio

16 de diciembre de 2016

VA A ENTRAR EL SEÑOR

Reflexión homilética para el IV Domingo de Adviento, ciclo A
Este domingo es como la puerta a la Navidad.
Todo se vuelve admiración ante el nacimiento de un hombre que ha sido llamado, siglos antes,  “Emmanuel”, es decir, el “Dios con nosotros”.
Revivamos con fe y amor, en estos días, lo que ya pasó: el misterio del Verbo encarnado.
Esta invitación nos la hace de una manera particular el salmo responsorial (23).
*        Va a entrar el Señor, Él es el Rey de la gloria
Todo cuanto existe lo ha hecho Él. Por eso la tierra y cuanto la llena y sus habitantes y los ríos y los mares, todo le pertenece. De ahí que toda la creación debe aclamar al que entra en el mundo por la cueva de Belén.
*        El profeta Isaías
Nos cuenta el libro de este profeta que el rey Acaz se negó a pedir a Dios una señal de su victoria. El mismo Señor le hace la gran promesa que ahora recordamos:
“Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa Dios con nosotros”.
Esta señal que no quiso pedir el rey Acaz es ahora la alegría de la humanidad:
¡Dios cumplió su palabra!
*        San Pablo a los romanos
-El párrafo citado es el inicio de la carta. En él se presenta como el apóstol del Evangelio.
Según Pablo Jesucristo lo nombró apóstol. De ahí que tantas veces al citarlo se le llame “el Apóstol”, e incluso, sin ser de los doce, se le incluye en la lista de los apóstoles junto a Pedro.
-Este Evangelio es el mismo que ya fue anunciado al pueblo de Israel por los profetas en el Antiguo Testamento.
-Jesucristo es descendiente de David (hijo del hombre) y es también hijo de Dios consagrado por el Espíritu Santo y manifestado en la resurrección.
-Jesucristo, personificación del Evangelio, no solamente es para los judíos sino también para los gentiles.
-A quienes acogen el Evangelio Pablo los llama “santos” en varias oportunidades porque ellos responden al llamado de Dios en la obediencia de la fe.
-Nosotros, como aquellos primeros gentiles de Roma, hemos sido llamados para vivir el Evangelio y pertenecer al pueblo de Dios.
*        Verso aleluyático
Nos recuerda de una manera concisa las palabras de Mateo que recogen las de Isaías:
“La virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros”.
Como podemos darnos cuenta este es el texto fundamental de hoy y, como nunca sucede en la liturgia, lo encontramos citado tres veces en la liturgia de la Palabra.
*        Evangelio
En el Evangelio San Mateo nos narra que “la concepción de Jesús fue de esta manera…”.
Son muchos los detalles que podemos meditar en este importante párrafo. Nos fijamos en algunos para nuestra meditación.
-María es verdadera Madre de Jesús.
Ella estaba ya desposada con José aunque no habían celebrado el matrimonio y por tanto no vivían juntos formando familia.
-Antes de vivir juntos María quedó encinta por obra del Espíritu Santo.
-José, esposo verdadero, no podía entender lo que pasaba, porque María guardaba un secreto absoluto.
-José quería mucho a María y tenía todos los motivos para ello. Como no entendía nada decidió dejarla en secreto para evitar la difamación:
¡Cuánta delicadeza en todas estas actitudes de José y de María!
-El ángel del Señor aclara en sueños todo a José:
“No tengas reparo en llevarte a María a tu casa porque la criatura que tiene viene del Espíritu Santo”.
El ángel pide a José que sea el padre de este niño con estas palabras:
“Le pondrás por nombre Jesús”.
-De nuevo encontramos el mismo texto que es el de Isaías:
“La virgen concebirá y dará a luz…”.
Cuando se despierta José realiza todo lo que el Señor le había mandado por el ángel.
No se trataba de un simple sueño sino de una manifestación clara de la voluntad de Dios que José, con el don de discernimiento que poseía, pudo interpretar.
Este fue el medio normal de los mensajes de Dios a José: el anuncio del ángel mientras dormía. Finalmente José, el bueno, “se llevó a casa a su mujer”.
Amigos, tomemos este texto de Isaías como una luz para caminar en este tiempo que nos queda de adviento.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

9 de diciembre de 2016

¡ALEGRÍA!: SE ACABÓ EL DESTIERRO

Reflexión homilética para el III Domingo de Adviento, ciclo A
Hoy es el domingo de la alegría y de la esperanza.
Los que tienen dentro de la corona de Adviento las velas moradas, hoy cambian la tercera velita por una de color rosado que indica la alegría y la seguridad que nos trae a todos el Mesías prometido por Dios que nos viene a redimir.
A nosotros ya nos redimió Jesús pero recordamos con amor la felicidad de su presencia y aprovechamos su sangre redentora que colmó nuestra esperanza.
Esta alegría es la que quiere traernos de una manera especial el tercer domingo de Adviento, domingo de alegría y cercanía con Jesús que vino, viene y vendrá.
*       El Evangelio
Nos presenta a Juan el Bautista que no era precisamente una “caña sacudida por el viento”. Tampoco vestía lujosamente, pero era más que un profeta.
Jesús dijo de él que ningún nacido de mujer era más grande que el Bautista.
A este gran predicador lo metieron en la cárcel y un buen día envió a discípulos suyos para que preguntaran a Jesús:
“¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?”
No sabemos si el Bautista dudaba de Jesús o si lo que pretendía era confirmar a sus discípulos en la fe, porque ya sabemos cómo varias veces Juan dio testimonio público sobre Jesucristo.
La respuesta de Jesús es indirecta porque lo hace citando al profeta Isaías: “aquel día oirán los sordos las palabras del Libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrase en el Señor y los pobres se llenarán de júbilo”. Para concluir que se están cumpliendo en Él las profecías sobre el Mesías.
La lección de este día de Adviento que debemos aprovechar es por un lado la verdadera conversión del corazón y por otro la fidelidad hasta la muerte.
Ese es el ejemplo del gran Juan Bautista que selló su apostolado al servicio de Cristo con el martirio.
*       Santiago
Nos invita a tener paciencia, esa virtud que nos suele faltar a todos, especialmente cuando hay un insulto, una cola larga, un “vuelva mañana” o frente a la injusticia.
Paciencia es la ciencia de la paz en el alboroto.
Imitemos al campesino que expone la semilla a la sequía y a la lluvia o a las plagas: ¡cuánta paciencia! Y al final, una granizada se lleva todo… o el trigo alegra los graneros.
También nos pide Santiago que imitemos a los profetas que hablaban del lejano Mesías y tantas veces por ese motivo eran perseguidos.
El Señor es quien nos juzgará. Mientras tanto mantengamos serenidad y paz porque Dios no falla y el fruto de la encarnación es para todos.
*       Aleluya
El Señor está sobre ti desde el bautismo y te ha enviado… ¿a dónde?
Todos tenemos una misión y durante ella tenemos que evangelizar.
*       Salmo responsorial
Es una invitación a poner nuestra confianza únicamente en el Señor y alabarlo toda nuestra vida.
Los seres humanos, aunque sean príncipes y tengan poder, “no nos pueden salvar, exhalan el espíritu y vuelven al polvo”… pero el Señor sí. Él es el todopoderoso que “hace justicia… liberta… da pan… devuelve la vista a los ciegos”. Él permanece siempre, “es Dios y reina eternamente”.
Trabaja por el bien y recuerda que la única recompensa que vale la pena, te la dará Dios.
*       Primera lectura
Es de Isaías y canta la alegría del regreso de Babilonia:
Todo son bendiciones del Señor y felicidad de los desterrados que vuelven a Jerusalén.
Este capítulo (15) que pretende recoger la alegría de los que vuelven felices a su patria… y hasta la naturaleza se hace eco de esa felicidad.
Hoy recoge la liturgia estos momentos para invitarnos a una alegría profunda a nosotros, “los desterrados hijos de Eva” para que lleguemos a la patria del cielo donde todo será gozo, himnos, salmos y felicidad.
Qué bella descripción hace de esto Isaías.
“Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límites en sus rostros. Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás las penas y la aflicción”.
Por aquí quiere la liturgia que camine la verdadera alegría de los hijos de Dios redimidos por el Mesías, Jesucristo.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

25 de noviembre de 2016

EL ADVIENTO

Reflexión homilética para el I Domingo de Adviento, ciclo A
El adviento trae aires de esperanza.
Hablamos bastante de la fe y sobre todo del amor. Está bien. Son dos grandes virtudes teologales que nos permiten comunicarnos con Dios, nuestro Creador.
Pero hay otra virtud, teologal también, que necesita nuestra sociedad y nosotros los cristianos de una manera urgente.
En efecto. ¿Cómo superar estos problemas?:
*Muchos no creen ni en la resurrección ni en la vida eterna.
*No aceptan a un Dios bueno que nos creó y nos espera.
*Los gobiernos y los que manejan el mundo no dan soluciones a los problemas más urgentes del alimento, el trabajo, la seguridad ciudadana.
*Nos desesperamos en las colas para oír al final “le falta un documento” o “vuelva mañana”.
Sí. Necesitamos esperanza y motivos para esperar.
No solo esperar en los hombres sino también esperar en Dios, en medio de este mundo difícil.
El adviento es un tiempo especial para ejercitarnos en esta gran virtud.
Debemos admirar el ejemplo que nos dan los grandes santos del Antiguo Testamento que mantuvieron la esperanza hasta el fin de la vida.
Ellos estaban seguros de que Dios cumpliría sus promesas y morían con los ojos y el corazón puestos en el Mesías prometido.
Durante el tiempo del adviento la liturgia nos recordará también las invitaciones de Jesús para vivir en esperanza.
Recordaremos la parusía, es decir, la segunda venida del Señor. (Sabemos que la primera es la Navidad que celebraremos gozosamente también en este tiempo).
Durante el adviento aprendamos a vivir la esperanza en un más allá seguro y mejor.
Aprovechemos, amigos, desde este primer domingo para aprender a esperar y pidamos esa virtud al Señor.
Será bueno que recordemos también estas venidas o cercanías del Señor para ejercitar la esperanza:
*La venida cuando nos reunimos en su nombre.
*La venida en la Eucaristía trayéndonos todos los tesoros de Dios.
*La venida en cada pobre que se nos acerca.
*La venida al final de los tiempos.
*Y finalmente la ternura de la venida de Cristo como niño pequeño en Belén, que ya pasó, pero la recordamos con mucho amor cada año porque su venida es certeza de que se cumplirán nuestras esperanza de salvación.
Hoy iniciamos el ciclo A.
Nos acompañará en la mayor parte de los domingos San Mateo, apóstol y evangelista, el publicano que decidió dejar los negocios y seguir a Jesús.
*        La visión de Isaías
El gran profeta nos presenta el triunfo de Dios sobre Jerusalén hacia donde concurrirán todos los pueblos invitándose unos a otros: “venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob”.
Serán tiempos de paz en los que “de las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas”.
Finalmente se acabarán todas las guerras y el mundo seguirá esta hermosa invitación: “Vengan, caminemos a la luz del Señor”.
*        El gozo del salmo 121 (“salmo de las subidas”)
Este salmo de las subidas nos recuerda la llegada de los peregrinos a Jerusalén y su gozo indecible después de tantos sacrificios por caminos difíciles: “Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén”.
Por fin llegaron a la casa del Señor.
Por allí vamos también “los desterrados hijos de Eva hacia el Señor”.
*        La invitación de Pablo
Hoy Pablo nos invita a “revestirnos de Cristo”. En efecto, nos presenta este mundo como una peregrinación hacia la luz de un nuevo día y nos invita a caminar “con dignidad, nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias… pertrechémonos de las armas de la luz”.
Y todo ello porque “la salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”.
*        El versículo aleluyático es una súplica llena de esperanza.
“Muéstranos tu misericordia y danos tu salvación” es otra invitación a emprender el camino hacia la felicidad verdadera, confiando en la misericordia de Dios que nos acompañará siempre y al fin nos regalará la salvación que no podemos merecer.
*        El Evangelio de la vigilancia
Finalmente el Evangelio de hoy nos invita a estar siempre preparados. Son muchas las veces que Jesús repite esta idea, advirtiéndonos que la llegada de Dios será por sorpresa.
Recuerdo una religiosa cuyo papá estuvo siete años en coma y cuando murió decía ella: “nos cogió de sorpresa. Nadie lo esperaba”.
Jesús nos advierte hoy que su llegada será como en tiempo de Noé.
Cada uno andaba a lo suyo y ninguno aceptaba las invitaciones a la conversión.
Llegó el diluvio y acabó con todo.
Jesús repite una vez más:
“Por tanto estad en vela porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Bendito tiempo este de adviento que viene lleno de promesas y nos invita a la esperanza.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

17 de diciembre de 2015

Texto y audio de la reflexión homilética para el IV domingo Adviento, ciclo C

LA ESCLAVA ESTÁ A LA PUERTA DE LA MISERICORDIA

*       El versículo aleluyático del cuarto domingo de adviento nos presenta a María, que es la representante de la humanidad, respondiendo a la invitación de Dios.
Dios le pregunta si quiere ser su Madre.
Ella responde:
- Yo no soy más que la esclava del Señor. Que se haga en mí lo que dices.
En ese momento la humanidad entera, en Santa María, se pone a la puerta para esperar y acoger en el seno de una joven toda la misericordia de Dios, prometida después del pecado original.
María se convierte así en la puerta de aquel que dirá un día:
“Yo soy la puerta”.
Por María Dios se hace hombre y “el Verbo se hizo carne”, como “uno de tantos”.
¿De tantos?  Sí, ¡pero era Dios y seguirá siéndolo!
Este es el gran misterio de la encarnación que la Iglesia nos recuerda tres veces cada día.
*       El profeta Miqueas
¿Y quién es Miqueas?
No sabemos mucho de él.
Su nombre significa “quien como el Señor”.
Vivió en el siglo VIII a.C.
Entre los muchos gritos de denuncias y condenas del profeta nos encontramos, entre otros, con el texto que leemos hoy y que nos habla de esperanza.
Una cita muy apropiada para acercarnos, con la liturgia, a la venida del Señor:
“Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel”.
Este jefe será “pastor con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios”. Y añade todavía otros detalles:
“Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra y éste será nuestra paz”.
No podemos olvidar que pronto oiremos a Herodes explicándoles a los magos que, según el profeta (Miqueas), el Mesías debía nacer en Belén (ver Mt 2,6).
*       El salmo responsorial (79) recoge la canción del pastor y de la viña.
Nos da a conocer el contraste entre el pasado amoroso de Dios para con su pueblo, comparado con una viña, de la que dice “sacaste una vid de Egipto, le preparaste el terreno… echó raíces hasta llenar el país”.
En cambio, en el presente, Dios tiene una actitud muy dura:
“¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas?”
El salmista grita pidiendo misericordia:
“Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve… despierta tu poder y ven a salvarnos.
Vuélvete… ven a visitar tu viña… que tu mano proteja a tu escogido”.
Y buscando la conversión desde un profundo remordimiento pide:
“No nos alejaremos de ti; danos vida para que invoquemos tu nombre”.
*       En la carta a los Hebreos volvemos a recordar lo que meditamos hace unas semanas:
Jesús sumo sacerdote viene desde el cielo. Se hace un hombre para salvarnos:
“Cuando entra en el mundo” adopta la gran actitud del servidor y sacerdote fiel ante Dios.
Primero reconoce (hablando con el Padre) “tú no quieres ni aceptas sacrificio ni ofrendas… que se ofrecen según la ley”.
Entonces Jesús, recordando el salmo cuarenta, adopta esta actitud humilde:
“Aquí estoy yo para hacer tu voluntad”.
Es interesante que el salmo que cita la carta, añada: “pues así está escrito al comienzo del libro acerca de mí”.
Si quieres profundizar en la idea busca 1Sm 15,22 y encontrarás que cuando Saúl desobedeció, el profeta Samuel le corrigió diciendo:
“¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz? La obediencia vale más que el sacrificio”.
Amigos, al acercarse la Navidad debemos pensar que el Niño que viene adopta esta actitud sacerdotal desde el momento de la encarnación.  
Él es el sacerdote que va a convertirse, Él mismo, en sacerdote y víctima agradable al Padre para purificar a la humanidad.
*       El Evangelio de hoy nos recuerda la primera salida de María llevando en su seno al Verbo. Va de Nazaret a Ain Karem.
Jesús, dentro de María, santifica a Juan que está en el seno materno de Isabel.
Isabel profetiza y felicita la fe de Santa María.
Pidamos a la Virgen María que nos visite para que en esta Navidad, crezcamos en fe y esperanza.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

11 de diciembre de 2015

Texto y audio de la reflexión homilética para el III domingo Adviento, ciclo C

DIOS ESTÁ EN MEDIO DE TI

Llegamos al tercer domingo de Adviento.
Posiblemente los ornamentos de hoy en lugar de morados serán de color rosado.
Al prender una de las cuatro velas de la corona de adviento, te darás cuenta también que la vela tiene el mismo color.
En este tiempo, que para la Iglesia es semi-penitencial, se nos invita a pasar un día rebosante de alegría, hasta el punto que este domingo es llamado en latín de gaudete que significa “alégrense”.
Nos vamos a dar cuenta también de que la mayor parte de las lecturas nos hablan de la alegría.
Ya desde la oración colecta nos encontramos con estas palabras:
“Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y de salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”.
*       En su libro el profeta Sofonías nos habla, en primer lugar, del día del Señor y profetiza muchos castigos a causa de los delitos del pueblo de Israel.
Posteriormente nos dice cómo Dios “dejará de ti un resto” al que describe como “un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor”.
El mismo Sofonías repite dos veces en el párrafo que hoy leeremos, estas palabras de Isaías que encontraremos en el salmo responsorial: “el Señor está en medio de ti”, lo cual debe causar una gran alegría y precisamente de ahí provienen las expresiones gozosas de las lecturas de hoy:
“Regocíjate hija de Sión, grita de júbilo Israel, alégrate y gózate de todo corazón Jerusalén.
El Señor será el rey de Israel, en medio de ti y ya no temerás…”
Después de repetir una vez más Dios está en medio de ti, concluye nuestro párrafo de hoy:
“Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como un día de fiesta”.
*       El salmo responsorial no es propiamente un salmo, sino parte del capítulo doce del profeta Isaías que nos invita también al gozo:
“Gritad jubilosos: qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”.
Al repetir estas palabras como estribillo, te invito a meditar cómo una vez más nos encontramos con la idea tan hermosa de que Dios está en medio de nosotros.
Encontraremos también otras ideas hermosas en el salmo:
“El Señor es mi Dios y salvador… mi fuerza y mi poder es el Señor… Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación”.
*       El apóstol San Pablo, a los filipenses  sus amigos, a quienes llama: “hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona”, les pide con insistencia:
“Estad siempre alegres con el Señor; os lo repito, estad alegres… el Señor está cerca”.
Es evidente que este es el gran motivo de la alegría cristiana. La cercanía de Dios en la que se nos invita a meditar hoy insistentemente, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Recordemos que precisamente Jesús nos dice:
“Donde están dos o más reunidos en mi nombre en medio de ellos estoy yo”.
Debido a esta cercanía Pablo nos invita a que “nada os preocupe; sino que en toda ocasión, en oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios”.
*       En el Evangelio meditaremos cómo la gente, admirando el sacrificio de Juan en el desierto, iba a él como a un gran profeta para preguntarle, después de oír su predicación sobre la penitencia:
“¿Qué tenemos que hacer?”
La respuesta sigue siendo válida: “El que tenga dos túnicas que se las reparta con el que no tiene. El que tenga comida, haga lo mismo”.
A los publicanos les pide que no exijan más de lo establecido.
A los militares que no hagan extorsión ni se aprovechen de nadie.
Pero lo más importante de este párrafo evangélico es la presentación que el Bautista hace de Jesús:
“Yo os bautizo con agua; pero viene el que pude más que yo y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
Esto es lo que la liturgia resalta este domingo. Lo que profetizaron Isaías y Sofonías, lo que pide San Pablo, lo vamos a revivir en la próxima Navidad que ya está cerca.
Procuremos prepararnos construyendo el Nacimiento en familia llenos de ese gozo que nos da el Evangelio que nunca engaña.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

