30 de mayo de 2026

SANTÍSIMA TRINIDAD, NUESTRA ESPECIAL PATRONA

 En el libro del Deuteronomio (6,5) leemos:

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas».

Dios tiene que ser el primer amor en nuestra vida. Es el Patrono principal de cada cristiano. Como es infinito nunca podremos saber todo de Él, pero sí meditando su Palabra en la Santa Biblia podremos descubrir muchas facetas que nos ayudarán a vivir en oración y humildad.

No olvides el gran consejo y si quieres mandato de Jesús:

«Sean imitadores de Dios como hijos queridos».

En este domingo ayudémonos unos a otros a conocer a nuestro Dios uno y trino. Esto nos hará muy felices.

Recordemos hoy estas conocidas palabras de San Gregorio Nacianceno, cuando bautizaba:

«Os confío hoy a la Santísima Trinidad. Por ella los introduciré dentro de poco en el agua y los sacaré de ella. Se la doy como Compañera y Patrona de toda su vida».

Que las palabras de San Gregorio nos ayuden a conocer un poquito más de los tesoros de nuestro Dios.

  • Libro del Éxodo

Moisés está en contemplación de Dios y oye esta definición que Dios da de sí mismo:

«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad».

A partir de ese momento Moisés, lleno de confianza, le pide a Dios:

«Si he obtenido tu favor que mi Señor vaya con nosotros, aunque ese es un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».

  • Salmo (tomado del libro de Daniel)

Es una alabanza gozosa al único Señor a quien alaba diciendo:

«Bendito tu nombre santo y glorioso… ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Bendito eres sobre el trono de tu reino… Bendito eres en la bóveda del cielo»

  • San Pablo

El apóstol ofrece estos hermosos consejos a los corintios:

«Alegraos, enmendaos, animaos, tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará siempre con vosotros».

El texto termina con esta alabanza al Señor:

«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros».

Ojalá aprendamos a saludarnos unos a otros como fervorosos cristianos.

  • Verso aleluyático

Glorifica a nuestro Creador repitiendo estas palabras:

«Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene».

Repitamos frecuentemente estas palabras porque mientras glorificamos a Dios preparamos nuestra propia santificación.

  •  Evangelio

San Juan nos pide que nazca la gratitud y admiración de nuestro Dios, con estas palabras:

«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que crean en Él, sino que tengan vida eterna».

Advierte el evangelista que Dios no mandó su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que se salve por Él. Y termina aconsejándonos que tengamos una fe profunda en el Verbo de Dios encarnado.

Agradezcamos a Dios el don maravilloso que nos ha dado en Cristo Jesús, verdadero Dios como el Padre y el Espíritu Santo y pongamos en la Santa Trinidad toda nuestra confianza.

 

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


24 de mayo de 2026

NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS - Domingo de Pentecostés

 La maravilla de este tiempo litúrgico es que nos invita a comunicarnos con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. No debemos olvidar que el Padre envió al Hijo y el Hijo se encarnó por obra del Espíritu Santo. Las tres Divinas Personas son un único Dios, el misterio más grande del cristianismo; la gran revelación de Jesús.

  • Hechos de los Apóstoles

Cuando Jesús asciende al cielo hay un momento muy significativo para el grupo que lo acompaña y lo ve elevarse a la gloria, pero no se disgrega, sino que todos ellos permanecen unidos en el cenáculo donde habían recibido tantos regalos de Dios:

«Todos ellos se dedicaban a la oración en común junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús…».

Eso es lo que prepara precisamente la venida del Espírito Santo; es decir, la oración comunitaria que hará presente al Espíritu prometido con sus manifestaciones gloriosas: temblor, lenguas de fuego, don de lenguas...

  • Salmo 26

El salmista glorifica a Dios a través de una petición muy importante:

«Una cosa pido al Señor, eso buscaré: Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida. Gozar de la dulzura del Señor contemplando su gloria».

Continúa su oración: «Escucha, Señor, que te llamo: ten piedad, respóndeme».

Y termina el salmista: «Oigo en mi corazón: buscad mi rostro».

Busquemos el rostro de Dios con fidelidad.

  • San Pedro

Nos pide que vivamos en la alegría compartiendo los padecimientos de Jesucristo para que estos se transformen en gloria. Recuerda el apóstol que habrá muchos ultrajes por el nombre del Señor: «Si sufre por ser cristiano que no se avergüence, que dé gloria a Dios por este nombre».

  • Verso aleluyático

Una vez más en este tiempo se nos repiten las palabras consoladoras de Cristo Jesús: «No os dejaré huérfanos. Me voy y vuelvo a vuestro lado y se alegrará vuestro corazón».

Admiremos el cariño de Jesús que promete no abandonar a su Iglesia nunca.

  • Evangelio

Recoge el capítulo que se llama «la oración sacerdotal de Jesús»; que es, de hecho, una oración al Padre cuando Jesús se da cuenta de que termina su vida. Primero, glorifica a su Padre:

«Padre glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique por el poder que tú le has dado». Y, en segundo lugar, aprovecha para exponer en qué consiste la vida eterna: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo».

Toda la vida de Jesús fue glorificar al Padre haciendo su santa voluntad y, dentro del plan trazado por la providencia, Jesús tiene conciencia clara de haber manifestado la verdad de Dios a sus apóstoles que constituyen la primera Iglesia y que le escuchan junto con María, Madre de la Iglesia desde el principio.

Al empezar su oración deja bien claro Jesús:

«Te ruego por ellos (los apóstoles), no ruego por el mundo sino por estos que tú me has dado y que son tuyos».

Advierte el Señor que quede bien claro: «Que todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío y en ellos he sido glorificado».

El párrafo del Evangelio concluye aclarando que Jesús se va al Padre, pero al mismo tiempo, quedará con los suyos.

¡Feliz domingo de Pentecostés!