18 de octubre de 2026

DEBERES CON DIOS Y LA SOCIEDAD

 

La humanidad siempre estará como dividida entre las obligaciones sociales y los deberes espirituales para con Dios.

De hecho, no hay contradicción entre ambos principios éticos y sociales, como nos muestra la liturgia de hoy.

  • Isaías

Con sus muchas limitaciones todo ser humano tiene que descubrir sus obligaciones para con Dios, movido por la fe y la gratitud; porque Él es el único dueño de la historia:

«Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro: …Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente y Occidente que no hay otro fuera de mí».

En este rey ungido descubrimos al Verbo encarnado, del que habla esa profecía.

  • Salmo 95

Es una invitación a aclamar a Dios por encima de todo:

«Porque es grande el Señor, muy digno de alabanza».

Frente a la divinidad del Dios verdadero, «los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo…».

Frente a este único Dios verdadero no hay nada ni nadie a quien alabar:

«Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda; decid a los pueblos: “El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente».

  • San Pablo

En su Carta a los Tesalonicenses el apóstol enseña que ante Dios Padre es preciso recordar continuamente que hay que vivir en acción de gracias:

«Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y los tenemos presentes en nuestras oraciones».

De esta manera, también Pablo insiste en el tributo de adoración que debemos cultivar con respecto a nuestro Dios único y verdadero.

  • Verso aleluyático

Son unas palabras de san Pablo que expresan cómo deben vivir los seguidores de Cristo: como luces que dan la verdadera razón para vivir: «Brilláis como lumbreras del mundo mostrando una razón para vivir».

Esto debe ser un cristiano, una luz («Ustedes son la luz del mundo») que con su vida manifiesta la verdadera razón de existir en este mundo.

  • Evangelio

Siempre con el fin de tentar a Jesús, un buen día los fariseos le hacen una pregunta para poder acusarlo ante los tribunales y, después de halagarlo con muchas alabanzas, le lanzan la pregunta:

«¿Es lícito pagar impuesto al César o no?»

La sabia respuesta de Jesús a esta pregunta, con que quieren comprometerle, pone las cosas en su sitio:

Primero, hay que dar culto a Dios porque es el dueño de la creación, honrándole con una conducta íntegra.

En segundo lugar, ha que cumplirse con los deberes y obligaciones, porque se utilizan muchas «cosas» necesarias para la convivencia humana.

Queda, pues, claro la doble obligación de toda persona:

A Dios el culto como autor de la naturaleza humana, y tributo a los seres humanos, por la cantidad de servicios que utilizamos en la vida ordinaria.

No olvidemos que nadie debería justificar la evasión de impuestos como un sistema para ganar dinero ilícitamente.

¿Procuras en tu vida dar culto a Dios como le es debido?; sin olvidar la obligación que tenemos con la sociedad en la que vivimos y de la que también somos responsables.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

10 de octubre de 2026

INVITADOS AL BANQUETE DIVINO


Por nuestra naturaleza temporal necesitamos comida con qué alimentarnos y procuramos ordinariamente escoger lo que más halaga a nuestros sentidos.

La liturgia de este domingo nos habla del banquete de Dios, pero ten cuidado porque tú tienes que aceptar el banquete tan especial que ha preparado el Señor. No te equivoques.

  • Isaías

El profeta Isaías describe con detalle el banquete lujoso que Dios prepara para todos los hombres: «El Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos en este monte un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos».

Por otra parte, el gran profeta asegura que Dios «arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos… Aniquilará la muerte para siempre».

Junto con ese banquete llegará el consuelo de Dios, pues Dios enjugará las lágrimas para siempre y en aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios de quien esperábamos que nos salvara».

Isaías termina invitando a celebrar y gozar la salvación que Dios ofrece.

  • Salmo 22

Es el salmo conocido como del «Buen Pastor» que cuida de todos nosotros y en quien podemos confiar, porque ha preparado buenos pastos «y me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas…».

El Señor «me guía por senderos justos por el honor de su nombre».

El salmista no desconfía de la intervención de Dios en su vida, aunque se trate del alimento diario que describe así: «Preparas una mesa ante mí en frente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa».

  •  San Pablo

Por su parte, el apóstol San Pablo nos dice: «Sé vivir en pobreza y abundancia». Y continúa: «estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación».

En cualquier caso, siempre está la fuerza de Dios que le permite exclamar: «Todo lo puedo en aquel que me conforta».

  • Verso aleluyático

Nos invita a confiar en el Padre Dios que nunca nos faltará si tenemos abierto el corazón:

«El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón…». Así comprenderemos «la razón de nuestra esperanza».

  • Evangelio

Por su parte, Jesús, en el Evangelio de San Mateo, nos habla de cómo es totalmente libre y personal el entrar o no el banquete del Padre celestial.

Hablando precisamente a los sacerdotes y ancianos del pueblo, les presenta a un rey que prepara las bodas de su hijo.

Los invitados contestan en completa libertad hasta el punto de que algunos llegan a matar a los que llegan a convidarlos, porque la boda del hijo está preparada.

El exquisito banquete real se celebrará de todas formas ya que el hijo del rey se casa, pero Jesús hace una grave advertencia: «son muchos los llamados y pocos los escogidos».

Cada uno tiene que escoger libremente participar en la fiesta de Dios, es decir, vivir en gracia para ser digno del reino. Está claro que habrá que presentarse con el traje que simboliza la gracia de Dios para gozar de tan suculento banquete del Reino.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista