5 de julio de 2026

LOS SENCILLOS ROBAN EL CORAZÓN DEL PADRE - Domingo XIV del tiempo ordinario – ciclo A

En este domingo la liturgia intuye que, por la humillación de Jesús, Verbo encarnado, llegaremos todos a la verdadera alegría que brota de la liberación de todo pecado.

  • Zacarías

El profeta invita a los israelitas a la alegría:

«Alégrate, hija de Sion».

El motivo más importante de esta alegría es la mirada del profeta que descubre a lo lejos al Mesías, «modesto y cabalgando en un asno, que en sus limitaciones destruirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén» y su victoria llegará «de mar a mar y del gran río al confín de la tierra».

De hecho, la humildad de Jesús nos librará del pecado y de la muerte, gracias a su resurrección.

  • Salmo 144

El salmista nos invita a bendecir el nombre de Dios por siempre:

«Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás».

A continuación, exhorta a todas las naciones a glorificar al Señor, sobre todo por su clemencia y misericordia… «Día tras día te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás».

La alabanza del hombre para con Dios glorifica al Señor y lo hace benévolo para con sus criaturas.

  • San Pablo

En su «Carta a los romanos» nos aclara que la vida del cristiano no está «sujeta a la carne sino al Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros».

Con humildad de corazón y con mucha fe debemos tomar conciencia de la importancia del Espíritu que, en fin de cuentas, es el mismo que resucitó a Jesucristo, el hombre-Dios y habita en nuestros corazones.

Es importante sacar esta consecuencia de Pablo: «Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente pues si vivís según la carne vais a la muerte».

La invitación del apóstol es para vivir con el Espíritu, dando muerte a las obras del cuerpo: «pues si con el Espíritu dais muerte a las obras de la carne, viviréis».

Procuremos durante toda nuestra vida estar abiertos al Espíritu para no caer en el pecado.

  • Verso aleluyático

Nos hace pensar en las maravillas que repetiremos en el Evangelio:

«Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla»: La sencillez garantiza la presencia de Dios en el corazón de su criatura.

  • Evangelio

Es como un suspiro de amor de Jesús hacia el Padre a quien alaba con estas palabras:

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor».

Tengamos siempre presente que son los sencillos los que, con su humildad y amor, roban el corazón del Padre. Es entonces cuando podemos conocer la grandeza y divinidad del Padre y la majestad del Hijo.

Jesús termina glorificando al Espíritu Santo, tercera Persona de la Trinidad Santa, con estas palabras:

«El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres».

Que el Espíritu del Señor conduzca siempre nuestra vida hacia la felicidad y la paz eternas.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

28 de junio de 2026

El milagro de la vida en Cristo - Domingo XIII del tiempo ordinario – ciclo A

 

A menudo parece que nos peleamos con la vida. En realidad, la vida es un regalo de Dios, tanto la vida temporal como la vida eterna. Meditemos.

  • Libro II de Reyes

Eliseo se convierte en el gran taumaturgo después de Elías, su maestro. Va con frecuencia a una casa para comer. Le toman cariño y preparan una habitación pequeña para que pueda pasar la noche el gran profeta de Dios.

Cierto día llega a la casa, como de costumbre, y le presentan la habitación en la que podrá pasar la noche. Eliseo desea ser agradecido y le pregunta a su criado qué puede regalarle a la sunamita. La respuesta fue: «¿Qué sé yo? No tiene hijo y su marido es viejo».

Eliseo manda llamar a la mujer y le promete: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás un hijo».

Es el regalo más grande para una mujer estéril que no puede tener descendencia, pero es al mismo tiempo, la recompensa de Dios por el cariño con que acoge al profeta cada vez que va a su casa.

  • Salmo 88

Glorificar y cantar al Señor es el deseo de toda persona que tiene fe; por eso leemos estas palabras del salmista:

«Cantaré eternamente las misericordias del Señor… Dichoso el pueblo que sabe alabarte, camina, oh, Señor, a la luz de tu rostro… Porque tú eres su honor y su gloria: El Santo de Israel nuestro Rey».

  • San Pablo

En su carta a los romanos, el apóstol enseña que «los que por el bautismo nos hemos incorporado a Cristo fuimos incorporados a su muerte».

Y por la muerte temporal se nos incorpora «a su resurrección de entre los muertos por la gloria de Dios Padre».

La enseñanza de Pablo es que morir al pecado en el bautismo nos abre las puertas de la eternidad con Cristo muerto y resucitado.

Por eso el apóstol termina exclamando: «Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús».

  • Verso aleluyático

Es una llamada a la esperanza definitiva en Dios. Con el nacimiento, con el bautismo «vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada».

Termina el versículo pidiéndonos:

«Proclamad las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa».

  • Evangelio

Es un parrafito del capítulo diez de San Mateo en que se recalca que lo más importante de todo es colocar a Cristo como el primero. Y así entendemos:

«El que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí».

Lo mismo sucede respecto de los hijos. El primero será siempre Cristo.

Incluso, la misma vida que poseemos en este mundo no es el primer tesoro. El primer tesoro siempre será Jesucristo mismo. Por eso: «El que encuentre su vida la perderá y el que pierde su vida por mí la encontrará».

Concluye este párrafo del Evangelio con una invitación práctica de Jesús:

«El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, solo porque es mi discípulo, no perderá su paga».

El primero para nosotros siempre es Jesús y a Él lo encontramos en el necesitado.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista