29 de agosto de 2026

SANTA ROSA DE LIMA OBEDIENTE AL PLAN DE DIOS

 

Hoy en el Perú celebramos a Santa Rosa de Lima. Es solemnidad para nosotros.

Por eso comienzo mi comentario dominical, recordando cómo Rosa de Santa María es modelo en nuestro camino hacia Dios. Su santidad tiene dos polos fundamentales:

El primero es el amor de intimidad con Jesús que la llevó al desposorio místico, y el otro, la caridad para con los pobres y enfermos de los que fue una bienhechora sacrificada que les proveía de ropa, alimentos, cuidados y medicinas. Incluso destinó una habitación de la casa para acoger a los pobres enfermos.

Este delicado servicio al prójimo le nació de esa intimidad con Jesús, manifestada especialmente:

+ En el viacrucis rezado en su huerta y cargando una cruz.

+ En la imitación de Jesús sufriente buscando parecerse a Él con cilicios, disciplinas, la corona de rosas que por dentro tenía unos clavitos que torturaban su cabeza; durmiendo sobre un duro colchón que tenía trozos de piedras y vidrios rotos y su almohada era una piedra.

+ En sus largos tiempos de oración en una pequeña ermita que construyó ella misma ayudada por su hermano.

+ Sobre todo por su amor especial a Jesús Eucaristía al que recibía tres veces por semana y cuando se le permitía alguna vez más. Antes de morir pidió el viático y entró en éxtasis.

Sus últimas palabras fueron al amor de su vida: «Jesús, Jesús».

Podríamos decir que como recuerda el Evangelio de su fiesta, santa Rosa ha sido como el grano de mostaza, sencilla y pequeña, pero después su devoción se ha extendido no solo por el Perú sino también por América Latina, las Filipinas, las Antillas e incluso a la Iglesia universal como la primera santa de América.

Como la segunda parábola del Evangelio de hoy, ella ha sido el poco de levadura que fermenta la masa, haciendo que muchas personas, al invocarla, se hayan encontrado con Jesús.

Para nosotros, tratando el tema de la liturgia de este domingo XXII, santa Rosa ha sido una de las personas que mejor han acogido el plan de Dios en su vida.

***

Muchas veces resulta duro aceptar el plan de Dios, pero en los hombres de fe se impone la aceptación y con ella la paz. Así lo vivió, como hemos visto brevemente, santa Rosa de Lima. Ahora veremos cómo reaccionaron Jeremías y Pedro, pero al fin Dios se impuso en su vida.

Procuremos seguir el consejo que nos dará San Pablo.

  • Jeremías

Es un profeta muy sensible y culto que tuvo mucho que sufrir.

Un buen día se quejó ante Dios:

«Tú me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido. He sido a diario el hazmerreír, todo el mundo se burlaba de mí».

Parece que Jeremías se siente como engañado por Dios que, al llamarlo, no le previno de todo lo que tendría que sufrir al aceptar su misión.

Al fin el santo profeta se siente feliz con Dios y se expresa así:

«El Señor es mi fuerte defensor».

Y a continuación, lo glorifica diciendo:

«Cantad al Señor, alabad al Señor que libera la vida del pobre».

  •  San Pablo

Nos pide que a la hora de actuar procuremos discernir la voluntad de Dios y no seguir los intereses y exigencias del mundo.

Tengamos presente que Dios quiere nuestra santificación procurando «renovar nuestra mente para discernir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto».

  • Evangelio

Es interesante cómo se centra la confesión y el primado de Pedro en el evangelio de Mateo:

Le precede el primer anuncio de la pasión, le sigue la transfiguración y después de ésta Jesús advierte a los suyos que no digan nada hasta que resucite de entre los muertos.

Está claro que Jesús quiere que entendamos que el triunfo definitivo del Hijo del hombre solo acontecerá después de la muerte del Siervo de Dios que se somete al plan de salvación trazado por el Padre.

El párrafo de hoy se realiza después que Jesús da el poder de las llaves a Pedro.

Jesús recalca que irán a Jerusalén donde será ejecutado y resucitará el tercer día.

Pedro, sintiéndose ya responsable de la Iglesia, se rebela contra el plan de Dios y corrige a Jesús:

«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús rechaza duramente a Pedro, como a un aliado de satanás, que le quiere apartar de su misión y le da a entender que su primera intervención ha sido un fracaso porque «tú piensas como los hombres, no como Dios».

Para terminar será bueno que meditemos estas palabras de Jesús:

«¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

23 de agosto de 2026

SOLO DIOS ES DIOS - Domingo XXI del tiempo ordinario – ciclo A



A través de las lecturas de este domingo nos enseña la Iglesia que solo hay un Dios con toda la autoridad, y un enviado suyo, Jesucristo.

  •  Isaías

En el tiempo del profeta Isaías hay un mayordomo indigno en el palacio de Dios. A este es quien destituye el Señor por sus malas obras y pone en su lugar como mayordomo del templo de Jerusalén a un descendiente de David.

Al primero le dice Dios:

«Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo».

En su lugar Dios llama a su siervo Eliacín, hijo de Elsías, y le colocará todos los atuendos y le concederá todo el respaldo que merece un mayordomo del Señor:

«Colgaré de su hombro la llave del Palacio de David… Dará un trono glorioso a la casa paterna».

  • Salmo 137

Conviene que con frecuencia glorifiquemos a Dios simplemente por ser Señor y porque «su misericordia es eterna y no abandona las obras de sus manos».

Prosigue el salmista alabando a Dios: «Señor, te doy gracias de todo corazón, delante de los ángeles tañeré para ti. Me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre».

No olvidemos la grandeza del Señor y de alabarlo por ser Él quien es.

  • San Pablo

En su Carta a los romanos el apóstol da la razón del por qué del actuar del Señor que no tiene que dar cuentas a nadie. Meditemos este breve párrafo:

«Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios. Qué insondables son sus decisiones y qué irrastreables sus caminos…».

El párrafo concluye alabando a Dios:

«Él es el origen, guía y meta del Universo».

Solo a Él debemos dar gracias todos los seres humanos: «A Él la gloria por los siglos».

  • Verso aleluyático

Recoge el gran poder que otorga Jesús a Pedro, en su Iglesia, por haber confesado que Jesús en realidad es verdadero Dios:

«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará».

  • Evangelio

Después de una pregunta de Jesús, que en el fondo no le interesa a Él mismo: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?», hay varias respuestas por parte de los apóstoles que se ve claro que no importan a su Maestro.

Más bien Él va a lo concreto y pregunta nuevamente a los apóstoles:

«¿Y ustedes quién dicen que soy yo?».

Son muchos los milagros que hablan de la grandeza de Jesús, pero solo Pedro tiene una respuesta absoluta sobre Jesucristo, que le merece la máxima alabanza y el poder sobre la Iglesia:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús alaba a Pedro que solo ha podido dar esta respuesta por una revelación del Padre:

«Porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso sino mi Padre que está en el cielo».

Y es entonces cuando la generosidad de Jesús rebosa sobre Pedro y lo coloca como cimiento de la Iglesia que Él va a fundar:

«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del infierno no la derrotará».

Además, lo concreta con esta expresión:

«Te daré las llaves del reino de los cielos».

Y le confiere el máximo poder de perdonar en el nombre de Dios.

La conclusión que saca Jesús de esta revelación es muy importante:

«Les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Mesías», es decir, el mismo gran Señor y Creador, Jesucristo Dios y hombre verdadero, que merece toda alabanza por su divinidad como la del Padre.


 


José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

15 de agosto de 2026

¡Señor, socórreme! - Domingo XX del tiempo ordinario – ciclo A

 


Nos cuenta San Mateo que Jesús iba proclamando el evangelio del reino y respaldaba sus palabras curando las enfermedades del pueblo de Israel. 

  • Isaías (56,1.6-7)

El profeta Isaías, de parte de Dios, nos pide actuar con justicia por la razón más importante: el Señor llega y con Él la salvación a través de la cual se revelará la victoria de nuestro Dios.

Es interesante que Isaías pida a los extranjeros que están en Israel que sirvan al Señor «para amar el nombre del Señor y ser sus servidores».

Vemos además que Dios se compromete a tratarlos con un amor especial: «Los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios… Porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos».

  • San Pablo (Rm 11,13-15.29-32)

Habla a los gentiles como a sus hermanos y les dice: «Mientras sea vuestro apóstol haré honor a mi ministerio: “por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a algunos de ellos”».

De esta manera el apóstol demuestra el cariño que tiene por los de su raza y cómo es su intención atraer a los gentiles a la fe en Jesucristo. Para ello se atreve a dar esta valiente razón: «Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos».

  • Verso aleluyático

Repite las palabras del comienzo de esta reflexión por la importancia de la actuar de Jesús predicando mientras comparte con los apóstoles el poder de curación.

  •  Evangelio (Mt 15,21-28)

Una mujer cananea se acerca a Jesús. Es importante recalcar que no pertenece a Israel y de ahí la insistencia de sus palabras y el motivo del rechazo de Jesucristo: «Ten compasión de mí, Señor, hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Es importante destacar la actitud despectiva del Maestro para conseguir la perseverancia de la petición. «Él no respondió nada».

Son los apóstoles mismos los que le insisten a Jesús: «atiéndela que viene detrás gritando».

Jesús explica que solo ha venido para los hijos de Israel.

La mujer lo oyó y gritó: «¡Señor, socórreme!».

Esta actitud de Jesús provoca una reacción de auténtica fe en la extranjera: «No está bien echar a los perros (nombre que daban los judíos a los extranjeros) el pan de los hijos».

La cananea, inspirada sin duda por el mismo Espíritu de Jesús, contestó:

«Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de las mesas de los amos».

Esta fe «desconcierta» el corazón de Cristo, que exclama acompañando sus palabras con el milagro que pide la mujer:

«Mujer, qué grande es tu fe. Que se cumpla lo que deseas».

En este caso del Evangelio debemos ver cómo Jesucristo quiere la constancia en nuestras peticiones y que no sea pedir y desconfiar, sino por el contrario seguir pidiendo por fe lo que conviene para gloria de Dios.

A través de estas tres lecturas de la liturgia de hoy podemos ver que Dios no hace distinción de personas ya que en los tres casos se trata de extranjeros que consiguen el don de Dios porque la salvación en Cristo está abierta para todos.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

8 de agosto de 2026

BUSCA SIEMPRE A DIOS - Domingo XIX del tiempo ordinario – ciclo A


En este domingo pedimos a Dios:

«Que la comunión en tus sacramentos nos salve y nos lleve a la plenitud de la Luz de tu verdad», Jesús.

  • Libro 1 de Reyes

Cuando el profeta Elías llegó a cobijarse en una cueva del monte Horeb, oyó la voz de Dios que le decía: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!».

El profeta cree descubrir la voz de Dios en un violento huracán que rompía las peñas, luego se sintió un terremoto, a continuación, vino un fuego, pero en ninguno de los tres fenómenos de la naturaleza encontró a Dios.

Era demasiado alboroto para descubrirlo entre tanto ruido, pero después del fuego «se oyó una brisa tenue, al sentirla Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva». Dios le iba a hablar en la suave brisa y no en medio del bullicio y la confusión.

No busquemos a Dios en medio del bullicio del mercado, el alboroto de una fiesta, ni en medio de las ideologías que confunden y aturden… A Dios se le encuentra en el silencio de la oración y en un corazón pacificado.

  • San Pablo

Judío, como tantos en su comunidad, se convirtió al cristianismo: «Mi conciencia iluminada por el Espíritu Santo me asegura que no miento».

Desde su conversión Pablo siente «una gran pena y un gran dolor incesante» al tener que separarse del resto de su comunidad judía.

El apóstol afirma que «por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser proscrito lejos de Cristo».

En el pequeño párrafo que sigue a continuación, Pablo alaba a los suyos que pertenecen «a la alianza, a la ley, al culto y las promesas».

El apóstol siente dolor al ver todas las maravillas que el resto del pueblo judío no puede recibir, al no seguir las promesas de Dios, siendo «herederos de los patriarcas de quienes según la carne nació el Mesías».

Por encima de la fidelidad a todo lo humano, Pablo reconoce que «Dios está por encima de todo» y concluye con esta oración de alabanza:

«Bendito por los siglos».

Es bueno confesar que por encima de todas las cosas está el Creador y Santo por los siglos.

  • Verso aleluyático

Es un acto de esperanza en los dones que vienen de Dios:

«Espero en el Señor, espero en su Palabra».

  • Evangelio

Se trata de una secuencia muy bella.

En primer lugar, aparece Jesús solo, en oración con su Padre, después de despedir a la multitud tras la multiplicación de los panes.

Los apóstoles embarcados todos juntos, parten sin Jesús a la otra orilla del lago.

Sacudida la barca por las olas, Jesús está ausente. De pronto, viene Él caminando sobre el agua, y los apóstoles al verlo, llenos de temor, gritan de miedo pensando que era un fantasma.

Jesús les dice estas palabras que debemos tener siempre en cuenta: «Ánimo, soy yo. No tengáis miedo».

Al oírlo, Pedro, quizá por hacer una bravata o quizá con fe verdadera, le dice al Señor: «Si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua».

Jesús le dijo: «¡Ven!».

Pedro, bajando de la barca, echó a andar sobre el agua, pero «al sentir la fuerza del viento le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame”».

Jesús le agarró las manos diciendo: «Qué poca fe, ¿por qué has dudado?»

Ambos subieron a la barca y enseguida amainó el viento y se sosegó el mar.

Queridos amigos, hay que buscar siempre a Dios en Cristo Jesús, confiar en Él y fiarse de su poder, pero con auténtica fe, y no con las dudas con que se echó Pedro en el mar y se asustó por el viento y el oleaje.


José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista



2 de agosto de 2026

EL MEJOR ALIMENTO - DOMINGO XVIII - CICLO A


Los bienes los ha hecho Dios y los regaló a los hombres. El dinero lo ha hecho el hombre para comprar y vender. La felicidad depende de la caridad al compartir.

Veamos algunos consejos y orientaciones en las lecturas de hoy. 

  • Isaías

Nos aconseja que empleemos el sueldo y el dinero en lo que alimenta de verdad:

“¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura?”.

Dios responde:

“Inclinad vuestro oído, venid a mí, escuchadme atentos y comeréis bien”.

La liturgia de este domingo, precisamente, nos va a hablar de la eficacia de escuchar la Palabra de Dios.

En Dios mismo encontraremos el alimento sano y bueno. 

  • Salmo responsorial

Nos muestra a todas las criaturas esperando de las manos de Dios el pan del día porque

“Él es cariñoso con todas sus criaturas”.

Por eso: “Los ojos de todos están aguardando. Tú les das la comida a su tiempo”. Finalmente el salmo nos invita a meditar cómo “Dios está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”.

De las ideas de este salmo brota, sin duda, la costumbre de bendecir los alimentos antes de comer y dar gracias después de alimentarnos. 

  • San Pablo

Acerquémonos al Señor y confiemos en la fuerza de su bondad.

Para el apóstol su tesoro personal es Dios mismo y se siente seguro de que nadie se lo podrá quitar.

Es Dios mismo quien nos amarra con su amor.

Por cierto que tiene mucho mérito esta afirmación del apóstol quien, después de haber soportado tantas pruebas al evangelizar, siempre se quedó con Dios en los brazos y por eso llegó a afirmar:

“¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución?

¿El hambre?...”. Es decir, todo aquello que suele aparecer a lo largo de la vida.

Pero si realmente vivimos en el amor de Dios será fácil vencer, no por nosotros, sino “por el amor (y la ternura) que Dios nos ha manifestado”, a través de Jesucristo. 

  • Verso aleluyático

Hay que comer, sí.

Busquemos con valentía para nosotros y los nuestros y para poder compartir los alimentos necesarios. Pero tengamos presente que el mejor alimento debe ser siempre “toda palabra que sale de la boca de Dios”. 

  • Evangelio

Jesús se entera de que Herodes ha martirizado a Juan Bautista y “se marcha de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado”.

Cuando desembarca se encuentra el Señor con mucha gente que lleva sus enfermos. Su corazón apostólico siente pena, sana a los enfermos y evangeliza.

Los apóstoles se acercan a Él interrumpiéndole. Así es la lógica humana:

“Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”.

La lógica divina es distinta:

“Denles ustedes de comer”.

Le presentan cinco panes y dos peces.

La bendición de Jesús a los panes y peces nos trae el recuerdo de la eucaristía en la que se multiplica Cristo mismo que es el pan de vida:

“Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio”.

Comieron y recogieron doce cestos de sobras:

Eran “unos cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”.

Un hermoso día para un apóstol inquieto como Jesús que alimenta a su pueblo con la Palabra de vida y con el pan y pescado.


José Ignacio Alemany Grau, obispo