3 de mayo de 2026

Yo soy el Camino - Domingo V de Pascua – ciclo A

En este quinto domingo de Pascua resalta la grandeza de Jesucristo, por lo cual cantamos con la liturgia:

«Cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas».

  • Hechos de los Apóstoles

Destaca el crecimiento de la comunidad que va conociendo a Jesucristo, pero posiblemente hay un involuntario descuido, sobre todo, en el suministro diario para las viudas griegas.

En esa situación queda claro que más importante es evangelizar que dedicarse a los bienes materiales: «No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración»; y entonces, no sin la inspiración del Espíritu Santo, aparecen siete hombres escogidos que serán, en adelante, los diáconos de la nueva Iglesia.

Por su parte, los apóstoles evangelizan «y la Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de los discípulos».

  • Salmo 32

Nos invita este salmo a glorificar la misericordia de Dios, cosa que siente Israel desde el principio de su historia: «Aclamad justos al Señor… que merece la alabanza de los buenos».

A continuación, nos invita a la acción de gracias por la Palabra de Dios y por el cuidado que Dios tiene de sus fieles.

  • San Pedro

El párrafo de este día se centra la grandeza de Jesucristo a quien el apóstol aplica las palabras de la Escritura:

«Yo coloco en Sion una piedra angular, escogida y preciosa. El que crea en ella no quedará defraudado».

Por su parte, San Pedro hace una aplicación muy distinta de estas palabras: «Para los creyentes es de gran precio, pero para los incrédulos es la piedra que desecharon los constructores».

Se trata de la diferencia que hay entre aceptar a Cristo o rechazarlo. Para los que siguen a Jesús es muy importante, en cambio, para quienes rechazan a Jesús esa piedra angular se convierte en roca de estrellarse.

San Pedro termina alabando a Jesús como piedra angular de la Iglesia con estas palabras: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, el pueblo adquirido por Dios…».

  • Verso aleluyático

Glorifica a Dios con unas conocidas e importantes palabras del Evangelio de este día:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida: nadie va al Padre sino por mí».

  • Evangelio

Les invito, queridos amigos, a leerlo con profundidad meditando las expresiones importantes de Jesús:

Comienza Jesús manifestando su divinidad:

«Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí… Adonde yo voy ya sabéis el camino».

Tomás, como siempre un tanto racionalista, tiene una pregunta para este momento:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

La respuesta de Jesús llena nuestro corazón de amor y profunda enseñanza:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida», y recalca su unidad con el Padre:

«Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

En este momento interviene Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta».

En la respuesta de Jesús aparece clara la identidad de un solo Dios que forman el Padre y el Hijo (con el Espíritu Santo). Y Jesús termina haciendo una promesa a los suyos:

«El que cree en mí también él hará las obras que yo hago y aún mayores porque voy al Padre».

¡Qué importante es conocer la unidad en la Trinidad y la eficacia de la Palabra de Dios!

 

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

25 de abril de 2026

Domingo del Buen Pastor - Domingo IV de Pascua

 

Los profetas Jeremías y Ezequiel, en el Antiguo Testamento, se referían al pueblo de Israel como «el rebaño» y a quienes los conducían como «pastores».

Es hermoso el salmo 23 que habla expresamente del Señor como un pastor que guarda su rebaño y cuida de sus ovejas.

Hoy los fieles de la Iglesia de Jesús son el rebaño que entra a través de la puerta que es Cristo y se alimentan de su cuerpo y su sangre. Jesús ha encomendado a los apóstoles y sus sucesores a cuidar de ese rebaño para que nunca les falte el verdadero pan del cielo que es la Eucaristía.

+ Lo primero que quiere el Señor es que no lo confundamos a Él con los falsos pastores que no entran por la puerta del redil, sino que saltan por otras «entradas». A esos Jesús los llama ladrones y bandidos.

Es el buen pastor el que entra por la puerta de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas se ponen atentas a su voz porque lo conocen a él y porque llama a cada una de las ovejas por su nombre.

De esta manera nos advierte Jesús sobre la confianza que hay entre las ovejas y el verdadero pastor.

Se conocen por el nombre tanto el pastor a cada oveja, como las ovejas siguen a su pastor porque están seguras conociendo la voz de él.

Advierte también Jesús que las ovejas no conocen la voz de los extraños.

+ Más adelante, Jesús dirá de sí mismo:

«Yo soy la puerta de las ovejas».

Es el único Buen Pastor:

«Los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos».

Repitiendo de nuevo que es la «puerta verdadera», asegura que el que entra por esta puerta tendrá libertad para entrar y salir; y lo más importante de todo es que el Buen Pastor da de comer -como lo ha dicho hace poco- su propio cuerpo:

«El que me come vivirá por mí».

+ Otro signo del Buen Pastor es la diferencia que hay entre el falso pastor que viendo venir al lobo abandona a las ovejas y huye; «y el lobo las roba y las dispersa porque no era un buen pastor sino un asalariado a quien no le importan la vida de las ovejas». En cambio, lo más hermoso del Buen Pastor es la relación personal entre el Padre Dios y Él; y es esa la gran diferencia entre el falso pastor y Jesucristo que asegura: «Yo doy mi vida por mis ovejas».

+ Y alzando la mirada sobre la tierra entera, advierte Jesús:

«Tengo, además, otras ovejas que no están en mi redil; también a estas las tengo que traer y escucharán mi voz»; y entonces será plenitud de la eficacia y alegría del Buen Pastor:

«Todas las ovejas escucharán su voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor».

Por otra parte, advierte Jesús y es muy importante tenerlo en cuenta:

«Por esto me ama mi Padre porque yo entrego mi vida para poder recuperarla… Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente».

+ Finalmente, el Buen Pastor advierte que tiene «poder para entregar su vida y para recuperarla: Este mandato lo he recibido de mi Padre».

Para nosotros lo importante es conocer al Buen Pastor y no confundirlo con otros que tienen, quizá, malos intereses.

Hay que reconocer que el Buen Pastor entra y sale por la puerta para alimentarnos con pastos buenos, especialmente el cuerpo y la sangre del propio Pastor que se llama a sí mismo el «Pan de vida», alimento para la eternidad.

Es conveniente, además, que las ovejas conozcan al Padre Dios que nos entregó a Jesús como Redentor y le agradecemos a la Santísima Trinidad en este tiempo de Pascua su muerte y resurrección.

Creo que una buena conclusión de estos pensamientos que nos ha dejado especialmente San Juan en su Evangelio (capítulo 10) es que sepamos ser las verdaderas ovejas que siguen al Buen Pastor y que piden continuamente pastores santos para su Iglesia.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista