8 de agosto de 2026

BUSCA SIEMPRE A DIOS - Domingo XIX del tiempo ordinario – ciclo A


En este domingo pedimos a Dios:

«Que la comunión en tus sacramentos nos salve y nos lleve a la plenitud de la Luz de tu verdad», Jesús.

  • Libro 1 de Reyes

Cuando el profeta Elías llegó a cobijarse en una cueva del monte Horeb, oyó la voz de Dios que le decía: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!».

El profeta cree descubrir la voz de Dios en un violento huracán que rompía las peñas, luego se sintió un terremoto, a continuación, vino un fuego, pero en ninguno de los tres fenómenos de la naturaleza encontró a Dios.

Era demasiado alboroto para descubrirlo entre tanto ruido, pero después del fuego «se oyó una brisa tenue, al sentirla Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva». Dios le iba a hablar en la suave brisa y no en medio del bullicio y la confusión.

No busquemos a Dios en medio del bullicio del mercado, el alboroto de una fiesta, ni en medio de las ideologías que confunden y aturden… A Dios se le encuentra en el silencio de la oración y en un corazón pacificado.

  • San Pablo

Judío, como tantos en su comunidad, se convirtió al cristianismo: «Mi conciencia iluminada por el Espíritu Santo me asegura que no miento».

Desde su conversión Pablo siente «una gran pena y un gran dolor incesante» al tener que separarse del resto de su comunidad judía.

El apóstol afirma que «por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser proscrito lejos de Cristo».

En el pequeño párrafo que sigue a continuación, Pablo alaba a los suyos que pertenecen «a la alianza, a la ley, al culto y las promesas».

El apóstol siente dolor al ver todas las maravillas que el resto del pueblo judío no puede recibir, al no seguir las promesas de Dios, siendo «herederos de los patriarcas de quienes según la carne nació el Mesías».

Por encima de la fidelidad a todo lo humano, Pablo reconoce que «Dios está por encima de todo» y concluye con esta oración de alabanza:

«Bendito por los siglos».

Es bueno confesar que por encima de todas las cosas está el Creador y Santo por los siglos.

  • Verso aleluyático

Es un acto de esperanza en los dones que vienen de Dios:

«Espero en el Señor, espero en su Palabra».

  • Evangelio

Se trata de una secuencia muy bella.

En primer lugar, aparece Jesús solo, en oración con su Padre, después de despedir a la multitud tras la multiplicación de los panes.

Los apóstoles embarcados todos juntos, parten sin Jesús a la otra orilla del lago.

Sacudida la barca por las olas, Jesús está ausente. De pronto, viene Él caminando sobre el agua, y los apóstoles al verlo, llenos de temor, gritan de miedo pensando que era un fantasma.

Jesús les dice estas palabras que debemos tener siempre en cuenta: «Ánimo, soy yo. No tengáis miedo».

Al oírlo, Pedro, quizá por hacer una bravata o quizá con fe verdadera, le dice al Señor: «Si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua».

Jesús le dijo: «¡Ven!».

Pedro, bajando de la barca, echó a andar sobre el agua, pero «al sentir la fuerza del viento le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame”».

Jesús le agarró las manos diciendo: «Qué poca fe, ¿por qué has dudado?»

Ambos subieron a la barca y enseguida amainó el viento y se sosegó el mar.

Queridos amigos, hay que buscar siempre a Dios en Cristo Jesús, confiar en Él y fiarse de su poder, pero con auténtica fe, y no con las dudas con que se echó Pedro en el mar y se asustó por el viento y el oleaje.


José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista



2 de agosto de 2026

EL MEJOR ALIMENTO - DOMINGO XVIII - CICLO A


Los bienes los ha hecho Dios y los regaló a los hombres. El dinero lo ha hecho el hombre para comprar y vender. La felicidad depende de la caridad al compartir.

Veamos algunos consejos y orientaciones en las lecturas de hoy. 

  • Isaías

Nos aconseja que empleemos el sueldo y el dinero en lo que alimenta de verdad:

“¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura?”.

Dios responde:

“Inclinad vuestro oído, venid a mí, escuchadme atentos y comeréis bien”.

La liturgia de este domingo, precisamente, nos va a hablar de la eficacia de escuchar la Palabra de Dios.

En Dios mismo encontraremos el alimento sano y bueno. 

  • Salmo responsorial

Nos muestra a todas las criaturas esperando de las manos de Dios el pan del día porque

“Él es cariñoso con todas sus criaturas”.

Por eso: “Los ojos de todos están aguardando. Tú les das la comida a su tiempo”. Finalmente el salmo nos invita a meditar cómo “Dios está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”.

De las ideas de este salmo brota, sin duda, la costumbre de bendecir los alimentos antes de comer y dar gracias después de alimentarnos. 

  • San Pablo

Acerquémonos al Señor y confiemos en la fuerza de su bondad.

Para el apóstol su tesoro personal es Dios mismo y se siente seguro de que nadie se lo podrá quitar.

Es Dios mismo quien nos amarra con su amor.

Por cierto que tiene mucho mérito esta afirmación del apóstol quien, después de haber soportado tantas pruebas al evangelizar, siempre se quedó con Dios en los brazos y por eso llegó a afirmar:

“¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución?

¿El hambre?...”. Es decir, todo aquello que suele aparecer a lo largo de la vida.

Pero si realmente vivimos en el amor de Dios será fácil vencer, no por nosotros, sino “por el amor (y la ternura) que Dios nos ha manifestado”, a través de Jesucristo. 

  • Verso aleluyático

Hay que comer, sí.

Busquemos con valentía para nosotros y los nuestros y para poder compartir los alimentos necesarios. Pero tengamos presente que el mejor alimento debe ser siempre “toda palabra que sale de la boca de Dios”. 

  • Evangelio

Jesús se entera de que Herodes ha martirizado a Juan Bautista y “se marcha de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado”.

Cuando desembarca se encuentra el Señor con mucha gente que lleva sus enfermos. Su corazón apostólico siente pena, sana a los enfermos y evangeliza.

Los apóstoles se acercan a Él interrumpiéndole. Así es la lógica humana:

“Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”.

La lógica divina es distinta:

“Denles ustedes de comer”.

Le presentan cinco panes y dos peces.

La bendición de Jesús a los panes y peces nos trae el recuerdo de la eucaristía en la que se multiplica Cristo mismo que es el pan de vida:

“Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio”.

Comieron y recogieron doce cestos de sobras:

Eran “unos cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”.

Un hermoso día para un apóstol inquieto como Jesús que alimenta a su pueblo con la Palabra de vida y con el pan y pescado.


José Ignacio Alemany Grau, obispo