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29 de diciembre de 2017

COMO ESCALERA DE CARACOL

Reflexión homilética para este domingo 31 de diciembre
Ante todo feliz Año Nuevo 2018 y que el Señor bendiga todos los proyectos e ilusiones que tienes tú y sobre todo los que Él tiene sobre ti.
No creo que te extrañe el título de esta reflexión porque la vida parece una escalera de caracol por la cual vamos repitiendo casi a diario los mismos acontecimientos y nos puede parecer muy monótona.
Sin embargo la realidad es que pasa el tiempo y cada vez estamos más arriba.
Lo que hace importante a la escalera de caracol es el equilibrio que tenga sobre el mismo y único eje central. Entonces subimos tranquilamente peldaño tras peldaño.
Te deseo que el eje central de tu año y de tus años siempre sea el mismo y único: Dios que es el que te hace feliz y fuerte.
La Iglesia hace mucho tiempo que puso en el primer día del año la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, para marcarnos una orientación segura durante los 365 días.
Esto es maravilloso.
Si seguimos la comparación, María ha llegado a lo más alto a que puede llegar criatura alguna.
Por eso es bueno que desde el primer día del año aprendamos a ascender siempre recordando aquel hermoso dicho:
“Al principio era la Madre”.
A través de María e imitándola, llegaremos siempre a nuestra felicidad que es Dios.
Vayamos ahora, aunque brevemente, al mensaje de las lecturas de este día.

*       Libro de los Números
Este libro nos habla hoy de la bendición que Dios enseñó a Moisés, diciéndole:
“Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas”.
Muchas veces he visto en la sierra que los padres de los novios, cuando salíamos los sacerdotes del despacho parroquial, bendecían a sus hijos que tenían delante puestos de rodillas.
¿Cómo bendices tú?
Porque supongo que lo haces a los tuyos, especialmente a tus hijos.
Dios debe dar una bendición muy especial a través de los papás.
Te invito a aprender bien esta bendición que, aunque es del Antiguo Testamento, lleva tanta hermosura  que incluso san Francisco de Asís la repetía muchas veces:
“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
El señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.
Lo más bonito es lo que viene a continuación:
“Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré”.
Después de esta invocación será bueno que añadas la que hacemos siempre los católicos, es decir: “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
*       Salmo responsorial (66)
Muy apropiado para el día especialmente sobre la bendición que acabamos de comentar:
“El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros… Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga”.
*       San Pablo a los Gálatas
Nos dice hoy el apóstol que Dios “envió a su Hijo nacido de mujer”.
Sí. Dios quiso necesitar de una mujer. Es de fe. Por eso precisamente María es Madre de Dios, porque su verdadero Hijo, es verdadero Dios.
Y nos advierte San Pablo que el Hijo de Dios vino para “sacarnos de la servidumbre de la ley y hacernos hijos de Dios por adopción”.
Te hago la misma invitación que San Pablo en este día:
Aprovecha la presencia del Espíritu Santo en ti para repetir una y mil veces esta sencilla oración:
“¡¡Abbá, Padre!!”.
*       Versículo aleluyático
Nos hace una advertencia muy importante, tomada de la carta a los Hebreos.
Si es cierto que Dios nos habló muchas veces por medio de los profetas, ahora, como última y definitiva vez, nos ha hablado por Jesús y a Él tenemos que escuchar y seguir.
*       Evangelio
El Evangelio de San Lucas en este ambiente navideño, nos cuenta cómo los pastores, al oír a los ángeles que cantaban a Dios fueron corriendo a la cueva y contaron todo lo que “les habían dicho de aquel Niño”.
Dice el Evangelio que todos se admiraban de lo que decían los pastores.
Y “María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”.
¡Contemplativa!
¿Cuando lees el Evangelio de la Navidad, meditas la profundidad del misterio que encierra la encarnación del Verbo?
Finalmente, el Evangelio termina contándonos la circuncisión, que era un rito que cumplía todo israelita hombre, como signo de pertenencia al pueblo de Dios.
Como dice la Biblia Didajé “la circuncisión era un signo para unirse a la alianza de Israel como descendiente de Abraham”. Era entonces cuando le imponían el nombre al pequeño:
“Le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel, antes de su concepción”.
Ya sabes que etimológicamente, Jesús significa “Yavé salva”.
Ese era su nombre y su misión.
En nombre de Jesús te deseo un FELIZ AÑO 2018.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

29 de diciembre de 2016

MARÍA CONSERVABA… EN EL CORAZÓN

Reflexión homilética para la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, ciclo A
Si Jesús es el Corazón del año litúrgico, María es su Madre, la Madre del Corazón de Jesús.
¿Cómo lo consiguió?
María prefirió mantenerse virgen. Por eso cuando el ángel le habló de un hijo, le contestó: “no conozco varón”. Y esto no por no conocer varones, ya que había muchos en Nazaret como en todos los pueblos. Tampoco porque no pensara casarse porque ya estaba desposada y pronto se casaría con José.
Había algo más que ella quiso ofrecer a Dios: quería tener un corazón intacto y consagrado únicamente para Él.
Precisamente por eso Dios la eligió y la predestinó. Le ofreció la Maternidad divina, pero al mismo tiempo no le quitó la virginidad.
María es Madre y Virgen.
María es Virgen antes, durante y después del parto. Así lo ha enseñado siempre la Iglesia. No porque sea malo ser madre y tener hijos, sino porque Dios quiso privilegiar a María de una manera especial. Esto lo puedes leer en el Catecismo de la Iglesia Católica (496):
“La Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido "absque semine ex Spiritu Sancto" (Cc Letrán), esto es, sin elemento humano, por obra del Espíritu Santo”.
Añade el mismo Catecismo (499):
“La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo "lejos de disminuir, consagró la integridad virginal" de su Madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la "Aeiparthenos", la "siempre-virgen".
El Catecismo de Ripalda, aclara bellamente cómo habría sido el parto:
“Jesús salió del vientre de la Virgen como el rayo del sol por el cristal sin romperlo ni mancharlo” (85).
Es de fe, pues, que la virginidad de María fue un regalo que Dios quiso hacerle.
Insistimos nuevamente en que María es verdadera Madre de Jesús, porque le dio a Él lo que toda madre da a su hijo: el cuerpo.
Creemos que en el momento de la concepción de todo hombre, Dios pone el alma. En el caso de la concepción de Jesús, a ese cuerpo y alma humana se unió la Segunda persona de la Santísima Trinidad. Y así Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios.
Esta Maternidad divina de María es lo que hoy celebramos en la liturgia.
1.             Por su parte el Evangelio nos ha recordado la escena de los pastores visitando a María y a José y contando todas las maravillas que habían visto y oído.
Lucas nos recuerda la actitud de María:
“María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”.
Finalmente el Evangelio de hoy añade que a los ocho días lo circuncidaron y le “pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción”.
Esta solemnidad que celebramos el primer día del año corresponde a la octava de Navidad que la Iglesia, después de haber contemplado en estos días el nacimiento de Jesús, ha querido dedicar a su Madre Santísima.
2.            En este día también quiero compartir con ustedes otros pensamientos:
Se nos acaba el año 2016 y será bueno que agradezcamos a Dios día por día, por sus misericordias con nosotros, y especialmente habernos conservado la vida.
También es bueno que con sencillez y humildad recordemos los pecados cometidos, nos arrepintamos sinceramente y emprendamos con optimismo el camino hacia el futuro.
Esto nos lleva a agradecer también a Dios el comienzo del nuevo año. Por supuesto que es una manera humana el dividir el tiempo en años, meses, días, horas, etc.
Pero es una forma de responsabilizarnos mejor del tiempo que Dios nos regala. Y organizándonos podamos aprovecharlo mejor.
Contemplando el año que Dios nos ofrece, será bueno recordar las palabras de san Agustín:
“Canta y camina”.
Es decir, pon alegría, ilusiones, amor y esperanza y compártelos con los tuyos, sobre todo en el año que empieza. Así tú mismo te prepararás un feliz año nuevo que yo también te deseo.
3.            Por otra parte la humanidad entera llegó a un acuerdo de celebrar, el 1 de enero, como el día de la paz.
De hecho vivimos sin paz.
La mayor parte de la humanidad ha roto la paz con Dios. También entre los hombres la hemos roto, incluso la hemos roto dentro de nosotros mismos.
Pidamos al buen Dios que nos permita a todos construir la paz porque es una de las bienaventuranzas de Jesús: “bienaventurados los que construyen la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
Finalmente, en este tiempo de tantos ataques a la familia, a la vida y a la persona, miremos a la Sagrada Familia de Nazaret que en estos días la liturgia nos propone como el modelo que Dios quiere para todos sus hijos.
En Jesús, María y José encontraremos el verdadero ejemplo de hijos, madres y padres que todos añoramos.
Feliz Año 2017.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

24 de diciembre de 2016

HOY NOS HA NACIDO EL SALVADOR

Reflexión homilética para La Natividad del Señor, ciclo A
Este año la Navidad cae en domingo.
En esta gran fiesta la Iglesia nos presenta tres esquemas diferentes para la celebración en las distintas horas.
El primero está orientado para la celebración de media noche (la Misa de Gallo).
El segundo es para el amanecer y el tercero para el día.
Vamos a comenzar comentando el prefacio que como sabes suele orientar el mensaje central  del día.
*        Prefacio
En el misterio de hoy celebramos que Cristo, sin dejar la Gloria de Dios, se hace presente entre nosotros.
Si como Dios era invisible, al hacerse hombre es visible.
El Eterno, entrando en el tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir todo lo creado y reconstruir lo que había destruido el pecado. De esta manera nos abrió las puertas del Reino de los cielos.
Esto es lo esencial del misterio.
Completemos. ¿Qué sucedió en el nacimiento del Verbo encarnado?
Jesús, como Dios, tiene la misma naturaleza del Padre y del Espíritu Santo. Cada una de las tres Personas posee toda la grandeza de Dios.
Toda su naturaleza, toda su Divinidad.
Al hacerse hombre, por un milagro del Espíritu Santo, el Verbo se encarnó en la Virgen María sin intervención de ningún hombre.
María Virgen le da el cuerpo, como toda madre, a su Hijo. Y Dios, como Él hace con toda criatura humana, le infunde un alma. De esta manera Jesús es hombre perfecto. A esta humanidad se une la Segunda Persona de la Trinidad.
Por eso Jesucristo tiene dos naturalezas: una humana y otra divina.
Y tiene una sola Persona Divina: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Admira esta maravilla:
Jesucristo sufre como hombre y merece como Dios.
Precisamente para eso se encarnó, ya que era la única manera de redimirnos del pecado.
Medita pues: ¡Jesucristo sufre como hombre y merece como Dios!
*        El Evangelio
Se centra en la encarnación.
El primer esquema es el de San Lucas y el segundo es de San Juan.
Evidentemente que lo esencial es lo mismo, pero Lucas habla a la imaginación y Juan nos presenta la más alta teología.
*Evangelio de Lucas
Cada detalle del relato es hermoso y profundo.
Hay un censo decretado por el emperador Augusto.
José, y María que está encinta, tienen que ir a Belén. Llegando a Belén María siente que ha llegado su hora y da a luz a su primogénito.
Recordemos que el primogénito es el primer hijo aunque no haya otros después.
Con el cariño de Madre, María había preparado los pañales y sobre ellos colocó al Niño.
Lucas advierte que no encontraron sitio en la posada sea por la multitud que acudió por el censo o porque no encontraron un lugar apropiado.
La soledad de María y de José en una cueva fue interrumpida de pronto por unos pastores que, mientras velaban en la noche, oyeron a los ángeles cantando y anunciándoles una gran noticia, “alegría para todo el pueblo”:
“Hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.
Recuerda que en esa pequeña ciudad había nacido David, el gran precursor del Mesías.
Los ángeles cantaron: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.
Estos hombres sencillos no discutieron, sino que se fueron felices a la cueva a contar todo lo que habían visto y oído.
Imagina la alegría de María y de José cuando, a pesar de la vivienda tan humilde, les llegó el mensaje de Dios a través de los pastores.
*Evangelio de Juan
Lo escucharemos en el tercer esquema de Navidad. Te invito a tomar el Evangelio en tus  manos.
Es muy profundo pero no temas.
“Al principio existía el Verbo…”
Ese Verbo es la Segunda Persona que lo creó todo y “sin Él no se hizo nada de cuanto fue hecho”.
Después de la descripción maravillosa de la Divinidad de Jesús, termina el párrafo con esas palabras que repetimos diariamente:
“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.
Un misterio grandioso para que lo medites no solo en el nacimiento (o Belén) de tu parroquia sino también en el de tu casa.
*        Verso aleluyático
El tercer esquema de hoy nos felicita y anima:
“Nos ha amanecido un día sagrado, venid naciones, adorad al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra”:
¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!
Unidos en familia glorifiquemos a Jesús Verbo encarnado y agradezcamos al Padre la ternura que derramó sobre nosotros por el Espíritu Santo: ¡lo encontramos en los brazos de María!
José Ignacio Alemany Grau, obispo

24 de diciembre de 2015

Reflexión homilética para la Natividad del Señor y para la Fiesta de la Sagrada Familia

LA MISERICORDIA TIENE UNA CUNA

La liturgia del 25 de diciembre tiene una riqueza enorme.
En primer lugar hay cuatro esquemas para celebrar la Eucaristía.
El primer esquema que encontramos es el de la vigilia, en la que se nos dice “hoy vais a saber que el Señor vendrá y nos salvará y mañana contemplaréis su gloria”.
Por eso, llena de confianza, la Iglesia pide a Dios que, así como acogemos gozosos la venida del Verbo a la cuna de Belén, podamos recibirlo también llenos de confianza cuando venga como juez al final de los tiempos.
El segundo esquema es el de medianoche.
En esos momentos se nos recuerda el pasaje tan querido en la Iglesia de Jesús, según el cual, María y José iban de posada en posada hasta que le llegó a María el momento de dar a luz “y dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no tenía sitio en la posada”.
El anuncio de los ángeles a los pastores sigue resonando de siglo en siglo: “gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.
Si la misericordia de Dios ahora tiene un rostro que es el de Jesús, será bueno que le pidamos confiadamente que nos envié al menos unas migajas de paz para este mundo tan hambriento que ya no quiere comer.
Al amanecer tenemos también la Santa Misa que con la aurora nos invita a meditar con María lo que José y ella habían vivido, lo que los pastores les habían contado y cómo “María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”.
Finalmente, la Eucaristía del día, nos presenta el misterio más profundo que debemos meditar en esta Navidad:
“En el principio existía ya la Palabra y la Palabra era Dios. Por medio de ella se hizo todo. En la Palabra había vida y la vida era luz…”
¡Tanta grandeza termina en una pesebrera!:
“Y el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros”.
Descubrir en una cuna a Dios “a quien nadie ha visto”, éste es el misterio más grande que jamás comprenderemos, pero que siempre debemos adorar y agradecer.
Esto es lo que el Papa nos invita a meditar de una manera especial en el año de la misericordia, al recordarnos que “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”.

LA SAGRADA FAMILIA, JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

“Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre”.
Ese es el misterio de la Sagrada Familia “que Dios ha propuesto como maravilloso ejemplo a los hijos de su pueblo para que imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor” podamos llegar un día a vivir en la familia de la Santísima Trinidad.
El Eclesiástico nos recuerda la autoridad paterna y nos dice: “el que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros… el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha”.
Consejos importantes en este momento histórico en que se hace tan difícil encontrar familias en las que reine el amor y el respeto.
El salmo responsorial es el 127 y nos muestra las bendiciones de un hogar en el que se vive el temor de Dios: “dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos… tu mujer como parra fecunda en medio de la casa; tus hijos como renuevo de olivo...
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor”.
San Pablo da a los colosenses unos consejos bellísimos que te ayudarán a ti y a toda tu familia para ser un hogar feliz. Te invito a meditarlos, y si los pones en práctica encontrarás la bendición de Dios.
El Evangelio de hoy nos recuerda cómo los padres de Jesús vivieron un momento de verdadera angustia cuando se les perdió Jesús en el templo.
Es un momento muy duro que puede suceder a cualquier familia. Pero evidentemente que en el caso, se trata de unos padres maravilloso y un hijo que tiene todas las perfecciones imaginables.
Cuando lo encuentran angustiados, la Madre con espontaneidad, le pregunta:
“¿Hijo, por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.”
Jesús, con toda tranquilidad y sin ningún remordimiento, les contesta:
“¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”
José y María tienen únicamente la respuesta de la fe y la humildad más profunda: ¡el silencio!
De María sabemos expresamente que “conservaba todo esto en su corazón”.
Meditemos, amigos, por dónde quiere Dios que vaya la familia humana si quiere ser feliz.
En la familia de Nazaret encontramos la grandeza de la Trinidad Santa que es, a un tiempo, Trinidad (comunidad) y unidad.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

9 de enero de 2015

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

EL BAUTISMO DE JESÚS

La liturgia de hoy nos presenta a Jesús con palabras de Juan:

“Juan al ver a Jesús venía hacia Él exclamó: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

No sabía que pocos minutos después sería él mismo el que tendría que bautizar al que “puede más que yo… Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.

*El prefacio de este día centra la fiesta con estas palabras:

“En el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús para que los hombres reconocieran en Él al Mesías enviado a anunciar la salvación a los pobres”.

Podemos darnos cuenta de que hay dos partes en lo que acabamos de leer.

En primer lugar, las palabras “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” nos está presentando al Padre que desde el cielo manifiesta al mundo que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad (“tu Palabra”) estaba entre los hombres y Dios quería que lo reconocieran como a su enviado.

En un segundo momento se nos ha dicho que el Espíritu Santo, “que bajó hacia Él como una paloma” era la Tercera Persona de la Trinidad Santa que vino a ungir a Jesús para que los hombres pudieran reconocerlo como el Mesías que había venido a anunciar la salvación a la humanidad, especialmente a los pobres.

*Como podemos percibir, en este párrafo están entrelazados el prefacio y el Evangelio correspondientes al ciclo B. Es bueno también que nos fijemos en la primera parte del relato de Marcos que presenta a Juan diciendo: “Detrás de mí viene el que puede más que yo y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. 

Yo os bautizo con agua pero Él os bautizará con el Espíritu Santo”.

Tengamos presente que en el bautismo se da una teofanía: la “manifestación” de las 3 Divinas Personas.

Por otra parte tengamos presente que Jesús no se bautiza para liberarse de ningún pecado puesto que no los tenía sino más bien al introducirse Él mismo en el agua, lo que hace es purificar las aguas del mundo entero mediante el contacto de la Divinidad con el mundo, consagrándolo como lugar de santificación.

*Veamos ahora algunos pensamientos sueltos que nos presenta hoy el profeta Isaías:

- “Buscad al Señor mientras se le encuentra. Invocadlo mientras esté cerca”.

Esto nos pueda recordar las palabras de san Agustín: “temo al Jesús que pasa por si no regresa”.

Es decir que debemos aprovechar la gracia de Dios en el mismo momento en que viene como una bendición a nosotros porque puede ser que no se repita.

- “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. 

La perfección consiste en unificar nuestros planes y caminos con los de Dios. En fin de cuentas Jesús es el Camino que el Padre nos ha trazado para llegar a Él.

“Como bajan la nube y la nieve del cielo y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar… así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo”.

Hermosa comparación de la que somos testigos diariamente.

La lluvia que fecunda nuestros campos, evaporándose regresa otra vez a la atmósfera. Pero cuánta riqueza ha dejado mientras tanto.

De la misma manera la Palabra de Dios la leemos, la escuchamos, la compartimos y podemos estar seguros de que nunca será infecunda a menos que queramos ser tierra estéril.

*La carta de san Juan:

Todos sabemos que su mensaje central es el amor, que es el distintivo de Dios porque “Dios es amor” y al mismo tiempo es el distintivo de todo cristiano.

Hoy Juan en el párrafo que leemos nos hace ver que el amor debe ir unido a la fe y al testimonio.

Él afirma: “lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe” porque “¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que es el Hijo de Dios?”

Después nos presenta así a Jesús: “Este es el que vino con agua y con sangre, Jesucristo”.

El agua significa, para algunos exegetas, el bautismo de Jesús y la sangre su pasión y muerte.

Mientras para otros, Juan hace una referencia al costado de Cristo, abierto por la lanza y del que brotó al punto sangre y agua.

Leemos también:

“Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre y los tres están de acuerdo”.

Posiblemente ustedes y yo habremos leído en algunas Biblias un texto más completo que dice así:

“Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno; y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre y estos tres son uno”.

Es un dato interesante para nuestra meditación y contemplar así la presencia trinitaria en el bautismo de Jesús, la gran teofanía.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

31 de diciembre de 2014

FIESTA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, CICLO B

LOS MAGOS DE ORIENTE

Hoy celebramos la Epifanía, es decir la “Manifestación de Dios”.

¿A quiénes se manifiesta Dios?

Durante la Navidad hemos ido recordando cómo Dios se manifestaba a su pueblo, comenzando precisamente por los más sencillos, los pastores.

Hoy la manifestación del Verbo encarnado la hace el cielo a unos representantes de los pueblos paganos.

Se trata de unos sabios de profundo espíritu religioso que se dedicaban al estudio de los astros que eran divinidades para muchos de ellos.

San Mateo dice que venían de Oriente.

Sabemos que la tradición habla de tres Reyes Magos e incluso les puso nombres: Melchor, Gaspar y Baltazar.

Algunos explican el número de tres reyes para indicar la presencia de los tres continentes entonces conocidos Asia, África y Europa.

Para otros indicarían las tres edades humanas, juventud, edad adulta y vejez.

Para el Papa Benedicto XVI, que nos ha dado estas referencias:

“Hay algo que es la idea decisiva: los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro con Cristo”.

Es una bella idea que te invito profundizar.

Vayamos a los textos bíblicos de este día.

Ya sabemos cómo la Biblia presenta al Verbo encarnado como Luz:

La Luz de Dios es Cristo que ha llegado hasta nosotros. “Dios de Dios, Luz de Luz” (reza el Credo).

El profeta Isaías, anunciando esta llegada, nos dice hoy:

“Levántate, brilla, Jerusalén que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti”.

Hermosa imagen: el mundo cubierto por las tinieblas del pecado y el Señor rompiendo la oscuridad desde las alturas de Jerusalén.

Ante esa luz, el profeta ve cómo la humanidad entera se pone en movimiento para encontrar en Cristo a Dios.

A su vez san Pablo nos repite la idea que vimos en otro momento, cómo Dios descubre su secreto a todas las naciones. De esta manera los gentiles, lo mismo que el pueblo de Dios, son “coherederos, miembros del cuerpo de Cristo y partícipes de las promesas del Evangelio”.

Entre ellos, claro está, los Magos de Oriente. 

El Evangelio nos presenta en primer lugar a los Magos que movidos por una estrella especial en la que ellos descubren la estrella de Jacob, entienden que ha llegado el prometido “Rey de los judíos”.

Esa luz parece que históricamente fue una conjunción astral de los planetas Júpiter y Saturno en el signo zodiacal de Piscis que tuvo lugar en los años VII y VI a.C., considerado hoy como el verdadero periodo del nacimiento de Jesús.

Junto a estos signos externos se da, evidentemente, una luz interior, la fe, que impulsa a estos sabios a ir en busca de dicho Rey.

No deja de ser interesante que mientras los paganos se alegran y llevan presentes al recién nacido, los del pueblo de Dios, empezando por Herodes y toda la corte, se turban y sobresaltan.

Herodes por su parte investiga seriamente entre los doctores de la ley porque le interesa descubrir un posible rival.

Después, con astucia, engaña a los Magos pidiéndoles que “averigüen cuidadosamente qué hay del niño y cuando lo encuentren avísenme para ir yo también a adorarlo”.

Los Magos que primero siguieron un signo especial que vieron en su pueblo, caminaron después guiados por su inteligencia, pensando que encontrarían al futuro Rey en la capital y en el palacio.

Al salir de Jerusalén, otra vez el Señor les dio un signo muy especial para que pudieran encontrar la casa donde estaba el niño.

Los Magos “al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría”.

Llegando a la casa, que ya no era lógicamente la cueva, “vieron al Niño con María su madre”. Mateo no habla de san José posiblemente para recalcar la concepción virginal de María que ha presentado desde el comienzo de su Evangelio.

“Los Magos cayendo de rodillas le adoraron”. No es fácil humanamente hablando entender por qué estos hombres importantes caen de rodillas delante de un pequeño de un año y medio más o menos, adorarlo y ofrecerle tres regalos simbólicos, el oro que indica la realeza, el incienso la divinidad y la mirra la pasión.

Como siempre Dios sale al paso en los momentos difíciles y los Magos, avisados por los ángeles, vuelven a su tierra, felices pero por otro camino.

Con la oración colecta pedimos a Dios, que quiso revelarse a los Magos mediante una estrella, que nos dé fe para reconocerlo en los distintos momentos de la vida y sobre todo que nos dé la alegría de contemplarlo un día cara a cara en el cielo.

Y si queremos que nuestras ofrendas sean agradables a Dios hagamos como la Iglesia “que no ofrece oro, incienso y mirra sino a Jesucristo, tu Hijo, al que aquellos dones representaban y que ahora se inmola y se nos da en comida”.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

24 de diciembre de 2014

LA SAGRADA FAMILIA, Ciclo B.

NAVIDAD = NACIMIENTO = NATIVIDAD = CUMPLEAÑOS
Quizá no te habías dado cuenta otros años, de la riqueza que tiene la liturgia al celebrar la Navidad de Jesús.

De hecho hay un esquema para celebrar la Eucaristía en cada una de estas horas: la vigilia, la medianoche, la aurora y el día.

Hoy vamos a hacer nuestra reflexión en torno a los pensamientos que nos ofrece la oración colecta de cada uno de estos días y añadiendo alguna de las fiestas navideñas que siguen.

Ya sabes que la oración “colecta” se llama así porque “recoge” los pensamientos centrales de la Fiesta de ese día.

*Misa en la Vigilia.

La alegría de la fiesta de nuestra redención nos hace recibir gozosos a Jesús como Redentor.

La genealogía de Mateo muestra cómo Jesús, a través de su padre adoptivo, entronca directamente con la descendencia de David. 

También el mismo evangelista nos refiere la concepción virginal de María y el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento que nos presenta a Jesús como el “Dios con nosotros”.

Pedimos al Padre que cuando venga Jesús como Juez, sea también una fiesta de alegría profunda para todos.

*Misa de la medianoche.

La noche se ha hecho día con Cristo que es la luz eterna. Pedimos que un día podamos gozar de su gloria definitiva en el cielo.

“El pueblo que andaba en tinieblas ha visto una luz grande.

Os traigo una buena noticia, una gran alegría, os ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor”.

Esta luz se hace ternura en la tierra porque a María le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su Hijo primogénito, “lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”.

Y se hace gloria en el cielo con los ángeles que cantan “Gloria Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

*Celebración de la Aurora.

Pedimos que quienes vivimos inmersos en la luz del Verbo hecho carne, manifestemos en nuestras obras la fe que ha iluminado nuestro espíritu.

Los pastores, entusiasmados con el espectáculo y la música celestial, e iluminados por la gracia divina en su corazón, se dijeron:

“Vamos derechos a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor.

Fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre.

Al verlo contaron lo que les habían dicho de aquel Niño”.

*Misa del día.

Dios nos creó a su imagen y semejanza y ha aumentado nuestra dignidad por medio de Jesucristo.

“Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia… La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”.

Y ahora algo maravilloso que debemos meditar mucho: a Dios solo podemos conocerlo por Jesucristo. Es Él, el regalo más grande que nos ha hecho nuestro Dios: “A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”, viniendo hasta nosotros. 

Pedimos al Padre que nos conceda la gracia de compartir la vida divina con Jesucristo que hoy se ha dignado compartir con nosotros la condición humana.

*Misa de la Sagrada Familia.

El Padre nos ha puesto a la Sagrada Familia como ejemplo para todos los que formamos el pueblo de Dios.

Esta oración nos lleva a meditar en la Sagrada Familia, fiel a la ley del Señor: 

“Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor… Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor se volvieron a Galilea a su ciudad de Nazaret. El Niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba”.

Es lo importante, crecer, crecer normalmente, y crecer en familia, es decir, en la mejor escuela de la vida.

Pedimos a Dios imitar las virtudes domésticas y la unión en el amor de la Sagrada Familia hasta que un día podamos vivir la alegría de Dios en el hogar del cielo.

*Misa de la Maternidad Divina.

A los ocho días del nacimiento de Jesús la Iglesia nos invita a meditar el gran misterio de la Maternidad Divina.

María ha dado a Jesús lo que da toda madre a su hijo, el cuerpo.

Luego Dios infunde un alma para completar el ser humano. La diferencia maravillosa que hace a María Madre de Dios es, que a la unidad del cuerpo más el alma se une la Persona Divina que, sin dejar de ser Dios, se hace hombre verdadero. 

En este día la Iglesia nos recuerda la bendición solemne del Antiguo Testamento:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. 

El Señor se fije en ti y te conceda la paz”.

Pedimos al Señor que pues nos entregó a través de María los bienes de la salvación, podamos sentir en nuestra vida la intercesión maternal de la que es Madre física de Jesús y Madre espiritual de todos nosotros.

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Amigos lectores, lo maravilloso de la Navidad no es tanto que Jesús nació, sino que se ha quedado con nosotros para siempre.

Es esta presencia la que nos hace felices y nos permite celebrar gozosamente la Navidad.

Con esta alegría les deseo a todos una FELIZ NAVIDAD y que en el próximo AÑO 2015 podamos hacer cada día la voluntad de Dios para ser felices.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

3 de enero de 2014

Solemnidad de la Epifanía del Señor

LEVÁNTATE, QUE LLEGA TU LUZ 
La Iglesia nos habla hoy de la Epifanía del Señor. 

Epifanía es un compuesto de dos palabras griegas que significan “manifestación desde arriba”. 

Es un término parecido a teofanía que significa “manifestación de Dios”. 

La antífona de vísperas de hoy nos recuerda que la Iglesia entiende como epifanía en realidad estas tres manifestaciones: 

“Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los Magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos”. 

Se trata, pues, de las tres manifestaciones que nos muestran a Jesús, al comienzo de su vida, como Mesías de Dios. 

Hoy celebramos la que corresponde al encuentro de los Magos con Jesús en Belén, como nos cuenta san Mateo. 

Examinemos las lecturas teniendo en cuenta, para entenderlas mejor, que Jesús es “la luz del mundo”, como dijo Él mismo. 

* Isaías nos habla de la luz que viene sobre Jerusalén. El mundo que vivía en las tinieblas del pecado ha visto una gran luz, la luz definitiva que es Cristo. 

Esta luz atraerá a todos los pueblos de la tierra hacia Jerusalén (como nos explicará en la segunda lectura san Pablo): 

“Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti”. 

El profeta a continuación nos invita a contemplar este mundo de tinieblas que comienza a ver la luz que le viene desde Jerusalén: 

“Las tinieblas cubren la tierra y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti”. 

- El salmo responsorial. 

En este salmo 71 vemos cómo se cumplen las palabras de Isaías, “caminarán los pueblos a tu luz… todos esos se han reunido, vienen a ti”. 

En efecto, dice el salmo: “Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra… que los reyes de Saba y de Arabia te ofrezcan sus dones; que se postren ante Él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan”. 

Sabemos muy bien que esta luz viene de Dios y que la profecía, evidentemente se refiere a Cristo. 

- Pablo nos enseña que el plan de Dios es que no sólo el pueblo escogido pueda adorar al único Dios “sino que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio”. 

Dios llama a todos los pueblos porque los ama y quiere la salvación de todos. 

- La fiesta de hoy se centra principalmente en el Evangelio de san Mateo, que es el único que nos cuenta el relato de los “Magos de oriente”. 

La tradición dirá que son tres, que son reyes y hasta les da los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. 

En realidad san Mateo nos lo detalla de esta manera: 
Debían ser unos sabios que se dedicaban a vivir su religión estudiando los signos que “leían” en los astros. Advirtieron una especial y se fueron hasta Jerusalén donde los sacerdotes y escribas de Herodes les explicaron que la profecía de Balaam, decía: “Y tú, Belén, no eres la última de las ciudades pues de ti saldrá… el pastor de mi pueblo Israel”. 

Los Magos van felices hasta Belén llenos de alegría porque volvieron a ver su estrella. 

Entraron en la casa y encontraron, ¿cómo no?, al Niño con María su Madre. 

Y, movidos por la fe que les venía de Dios (la fe verdadera siempre es regalo de Dios), cayeron de rodillas, le adoraron y le ofrecieron oro, incienso y mirra. 

Suelen explicarse así los dones: el oro como a Rey, el incienso como a Dios y mirra como a Redentor que sufrirá para salvarnos. 

“Habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino”. 

Admiremos, finalmente, qué confianza tiene la Iglesia con Dios! 

En este día le dice, en la oración colecta: no te ofrezco ni oro, ni incienso ni mirra como los Magos pero te ofrezco algo mucho mejor: a Jesucristo, tu Hijo, que se ofrece en holocausto a ti, Padre, y se entrega a nosotros como comida, en la Eucaristía. 

Meditemos gozosos cómo Dios sabe manifestarse en el tiempo oportuno y cómo debemos acoger su presencia siempre con alegría. 
José Ignacio Alemany Grau, CSSR

27 de diciembre de 2013

La Sagrada Familia

Archivo: Donát János Szent család.jpg.
La Sagrada Familia, cuadro de János

“Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, en vosotros descanse en paz el alma mía.

Jesús, José y María asistidme en mi última agonía!”.

Qué lindos recuerdos nos traen estos tres nombres tan queridos en la Iglesia y tan rezados con amor en la tradición cristiana, pensando en la Sagrada Familia.

Pues esos tres que se aman tanto y se han hecho querer tanto, son una familia… la más maravillosa que ha pasado por este mundo.

¿No te gustaría tener una familia así?

Haz todo lo posible para que sea una realidad.

Y hazlo con el apoyo y oración de tu cónyuge y de tus hijos.

La Iglesia en el domingo que cae dentro de la octava de Navidad, nos pone esta hermosa fiesta.

¿Con qué lecturas?

* Los pastorcitos “encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre” en la cueva de Belén. ¡A los tres! (Antífona inicial).

Piensa que a Jesús lo encontramos siempre en María… y en tu oración no olvides nunca a san José.

* El Eclesiástico invita a vivir en familia:

“Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole”. 

Recalca más todavía el honrar al padre, diciendo:

“Aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras viva” (tu paciencia te santificará).

* El salmo nos habla de la felicidad de una familia que teme al Señor y sigue sus caminos.

* San Pablo nos da unos consejos maravillosos para vivir en familia. Te invito a leerlos y meditarlos en este día: sobrellevarse mutuamente, perdonarse y sobre todo amarse.

Sigue leyendo y encontrarás algo que pone nerviosas a algunas personas: “mujeres vivid bajo la autoridad de vuestros maridos”. Estos nerviosos no saben la felicidad que habría en el hogar en que la mujer cumpliera este consejo, mientras el hombre amara a su esposa como Cristo a la Iglesia.

* El Evangelio, según los distintos ciclos, presenta momentos importantes en la vida de familia: 

- La huida a Egipto.

- La vida de la familia donde el Niño crece en sabiduría y en gracia.

- Jesús se pierde y lo encuentran en medio de los maestros de la ley.


La solemnidad de Santa María Madre de Dios

El día 1 de enero celebramos también la octava de Navidad con el título de: Solemnidad de Santa María, Madre de Dios.

Un hermoso día para recordar la profundidad que debe tener nuestra devoción a la Virgen María dándonos cuenta de que, si muchas advocaciones y devociones pueden ser importantes, la más importante de todas siempre tiene que ser la Maternidad Divina, es decir, aquel misterio maravilloso por el cual Dios entregó a los hombres los bienes de la salvación; es decir a Jesucristo origen y fuente de nuestra vida cristiana.

En las lecturas de ese día encontraremos en primer lugar la bendición que Dios pidió a Moisés que utilizase para bendecir y que san Francisco hizo tan común:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”.

El Señor añadió algo tan bello: “Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré”.

San Pablo a los Gálatas les recuerda que “Dios envió a su Hijo nacido de una mujer, nacido bajo la ley”. También nos recuerda el gran regalo de Dios que es la presencia del Espíritu Santo dentro de nosotros el cual nos hace exclamar: “¡Abbá, Padre!”.

Qué bonito sentir de verdad que los cristianos somos hijos de Dios y no somos esclavos de nadie.

El Evangelio a su vez nos cuenta cómo unos pastores sencillos, al oír el anuncio de los ángeles, corrieron a Belén y “encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre”.

Y a continuación nos abre el secreto del corazón de María, la Madre Santa, que “conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”.

Y termina esta fiesta tan importante de la Divina Maternidad de María contando que “le pusieron por nombre Jesús”. Si normalmente el padre era el que daba el nombre al recién nacido, aquí recordamos cómo el ángel, le dijo a María: “tú le pondrás por nombre Jesús”; y a José: “tú le pondrás por nombre Jesús”.

Por eso san Lucas advierte: “le pusieron el nombre de Jesús”.

En este día tengamos presente que desde que el Papa Pablo VI “instituyó el 1 de enero la Jornada Mundial de la Paz que goza de creciente adhesión y que está haciendo madurar frutos de paz en el corazón de tantos hombres” que nosotros estemos siempre entre quienes trabajan por la paz recordando además las palabras de Jesús: “bienaventurados los que construyen la paz”. 

Termino esta reflexión deseándoles a todos ustedes un año, el 2014, lleno del gozo del Evangelio y construyendo un mundo siempre nuevo por el amor.
José Ignacio Alemany Grau, obispo