3 de diciembre de 2015

Reflexión homilética para el II domingo Adviento, ciclo C

PREPARANDO EL CAMINO A DIOS

Estamos en el segundo domingo de Adviento.
Las lecturas de hoy vienen llenas de esperanza para el pueblo de Dios y para cada uno de nosotros. Examinemos.
*       El profeta Baruc
No olvidemos la bellísima capacidad que tienen los orientales para personificar las cosas. Jerusalén es un ejemplo importante.
Hoy el profeta Baruc nos presenta a Jerusalén que ha estado vestida de luto por el destierro de sus habitantes y ahora se viste de fiesta porque sus hijos regresan a la patria.
Esos vestidos de lujo son la “justicia de Dios y la diadema de la gloria del Eterno”. A esta Jerusalén, así vestida, el profeta le pide que suba a un monte alto para contemplar a los repatriados que llegan invocando a Dios. De paso, recuerda también, cómo fue la salida al destierro y lo compara con el gozo del regreso.
Para éste, Dios les prepara un camino como el que se hace a los reyes y príncipes de un país.
La descripción es similar a la que nos presenta Isaías (40,4) y que leeremos precisamente en el Evangelio de hoy:
“Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios”.
Todavía un detalle más del Dios enamorado de su pueblo, que hace que los árboles le brinde sombra y aroma agradable mientras camina. Y todo con alegría “porque Dios guiará a Israel a la luz de su gloria con su justicia y su misericordia”.
Pensemos que así nos protege también Dios a nosotros, para que podamos llegar a la casa paterna. Y si hay que volver a la comunión y superar problemas, recuerda que Dios siempre te espera con detalles de amor.
*       El salmo responsorial (125) es uno de los llamados “de las subidas”.
Es el salmo que inspira la confianza de Israel en el Dios que nunca lo abandona.
Dentro de esta maravillosa creatividad, el salmista nos presenta las montañas que rodean a Israel como los brazos de Dios que protegen y cuidan la ciudad de Jerusalén:
“Al ir iba llorando llevando la semilla, al volver, vuelve cantando trayendo sus gavillas”.
Dios acoge a los buenos, que son los suyos, y rechaza a los malhechores.
Te invito a rezar este salmo con recogimiento y paz y verás cómo Dios protege a los que confían en Él.
*       Pablo reza “con gran alegría” por los filipenses que son sus predilectos, porque ellos aprendieron bien las enseñanzas que les dio y se convirtieron en valientes evangelizadores.
Además, siempre estuvieron muy cercanos a Pablo en la cárcel y pruebas que tuvo que soportar. También les ofrece el amor verdadero que brota del Evangelio de Jesús, diciéndoles:
“El amor entrañable con el que os quiero en Cristo Jesús”.
Por otra parte, Pablo nos ofrece una enseñanza hermosa para cuando recemos a Dios por nuestros seres queridos:
“Que vuestro amor siga creciendo más y más en el conocimiento y discernimiento de lo que es importante”.
El final de la lectura empalma con lo que la Iglesia pide en esta primera parte del adviento, es decir, que estemos preparados para llegar cargados de frutos al final de la vida:
“Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús para gloria y alabanza de Dios”.
*       Lucas pone muchos detalles históricos al presentar a Juan el Bautista, sobre el cual vino “la Palabra de Dios” como venía sobre los profetas antiguos.
En el mismo capítulo nos presentará, más adelante, otros detalles con toda la genealogía de Jesús e incluso nos dirá que cuando Jesús salió a predicar “tenía unos treinta años”.
En este domingo vemos a Juan predicando las palabras que profetizó Isaías, de las cuales ya hemos hablado líneas arriba.
*       Las últimas palabras son también muy apropiadas para este segundo domingo de adviento: “Toda carne (todo ser humano) verá la salvación de Dios”, palabras que recordaremos en el versículo aleluyático.
(Hay que tener en cuenta que durante el adviento se suprime el Gloria de la misa, pero se mantiene el aleluya):
“Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Todos verán la salvación de Dios”.

Pidamos a Dios que este adviento nos vaya cargando de méritos para llegar felices al final de la vida a la casa de Dios como servidores fieles.

José Ignacio Alemany Grau, obispo