10 de octubre de 2026

INVITADOS AL BANQUETE DIVINO


Por nuestra naturaleza temporal necesitamos comida con qué alimentarnos y procuramos ordinariamente escoger lo que más halaga a nuestros sentidos.

La liturgia de este domingo nos habla del banquete de Dios, pero ten cuidado porque tú tienes que aceptar el banquete tan especial que ha preparado el Señor. No te equivoques.

  • Isaías

El profeta Isaías describe con detalle el banquete lujoso que Dios prepara para todos los hombres: «El Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos en este monte un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos».

Por otra parte, el gran profeta asegura que Dios «arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos… Aniquilará la muerte para siempre».

Junto con ese banquete llegará el consuelo de Dios, pues Dios enjugará las lágrimas para siempre y en aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios de quien esperábamos que nos salvara».

Isaías termina invitando a celebrar y gozar la salvación que Dios ofrece.

  • Salmo 22

Es el salmo conocido como del «Buen Pastor» que cuida de todos nosotros y en quien podemos confiar, porque ha preparado buenos pastos «y me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas…».

El Señor «me guía por senderos justos por el honor de su nombre».

El salmista no desconfía de la intervención de Dios en su vida, aunque se trate del alimento diario que describe así: «Preparas una mesa ante mí en frente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa».

  •  San Pablo

Por su parte, el apóstol San Pablo nos dice: «Sé vivir en pobreza y abundancia». Y continúa: «estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación».

En cualquier caso, siempre está la fuerza de Dios que le permite exclamar: «Todo lo puedo en aquel que me conforta».

  • Verso aleluyático

Nos invita a confiar en el Padre Dios que nunca nos faltará si tenemos abierto el corazón:

«El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón…». Así comprenderemos «la razón de nuestra esperanza».

  • Evangelio

Por su parte, Jesús, en el Evangelio de San Mateo, nos habla de cómo es totalmente libre y personal el entrar o no el banquete del Padre celestial.

Hablando precisamente a los sacerdotes y ancianos del pueblo, les presenta a un rey que prepara las bodas de su hijo.

Los invitados contestan en completa libertad hasta el punto de que algunos llegan a matar a los que llegan a convidarlos, porque la boda del hijo está preparada.

El exquisito banquete real se celebrará de todas formas ya que el hijo del rey se casa, pero Jesús hace una grave advertencia: «son muchos los llamados y pocos los escogidos».

Cada uno tiene que escoger libremente participar en la fiesta de Dios, es decir, vivir en gracia para ser digno del reino. Está claro que habrá que presentarse con el traje que simboliza la gracia de Dios para gozar de tan suculento banquete del Reino.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


3 de octubre de 2026

¿TE PREOCUPAS POR DAR FRUTO?

 

Las lecturas de este domingo van en una misma dirección: tenemos la responsabilidad ante Dios de dar fruto y fruto abundante.

  • Isaías

El profeta define a Israel como una gran viña que Dios ha cuidado con esmero y a la hora de ir a cosechar el fruto se encuentra con que, en vez de uvas las plantas dan agrazones, es decir, una especie de uva amarga que no es fácil de comer.

Ante tal resultado, Isaías nos presenta la ira de Dios por la ingratitud que encuentra en su pueblo predilecto:

«¿Qué más cabía hacer por mi casa que yo no haya hecho? ¿Por qué esperando que diera uvas dio agrazones?».

Prácticamente Dios destruye físicamente la viña cuidada con tanto cariño y la deja al descubierto para que toda clase de alimañas aprovechen de ella.

Muy duro y realista es el profeta al poner estas palabras en la boca de Dios:

«La viña de la casa del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Espero de ellos derecho, y ahí tenéis, asesinatos; espero justicia, y ahí tenéis: lamentos».

Es muy importante lo que dice el profeta: no se trata de fructificar según nuestro capricho sino según el querer de Dios.

  • Salmo 79

Es una oración de arrepentimiento por parte de Israel ante su propia actitud de ingratitud frente a la misericordia y regalos de Dios.

Creo que este salmo nos debería hacer pensar cómo es la respuesta de nuestra vida al plan de Dios que ha tenido hasta ternura y detalles inimaginables.

El salmo termina pidiendo a Dios que tenga misericordia frente a toda esa ingratitud:

«Dios de los ejércitos vuélvete, mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña; la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa».

  • San Pablo

El apóstol le pide a la comunidad de Filipos que confíe en la providencia de Dios:

«Nada les preocupe, sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica con acción de gracias, sus peticiones sean presentadas a Dios».

Esta confianza en Dios hará que todos nosotros sintamos «que la paz de Dios que supera todo juicio custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús».

Todo esto parece muy sencillo, pero no es fácil ceder en nuestras opiniones y confiar todo a la Divina providencia.

Finalmente, Pablo se pone como ejemplo:

«Lo que aprendieron, recibieron, oyeron, vieron en mí, pónganlo por obra. De esta manera el Dios de la paz estará con ustedes».

  • Verso aleluyático

Nos hace ver que somos privilegiados por Dios que nos ha escogido entre todos los seres del mundo para que demos fruto y fruto abundante:

«Yo los he elegido del mundo para que vayan y den fruto y su fruto permanezca».

En estas breves palabras encontramos el gran secreto que encierra la reflexión de este domingo.

  • Evangelio

Se trata de una parábola muy clara y muy dura al mismo tiempo.

Dios, empeñado en preferir a su pueblo Israel y siguiendo con la comparación de la viña, repite cómo a todos los enviados por el Señor para recoger el fruto de la viña los apedrean y matan los labradores que quieren adueñarse de la viña del Señor.

Finalmente, «por último envío a su hijo diciéndose: “tendrán respeto a mi hijo”», pero los viñadores se dijeron: «Este es el heredero, vengan, lo matamos y nos quedamos con su herencia».

Terrible realidad que hicieron los labradores con el hijo de Dios: lo sacaron de Jerusalén y lo crucificaron.

Jesús mismo dice: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores».

¡Cuidado! Meditemos bien y no nos quedemos con las apariencias, sino con la misericordia del Señor a la que fácilmente traicionamos por egoísmo o ligereza.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista