15 de enero de 2022

DERROCHE DE VINO

Como hemos dicho en días anteriores, la tercera epifanía o manifestación de lo alto, aconteció en las bodas de Caná.

Precisamente en este segundo domingo del tiempo ordinario la liturgia nos habla del milagro que hizo Jesús en ese lugar, según nos cuenta el evangelista San Juan, en el ciclo C.

  • Isaías

Sabemos que Dios ama mucho a la humanidad que Él creó y en repetidas oportunidades, Él mismo se compara con el esposo y explica que su relación con las criaturas es como la de un matrimonio según la naturaleza creada por Él.

Es que el matrimonio, tal como lo creó Dios, es el amor más grande que se conoce entre los seres humanos.

Así lo encontramos varias veces en el profeta Oseas, y Jeremías,  y hoy nos lo expresa Isaías con estas bellas palabras que jamás hubiéramos imaginado:

«Serás como corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán abandonada ni a tu tierra devastada. A ti te llamarán «mi favorita» y a tu tierra “desposada”… Como un joven se casa con su novia así te desposa el que te construyó. La alegría que encuentra el marido con su esposa la encontrará tu Dios contigo».

La prueba más grande de este amor fue la encarnación del Verbo que hemos meditado esta temporada en el tiempo de Navidad:

Dios asume la naturaleza humana y la hace suya.

  • Salmo 95

Nos invita a cantar las maravillas del Señor para que lo escuchen todas las naciones.

Lo que nos ha dicho Isaías y lo que San Pablo nos dirá acerca de los carismas de Dios son esas maravillas de su amor inimaginable:

«Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra. Cantad al Señor, bendecid su nombre».

  • San Pablo

Nos habla hoy de los carismas o dones a los que podemos llamar los regalos de Dios a la Iglesia, que Él distribuye, como algo muy especial, en sus diversos miembros.

Se trata de unos carismas que no son para santificación del individuo que los recibe, sino para riqueza y embellecimiento de la Iglesia entera.

Es importante que cada uno descubramos estos dones que Dios nos ha dado y los pongamos al servicio de la comunidad. Será bueno que no hagas como algunos que se contentan con decir “a mí Dios no me dio ningún carisma”. Quizá sea más cómodo. Pero es descuidar una responsabilidad, porque no te los dio para ti sino para enriquecer a la comunidad, a la parroquia, etc., a la que tú perteneces.

San Pablo nos habla de algunos de estos carismas: hablar con sabiduría, con inteligencia, el don de la fe, de hacer milagros, de curar o hablar lenguas.

Lo importante es que todos estos dones los otorga el mismo Espíritu «como a Él le parece».

Los dones o carismas son muchos más que estos que enumera el apóstol y tú debes descubrirlos para ayudar a los hermanos que te necesitan.

  • Evangelio

+ «No tienen vino».

+ «Mujer, déjame que todavía no ha llegado mi hora».

Pero la conclusión es ésta:

¡Seiscientos litros de vino generoso! ¡Así ha sido Jesús siempre! ¡Cientos de panes y abundante vino!

¿El secreto dónde está?

Nos lo dio su Madre y Madre nuestra:

«Hagan lo que Jesús les diga».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

8 de enero de 2022

LA EPIFANÍA DEL BAUTISMO

 


En este domingo la liturgia nos habla de la segunda epifanía de Jesús, es decir, el bautismo.

Si fue importante el meditar la revelación del Verbo encarnado a los Magos, hoy es más importante todavía la revelación de la Santísima Trinidad en su  mayor misterio.

Un Dios y tres Personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

  • Isaías

El capítulo que hoy leemos da comienzo al segundo gran profeta con el nombre de Isaías, que es uno de los tres grandes profetas autores del libro que lleva este título de Isaías.

Este autor escribe durante el destierro. Consuela y canta y trata del siervo del Señor, que representa al pueblo de Israel, y que los Padres lo aplicaron al Mesías, a Jesús, por la fuerza y la semejanza con el evangelio de la pasión y muerte de Cristo.

De ahí que esta parte se llama el Libro de la Consolación.

En realidad, desde el comienzo dice así:

«Consolad, consolad a mi pueblo». Lo hace con unas palabras que realmente tocan la conciencia de los desterrados a quienes escribe el profeta: «Hablad al corazón de Jerusalén».

Las dos ideas fundamentales del párrafo de hoy son: «el Señor librará a Israel de sus pecados, se ha cumplido su servicio y está pagado su pecado».

En segundo lugar se presenta al Señor con gran poder:

«Aquí está vuestro Dios. Viene con el salario y su recompensa lo precede».

Posiblemente este es el motivo para que la liturgia nos traiga, el día del bautismo de Jesús, este párrafo.

El Señor que viene a consolar a Israel lo hace como el pastor que cuida todo su rebaño.

  • Salmo 103

Nos habla de la admiración del salmista que hace brotar en él una serie hermosa de alabanzas y agradecimientos que nos ayudarán a hacer nuestra oración:

«Bendice, alma mía, al Señor. Dios mío qué grande eres…

Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría. La tierra está llena de tus criaturas».

  • Tito

El apóstol San Pablo invita a Tito para que en su predicación prepare a los fieles enseñándoles que renunciando a toda impiedad «llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo».

Evidentemente, lo que pretende la liturgia al presentarnos esta lectura es que vivamos preparados porque el Señor se manifestará.

Algo así como lo hace hoy revelándonos el misterio de la grandeza de la Santísima Trinidad.

  • Verso aleluyático

Nos recuerda las palabras de Juan que nos dice la diferencia entre su bautismo (de agua) y el de Jesús que «los bautizará con Espíritu Santo y fuego».

  • Evangelio

Corresponde a nuestro compañero del ciclo C, San Lucas. El evangelista nos cuenta  que cuando el pueblo acudía a Juan para bautizarse, Jesús se mezcló entre la gente y,  en el momento en que estaba orando el Señor, «se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre Él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”».

Aquí se manifestó la Santísima Trinidad por primera vez: la voz que es del Padre, la paloma que es un símbolo del Espíritu Santo y el Hijo que está orando en el Jordán después de bautizarse.

Esta es la gran epifanía que hoy recordamos ya que nos manifiesta el misterio más grande del cristianismo que es la Santísima Trinidad.

Adoremos con gratitud este sublime misterio y que en nuestra vida sea siempre la más importante de todas nuestras devociones.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo