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6 de enero de 2017

¿CUÁNDO LLEGARÁ DIOS?

Reflexión homilética para la Fiesta de la Epifanía del Señor, ciclo A
Lo sabían los de lejos y no los de cerca.
Los de lejos tienen preguntas a los de cerca para conocer los detalles y así en la providencia de Dios se enteran todos. Unos para bien y otros para mal.
Veamos.
*       Isaías
La belleza de este párrafo es indescriptible.
Isaías, como lo hace con frecuencia, personifica con una imaginación exuberante la ciudad de Jerusalén y la trata como un gran personaje.
Hoy nos describe la llegada del Mesías como una luz deslumbrante que no solo ilumina la ciudad sino que llena de luz los caminos hasta atraer a los más lejanos al encuentro con el Redentor.
Disfruta amigo:
“¡Levántate, brilla, Jerusalén que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: la tiniebla cubre la tierra y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti”.
Este párrafo nos profetiza la gran epifanía de todos los pueblos hacia Dios, comenzando por los Magos de oriente.
*       Salmo 97
La historia de Israel nos enseña que los reyes eran quienes hacían justicia al pueblo.
Con el destierro se acabó la monarquía, la población mermó y no era fácil hallar justicia, por lo cual el pueblo se fue espiritualizando y volviendo a las promesas del Mesías de Dios.
Ahora solo le queda esperar la justicia que hará el Mesías.
Algo de esto ofrece el salmo:
“Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes para que rija a tu pueblo con justicia, a los humildes con rectitud”.
Pidamos también para nuestros tiempos la justicia verdadera que tantas veces nos falta y mientras tanto hay que rezar muchos salmos.
*       Pablo y la Epifanía
A Pablo le impresiona cómo todo aquello que estuvo secreto durante el Antiguo Testamento ahora ha sido revelado.
La revelación no ha sido solo para el pueblo de Dios, como antes, sino también para los gentiles. Estos ahora son coherederos y miembros del mismo cuerpo de Cristo y partícipes del Evangelio.
¡Esto impresionó a Pablo!
Sin embargo lo ha recibido como revelación:
El Redentor ha llegado para toda la humanidad.
Esta es la Epifanía que hoy celebramos.
*       Verso aleluyático
“Hemos visto su estrella y venimos a adorar al Señor”.
Este versículo pertenece al Evangelio de hoy, en el que Mateo nos relata la llegada de los Magos a Belén.
*       Evangelio de la Epifanía
Es evidente que el relato de Mateo nos presenta el corazón de la fiesta de hoy.
Se trata de la manifestación (o Epifanía) de Dios a los gentiles representados por los Magos de oriente.
La historia solemos conocerla muy bien.
Lo importante es descubrir cómo Dios, a través de los siglos, ha ido manifestándose o haciéndose presente.
Unos Magos vienen de oriente. Han descubierto señales especiales en el cielo y se han puesto en camino.
A ellos se les ha revelado que el Mesías prometido ha venido a la tierra. Saben que es en Palestina y van a la capital.
Preguntan dónde está el rey de los judíos que ha nacido. Cuando el corazón está sucio la noticia trae temor.
El mismo Herodes tiembla y cuando descubre que, según las Escrituras, tiene que nacer en Belén, lo explica a los Magos. Pero dentro de su rabia interior les pide detalles no para ir a adorarlo, como dice falazmente, sino para acabar con Él.
Cuántas traiciones como ésta hemos encontrado a través de la historia.
Los Magos, felices de conocer el lugar, se van a Belén iluminados por la estrella que los llena de alegría.
Es el pueblo pagano que vivía en las tinieblas que ha descubierto la luz:
“Entraron en la casa (que ya no era la cueva de Belén), vieron al Niño con María, su Madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. Después abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”.
Dones significativos en los que la Tradición reconoce símbolos de la grandeza divina y humana de Jesucristo. Oro como a rey, incienso como a Dios y mirra como a Redentor.
Amigo, Dios también a ti se te ha manifestado distintas veces y bajo formas diferentes en tu vida.
¿Qué le traes a Dios oculto en tu corazón?

José Ignacio Alemany Grau, obispo

30 de diciembre de 2015

Homilía para la Solemnidad de Santa María Madre de Dios y Epifanía del Señor

COCTEL PARA EL CAMBIO DE AÑO

Despedida del año 2015. Bienvenido 2016. Maternidad Divina de María. Bajada de Reyes. Epifanía: Todo en un paquete.
Gocemos de tanta riqueza en un mosaico de pensamientos.

*       Adiós 2015
Con dolores y gozos de todo tipo… cada uno conoce lo suyo. Medítalos y pon por encima toda la bondad de un Padre bueno que te quiere a ti “como eres, para transformarte y ayudarte a crecer”.
Esto repetía Juan Pablo II y hay que aprovecharlo porque, seamos como seamos, siempre podemos mejorar y mucho, por cierto.
A nivel mundial no nos hemos lucido.
Como humanidad: demasiados muertos. Unos antes de nacer, otros antes de tiempo y muchos asesinados en plena juventud.
La Iglesia ha llevado la peor parte:
Hay que reconocer que está sufriendo la peor persecución de sus 2000 años de vida:
En nombre de una libertad malignamente interpretada, se la quiere anular, hacer desaparecer.
Solo el poder infinito de Dios puede sacar un futuro mejor en medio de tanta persecución.
Señor, ¡perdón! ¡Misericordia por los malvados! ¡Convierte a gobernantes y terroristas! Hazlos hombres y mujeres más humanos.

*       Bienvenido 2016
Es un año nuevo. Mejora tus relaciones con los tuyos. Siembra ternura, servicio y amor… y cosecharás una medida abundante.
Aprovecha de manera especial la misericordia de Dios que este año, de una manera nueva y muy distinta, nos ha ofrecido a todos, el pequeño Jesús para que descubramos en Él “el rostro de la misericordia del Padre”.
¡Feliz año!
Hazlo nuevo para ti y para los tuyos y renueva todo lo que pueda ayudarte por el Espíritu Santo que nunca te abandona. Él va dentro de ti haciéndote su templo.

*       María Madre de Dios (1 de enero)
Una antífona de este día para meditar profundamente:
“¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una virgen, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su Divinidad”.
Es cierto que cada uno engendra según su naturaleza y María, como mujer, nunca podría engendrar a Dios.
Pero nosotros sabemos, por divina revelación, que cuando Dios decidió entrar en la humanidad y tuvo que escoger una puerta para hacerlo, como lo hace un hombre cualquiera, escogió a la joven María.
Buscó una mujer bellísima para que le diera un cuerpo.
Como a todo humano, Dios le infundió un alma y, por un milagro que solo Él puede hacer, se metió la Persona divina en esa criatura y de María ¡nació un hombre que era Dios!
Es misterio. Solo la fe acepta.
No basta estudiar teología o biología.
Dios es el Señor de la historia y quiso intervenir de una manera “lujosa” y única.
María es Madre de un Hijo que es Dios.
María es Madre de Dios.
Misterio y fe.
Felicidades María. Eres única. Eres la Madre de Dios.

*       Epifanía (3 de enero)
Epifanía es la manifestación de Dios a los hombres.
Hay una antífona que se reza en las segundas vísperas de la fiesta que nos aclara todo lo que encierra para la liturgia esta celebración:
“Veneramos este día santo, honrado por tres prodigios: hoy la estrella condujo a los Magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos”.
Toda esta riqueza es la epifanía.
- En efecto, en la Eucaristía meditaremos cómo Herodes, con astucia, orienta a los Magos hacia Belén y los Magos adoran en el pequeño a Dios.
Lo adoran sin discutir ni por la familia ni por la pobreza ni por la casita en que viven, ni por el pueblo.
Encontraron al Niño con su Madre y ofrecieron dones regios: oro, incienso y mirra.
Una lección:
Cuando hay un camino peligroso hay que ingeniarse para buscar otro y llegar a la meta.
- En el bautismo el Padre dice: “Éste es mi Hijo amado”.
Lo meditaremos el próximo domingo, para cerrar el ciclo litúrgico navideño.
- En Caná Jesús hace el primer milagro manifestando su  poder.

*       Bajada de Reyes
En muchos lugares el 6 de enero se celebra la “bajada de Reyes”.
Cuando hagamos este tradicional compartir pidamos a Dios, mientras vayamos guardando las “figuritas”, nos conceda vivir el año que empieza imitando las virtudes de la familia de Jesús de Nazaret, para que tengamos un año muy feliz y podamos celebrar juntos la Navidad el próximo año.
Feliz Año 2016, amigos todos, porque tenemos a Dios con nosotros.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

31 de diciembre de 2014

FIESTA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, CICLO B

LOS MAGOS DE ORIENTE

Hoy celebramos la Epifanía, es decir la “Manifestación de Dios”.

¿A quiénes se manifiesta Dios?

Durante la Navidad hemos ido recordando cómo Dios se manifestaba a su pueblo, comenzando precisamente por los más sencillos, los pastores.

Hoy la manifestación del Verbo encarnado la hace el cielo a unos representantes de los pueblos paganos.

Se trata de unos sabios de profundo espíritu religioso que se dedicaban al estudio de los astros que eran divinidades para muchos de ellos.

San Mateo dice que venían de Oriente.

Sabemos que la tradición habla de tres Reyes Magos e incluso les puso nombres: Melchor, Gaspar y Baltazar.

Algunos explican el número de tres reyes para indicar la presencia de los tres continentes entonces conocidos Asia, África y Europa.

Para otros indicarían las tres edades humanas, juventud, edad adulta y vejez.

Para el Papa Benedicto XVI, que nos ha dado estas referencias:

“Hay algo que es la idea decisiva: los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro con Cristo”.

Es una bella idea que te invito profundizar.

Vayamos a los textos bíblicos de este día.

Ya sabemos cómo la Biblia presenta al Verbo encarnado como Luz:

La Luz de Dios es Cristo que ha llegado hasta nosotros. “Dios de Dios, Luz de Luz” (reza el Credo).

El profeta Isaías, anunciando esta llegada, nos dice hoy:

“Levántate, brilla, Jerusalén que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti”.

Hermosa imagen: el mundo cubierto por las tinieblas del pecado y el Señor rompiendo la oscuridad desde las alturas de Jerusalén.

Ante esa luz, el profeta ve cómo la humanidad entera se pone en movimiento para encontrar en Cristo a Dios.

A su vez san Pablo nos repite la idea que vimos en otro momento, cómo Dios descubre su secreto a todas las naciones. De esta manera los gentiles, lo mismo que el pueblo de Dios, son “coherederos, miembros del cuerpo de Cristo y partícipes de las promesas del Evangelio”.

Entre ellos, claro está, los Magos de Oriente. 

El Evangelio nos presenta en primer lugar a los Magos que movidos por una estrella especial en la que ellos descubren la estrella de Jacob, entienden que ha llegado el prometido “Rey de los judíos”.

Esa luz parece que históricamente fue una conjunción astral de los planetas Júpiter y Saturno en el signo zodiacal de Piscis que tuvo lugar en los años VII y VI a.C., considerado hoy como el verdadero periodo del nacimiento de Jesús.

Junto a estos signos externos se da, evidentemente, una luz interior, la fe, que impulsa a estos sabios a ir en busca de dicho Rey.

No deja de ser interesante que mientras los paganos se alegran y llevan presentes al recién nacido, los del pueblo de Dios, empezando por Herodes y toda la corte, se turban y sobresaltan.

Herodes por su parte investiga seriamente entre los doctores de la ley porque le interesa descubrir un posible rival.

Después, con astucia, engaña a los Magos pidiéndoles que “averigüen cuidadosamente qué hay del niño y cuando lo encuentren avísenme para ir yo también a adorarlo”.

Los Magos que primero siguieron un signo especial que vieron en su pueblo, caminaron después guiados por su inteligencia, pensando que encontrarían al futuro Rey en la capital y en el palacio.

Al salir de Jerusalén, otra vez el Señor les dio un signo muy especial para que pudieran encontrar la casa donde estaba el niño.

Los Magos “al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría”.

Llegando a la casa, que ya no era lógicamente la cueva, “vieron al Niño con María su madre”. Mateo no habla de san José posiblemente para recalcar la concepción virginal de María que ha presentado desde el comienzo de su Evangelio.

“Los Magos cayendo de rodillas le adoraron”. No es fácil humanamente hablando entender por qué estos hombres importantes caen de rodillas delante de un pequeño de un año y medio más o menos, adorarlo y ofrecerle tres regalos simbólicos, el oro que indica la realeza, el incienso la divinidad y la mirra la pasión.

Como siempre Dios sale al paso en los momentos difíciles y los Magos, avisados por los ángeles, vuelven a su tierra, felices pero por otro camino.

Con la oración colecta pedimos a Dios, que quiso revelarse a los Magos mediante una estrella, que nos dé fe para reconocerlo en los distintos momentos de la vida y sobre todo que nos dé la alegría de contemplarlo un día cara a cara en el cielo.

Y si queremos que nuestras ofrendas sean agradables a Dios hagamos como la Iglesia “que no ofrece oro, incienso y mirra sino a Jesucristo, tu Hijo, al que aquellos dones representaban y que ahora se inmola y se nos da en comida”.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

3 de enero de 2014

Solemnidad de la Epifanía del Señor

LEVÁNTATE, QUE LLEGA TU LUZ 
La Iglesia nos habla hoy de la Epifanía del Señor. 

Epifanía es un compuesto de dos palabras griegas que significan “manifestación desde arriba”. 

Es un término parecido a teofanía que significa “manifestación de Dios”. 

La antífona de vísperas de hoy nos recuerda que la Iglesia entiende como epifanía en realidad estas tres manifestaciones: 

“Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los Magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos”. 

Se trata, pues, de las tres manifestaciones que nos muestran a Jesús, al comienzo de su vida, como Mesías de Dios. 

Hoy celebramos la que corresponde al encuentro de los Magos con Jesús en Belén, como nos cuenta san Mateo. 

Examinemos las lecturas teniendo en cuenta, para entenderlas mejor, que Jesús es “la luz del mundo”, como dijo Él mismo. 

* Isaías nos habla de la luz que viene sobre Jerusalén. El mundo que vivía en las tinieblas del pecado ha visto una gran luz, la luz definitiva que es Cristo. 

Esta luz atraerá a todos los pueblos de la tierra hacia Jerusalén (como nos explicará en la segunda lectura san Pablo): 

“Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti”. 

El profeta a continuación nos invita a contemplar este mundo de tinieblas que comienza a ver la luz que le viene desde Jerusalén: 

“Las tinieblas cubren la tierra y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti”. 

- El salmo responsorial. 

En este salmo 71 vemos cómo se cumplen las palabras de Isaías, “caminarán los pueblos a tu luz… todos esos se han reunido, vienen a ti”. 

En efecto, dice el salmo: “Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra… que los reyes de Saba y de Arabia te ofrezcan sus dones; que se postren ante Él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan”. 

Sabemos muy bien que esta luz viene de Dios y que la profecía, evidentemente se refiere a Cristo. 

- Pablo nos enseña que el plan de Dios es que no sólo el pueblo escogido pueda adorar al único Dios “sino que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio”. 

Dios llama a todos los pueblos porque los ama y quiere la salvación de todos. 

- La fiesta de hoy se centra principalmente en el Evangelio de san Mateo, que es el único que nos cuenta el relato de los “Magos de oriente”. 

La tradición dirá que son tres, que son reyes y hasta les da los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. 

En realidad san Mateo nos lo detalla de esta manera: 
Debían ser unos sabios que se dedicaban a vivir su religión estudiando los signos que “leían” en los astros. Advirtieron una especial y se fueron hasta Jerusalén donde los sacerdotes y escribas de Herodes les explicaron que la profecía de Balaam, decía: “Y tú, Belén, no eres la última de las ciudades pues de ti saldrá… el pastor de mi pueblo Israel”. 

Los Magos van felices hasta Belén llenos de alegría porque volvieron a ver su estrella. 

Entraron en la casa y encontraron, ¿cómo no?, al Niño con María su Madre. 

Y, movidos por la fe que les venía de Dios (la fe verdadera siempre es regalo de Dios), cayeron de rodillas, le adoraron y le ofrecieron oro, incienso y mirra. 

Suelen explicarse así los dones: el oro como a Rey, el incienso como a Dios y mirra como a Redentor que sufrirá para salvarnos. 

“Habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino”. 

Admiremos, finalmente, qué confianza tiene la Iglesia con Dios! 

En este día le dice, en la oración colecta: no te ofrezco ni oro, ni incienso ni mirra como los Magos pero te ofrezco algo mucho mejor: a Jesucristo, tu Hijo, que se ofrece en holocausto a ti, Padre, y se entrega a nosotros como comida, en la Eucaristía. 

Meditemos gozosos cómo Dios sabe manifestarse en el tiempo oportuno y cómo debemos acoger su presencia siempre con alegría. 
José Ignacio Alemany Grau, CSSR

3 de enero de 2013

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, Ciclo C

Y LA ESTRELLA ERA JESUCRISTO 

Epifanía significa “manifestación desde arriba”. 
Esto quiere decir que Dios se ha manifestado. Pero, ¿a quiénes? ¿Para qué? 
Nos responde la liturgia en este día. 
Isaías, el profeta privilegiado en el ambiente litúrgico, proclama: 
“Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti”. 
Esa luz ciertamente será el Mesías, “el sol que nace de lo alto”… el que era la luz “que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”. 
Sí, esa luz era para el pueblo de Dios que fue privilegiado durante todo el Antiguo Testamento. 
Pero hoy nos advierte san Pablo que a él “se le dio a conocer, por revelación, el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa de Jesucristo, por el Evangelio”. 
Ése es el gran secreto que hoy se ha revelado a los “gentiles” (es decir los paganos, los que no pertenecen al pueblo escogido). 
Por eso la Iglesia repite gozosa en este día, en el versículo aleluyático: “hemos visto salir su estrella y venimos a adorar al Señor”. 
Pero, ¿quiénes vienen? 
Son los “magos”. 
Este tema es importante para nosotros ya que la fe no nos ha venido directamente a través del pueblo judío, sino a través de la fe que iluminó a los magos y que más tarde san Pablo salió a predicar por occidente. 
También Pablo tuvo una iluminación muy especial cuando la luz de Cristo lo deslumbró a las puertas de Damasco. 
Hablemos de los magos siguiendo, en algunos detalles, “La infancia de Jesús” de nuestro gran pontífice Benedicto XVI. 
Los magos de que habla Mateo “no pertenecían exactamente a la clase sacerdotal persa, pero tenían un conocimiento religioso y filosófico que se había desarrollado en aquellos ambientes”. 
El Evangelio no da muchos detalles. 
En la edad media se les pondrá los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Incluso les dieron el nombre de “reyes”. 
El Papa nos hace un simpático comentario que explica la presencia de la mula y el buey y también de los magos en nuestros nacimientos: 
“Así como la tradición de la Iglesia ha leído con toda naturalidad el relato de la Navidad sobre el trasfondo de Isaías 1,3 y de este modo llegaron al pesebre el buey y el asno, así también ha leído la historia de los magos a la luz del salmo 72,10 e Isaías 60. Y de esta manera los hombres salidos de oriente se han convertido en reyes y con ellos han entrado en el pesebre los camellos y dromedarios”. 
Lo importante es que en los magos se ve representada la humanidad entera: “los tres continentes entonces conocidos, África, Asia y Europa… El rey de color aparece siempre”. 
O también “las tres edades de la vida del hombre, la juventud, la edad madura y la vejez”. 
Pero lo más importante es que los magos representan a toda la humanidad que “emprende un camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia”. 
Por eso podemos concluir que la “estrella” que atrae a todos es Jesucristo. 
¿Y qué hicieron los magos? 
San Mateo lo refiere de una manera escueta e interesante. 
Ven una estrella especial que los ilumina por dentro y por fuera y se ponen en camino. 
Buscan al Mesías prometido para Israel y van lógicamente a la capital. 
Herodes se asusta y les explica que, según las profecías debe nacer en Belén. 
Astutamente pide en secreto a los magos que le indiquen los detalles para ir también a adorar al Niño. 
Los magos van a Belén con la felicidad de que la estrella los guía hasta la casita donde estaba el Niño. 
Le ofrecen “oro, en relación a la realeza de Jesús, el incienso al Hijo de Dios y la mirra al misterio de la pasión”. (Recordemos que san Juan dice que Nicodemo, para ungir el cuerpo de Jesús, llevó mirra entre otras cosas…). 
Y nosotros, en este día de la Epifanía, ¿qué le regalaremos a Jesús a quien debemos tanto? 

José Ignacio Alemany Grau, obispo