25 de octubre de 2026

EL AMOR NOS HACE IGUALES


 La gran enseñanza de este domingo es el amor.

Tenemos obligación de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

¿Qué nos igualó a Dios con los hombres?

El amor.

Con la encarnación del Verbo, cuando Jesús se hizo hombre pudo decir: Amen ustedes a Dios por ser el creador de todo y ámense ustedes porque son criaturas del mismo Dios.

A partir de aquel momento las criaturas debemos tener un amor profundo al Creador y, al mismo tiempo amarnos unos a otros como hermanos.

  •  Libro del Éxodo

Dios mismo es el defensor del desvalido, como nos enseña el libro del Éxodo:

«No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé».

También prohíbe Dios aprovecharse del que pide prestado: «Si prestas dinero a un pobre que habita contigo, no serás con Él un usurero, cargándole intereses».

Y llega hasta el detalle de fijarse en la devolución del manto que te llegó como préstamo y que si no lo has devuelto y dejas a ese pobre sin abrigo… «Si grita a mí yo lo escucharé porque yo soy compasivo».

  • Salmo 17

El salmista ensalza la misericordia infinita del Creador; por eso la confianza de la criatura que le alaba, porque es, no solo su Dios, sino también su único defensor en la necesidad:

«Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte… Sea ensalzado mi Dios y salvador».

  • San Pablo

Muestra, en la Carta a los tesalonicenses, la razón teológica por la cual, en el principio de la Iglesia, tanto por parte del mismo Pablo como por sus colaboradores, se llegó definitivamente a abandonar los ídolos y abrirse a esta caridad que exige el nuevo modo de vivir con Dios.

El resultado de esta evangelización fue «cómo abandonando los ídolos os volvisteis a Dios para servir al Dios vivo y verdadero y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo…».

  • Verso aleluyático

Nos habla del amor infinito de Dios que recompensa con su propio amor el amor a los hermanos:

«El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él».

  • Evangelio

Un grupo de fariseos, pretendiendo hacer caer a Jesús en un camino contrario a la ley, hicieron grupo y uno de ellos (experto en la Ley) le preguntó:

«Maestro, ¿cuál es el primer mandamiento?».

Jesús, evidentemente más experto que este «expertito» de la Ley, respondió con la fuerza de su divinidad para conocimiento de todos los que quieran seguir de cerca a Dios. Y poniendo en orden las cosas dijo:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».

Y añadió para dar fuerza a esta primera parte del mandamiento:

«Este mandamiento es el principal y primero de todos»; y exclamó en seguida esta sentencia que dejó totalmente desorientados a los fariseos que quisieron probarle con su pregunta capciosa:

«El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”».

Y para remachar la respuesta tan importante, Jesús termina diciéndonos a todos nosotros:

«Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas».

De esta manera Jesús Maestro nos advierte que debe quedar bien claro:

Nuestra primera obligación es poner a Dios como el primero; y la segunda obligación que Él pide a cada uno de nosotros es el amor al prójimo.

Esta es la gran enseñanza de la liturgia en este domingo treinta del tiempo ordinario.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


18 de octubre de 2026

DEBERES CON DIOS Y LA SOCIEDAD

 

La humanidad siempre estará como dividida entre las obligaciones sociales y los deberes espirituales para con Dios.

De hecho, no hay contradicción entre ambos principios éticos y sociales, como nos muestra la liturgia de hoy.

  • Isaías

Con sus muchas limitaciones todo ser humano tiene que descubrir sus obligaciones para con Dios, movido por la fe y la gratitud; porque Él es el único dueño de la historia:

«Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro: …Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente y Occidente que no hay otro fuera de mí».

En este rey ungido descubrimos al Verbo encarnado, del que habla esa profecía.

  • Salmo 95

Es una invitación a aclamar a Dios por encima de todo:

«Porque es grande el Señor, muy digno de alabanza».

Frente a la divinidad del Dios verdadero, «los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo…».

Frente a este único Dios verdadero no hay nada ni nadie a quien alabar:

«Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda; decid a los pueblos: “El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente».

  • San Pablo

En su Carta a los Tesalonicenses el apóstol enseña que ante Dios Padre es preciso recordar continuamente que hay que vivir en acción de gracias:

«Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y los tenemos presentes en nuestras oraciones».

De esta manera, también Pablo insiste en el tributo de adoración que debemos cultivar con respecto a nuestro Dios único y verdadero.

  • Verso aleluyático

Son unas palabras de san Pablo que expresan cómo deben vivir los seguidores de Cristo: como luces que dan la verdadera razón para vivir: «Brilláis como lumbreras del mundo mostrando una razón para vivir».

Esto debe ser un cristiano, una luz («Ustedes son la luz del mundo») que con su vida manifiesta la verdadera razón de existir en este mundo.

  • Evangelio

Siempre con el fin de tentar a Jesús, un buen día los fariseos le hacen una pregunta para poder acusarlo ante los tribunales y, después de halagarlo con muchas alabanzas, le lanzan la pregunta:

«¿Es lícito pagar impuesto al César o no?»

La sabia respuesta de Jesús a esta pregunta, con que quieren comprometerle, pone las cosas en su sitio:

Primero, hay que dar culto a Dios porque es el dueño de la creación, honrándole con una conducta íntegra.

En segundo lugar, ha que cumplirse con los deberes y obligaciones, porque se utilizan muchas «cosas» necesarias para la convivencia humana.

Queda, pues, claro la doble obligación de toda persona:

A Dios el culto como autor de la naturaleza humana, y tributo a los seres humanos, por la cantidad de servicios que utilizamos en la vida ordinaria.

No olvidemos que nadie debería justificar la evasión de impuestos como un sistema para ganar dinero ilícitamente.

¿Procuras en tu vida dar culto a Dios como le es debido?; sin olvidar la obligación que tenemos con la sociedad en la que vivimos y de la que también somos responsables.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista