20 de septiembre de 2026

Y TODO POR UN DENARIO - Domingo XXV del tiempo ordinario – ciclo A

La liturgia de este domingo nos invita a poner toda nuestra confianza en Dios que sabe recompensar con misericordiosa generosidad.

  • Isaías

El profeta Isaías, que pertenece a la segunda época de Israel, nos invita a vivir en continua búsqueda del Señor aprovechando su cercanía.

Por eso Isaías distingue, por un lado, a las personas de buena voluntad que buscan y encuentran a Dios cercano y misericordioso y, por otro lado, a quienes son criminales, los invita a arrepentirse porque, en una imagen no tan conocida del Antiguo Testamento, se recalca la misericordia de Dios con quienes se arrepienten.

  • Salmo 144

El salmista nos invita a todos a confiar en el Señor que está cerca de quienes lo invocan sinceramente. Este es el motivo por el que el escritor sagrado puede gritar feliz:

«Día tras día te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás».

Y continúa alabando al Señor: «Grande es el Señor, merece toda alabanza. Es incalculable la grandeza del Señor».

  • San Pablo

Aunque se trata de un párrafo corto de la Carta a los filipenses, no deja de encerrar un fuerte atractivo en el que brilla sobre todo el amor a Jesucristo y también el amor a la evangelización:

«Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir».

Sin embargo, es muy llamativo el amor del apóstol por la evangelización pues, si desea encontrarse con Cristo, no le importa tener que esperar el encuentro con Él, con tal de seguir evangelizando.

Y en fidelidad a Cristo y al Evangelio termina incitando a los filipenses:

«Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo».

Admiramos en estas palabras el celo de Pablo por dar a conocer a Jesucristo a los más posibles.

  • Verso aleluyático

Se trata de una petición a Dios en la que le suplicamos que nos abra el corazón para conocer y enseñar las palabras del Evangelio:

«Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo».

  • Evangelio

Son muy distintas las interpretaciones que se hacen de la parábola de los trabajadores de la viña.

Para mí lo más importante es que todos, desde los que empezaron su faena en el campo al amanecer, hasta los que fueron poco antes de la puesta del sol, todos reciben un denario que significa la salvación.

Tener asegurada la salvación es lo más importante que podemos desear al fin de nuestra vida (en la noche de nuestro trabajo).

El llegar más o menos pronto a conocer a Dios será fruto de la misericordia del Señor y de los tiempos de Dios, que son totalmente distintos de los tiempos de los hombres.

La ventaja de los primeros que van a la viña es que desde temprano de su vida conocen que tendrán el alimento necesario para la casa. Por muy duro que sea el trabajo.

De todas maneras, siempre es distinto tener «asegurada» la salvación de Dios por parte de los primeros trabajadores y cómo, para los segundos, a pesar de las angustias de todo un día de espera, la misericordia de Dios les asegura el jornal «completo» del día.

Busquemos siempre el trabajo sencillo, aunque nos cueste, con tal de tener segura la salvación y nunca perdamos la confianza en la misericordia infinita de Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista 

13 de septiembre de 2026

DOMINGO DE LA CARIDAD Y DEL PERDÓN - Domingo XXIV del tiempo ordinario – ciclo A

 

Este es un domingo muy importante y quiera Dios que no pase desapercibido por el tema que plantea la liturgia.

Pero antes de empezar nuestra reflexión te invito a hacer un examen personal y particular para que puedas responder eficazmente al deseo de Jesús…


  • Eclesiástico

Empieza diciendo que el pecador posee el furor y la cólera que son odiosos para la humanidad.

Advierte el autor sagrado que el Señor, por su parte, es el dueño de toda «venganza».

Por otro lado, nos propone que la actitud del ser humano debe ser esta:

«Perdona la ofensa a tu prójimo y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas».

Como una regla de conducta pide el Eclesiástico perdonar a sus semejantes para ser perdonados por Dios. Y concluye el párrafo de hoy con estas palabras:

«Recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo: la alianza del Señor y perdona el error».

  • Salmo 102

El salmista nos presenta al Señor de toda la creación como compasivo y misericordioso. Y a continuación, nos manifiesta la actitud de Dios para con el hombre pecador:

«Bendice alma mía al Señor y no olvides sus beneficios… Él perdona todas tus culpas… No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas».

  • San Pablo

En su carta a los romanos el apóstol, para que tengamos una caridad verdadera, nos advierte en este parrafito muy corto de hoy: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo».

Tengamos en cuenta este pensamiento muy importante para aplicar a nuestra vida: «Si vivimos, vivimos para el Señor…. Para esto murió Cristo y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos».

  • Verso aleluyático

Es el mandamiento que resume la gran enseñanza de Jesucristo: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».

No puede haber más claridad en la actitud del discípulo y en la enseñanza del Maestro.

  • Evangelio

Un buen día se le ocurrió a Pedro preguntarle a Jesús:

«Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?».

Ante tal generosidad que parece tener Pedro, Jesús responde:

«No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete».

Jesús confirma sus palabras con una parábola muy interesante:

Un siervo que debía mucho dinero a su señor, y colmada la paciencia, el señor lo manda encarcelar y que con todas sus posesiones pueda pagar su deuda.

La parábola no puede ser más clara…

El señor lleno de compasión ante los ruegos del siervo, perdona toda la deuda y el siervo sale feliz y sin deuda.

Pero al salir de la casa él, que debía más de diez mil talentos y que había sido perdonado, se encuentra con un compañero que le debía apenas la pequeña cantidad de cien denarios, y quería estrangularlo repitiendo: «Págame lo que me debes».

El contraste entre lo que debemos a Dios por el pecado y lo que nos debemos unos a otros como criaturas es tan grande que Jesucristo, llamando al perdonado, le dice:

«Siervo malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías también tener compasión de tu compañero?».

Y le mandó que pagara toda su deuda.

Está claro lo que quiere enseñarnos Jesús en este domingo: comparemos lo que nos ha perdonado Dios con lo poco que nos ofenden nuestros hermanos y entenderemos cómo la caridad verdadera lleva siempre al perdón de corazón ante las faltas del prójimo.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista