23 de agosto de 2026

SOLO DIOS ES DIOS - Domingo XXI del tiempo ordinario – ciclo A



A través de las lecturas de este domingo nos enseña la Iglesia que solo hay un Dios con toda la autoridad, y un enviado suyo, Jesucristo.

  •  Isaías

En el tiempo del profeta Isaías hay un mayordomo indigno en el palacio de Dios. A este es quien destituye el Señor por sus malas obras y pone en su lugar como mayordomo del templo de Jerusalén a un descendiente de David.

Al primero le dice Dios:

«Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo».

En su lugar Dios llama a su siervo Eliacín, hijo de Elsías, y le colocará todos los atuendos y le concederá todo el respaldo que merece un mayordomo del Señor:

«Colgaré de su hombro la llave del Palacio de David… Dará un trono glorioso a la casa paterna».

  • Salmo 137

Conviene que con frecuencia glorifiquemos a Dios simplemente por ser Señor y porque «su misericordia es eterna y no abandona las obras de sus manos».

Prosigue el salmista alabando a Dios: «Señor, te doy gracias de todo corazón, delante de los ángeles tañeré para ti. Me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre».

No olvidemos la grandeza del Señor y de alabarlo por ser Él quien es.

  • San Pablo

En su Carta a los romanos el apóstol da la razón del por qué del actuar del Señor que no tiene que dar cuentas a nadie. Meditemos este breve párrafo:

«Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios. Qué insondables son sus decisiones y qué irrastreables sus caminos…».

El párrafo concluye alabando a Dios:

«Él es el origen, guía y meta del Universo».

Solo a Él debemos dar gracias todos los seres humanos: «A Él la gloria por los siglos».

  • Verso aleluyático

Recoge el gran poder que otorga Jesús a Pedro, en su Iglesia, por haber confesado que Jesús en realidad es verdadero Dios:

«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará».

  • Evangelio

Después de una pregunta de Jesús, que en el fondo no le interesa a Él mismo: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?», hay varias respuestas por parte de los apóstoles que se ve claro que no importan a su Maestro.

Más bien Él va a lo concreto y pregunta nuevamente a los apóstoles:

«¿Y ustedes quién dicen que soy yo?».

Son muchos los milagros que hablan de la grandeza de Jesús, pero solo Pedro tiene una respuesta absoluta sobre Jesucristo, que le merece la máxima alabanza y el poder sobre la Iglesia:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús alaba a Pedro que solo ha podido dar esta respuesta por una revelación del Padre:

«Porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso sino mi Padre que está en el cielo».

Y es entonces cuando la generosidad de Jesús rebosa sobre Pedro y lo coloca como cimiento de la Iglesia que Él va a fundar:

«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará».

Además, lo concreta con esta expresión:

«Te daré las llaves del reino de los cielos».

Y le confiere el máximo poder de perdonar en el nombre de Dios.

La conclusión que saca Jesús de esta revelación es muy importante:

«Les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Mesías», es decir, el mismo gran Señor y Creador, Jesucristo Dios y hombre verdadero, que merece toda alabanza por su divinidad como la del Padre.


 


José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

15 de agosto de 2026

¡Señor, socórreme! - Domingo XX del tiempo ordinario – ciclo A

 


Nos cuenta San Mateo que Jesús iba proclamando el evangelio del reino y respaldaba sus palabras curando las enfermedades del pueblo de Israel. 

  • Isaías (56,1.6-7)

El profeta Isaías, de parte de Dios, nos pide actuar con justicia por la razón más importante: el Señor llega y con Él la salvación a través de la cual se revelará la victoria de nuestro Dios.

Es interesante que Isaías pida a los extranjeros que están en Israel que sirvan al Señor «para amar el nombre del Señor y ser sus servidores».

Vemos además que Dios se compromete a tratarlos con un amor especial: «Los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios… Porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos».

  • San Pablo (Rm 11,13-15.29-32)

Habla a los gentiles como a sus hermanos y les dice: «Mientras sea vuestro apóstol haré honor a mi ministerio: “por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a algunos de ellos”».

De esta manera el apóstol demuestra el cariño que tiene por los de su raza y cómo es su intención atraer a los gentiles a la fe en Jesucristo. Para ello se atreve a dar esta valiente razón: «Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos».

  • Verso aleluyático

Repite las palabras del comienzo de esta reflexión por la importancia de la actuar de Jesús predicando mientras comparte con los apóstoles el poder de curación.

  •  Evangelio (Mt 15,21-28)

Una mujer cananea se acerca a Jesús. Es importante recalcar que no pertenece a Israel y de ahí la insistencia de sus palabras y el motivo del rechazo de Jesucristo: «Ten compasión de mí, Señor, hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Es importante destacar la actitud despectiva del Maestro para conseguir la perseverancia de la petición. «Él no respondió nada».

Son los apóstoles mismos los que le insisten a Jesús: «atiéndela que viene detrás gritando».

Jesús explica que solo ha venido para los hijos de Israel.

La mujer lo oyó y gritó: «¡Señor, socórreme!».

Esta actitud de Jesús provoca una reacción de auténtica fe en la extranjera: «No está bien echar a los perros (nombre que daban los judíos a los extranjeros) el pan de los hijos».

La cananea, inspirada sin duda por el mismo Espíritu de Jesús, contestó:

«Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de las mesas de los amos».

Esta fe «desconcierta» el corazón de Cristo, que exclama acompañando sus palabras con el milagro que pide la mujer:

«Mujer, qué grande es tu fe. Que se cumpla lo que deseas».

En este caso del Evangelio debemos ver cómo Jesucristo quiere la constancia en nuestras peticiones y que no sea pedir y desconfiar, sino por el contrario seguir pidiendo por fe lo que conviene para gloria de Dios.

A través de estas tres lecturas de la liturgia de hoy podemos ver que Dios no hace distinción de personas ya que en los tres casos se trata de extranjeros que consiguen el don de Dios porque la salvación en Cristo está abierta para todos.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista