3 de octubre de 2026

¿TE PREOCUPAS POR DAR FRUTO?

 

Las lecturas de este domingo van en una misma dirección: tenemos la responsabilidad ante Dios de dar fruto y fruto abundante.

  • Isaías

El profeta define a Israel como una gran viña que Dios ha cuidado con esmero y a la hora de ir a cosechar el fruto se encuentra con que, en vez de uvas las plantas dan agrazones, es decir, una especie de uva amarga que no es fácil de comer.

Ante tal resultado, Isaías nos presenta la ira de Dios por la ingratitud que encuentra en su pueblo predilecto:

«¿Qué más cabía hacer por mi casa que yo no haya hecho? ¿Por qué esperando que diera uvas dio agrazones?».

Prácticamente Dios destruye físicamente la viña cuidada con tanto cariño y la deja al descubierto para que toda clase de alimañas aprovechen de ella.

Muy duro y realista es el profeta al poner estas palabras en la boca de Dios:

«La viña de la casa del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Espero de ellos derecho, y ahí tenéis, asesinatos; espero justicia, y ahí tenéis: lamentos».

Es muy importante lo que dice el profeta: no se trata de fructificar según nuestro capricho sino según el querer de Dios.

  • Salmo 79

Es una oración de arrepentimiento por parte de Israel ante su propia actitud de ingratitud frente a la misericordia y regalos de Dios.

Creo que este salmo nos debería hacer pensar cómo es la respuesta de nuestra vida al plan de Dios que ha tenido hasta ternura y detalles inimaginables.

El salmo termina pidiendo a Dios que tenga misericordia frente a toda esa ingratitud:

«Dios de los ejércitos vuélvete, mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña; la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa».

  • San Pablo

El apóstol le pide a la comunidad de Filipos que confíe en la providencia de Dios:

«Nada les preocupe, sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica con acción de gracias, sus peticiones sean presentadas a Dios».

Esta confianza en Dios hará que todos nosotros sintamos «que la paz de Dios que supera todo juicio custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús».

Todo esto parece muy sencillo, pero no es fácil ceder en nuestras opiniones y confiar todo a la Divina providencia.

Finalmente, Pablo se pone como ejemplo:

«Lo que aprendieron, recibieron, oyeron, vieron en mí, pónganlo por obra. De esta manera el Dios de la paz estará con ustedes».

  • Verso aleluyático

Nos hace ver que somos privilegiados por Dios que nos ha escogido entre todos los seres del mundo para que demos fruto y fruto abundante:

«Yo los he elegido del mundo para que vayan y den fruto y su fruto permanezca».

En estas breves palabras encontramos el gran secreto que encierra la reflexión de este domingo.

  • Evangelio

Se trata de una parábola muy clara y muy dura al mismo tiempo.

Dios, empeñado en preferir a su pueblo Israel y siguiendo con la comparación de la viña, repite cómo a todos los enviados por el Señor para recoger el fruto de la viña los apedrean y matan los labradores que quieren adueñarse de la viña del Señor.

Finalmente, «por último envío a su hijo diciéndose: “tendrán respeto a mi hijo”», pero los viñadores se dijeron: «Este es el heredero, vengan, lo matamos y nos quedamos con su herencia».

Terrible realidad que hicieron los labradores con el hijo de Dios: lo sacaron de Jerusalén y lo crucificaron.

Jesús mismo dice: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores».

¡Cuidado! Meditemos bien y no nos quedemos con las apariencias, sino con la misericordia del Señor a la que fácilmente traicionamos por egoísmo o ligereza.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

26 de septiembre de 2026

DI QUE SÍ A DIOS Y OBRA EN CONSECUENCIA

El Evangelio de este domingo nos invita a ser consecuentes con la palabra que damos a Dios y no andar jugando a las «escondidas» con Él.

  • Ezequiel

Nos enseña el profeta que no podemos andar jugando con Dios como si Él fuera igual a nosotros. Dios es justo y nos enseña a actuar con justicia.

Seamos consecuentes en nuestro actuar y la recompensa será grande en el reino de los cielos.

Por eso Ezequiel nos invita a una conversión sincera y si la conversión es auténtica el creyente «ciertamente vivirá y no morirá».

  •  Salmo 24

Recordamos al Señor que tenga misericordia de nosotros por encima de todos los delitos que podamos cometer:

«Recuerda Señor que tu ternura y tu misericordia son eternas».

Y el amor de Dios es tan grande que «no te acuerdas de los pecados ni maldades cometidos en plena juventud».

Todo es debido a que el Señor es bueno y es recto y enseña el camino a los pecadores y los hace caminar por las sendas de la humildad.

  • San Pablo

En su Carta a los filipenses el apóstol nos da una gran lección con la cual quedamos todos invitados a la santidad, imitando en todo a Cristo «el cual siendo de condición divina no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo… y así reconocido como hombre por su presencia se humilló y hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz».

Fue exaltado por su Padre «que le concedió el nombre sobre todo nombre. De modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble… Y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

Con su humillación, Jesús nos aseguró la salvación y glorificó a su Padre Dios.

  • Verso aleluyático

Procuremos ser auténticas ovejas de Jesús: «Y yo las conozco y ellas me siguen».

Será el único camino para ir con Jesucristo a la gloria que nos mereció con su muerte y resurrección.

  • Evangelio

San Mateo nos presenta a dos hijos de un mismo padre de familia. Llama al primero para que vaya ese mismo día a trabajar en la viña. El hijo le contestó que no quería. Reflexionó, se arrepintió y finalmente fue a hacerse cargo de sus labores en el campo.

El segundo hijo, requerido también, contestó a su padre con presteza y aparente disponibilidad: «Voy, señor», pero no fue.

Jesús pregunta cuál de los dos hizo la voluntad de su padre. La multitud contestó que fue el primero.

Jesús saca una conclusión muy importante para todos sus oyentes: «En verdad os digo: los publicanos y prostitutas van por delante de ustedes en el reino de Dios».

Termina con una alusión a San Juan Bautista, al que obedecieron y creyeron los publicanos y las prostitutas; en cambio, los sumos sacerdotes y ancianos no se arrepintieron ni le creyeron.

Procuremos, pues, ser dóciles a la Palabra de Dios y a sus mandatos, y a obrar en consecuencia, porque en ello nos va nuestra salvación.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista