14 de junio de 2026

ID Y PROCLAMAD - Domingo XI del tiempo ordinario – ciclo A

 

Hoy escucharemos un mosaico de la bondad de Dios y de la continuidad que debemos vivir los seres humanos.

  • Éxodo

Nunca imaginaremos suficientemente el amor que Dios sentía por el pueblo de Israel a pesar de las faltas de caridad que tuvieron con Él.

Hoy dice Dios a Moisés: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí».

Israel no fue capaz de comprender nada de esto y nosotros lo único que podemos es admirar la gran caridad de Dios con este pueblo al que Él mismo llevó «como un águila a sus polluelos» mientras castigaba al opresor.

Dios ama el amor verdadero y donde no lo hay lo siembra.

  • Salmo 99

Este salmo, muy corto, por cierto, alaba las grandezas del Señor y nos invita a todos a saber que toda nuestra vida tiene que ser una canción a Dios:

«Servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores».

Continúa alabando al Señor Dios que nos hizo y, por tanto, a quién pertenecemos y debemos saber que «el Señor es bueno».

  • San Pablo

En su Carta a los romanos el apóstol canta la ternura de Dios que murió por todos:

«En verdad apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez… Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo siendo nosotros todavía pecadores murió por nosotros».

De aquí saca San Pablo esta conclusión:

«Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados por Dios por la muerte de su Hijo, con cuánta más razón cuando ya reconciliados seremos salvos por su vida»

  •  Verso aleluyático

Muchas veces repetimos en el padrenuestro: «Venga a nosotros tu reino». Se trata del reino de Dios que estando cerca nos pide a todos la conversión y la fe: «Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

  • Evangelio

Vemos en este párrafo de San Mateo la misericordia del Señor cuando ve a tantos hombres y mujeres como extenuados y agotados, algo así como cuando las ovejas no tienen pastor que les señale el camino. De ahí el dolor de Cristo:

«La mies es abundante, pero los trabajadores pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Es precisamente cuando San Mateo relata cómo Jesús en ese momento nombra a sus apóstoles, entre los cuales está Pedro, el de las traiciones, y también Judas Iscariotes, el que lo entregó.

Con este montón de hombres Jesús construye el principio de su Iglesia y les da unas normas que en sus inicios tienen ciertos recortes, pero al terminar el Evangelio irán por el mundo entero según el mandato último del Señor.

De todas formas, queremos hoy concluir esta reflexión recordando el mandato de Jesús.

«Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca».

¿Te sientes llamado por Dios a evangelizar a los de tu tiempo?

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

7 de junio de 2026

QUIEN ME COMA TENDRÁ VIDA - Domingo del Corpus Christi

La fiesta de la Eucaristía, de manera especial en este año, se celebra en distintos días debido a las Elecciones Generales en Perú.

Los invito, queridos lectores, a meditar en este domingo como la gran Fiesta del Corpus Christi.

Por un milagro muy importante que una hostia dejó caer sangre sobre el corporal, el Papa Urbano IV instituyó esta gran fiesta con la certeza que se tenía de la presencia de Jesús en la Eucaristía, confirmada por aquel gran milagro.

Desde entonces (siglo XIII) la Iglesia celebra con gran solemnidad el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo con procesiones embellecidas con alfombras de flores y oraciones especiales.

Son famosos los cánticos de santo Tomás, especialmente «Pange lingua» y «Tantum ergo».

  • Deuteronomio

En esta lectura se recuerda el amor de Dios que sacó de Egipto a los israelitas que vivían como auténticos esclavos. Ellos tuvieron que caminar a través de todo el desierto expuestos a peligros, carencias de todo tipo, especialmente por la falta de agua y de alimento:

«Les hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; sin embargo, Dios sacó agua para ti de una roca de pedernal y te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».

Esto en realidad era una prueba del mismo Señor que quería que su pueblo aprendiera «que no solo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios».

  • Salmo 147

Es una invitación a «glorificar al Señor»:

«Alaba a tu Dios Sion que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti… Ha puesto paz en tus fronteras».

El salmista termina invitando también a Jacob para que anuncie la Palabra de Dios.

  • San Pablo

En su Carta a los corintios el apóstol tiene unos simples versículos que transcribo para su meditación:

«El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo?

Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

El pan es uno y así nosotros, aunque somos muchos formamos un solo cuerpo porque comemos todos el mismo pan».

Qué importantes es aprovechar la Eucaristía para vivir la comunión entre todos nosotros.

  • Verso aleluyático

Recoge unas palabras del Evangelio como una invitación a meditarlas con profundidad:

«Yo soy el pan vivo… El que coma de este pan vivirá para siempre».

Procuremos comulgar con frecuencia para asimilar este milagro de amor.

  • Evangelio

El Evangelio de San Juan nos invita a renovar nuestra fe en el gran sacramento de la Eucaristía. Es Jesús mismo quien dice:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi vida para la vida del mundo».

Cuando los presentes oyen estas palabras se preguntan:

«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Jesús no solamente no se retracta, sino que vuelve a afirmar de distintas maneras:

«Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros».

A continuación, estas palabras nos invitan a tomar muy en serio el sacramento de la Eucaristía y asegurarnos de esta manera una eternidad feliz:

«El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día».

Para nosotros la Eucaristía es un gran regalo porque nos asegura la inhabitación de Dios en nuestro corazón: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él».

Medita la grandeza de este gran don, pero también la gravedad que acarrea no comerlo como el gran alimento de la vida presente y la futura.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista