La liturgia de este domingo nos invita a poner toda nuestra confianza en Dios que sabe recompensar con misericordiosa generosidad.
- Isaías
El profeta Isaías,
que pertenece a la segunda época de Israel, nos invita a vivir en continua
búsqueda del Señor aprovechando su cercanía.
Por eso Isaías distingue, por un lado, a las personas de buena voluntad que buscan y encuentran a Dios cercano y misericordioso y, por otro lado, a quienes son criminales, los invita a arrepentirse porque, en una imagen no tan conocida del Antiguo Testamento, se recalca la misericordia de Dios con quienes se arrepienten.
- Salmo 144
El salmista nos
invita a todos a confiar en el Señor que está cerca de quienes lo invocan
sinceramente. Este es el motivo por el que el escritor sagrado puede gritar
feliz:
«Día tras día te
bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás».
Y continúa alabando al Señor: «Grande es el Señor, merece toda alabanza. Es incalculable la grandeza del Señor».
- San Pablo
Aunque se trata de
un párrafo corto de la Carta a los filipenses, no deja de encerrar un fuerte
atractivo en el que brilla sobre todo el amor a Jesucristo y también el amor a
la evangelización:
«Para mí la vida es
Cristo y una ganancia el morir».
Sin embargo, es muy
llamativo el amor del apóstol por la evangelización pues, si desea encontrarse
con Cristo, no le importa tener que esperar el encuentro con Él, con tal de
seguir evangelizando.
Y en fidelidad a
Cristo y al Evangelio termina incitando a los filipenses:
«Lo importante es
que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo».
Admiramos en estas palabras el celo de Pablo por dar a conocer a Jesucristo a los más posibles.
- Verso aleluyático
Se trata de una
petición a Dios en la que le suplicamos que nos abra el corazón para conocer y
enseñar las palabras del Evangelio:
«Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo».
- Evangelio
Son muy distintas
las interpretaciones que se hacen de la parábola de los trabajadores de la
viña.
Para mí lo más
importante es que todos, desde los que empezaron su faena en el campo al amanecer,
hasta los que fueron poco antes de la puesta del sol, todos reciben un denario
que significa la salvación.
Tener asegurada la
salvación es lo más importante que podemos desear al fin de nuestra vida (en la
noche de nuestro trabajo).
El llegar más o
menos pronto a conocer a Dios será fruto de la misericordia del Señor y de los
tiempos de Dios, que son totalmente distintos de los tiempos de los hombres.
La ventaja de los
primeros que van a la viña es que desde temprano de su vida conocen que tendrán
el alimento necesario para la casa. Por muy duro que sea el trabajo.
De todas maneras,
siempre es distinto tener «asegurada» la salvación de Dios por parte de los
primeros trabajadores y cómo, para los segundos, a pesar de las angustias de
todo un día de espera, la misericordia de Dios les asegura el jornal «completo»
del día.
Busquemos siempre
el trabajo sencillo, aunque nos cueste, con tal de tener segura la salvación y
nunca perdamos la confianza en la misericordia infinita de Dios.
José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

