24 de septiembre de 2022

POR QUÉ SUFRIÓ EPULÓN Y GOZÓ LÁZARO

La liturgia de hoy nos presenta una dolorosa realidad que es la misma de siempre.

En la humanidad hay unos que tienen todo y otros que no tienen nada.

Como nos dirá Jesús en el Evangelio… mientras unos comen y tiran la comida al mar para mantener los precios o la ropa al desierto para que nadie la pueda aprovechar, otros andan medio desnudos y hambrientos.

Debemos tener las cosas claras: tener riquezas como fruto del trabajo está bien. Lo que no está bien es no compartir y ver impasibles la pobreza y hambre de otros.

Veamos algunos textos de las lecturas de hoy.

  •  Amós

Vean con qué lujo vivían en su tiempo unos pocos, mientras la mayoría del pueblo pasaba hambre y necesidad de lo indispensable:

«Os sentáis en lecho de marfil arrellenados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo. Canturreáis al son del arpa, inventáis como David instrumentos musicales. Y no os doléis del desastre de José».

El castigo de Dios será el destierro, anuncia el profeta.

  • Salmo 145

Alabemos al Señor que se compadece de todos:

«El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos… Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados».

  •  San Pablo

El amor al dinero, nos dice en su carta a Timoteo, es raíz de todos los males; por eso invita, en el párrafo de hoy, a actuar bien:

«Tú, hombre de Dios, huye de estas cosas (el santo busca apartarse de la enseñanza malsana y de la codicia de las que hablan los versículos anteriores), busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe».

Y, finalmente, aconseja a los ricos:

«A los ricos de este mundo ordénales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de la riqueza sino en Dios que nos provee de todo en abundancia (…) Que hagan el bien, sean ricos en buenas obras, generosos y dispuestos a compartir». Esta es la mejor promesa para todos los que tienen riquezas:

«Así atesorarán un excelente fondo para el porvenir y alcanzarán aquella que es realmente la vida verdadera».

  • Verso aleluyático

Jesús, que tenía todas las riquezas, quiso compartir con nosotros hasta el punto de enseñar San Pablo: «Jesucristo siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza».

  • Evangelio

Epulón (comilón), tenía todo el lujo y lo demuestra Jesús hablando de su comida, porque «banqueteaba espléndidamente cada día. Además, vestía con lujo, de púrpura y lino».

Eso no era pecado, lo malo era que no tenía ni un poco de misericordia con el pobre que se moría de hambre a su puerta.

Jesús tiene una pincelada que aclara la extrema situación: «que hasta los perros se acercaban a Lázaro para lamerle las llagas».

Cuando mueren los dos, Lázaro va al seno de Abraham, es decir, el «limbo de los justos» que esperaban la resurrección de Jesús para entrar en el cielo. Y el otro fue sepultado en los infiernos.

Epulón, desde allí, gritó desesperadamente a Abraham: «Ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua porque me torturan estas llamas».

Abraham le contesta que la situación ya no tiene remedio:

«Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro, a su vez, males. Por eso encuentra aquí consuelo mientras tú padeces».

En resumen, podemos decir que debemos aprovechar el tiempo porque solo aquí se gana la eternidad.

Con la muerte ya no hay remedio.

Amigos, tengamos en cuenta que el gran regalo de Dios a la humanidad es el tiempo para que durante él podamos ganar la verdadera riqueza de la que gozaremos eternamente en el cielo.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

17 de septiembre de 2022

NO COMAN EL DINERO DEL POBRE

Todos nos quejamos de la corrupción y los robos, pero la mayoría comienzan robando como la cosa más natural:

+ Tres personas tienen un trabajo y se ve que trabaja uno solo y los otros dos «miran».

+ Voy a comprar y la balanza me da un kilo de 750 gr.

+ Compro fruta y dos o tres piezas están malogradas.

Es difícil que alguien empiece robando tres mil soles en el banco.

  • Amós

«Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanza con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias vendiendo hasta el salvado del trigo».

Dios pedirá cuenta de todo esto.

Ni al pobre ni al rico se le puede robar. Es un pecado contra el séptimo mandamiento de la ley de Dios.

  • Salmo 112

Dios «levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes de su pueblo… Bendito sea el nombre del Señor».

  • San Pablo

El apóstol pide oraciones por las autoridades:

«Lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con piedad y decoro».

Todos nos quejamos y criticamos, pero ¿rezamos por los que tienen que gobernar?

El gobernante tiene muchos problemas y es casi imposible que pueda agradar a todos.

San Pablo pide esa tranquilidad social para que se pueda extender el reino del Señor que «quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad».

Finalmente, sobre el modo de orar, añade el apóstol: «Quiero que sean los hombres los que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones».

  • Verso aleluyático

El mayor pobre es Jesucristo que «siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza».

Empobrecerse para enriquecernos es una maravillosa prueba de amor.

  • Evangelio

«No podéis servir a Dios y al dinero».

Sí se puede tener a los dos, pero lo que no se puede es servir, es decir, ser siervo del dinero y de Dios simultáneamente ya que el siervo debe dedicarse plenamente a su señor.

Con la parábola de hoy Jesús ilumina esta afirmación:

Un hombre robaba a su señor. Cuando este se da cuenta le dice:

«¿Qué es eso que me cuentan de ti?». Entrégame el balance de tu gestión porque quedas despedido.

El siervo ladrón es astuto y, antes de entregar su puesto, se hace amigos robando a su señor disminuyendo notablemente las deudas de los clientes que debían a su señor.

Jesús «felicitó al administrador injusto por la astucia con la que había procedido» y nos advierte en la parábola que «los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».

No alabó el robo, sino la astucia que, en su tiempo, más que ahora, se consideraba como una virtud.

El Señor también nos anima a que aprovechemos «el dinero injusto para que cuando nos falte nos reciban en las moradas eternas: ¡No podéis servir a Dios y al dinero!».

Es Jesús mismo el que saca la conclusión:

«Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo».

Como el dinero en sí mismo no es ni bueno ni malo, sino que depende del fin que se le dé, procuremos hacer siempre el bien para aumentar nuestras riquezas en el cielo.

 

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

10 de septiembre de 2022

ME PONDRÉ EN CAMINO

«Miren lo que (Dios) ha hecho conmigo, que primero me cansé de ofenderle, que su Majestad de perdonarme».

Estas palabras humildes de santa Teresa de Jesús son buena introducción para este domingo que nos habla de la misericordia de Dios.

  • Éxodo

Israel se construye un becerro de oro y lo adora porque Moisés tarda en bajar del monte Sinaí.

Dios quiere castigar al pueblo, pero Moisés intercede por él recordándole a Dios sus promesas.

El Dios de la misericordia, dice el texto bíblico, «se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo».

El decir que «se arrepintió» es un antropomorfismo; una manera de habla al modo como hacemos los humanos, porque Dios no puede arrepentirse ya que nunca hace las cosas mal.

  • Salmo 50

Es un salmo que todos conocemos y que pertenece al rey David cuando se arrepintió de su pecado.

Será bueno que hoy nos unamos a los sentimientos del rey profeta aprovechando el tema de la misericordia:

«Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito; limpia mi pecado.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Señor, me abrirás los labios y mi boca proclamará tu alabanza».

  • San Pablo

El apóstol abre el corazón a su amigo, el obispo Timoteo, descubriendo con humildad su pasado del que Dios lo libró y perdonó en su infinita misericordia.

«Dios tuvo compasión de mí (…) Me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio (…) A mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente».

«El Señor derrochó su gracia en mí dándome la fe y el amor en Cristo Jesús».

En su humildad, Pablo, que vivía con fidelidad la revelación del Antiguo Testamento se presenta humildemente agradeciendo la misericordia divina.

  • Verso aleluyático

La liturgia nos recuerda con San Pablo que Dios reconcilió el mundo con Él por medio de Jesucristo.

Pero su misericordia ha sido mayor porque ha confiado a los apóstoles y sus continuadores el poder de reconciliar a los hombres con Dios.

  • Evangelio

A través de una breve parábola nos habla San Lucas de la misericordia de Dios que busca al pecador, como el buen pastor a la oveja perdida y se siente feliz al conseguir traerla de nuevo al redil.

Brevemente nos habla también de la alegría que hay en el cielo por el pecador que vuelve arrepentido, algo así como la mujer que recupera la moneda que se le había perdido y lo celebra con sus vecinas.

A continuación, relata el evangelista la gran parábola de la misericordia divina representada por un padre que pierde a su hijo, que ha roto la comunión con la familia.

El padre lo espera siempre y lo acoge al volver con inmenso cariño, a pesar de que vuelve flaco y pobre, pero arrepentido.

Entonces el padre hace la gran fiesta en la casa.

El hermano mayor no puede entender a su padre, lo mismo que los fariseos y escribas a quienes dedica Jesús las tres parábolas, porque ellos no aceptan a los publicanos y a los pecadores creyéndose los perfectos ante Dios y ante los hombres.

El padre hace un último esfuerzo para ganarse al hijo mayor, pero no lo consigue a pesar de su cariño y su ternura:

«Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado».

Confiemos siempre en la misericordia infinita de nuestro Dios que nos ama.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

3 de septiembre de 2022

PIDAMOS LA SABIDURÍA


Cuando las criaturas se empeñan en quitar a Dios de su puesto para ponerse ellas, aparte de hacer el ridículo, encuentran todo fuera de lugar y nada les satisface. Ese es el precio que paga el orgullo de nuestra sociedad.

  • Sabiduría

A las primeras preguntas, nadie puede contestar porque solo el Creador conoce su obra:

«¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?»

La verdad es que ningún ser humano puede descubrir la grandeza y los planes de Dios.

Nuestro cuerpo limitado incluso le impide a nuestra alma ver y comprender las cosas del cielo que están más allá de lo que vemos y tocamos:

«Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles».

La sabiduría es un don de Dios y debemos pedírsela. Por ella podremos conocer el camino hacia Él y agradarle desde nuestra pequeñez y limitación.

  • Salmo 89

Nos invita a pedirle al Señor la sensatez, es decir, a reconocer en nuestra vida la grandeza de Dios y las limitaciones humanas:

«Enséñanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato», para conocer la sabiduría del Creador.

El salmista nos enseña que solo la misericordia del Señor nos da la verdadera alegría que tantas veces buscamos por caminos equivocados:

«Sácianos de tu misericordia y toda nuestra vida será alegría y júbilo».

  • San Pablo

Para entender esta carta de Pablo a Filemón, su carta más breve, debemos tener en cuenta los hechos que la explican.

Pablo, que está preso, escribe a su amigo Filemón. Se trata de un hombre que tenía un esclavo, Onésimo, que quizá se escapó por haber robado o por otros motivos.

Pablo se ha encontrado con Onésimo, le explica la fe y lo convierte.

Se encariña con él y llega a llamarlo «mi hijo porque lo engendró en la prisión».

En la carta explica que le gustaría quedarse con Onésimo, pero prefiere que, convertido, vuelva con su amo.

Pero hay más: pide a Filemón que, ahora que el esclavo se ha convertido, lo reciba no como esclavo, sino como un hermano en la fe y lo presiona con estas palabras:

«Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano.

Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo».

  • Verso aleluyático

«Enséñame tus leyes». ¿Pedimos esto al Señor porque queremos amarrarnos? ¡No!, las leyes de Dios son amor, son luz, por eso las deseamos y el salmista lo describe largamente en el salmo 118.

  •  Evangelio

Tiene dos partes muy distintas.

En primer lugar, Jesús trata del orden en el amor. El primero siempre es Jesús y, después, vienen los distintos motivos familiares:

«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío».

Pero, además, Jesús quiere que su discípulo le imite cargando la cruz como la cargó Él:

«Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío».

En segundo lugar, Jesús nos advierte la prudencia que debemos tener para realizar nuestras obras como discípulos suyos. Lo hace con estas sencillas parábolas.

Habla de uno que va construir y que antes «se sienta a calcular los gastos…».

También habla de un rey que va a presentar batalla y «se sienta primero a deliberar…».

Ese «sentarse a deliberar» indica cómo quiere Jesús que realicemos las cosas con la debida prudencia para no equivocarnos.

Evidentemente, también esto nos recuerda la parábola de las cinco vírgenes necias que no previeron el aceite para rellenar las lámparas del convite al que habían sido invitadas.

Que el Señor nos dé la sabiduría que necesitamos para realizar las obras según el plan de Dios y no según nuestros caprichos.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo