19 de julio de 2026

En el reino del Padre - Domingo XVI del tiempo ordinario – ciclo A

 

En este domingo la liturgia destaca la importancia que tiene Dios en nuestra vida. Él es el único Señor que dirige la creación entera, obra de su poder.

  • Libro de la Sabiduría

Nos enseña que «fuera de ti no hay otro Dios al cuidado de todo». Solamente Dios, por su esencia, es capaz de justificar todas sus obras.

El poder de Dios es tan inconmensurable que solo Él puede otorgar su perdón a todos nosotros.

Preparémonos para vivir de tal forma que Dios nos justifique. Solo Él «tiene la dulce esperanza que aún en el pecado se produzca el arrepentimiento».

  • Salmo 85

«El Señor es bueno y clemente, rico en misericordia con los que le invocan».

Al Señor acudimos con nuestra simplicidad de corazón y le pedimos que escuche nuestras peticiones por su misericordia».

Es muy importante lo que viene a continuación:

«Tú, Señor, eres clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal».

A este único Dios pedimos compasión y misericordia.

  • San Pablo

En su Carta a los romanos, el Apóstol nos enseña que el Espíritu Santo «viene en ayuda de nuestra debilidad porque nosotros no sabemos pedir lo que conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables».

Muy importante es confiar en el Espíritu Santo porque Él aclara las peticiones de los hijos de Dios e intercede ante el Padre por todos nosotros.

  • Verso aleluyático

Una vez más se repite en este día que son los sencillos quienes consiguen conocer a Dios y pedirle con confianza:

«Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla».

  • Evangelio

Es importante meditar, en esta cita del Evangelio de San Mateo, cada una de las comparaciones que presenta Jesús para decirnos cómo es el reino de los cielos:

+ El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla y de noche el enemigo, sobre el mismo campo, sembró cizaña.

Los obreros preguntan: «¿quieres que vayamos a arrancarla?».

Pacientemente contesta el señor: No, porque pueden arrancar al mismo tiempo el brote bueno.

En ésta, como en las otras parábolas, veremos siempre la misericordia del Señor para con las personas que tengan fe.

+ Después de esta parábola, Jesús habla (aunque no haya obligación de leerlas en este domingo) del reino de los cielos que se parece a un grano de mostaza…

+ A continuación, el Señor compara el reino de los cielos con la levadura que una mujer amasa con tres medidas de harina y todo fermenta.

Cuando los discípulos se encuentran a solas con Jesús, en su casa, le piden explicaciones sobre la parábola de la cizaña.

Jesús, con detalle, les explica y el resumen está claro:

El sembrador es inmejorable, es Él mismo.

La semilla siempre es buena si la echa el Sembrador y, sin embargo, no falta gente en un campo bien dispuesto que quiere sembrar la mala semilla para estropear la cosecha.

Cuidemos entonces la semilla que Jesús ha puesto en nuestro corazón y «los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


12 de julio de 2026

ACOJAMOS LA PALABRA DE DIOS - Domingo XV del tiempo ordinario – ciclo A

En este domingo, tanto Jesús en el Evangelio, como las primeras lecturas nos hablan de la necesidad de la lluvia, símbolo de la Palabra de Dios, para producir un fruto que valga.

  • Isaías

En un párrafo muy breve nos compara la Palabra de Dios con la lluvia y la nieve que hacen fecunda la tierra. Por su parte, Dios espera que su Palabra no regrese vacía a su fuente, sino que sea eficaz para que, quienes la reciban, hagan la voluntad de Dios y de esta manera se purifiquen y santifiquen.

  • Salmo 64

Se repite la comparación entre la semilla que da fruto y la Palabra de Dios que es fecunda en los corazones abiertos a su voluntad:

«La semilla cayó en tierra buena y dio fruto».

El Señor cuida de la tierra:

«La riegas y la enriqueces sin medida. La acequia de Dios va llena de agua» que favorece el fruto abundante.

Y así, con diversos detalles, el salmo alaba la fecundidad de la tierra por voluntad del Señor.

  • San Pablo

Empieza este párrafo de la Carta a los romanos diciendo:

«Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación… está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios».

A continuación, el apóstol nos explica que la naturaleza está sometida a la frustración porque uno la sometió. Sin embargo, es «con la esperanza de que la creación misma se verá liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios».

Por este motivo San Pablo hace esta comparación: «La creación entera está gimiendo con dolores de parto», pero lo más importante es que «nosotros poseemos las primicias del Espíritu y gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo».

Así nuestra vida debe glorificar a Dios porque a pesar de tanta maldad y pecado, la misericordia infinita del Señor hace fecunda nuestra vida hasta ser glorificados en Cristo.

  • Verso aleluyático

Hace alusión al Evangelio de este día y nos invita a meditar:

«La semilla es la Palabra de Dios; el sembrador es Cristo. Quien encuentra a Cristo vive para siempre».

  • Evangelio

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús sentado y toda la multitud escuchando ávidamente sus palabras.

En esta ocasión les habló con la parábola del sembrador.

Un sembrador (símbolo de Cristo) tenía abundancia de semilla y la esparció por todas partes. Esta semilla simboliza, ni más ni menos, el mensaje que trae la Palabra de Dios.

Jesús mismo explica a sus oyentes lo que sucedió con esa Palabra.

Cuando los apóstoles le piden a Jesús que les explique a ellos esta parábola, les dirá:

La semilla es el mensaje, la Palabra de Dios; una parte cayó en el camino y los pájaros se la comieron; es decir, se perdió la Palabra.

Otro poco de semillas cayó en terreno pedregoso y con la salida del sol se abrasó y quemó, porque no había echado raíces.

Parte cayó entre zarzas y estas ahogaron el brote que apenas nacía.

Finalmente, parte cayó en tierra buena y dieron fruto abundante: «unos ciento; otros sesenta; otros treinta».

De esta manera Jesús compara la predicación de la Palabra según la capacidad de acogida que tiene cada corazón. A algunos no les importa nada su mensaje; otros aparentan interés; otros comienzan a actuar bien, pero se dejan arrastrar por malas compañías, malos ejemplos, ideologías modernas… Y finalmente, y es lo que nos importa a nosotros, la Palabra de Dios es oída, penetra en los corazones buenos y fecundos que la acogen y viven con fidelidad. Estos se santifican y glorifican a Dios.

Recordemos siempre que nuestra obligación primera es oír la Palabra y ponerla en práctica, como Jesús mismo decía: «Siempre hago lo que agrada a mi Padre».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista