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15 de junio de 2019

LA SANTÍSIMA TRINIDAD


LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Hoy, día del misterio más grande del cristianismo, la Santísima Trinidad, comenzamos con el verso aleluyático, rezando:
“Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene”.
Meditemos las maravillas que la fe nos enseña sobre este misterio:
El Padre engendra “virginalmente” y sin salir de sí mismo, por vía de pensamiento, al Hijo.
Al conocerse las dos Divinas Personas, Padre e Hijo, se aman tanto que el amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre da vida al Espíritu Santo en un abrazo indescriptible y en una unidad perfecta.
Misterio maravilloso que nunca comprenderemos pero nos hará felices por toda la eternidad.
  • Proverbios
En el Antiguo Testamento se va perfilando un sentido cada vez más profundo de la “Sabiduría”. Pero la comprensión plena de este misterio se ha ido descubriendo poco a poco a través, sobre todo, de los Santos Padres que aplican el nombre de Sabiduría a la segunda Persona de la Santísima Trinidad, e incluso llegan a unir el texto de hoy con el inicio del Evangelio de San Juan.
Por lo mismo podemos leer los dos textos de esta manera:
“Cuando Dios asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a Él como aprendiz... Todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra”… “El Verbo estaba junto a Dios… por medio de Él se hizo todo, y sin Él no se hizo nada de cuanto se ha hecho”.
  • San Pablo
Empecemos recordando que “Dios es amor”.
El apóstol nos enseña que ese Amor está dentro de nosotros:
“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.
Compañía maravillosa que deberíamos recordar siempre con alegría inmensa:
¡Nunca estoy solo, Dios está conmigo!
También nos enseña que estamos en paz con Dios gracias a “la justificación que hemos recibido por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
Sí, es cierto que Dios nos ha hecho justos ante Él, gracias a la muerte y resurrección del Señor Jesús.
Por lo demás, San Pablo nos enseña que hasta podemos gloriarnos en las tribulaciones con esta concatenación de ideas:
“La tribulación produce constancia, la constancia virtud probada, la virtud esperanza y la esperanza no defrauda”.
Ten presente que los sufrimientos de la vida son una riqueza si sabemos unirlos a los de Jesús dentro de su cuerpo místico que es la Iglesia.
  • Salmo responsorial (8)
Nos recuerda en este día:
“Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra”.
Y comenta poéticamente cómo Dios es el Creador de toda la belleza que existe en el universo:
“Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?... todo lo sometiste bajo sus pies”.
  • Evangelio
En el breve párrafo del Evangelio de San Juan, que hoy presenta la liturgia en el ciclo C, conviene que descubramos la actividad de las tres Divinas Personas, que ofrece el texto:
+ El Espíritu Santo nos lleva a la verdad plena y glorifica al Hijo.
+ El Hijo, Verbo de Dios, comunica al Espíritu Santo lo que tiene que decirnos.
+ Y el Padre, fuente y origen de todo, todo lo tiene en común con el Hijo y el Espíritu, de donde deducimos la intimidad profunda que une a las tres Divinas Personas que son un único Dios.
Aprendamos a vivir el gran regalo que nos ha hecho nuestro buen Dios al darnos a conocer su grandeza e incluso ha llegado a pedirnos: “Permanezcan en mi amor” porque “el que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos morada en él”.

José Ignacio Alemany Grau

25 de mayo de 2019

JESÚS NOS HABLA DE LA TRINIDAD


JESÚS NOS HABLA DE LA TRINIDAD


Hoy nos dirá Jesús que el Espíritu Santo nos lleva a la plenitud de la verdad.
Nuestra sociedad rechaza la verdad y prefiere atenerse a ese “relativismo” sin sentido, según el cual no hay ningún absoluto ni personal ni comunitario.
El peligro es grande y nos lleva a terribles injusticias como vemos muchas veces en la práctica.
Pero el hombre ha sido creado por Dios y para Dios.
Esta es nuestra grandeza, por la cual nos debemos el máximo respeto los unos a los otros.
En este domingo nos hablará Jesús de la Trinidad Santa cuya manifestación podemos resumirla de esta forma:
El Padre nos envía al Hijo, que es la verdad, y el Espíritu Santo nos lleva a la verdad que es el Hijo.
De esta manera entramos también nosotros en el misterio trinitario y con ello en el gozo eterno.
  • Hechos de los Apóstoles
Se armó un lío entre los que creían en Jesús y los que se habían convertido a medias, según los cuales había que seguir con las leyes del Antiguo Testamento junto a las normas del Evangelio.
La solución fue hermosa y debemos aprenderla también en nuestros días.
Oraron largamente y pidieron la intervención del Espíritu Santo, que es lo fundamental en todo problema y más cuando se trata de la fe.
Después de orar los apóstoles enviaron una comisión de discípulo de confianza a Antioquía para llevar una respuesta – mensaje.
¡Qué bien suena: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros”!
Cuántas peleas hay entre nosotros y qué pocas veces las solucionamos orando, para poder terminar diciendo también: nos ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros.
Cuántas veces los cristianos somos más políticos que hombres de fe y por eso los problemas se agrandan y la caridad se rompe.
Les invito a profundizar estas palabras escritas últimamente por el Papa Benedicto XVI:
“De hecho hoy la Iglesia es vista ampliamente solo como una especie de aparato político. Se habla de ella casi exclusivamente en categorías políticas y esto se aplica incluso a obispos que formulan su concepción de la Iglesia del mañana casi exclusivamente en términos políticos. 
La crisis causada por los muchos casos de abusos de clérigos, nos hacen mirar a la Iglesia como algo casi inaceptable que tenemos que tomar en nuestras manos y rediseñar. Pero una Iglesia que se hace a sí misma, no puede constituir esperanza”.
Esto es muy serio sobre todo porque no faltan católicos que hablan de hacer una “Iglesia nueva”, olvidando que solo movidos por el amor del Espíritu Santo podremos renovar la Iglesia fundada por Jesucristo.
  • Apocalipsis
Con su gran imaginación y creatividad el apóstol Juan nos presenta, al final del libro, a Jesús como una luz de la que habló Él mismo: “Yo soy la luz del mundo”.
Estas son las palabras: “La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero”.
También dice que “esta ciudad no tiene santuario porque su Santuario es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero”.
Tema para meditar: Jesús Cordero es el Santuario y la luz en la Jerusalén celestial.
  • Evangelio
En  el Evangelio Jesús nos revela el misterio de la Santísima Trinidad y la relación entre las tres Personas.  Con esto nos invita a una meditación profunda para que descubramos la grandeza de nuestra fe, por una parte, y por otra, no nos quedemos en simples teorías hablando de la Trinidad Santa sino que ella sea la Vida de nuestra vida.
Veamos algunas claves para nuestra meditación:
+ El amor verdadero en el discípulo le lleva a guardar la Palabra.
Esta Palabra, el Verbo, es la segunda Persona de la Santísima Trinidad y lo maravilloso es que el amor a la Palabra nos trae el amor del Padre.
El amor del Padre y de la Palabra es el Espíritu Santo y el gran regalo de la Santísima Trinidad es que las tres divinas Personas “moran”, es decir, permanecen en el corazón del discípulo.
Acoger al Verbo es acoger al Padre y con Él al Espíritu Santo.
+ También nos dice hoy Jesucristo que el Espíritu Santo, a quien llama nuestro “Defensor”, será quien nos enseñe todo lo que nos ha dicho Jesús.
+ Finalmente, Jesús nos ofrece la paz, que no es la paz de este mundo engañoso, sino la paz verdadera que brota de la seguridad de ser amados de Dios y tenemos asegurada una eternidad feliz.
Amigo, procura pedir al Espíritu Santo que te lleve de verdad, y no solo en teoría y palabras vacías, a conocer y vivir el misterio de la Santísima Trinidad.

José Ignacio Alemany Grau

10 de junio de 2017

NUESTRA FE EN LA TRINIDAD SANTA


Reflexión homilética sobre la Santísima Trinidad
Hoy es un día muy especial para la liturgia, es decir para la Iglesia y para nuestra vida personal.
La Iglesia nos habla de este misterio en el domingo siguiente a Pentecostés, pero todo el año y siempre nos está invitando a hacer cada una de nuestras obras en honor de la Santísima Trinidad. Por otra parte, en todas las oraciones que hace la Iglesia invoca a nuestro Dios uno y trino.
Qué santa sería una persona que cuando hace cualquiera de las cosas, aún más sencillas de la vida, repite con atención y amor:
Esto lo hago en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
De todas formas vamos a las lecturas del ciclo A donde encontraremos grandes enseñanzas para meditarlas y amarlas.
*       La primera lectura
Nos presenta la definición que Dios da de sí mismo a Moisés:
“Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”.
Te invito a que de esta lectura del Éxodo saques una conclusión muy importante para tu vida y para conocer el corazón humano que busca a Dios inconscientemente: es el hambre de Dios.
Moisés no se contenta con la visión mística que le ha regalado Dios, sino que le pide con todas sus fuerzas y en una actitud muy humilde, echado por tierra:
“Que mi Señor vaya con nosotros”.
A pesar de las infidelidades Moisés seguirá exigiendo a Dios que lo acompañe siempre y no solo a él sino al pueblo que Dios se ha escogido.
*       Un saludo especial
En la Santa Misa, con frecuencia oyes este saludo inicial, después de haber invocado a la Santísima Trinidad:
“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con todos vosotros”.
¿Sabes de dónde viene este saludo especial?
De la carta de San Pablo a los corintios que leemos hoy.
En este saludo se pide la bendición del Dios uno y trino para toda la asamblea que participa en la Eucaristía.
Ahí tienes nombrada, de una manera concreta, a las tres Divinas Personas.
Después de meditar este saludo, te invito a reflexionar en las primeras palabras del parrafito de hoy. Son muy importantes:
- Es una invitación a la alegría, cosa que frecuentemente nos repite San Pablo.
- Viene después la invitación a la conversión.
- También pide que nos animemos unos a otros, porque muchas veces en la vida necesitamos unas palabras de aliento.
- Finalmente, el apóstol nos pide que vivamos en paz teniendo unos sentimientos comunes entre todos, como nos dirá San Lucas que los tenía la primera comunidad cristiana:
“Tenían un solo corazón y una sola alma”.
*       Verso aleluyático
Es una invitación a la alabanza.
La liturgia continuamente nos pide a glorificar a Dios con estas palabras:
“Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”.
Lo repetimos al comienzo de las Horas del Oficio Divino y al final de cada uno de los salmos.
Y es que lo más grande que puede hacer una criatura es glorificar a su Señor.
*       Evangelio
En cuanto al Evangelio, hoy nos encontramos con las palabras tan conocidas de Jn 3,16.
Si profundizas las primeras palabras, te das cuenta de que al hablar del “amor” habla del Espíritu Santo; al hablar de Dios habla del Padre y al hablar del Hijo unigénito se refiere a la segunda Persona de la Santísima Trinidad.
La obra de amor de la Santísima Trinidad ha sido, pues, entregarnos al Verbo, encarnándolo, para que podamos tener vida eterna.
En este párrafo del Evangelio encontramos también una respuesta muy clara para quienes preguntan por qué, si Dios es bueno, condena a los pecadores. Medita le respuesta:
“El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.
Está claro que cada uno se prepara la salvación o la condenación, según que acepte o rechace libremente al Verbo encarnado, Jesucristo.
*       Prefacio
Finalmente, en el Prefacio encontrarás, de una manera clara, lo fundamental que la Iglesia nos pide creer con respecto a nuestro Dios que es Trinidad:
 “Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor;  no una sola Persona sino tres Personas en una sola naturaleza”.
Esto lo creemos solo porque Dios nos lo ha revelado, como un signo de su bondad. Por eso, “al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.
En este hermoso día te invito a que, en un momento libre, te encierres dentro de ti mismo y medites este gran misterio que llevas dentro de ti desde el día del bautismo:
¡Dios vive en mi corazón!

José Ignacio Alemany Grau, obispo

20 de mayo de 2016

EL MISTERIO MÁS GRANDE: LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Amigos, hoy es un día muy importante. Es el día que celebramos el misterio más grande y maravilloso de nuestra fe: la Santísima Trinidad.
Mi reflexión quiere ser una alabanza del principio al final:
*       “Bendito sea Dios Padre, y su Hijo unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros”.
Es la antífona de entrada porque la liturgia quiere que desde el inicio glorifiquemos a la Santísima Trinidad.
*       Repite también este verso aleluyático (y no “te pases” creyendo que lo sabes todo de memoria):
“Gloria al Padre Y al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene”.
¿Qué celebramos hoy?
*       Nos lo dice el prefacio. Es el misterio de un Dios en tres Personas:
“Padre Santo… que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola persona, sino tres Personas en una sola naturaleza.
Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción.
De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.
Breve y concisa, pero una clara presentación del misterio que conviene meditar mucho.
Toda oración oficial en la Iglesia de Jesús es a Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo.
*       Recemos la oración colecta del día y lo verificaremos:
“Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de verdad y el Espíritu de santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa”.
Aparte de hablarnos esta oración de las tres Divinas Personas, tenemos en la conclusión de siempre estas palabras:
“Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos”.
(Qué pena que muchos hagan una conclusión breve en vez de esta hermosa conclusión de toda oración oficial.)
Cada domingo es fiesta de la Santísima Trinidad que se nos manifiesta en la pascua de Jesús.
Muchas veces al día repetimos que todo lo hacemos en el nombre de la Santísima Trinidad cuando decimos: “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Por otra parte la Iglesia nos enseña que somos la familia de Dios:
“Somos un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Fíjate cómo en todos los documentos y oraciones la Iglesia dice “en el nombre del Padre Y del Hijo Y del Espíritu Santo”, aunque a la hora de rezar todos suelen suprimir la Y griega que pone igualdad total en lo que une… Vuelve a leer esta expresión del misterio y fíjate si digo la verdad.
Vayamos a las lecturas del día:
*        Proverbios
Este párrafo de la Sabiduría es muy especial y profundo.
Se aplica al Creador de todo, a la Sabiduría divina.
Los Santos Padres, relacionándolo con el prólogo del Evangelio de San Juan, lo refieren a Jesús:
“Por medio de Él se hizo todo y sin Él no se hizo nada de cuanto fue hecho”.
La liturgia refiere también esta lectura a la Virgen María, predilecta de Dios.
Te invito a hacer este hermoso ejercicio:
Lee estos versículos (Prov 8,22-31) pensando en Jesús, Verbo encarnado.
Luego lee estos versículos pensando que se refieren a María.
Así harás una bella oración.
*        San Pablo nos ofrece hoy este bellísimo versículo:
“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.
Medita:
¡¡Dios te ha regalado su Espíritu!! Para que viva dentro de ti con el Padre y el Hijo, ya que son inseparables las tres Personas… así te convierten en un templo, como enseña el mismo Pablo.
*        En el Evangelio recordamos este misterio tan repetido los últimos días:
Jesús promete el Espíritu que está en el Padre, para que nos lleve a la plenitud de la verdad.
Nos lo regalan para nuestra santificación.
*        Como respuesta hagamos la bella oración del salmo 8:
“Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra”.
Finalmente te invito a repetir hoy con alegría: desde el bautismo tengo a Dios dentro de mí y lo llevo a todas partes:
¡Tengo un tesoro! ¡Soy rico! ¡Soy feliz!
Gracias Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

28 de mayo de 2015

Reflexión Dominical sobre la Santísima Trinidad, ciclo B

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

A veces entre los católicos nos reímos porque hay personas muy ignorantes en la fe (más o menos instruidas en lo humano) que si se les pregunta quién es la Santísima Trinidad contestan mostrando un desconocimiento total.
- Por ejemplo dicen: es una Virgen.
- Ah, la imagen del viejito.
- Una vez me contestó una persona, en concreto: Ah, sí, tres: Santa Rosa, San Martín y la Virgen María.
Qué pena que sepamos tan poco.
Permíteme, amigo, un consejo antes de seguir adelante. Pregúntate a ti mismo: ¿qué sé yo en cuanto a la Santísima Trinidad?
Veamos ahora las enseñanzas de la liturgia en esta fiesta muy especial de la Santísima Trinidad.
Reflexiona y goza pensando qué grande es nuestro Dios.
*    La oración colecta, es decir la que recoge las enseñanzas fundamentales del día.
Recordamos en ella que el Padre ha enviado al mundo la Palabra de la verdad, es decir, a su Hijo encarnado en el seno de Santa María y al Espíritu de santificación el día de Pentecostés. Ambos nos revelan el admirable misterio de la Santísima Trinidad. Por eso le pedimos tres cosas importantes para nuestra vida de fe:
-          “Profesar la fe verdadera”, es decir, el tesoro maravilloso de la revelación.
-          “Conocer la gloria de la eterna Trinidad”;  glorificar a Dios es la misión más grande de toda criatura.
-          “Y adorar su unidad todopoderosa”, es decir que, siendo Tres Personas, es un único Dios y cada una de las Personas es todopoderosa.
*    El prefacio del día es también la presentación del gran misterio trinitario.
Así nos enseña que el Padre, “con su Hijo y el Espíritu Santo es un solo Dios, un solo Señor; pero no una sola persona sino que son tres Personas distintas en una sola naturaleza, es decir en un solo Dios.
Por eso, lo que creemos respecto a la gloria del Padre, porque así Él mismo nos lo ha revelado, lo afirmamos tanto del Hijo como del Espíritu Santo, sin ninguna distinción.
Por eso nuestra fe nos lleva a adorar tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.
Como ves, si te preguntan quién es la Santísima Trinidad, la liturgia te está dando unas respuestas muy claras para tu meditación y para que puedas enseñar a otros.
De todas maneras el misterio de la Santísima Trinidad no solamente es profundo sino lo más maravilloso de nuestra fe.
*    El Deuteronomio, que como sabemos pertenece todavía al Antiguo Testamento, nos habla de la grandeza del Dios de Israel.
Nos presenta las maravillas de Dios, pero no la Santísima Trinidad, porque era un misterio desconocido para ellos.
Podemos  reflexionar cómo resalta la gloria de Dios:
“¿Hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído la voz del Dios vivo hablando desde el fuego y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso?”
A continuación presenta el corazón de la fe del Antiguo Testamento que es el monoteísmo:
“Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro”.
*    Salmo (32). Dichoso tú, amigo, porque tú perteneces a la herencia de Dios, Dios es mi herencia:
“Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad”.
Como ves, Dios, ya desde el Antiguo Testamento nos advierte que Él es quien nos ha escogido.
Reflexiona personalmente, en las enseñanzas del salmo, mientras repites el estribillo.
*    San Pablo enseña a los romanos que este Dios tan grande es nuestro Padre y nosotros sus hijos. ¿Por qué?
“Habéis recibido no un espíritu de esclavitud para recaer en el temor (recuerda que un cristiano no puede vivir del miedo) sino un espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: ¡Abbá, Padre!”.
Ahora el Espíritu y nuestro espíritu han llegado a ponerse de acuerdo, para decir que somos hijos de Dios.
Ser hijo de Dios comporta también una herencia. Nuestra herencia es Dios y la compartimos con Cristo “si sufrimos con Él para ser también con Él glorificados”.
*    El Evangelio de San Mateo se ha escogido en este día porque en él hay una manifestación trinitaria cuando Jesús, antes de subir al cielo, les dice a los suyos:
“Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Desde entonces en la Iglesia todo se hace “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Pero sobre todo, el bautismo cristiano se hace en nombre de la Santísima Trinidad como te lo hicieron a ti, cuando derramando el agua, pronunciaron las palabras que mandó Jesús.
Como ves, cuánta riqueza nos ha dejado el Señor al revelarnos el misterio más grande de nuestra fe: la Santísima Trinidad. Recuerda siempre que la Trinidad Santa habita en tu corazón: “Vendremos a él y haremos nuestra morada en él”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

12 de junio de 2014

Solemnidad de la Santísima Trinidad, Ciclo A

Y LOS TRES SON UNO
“Los confío hoy a la Santísima Trinidad. Por ella los introduciré dentro de poco en el agua y los sacaré de ella. Se la doy como Compañera y Patrona de toda su vida”.

Son palabras de san Gregorio Nacianceno dirigidas a los que iba a bautizar.

Permíteme unas preguntas antes de empezar nuestra reflexión.

¿La Santísima Trinidad es tu Protectora de verdad? ¿Es tu confidente? ¿Es tu amiga?

¿La recuerdas, la invocas?

Se te metió dentro para cuidarte mejor. Siempre te acompaña:

¿La cuidas como el mejor tesoro que tú tienes?

Examinemos ahora lo que nos enseña la liturgia del día y profundicemos.

Comenzamos con el prefacio:

La liturgia dirigiéndose al Padre dice: “que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola persona sino tres personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción.

De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad…”

No digas que es difícil entender lo que dice este prefacio y te quedas tranquilo.

La verdad es que se trata de un misterio y lo limitado no puede captar lo infinito.

Nunca un vaso pequeño podrá recibir toda el agua de un torrente.

Darle a uno la tarjeta personal es, entre nosotros, una invitación a entablar la amistad.

Pues bien, Dios nos reveló su nombre, que es su tarjeta personal, y para que nos pudiera llegar nos envió al Hijo de la familia divina. 

Enviar un hijo a visitar a alguien es abrirse a la familia visitada.

El Padre envió al Hijo y Él nos ha revelado las maravillas de Dios:

- Dios nos quiere con ternura y nos cuida como el mejor padre.

- Él nos alimenta con sus dones materiales y con sus bienes espirituales.

- Y además, Dios se nos metió dentro para cuidarnos mejor.

- Y tantas otras maravillas, por ejemplo la que recoge la colecta de hoy sobre las “misiones” divinas.

“Dios todopoderoso que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar la unidad todopoderosa”.

Quizá te ha extrañado que yo te haya hablado de “misiones”. Se llaman misiones en la Trinidad los envíos que ha realizado y son dos, como leímos en esta oración:

El Padre envía al Hijo (la “Encarnación”) y el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo (“Pentecostés”).

Al decirnos también la Escritura que Dios nos creó a su imagen y semejanza nos anima a hablar con Dios, a ver en la Trinidad el mejor modelo de tu familia, de tu grupo o de tu comunidad.

Vayamos ahora a los otros textos de la Santa Misa de hoy:

El Éxodo nos recuerda la definición que Dios dio de sí mismo en el Antiguo Testamento:

“Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”.

Apoyado en este texto Moisés pedirá a Dios que les acompañe a él y a su pueblo “aunque éste es un pueblo de dura cerviz” y con la misma confianza en su misericordia pide “perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya”.

El salmo responsorial recoge unos versículos de las alabanzas del libro de Daniel:

“Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso”.

En la segunda lectura Pablo nos dice estas palabras que nos suenan tan familiares a todos porque con ellas nos saluda el sacerdote al comienzo de la Misa:

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos ustedes”.

El Evangelio nos presenta el amor infinito del Padre que nos envía a su Hijo para demostrarnos su amor, palabras muy conocidas pero quizá poco meditadas por nuestra parte:

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por Él”.

Para terminar un consejo.

Cada vez que repitas “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, piensa bien lo que dices para que todo lo que hagas después de decir estas palabras, lo hagas de verdad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y que nunca tengas que avergonzarte de lo que haces después de este ofrecimiento.

Por el contrario que tus palabras y tu conducta glorifiquen a la Trinidad Santa.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

24 de mayo de 2013

La Santísima Trinidad, ciclo C

EL GRAN MISTERIO 

Comenzamos con la oración del día pidiendo: “Dios Padre todopoderoso que has enviado al mundo la Palabra de la Verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa”. 

Toda la liturgia hoy está impregnada de este misterio que es el más grande de nuestra fe. 

Relee la oración y verás cómo enseña que el Padre nos envía a Jesús, Verbo encarnado y al Espíritu Santo, para que podamos descubrir que hay un solo Dios y en Él tres Personas maravillosas. 

Cuando el Papa Benedicto XVI abrió el Año de la Fe nos escribió que la “puerta de la fe” la atravesamos con el bautismo “con el que podemos llamar a Dios con el nombre de PADRE, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del SEÑOR JESÚS que, con el don del ESPÍRITU SANTO, ha querido unir en su misma Gloria a cuantos creen en Él”. 

Así comienza la carta Porta fidei resaltando el misterio trinitario. Y continúa el Padre hablando del mismo misterio: 

“Profesar la fe en la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), equivale a creer en un Dios que es Amor: el PADRE que en la plenitud de los tiempos envió a su HIJO para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el ESPÍRITU SANTO que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor”. 

Algunos católicos dicen que no hay que hablar de la Trinidad porque es un misterio que no podemos entender. Es cierto que no lo podemos entender, pero hay que hablar de él y vivirlo porque la Santísima Trinidad, es decir, un solo Dios y tres Personas es la revelación más grande que nos ha hecho nuestro buen Dios. 

En cuanto a las lecturas de hoy, debemos profundizarlas porque en ellas, de manera especial la segunda y el Evangelio, encontramos bellas enseñanzas sobre la Trinidad. 

El libro de los Proverbios nos habla de la Sabiduría de Dios. Entendemos que el Verbo es esta Sabiduría y que la Biblia lo presenta actuando en la obra de la creación junto con el Dios Creador, es decir, el Padre. 

San Pablo nos recuerda que “hemos recibido la justificación por la fe y estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”. 

También aquí Pablo nos presenta la Santísima Trinidad porque es el PADRE el que nos justifica mediante su HIJO Jesús y nos da su amor por medio del ESPÍRITU SANTO. 

El Evangelio nos invita también a meditar el mismo misterio. 

“Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena… Él me glorificará porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará”. 

Sabemos también que cuando la liturgia tiene un prefacio especial nos presenta en él la esencia de la fiesta. Meditémoslo: 

Dios Padre “que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola persona, sino tres Personas en una sola naturaleza”. 

Es decir que hay un solo Dios y tres Personas y añade: 

“Lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y también del Espíritu Santo sin diferencia ni distinción”. 

Aunque son tres Personas, tienen la misma naturaleza porque son un solo Dios. 

Por eso “al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad adoramos tres Personas distintas de única naturaleza e iguales en su dignidad”. 

Ésta es la Trinidad que alabamos y glorificamos día a día como nuestro único Dios y Señor. 

Finalmente, el salmo responsorial nos invita a glorificar a nuestro Dios: 

“Señor, Dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra”. 

Siempre que nos santigüemos con esa oración tan simple que la Iglesia nos invita a repetir, hagámoslo con fe, pensando en el misterio más grande: 

“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

31 de mayo de 2012

Santísima Trinidad

“Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro”. 

Éste es el corazón del mensaje revelado por Dios a la humanidad en el Antiguo Testamento: Hay un solo Dios. 

“Cuando llegó la plenitud de los tiempos Dios envió a su Hijo nacido de mujer”. 

Él viene para completar la revelación y darnos a entender que tenemos “un amor de Dios” o dicho de otra manera, “un Dios amor” y que este amor es Trinidad. 

El prefacio del día nos resume la esencia del misterio trinitario: 

“Dios Padre… con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona sino tres Personas en una sola naturaleza. 

Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y también del Espíritu Santo sin diferencia ni distinción. 

De este modo, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”. 

En el salmo responsorial repetiremos: “Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad”. 

Es importante tener en cuenta esto: Dios es quien escoge: su amor va siempre por delante. 

En el Antiguo Testamento fue Dios mismo el que escogió a Israel como pueblo suyo. Después, en la nueva alianza, Él mismo escoge a su Iglesia abierta a todos los pueblos. 

Esta idea es la misma que repetirá Jesús: 

“No me eligieron ustedes, fui yo quien los elegí”. 

Éste es el único Dios verdadero, Creador de todas las cosas, del que decimos en nuestra profesión de fe: 

“Creo en un solo Dios”. 

Y este único Dios es Padre y fuente de vida de cuanto existe. 

Para manifestarnos su amor, nos envió primero a su Hijo a fin de que podamos conocerlo a Él. Jesús es el rostro visible del Padre invisible. 

Más tarde nos envió al Espíritu Santo, para enseñarnos que, al Dios inmenso e infinito, lo podemos llamar Padre porque así lo es en verdad. 

De esta manera nos queda claro que, habiendo un solo Dios, en Él hay tres Personas: 

El que engendra, el engendrado y el que procede del amor de ambos. 

También podemos decirlo así: 

El que ama, el amado y el amor entre ambos. 

(Medita esto en oración. Te hará bien.) 

Me imagino que ahora quieres saber si tú, de verdad, eres un hijo de Dios. La respuesta te la da San Pablo en el párrafo de la carta a los Romanos que leemos hoy: 

“Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios”. 

Somos hijos de Dios porque nos lo dice el Espíritu que es Dios, y por serlo, somos también hermanos de Cristo. Con Él compartimos la vida divina en el tiempo y con Él participaremos de su misma herencia que es Dios. 

Recuerda que, desde el principio de tu vida, estás marcado por el Espíritu de Dios en la fuente bautismal. Él habita en ti y te enseña a llamar Abbá (Padre) a Dios. 

Fuiste bautizado porque Jesús mandó a los apóstoles, como nos dice el Evangelio de hoy: 

“Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. 

Por eso los católicos repetimos dos oraciones breves pero llenas de sentido. 

Una de alabanza:
- “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”. 

Otra de ofrenda con la que ponemos en las manos de Dios todo lo que hacemos continuamente: 

- “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. 

Vivir estas dos breves oraciones nos puede llevar a la perfección que nos pidió Jesús: 

“Sean perfectos como su Padre celestial”. 

Para que esto pueda ser una realidad Jesús nos promete acompañarnos según el Evangelio del día: 

“Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. 

Con Jesús todo es posible.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

16 de junio de 2011

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, CICLO A

EL MAYOR MISTERIO CRISTIANO
Celebramos en este día el misterio más grande del cristianismo.
No faltan personas que digan que no saben nada de la Santísima Trinidad e incluso, cuando se pregunta en los grupos no falta quien diga que ni se acuerda de la Santísima Trinidad ni sabe nada de ella.
Sin embargo, todos ellos se santiguan diariamente más de una vez, repitiendo unas palabras que por sí mismas, ponen en manos de Dios todo lo que ellos hacen en el día:
“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Hoy celebramos este gran misterio. La primera de todas nuestras verdades de fe: que hay un solo Dios y en Él tres Personas distintas.
Comencemos recordando la bella oración del día:
“Dios Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa”.
Profundizando estas palabras, podrás vivir mejor esta gran fiesta litúrgica.
La primera lectura está tomada del Éxodo. Moisés sube al monte Sinaí, llevando dos tablas de piedra, como le había pedido Dios.
Entonces el Señor bajó en la nube y se quedó con él. Moisés tuvo la suerte de escuchar cómo Dios se definía a sí mismo. Una definición que nos llena de esperanza:
“Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”.
Este es nuestro Dios. El único Señor.
El salmo responsorial, por su parte, no puede hacer otra cosa que glorificar al Señor, al Dios de nuestros padres, al único Señor. Por eso repite: “Gloria, alabanza, bendito…”.
San Pablo enseña a los corintios estas palabras que son el saludo más frecuente del sacerdote al comienzo de la santa misa:
“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros”.
En el Evangelio leemos la prueba más grande del amor de Dios para con la humanidad: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”.
Con esta entrega, queda claro lo que Dios busca al darnos a su Hijo: la salvación.
Por otro lado, en la antífona de comunión, san Pablo recuerda a los gálatas: “como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abba, Padre!”. Así descubrimos la bondad infinita del Padre que nos envío su Hijo y su Espíritu Santo.
La meditación más completa, sin embargo, y la que mejor centra la fe en la Santísima Trinidad la encontramos en el prefacio. Leamos y reflexionemos:
“Dios todopoderoso y eterno… que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona sino tres Personas en una sola naturaleza”.
No se nos manda entender sino aceptar el gran misterio. El único Dios, creador de cuanto existe, no es una persona solitaria o aburrida, sino que es una Trinidad feliz que comparte la única naturaleza, como decimos en el catecismo: Un solo Dios y tres Personas distintas.
“Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción”.
Es importantísimo, por tanto, que entendamos que las características y perfecciones que tiene el Padre son exactamente iguales a las de las otras dos Personas. No hay distinción ni diferencia ninguna entre ellas.
“De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.
Esta última parte del prefacio nos repite una vez más la esencia de nuestra fe: hay un solo Dios y esta única naturaleza la poseen por igual las tres divinas Personas.
Lo más bello del misterio trinitario, para nosotros, es que las tres Personas habitan por la gracia en nuestro interior… “vendremos a él y moraremos en él”.
Terminemos, pues, repitiendo:
“Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”.

José Ignacio Alemany Grau, Obispo