- Isaías
En un párrafo muy breve nos compara la Palabra de Dios con la lluvia y la nieve que hacen fecunda la tierra. Por su parte, Dios espera que su Palabra no regrese vacía a su fuente, sino que sea eficaz para que, quienes la reciban, hagan la voluntad de Dios y de esta manera se purifiquen y santifiquen.
- Salmo 64
Se repite la
comparación entre la semilla que da fruto y la Palabra de Dios que es fecunda
en los corazones abiertos a su voluntad:
«La semilla cayó en
tierra buena y dio fruto».
El Señor cuida de
la tierra:
«La riegas y la
enriqueces sin medida. La acequia de Dios va llena de agua» que
favorece el fruto abundante.
Y así, con diversos detalles, el salmo alaba la fecundidad de la tierra por voluntad del Señor.
- San Pablo
Empieza este
párrafo de la Carta a los romanos diciendo:
«Sostengo que los
sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
Porque la creación… está aguardando la plena manifestación de los hijos de
Dios».
A continuación, el
apóstol nos explica que la naturaleza está sometida a la frustración porque uno
la sometió. Sin embargo, es «con la esperanza de que la creación misma se
verá liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad
gloriosa de los hijos de Dios».
Por este motivo San
Pablo hace esta comparación: «La creación entera está gimiendo con dolores
de parto», pero lo más importante es que «nosotros poseemos las
primicias del Espíritu y gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser
hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo».
Así nuestra vida debe glorificar a Dios porque a pesar de tanta maldad y pecado, la misericordia infinita del Señor hace fecunda nuestra vida hasta ser glorificados en Cristo.
- Verso aleluyático
Hace alusión al
Evangelio de este día y nos invita a meditar:
«La semilla es la Palabra de Dios; el sembrador es Cristo. Quien encuentra a Cristo vive para siempre».
- Evangelio
El Evangelio de
este domingo nos presenta a Jesús sentado y toda la multitud escuchando
ávidamente sus palabras.
En esta ocasión les
habló con la parábola del sembrador.
Un sembrador
(símbolo de Cristo) tenía abundancia de semilla y la esparció por todas partes.
Esta semilla simboliza, ni más ni menos, el mensaje que trae la Palabra de
Dios.
Jesús mismo explica
a sus oyentes lo que sucedió con esa Palabra.
Cuando los
apóstoles le piden a Jesús que les explique a ellos esta parábola, les dirá:
La semilla es el
mensaje, la Palabra de Dios; una parte cayó en el camino y los pájaros se la
comieron; es decir, se perdió la Palabra.
Otro poco de
semillas cayó en terreno pedregoso y con la salida del sol se abrasó y quemó,
porque no había echado raíces.
Parte cayó entre
zarzas y estas ahogaron el brote que apenas nacía.
Finalmente, parte
cayó en tierra buena y dieron fruto abundante: «unos ciento; otros sesenta;
otros treinta».
De esta manera
Jesús compara la predicación de la Palabra según la capacidad de acogida que
tiene cada corazón. A algunos no les importa nada su mensaje; otros aparentan
interés; otros comienzan a actuar bien, pero se dejan arrastrar por malas
compañías, malos ejemplos, ideologías modernas… Y finalmente, y es lo que nos
importa a nosotros, la Palabra de Dios es oída, penetra en los corazones buenos
y fecundos que la acogen y viven con fidelidad. Estos se santifican y
glorifican a Dios.
Recordemos siempre
que nuestra obligación primera es oír la Palabra y ponerla en práctica, como
Jesús mismo decía: «Siempre hago lo que agrada a mi Padre».
José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

