27 de junio de 2020


LAS EXIGENCIAS DE JESÚS
Evangelizar es una obligación que asume todo el que se bautiza.
Por esto mismo lleva unas exigencias que Jesús nos enseña, sobre todo en el capítulo 10 de San Mateo, al que pertenece el párrafo de hoy.
El resultado depende de Dios y de la generosidad y fe del evangelizador.
  • 2 Reyes
Se trata de un momento interesante en la vida del gran apóstol y profeta Eliseo.
Suele visitar a una mujer rica que lo invita a comer con insistencia y cariño. Al fin se pone de acuerdo con su marido, y ofrece hospedaje a Eliseo en un cuarto pequeño que ha quedado como modelo de celda para muchos conventos de clausura:
Una cama, una mesa, una silla y un candil.
Como agradecimiento Eliseo le promete:
“Al año que viene, por estas fechas, abrazarás un hijo”.
Así fue como de su marido ya viejo, obtuvo la buena mujer un primer hijo.
  • Salmo 88
Es una invitación optimista a cantar la misericordia del Señor no solo en el tiempo sino también en la eternidad. Unidos a este salmo glorifiquemos al Señor:
“Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré su fidelidad por todas las edades”.
El mismo salmo promete la felicidad al pueblo que alaba a Dios:
“Camina a la luz de tu rostro, tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo”.
  • San Pablo
Nos invita a recordar que por el sacramento del bautismo, que es tan importante y que algunos no suelen tenerlo presente, nos han llegado todas las riquezas de Cristo.
Fuente de todas las riquezas espirituales es la muerte y resurrección de Jesús. Por eso San Pablo nos enseña que “si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, pues sabemos… que la muerte ya no tiene dominio sobre Él”.
La conclusión de Pablo es: “consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”.
Si fuera nuestra fe auténtica no tendríamos temor ni a la vida ni a la muerte.
  • Verso aleluyático
San Pedro nos anima a tomar conciencia del valor que tenemos como cristianos y nos invita a proclamar la grandeza del Señor:
“Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada; proclamad las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa”.
  • Evangelio
Se trata de unos consejos a los apóstoles misioneros por parte de Jesús en el capítulo 10 de San Mateo. Esta vez son pensamientos sueltos:
+ Ante todo tenemos una exigencia que solamente el Creador puede pedir a sus criaturas y ninguna criatura puede exigir a un igual suyo, porque dice así:
“El que quiera a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí. El que quiera a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí”.
Dios siempre es el primero y Jesucristo, que es Dios, nos muestra de esta manera sus exigencias.
+ Una vez más pide Jesús que, para que un discípulo sea digno de Él, tiene que cargar la cruz como la cargó el Maestro.
+ También nos muestra Jesús hoy la importancia de la “cadena misionera”: el que recibe a uno de sus apóstoles, recibe a Jesús y en Él al Padre. Se trata de algo serio y  maravilloso.
¿Hemos tomado la evangelización en este sentido tan profundo por nuestro esfuerzo, por el Dios a quien representamos y por la salvación que producirá el evangelizar?

José Ignacio Alemany Grau, obispo

20 de junio de 2020

NO TENGAN MIEDO

En las lecturas de este día se nos pide fidelidad a Dios, porque Él está por encima de todos los hombres y de todas las cosas y es el único que puede pedir fidelidad porque Él realmente es fiel.
Un ejemplo de esta fidelidad la encontraremos en Jeremías, el santo profeta que sufrió mucho por mantenerse fiel en medio de las terribles pruebas que padeció.
  • Jeremías
Es el gran profeta a quien Dios eligió de una manera muy especial:
“Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno te consagré: te constituí profeta de las naciones”.
En el capítulo 20, Jeremías tiene una duda sobre Dios como si, al haberlo elegido, no le hubiera dicho los sufrimientos que tendría que soportar a lo largo de su vida profética:
“Me sedujiste Señor y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido”.
Después de esto, en la lectura de hoy, el profeta concreta algunos de los momentos difíciles que le hicieron pasar sus enemigos; pero Dios lo libró con su fortaleza.
Jeremías termina glorificando al Señor:
“Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de la gente perversa”.
Por encima de todo, Jeremías es el profeta que proclama los mensajes difíciles de Dios con toda valentía ante las mismas autoridades, jugándose la libertad y hasta la vida muchas veces.
  • Salmo 68
Es precioso, pidiendo a Dios que nos escuche por su bondad y misericordia:
“Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión vuélvete hacia mí”.
  • San Pablo
Pablo enseña que por un hombre, Adán, pecamos todos, y por eso la muerte pasó de él a todos los hombres.
Pero la maravilla de la misericordia de Dios fue mucho más grande en la recuperación porque en Jesús, que además es Dios, toda la humanidad ha encontrado la salvación:
“No hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más por la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre Jesucristo, sobró para la multitud”.
Nuestra gratitud nos debe llevar a la fidelidad de por vida.
  • Verso aleluyático
Nosotros somos testigos, junto con el Espíritu Santo, de la salvación que nos ha traído Jesucristo:
“El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio”.
  • Evangelio
San Mateo recoge unos consejos muy importantes de Jesucristo.
Sabemos que cuando se descubre que una persona de prestigio y poder ha cometido un grave delito de corrupción, tiemblan él y toda la familia. Incluso, los que lo han “ayudado”, temen lo peor para ellos mismos y los suyos.
¿Cómo será cuando Jesús descubra nuestra conducta “porque nada hay escondido que no llegue a saberse”?
Frente a todas estas cosas Jesús nos pide:
“No tengáis miedo a los hombres”.
Porque debemos entender que los hombres pueden matar el cuerpo pero no pueden matar el alma. Por eso Jesús aclara:
“Temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”.
También nos invita Jesús a confiar en la providencia porque si Dios cuida de los pajaritos, mucho más nos protege a nosotros, ya que “no hay comparación entre vosotros y los gorriones”.
Y termina el párrafo diciendo:
“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombre yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.
Aprendamos hoy de Jeremías el grande y valiente profeta, y también de tantos mártires que no temieron dar la vida para mantener su fidelidad a Jesús.

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo

13 de junio de 2020

EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO



EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Nunca podremos entender lo que significa la donación de Dios a la humanidad.
Se trata de gracia sobre gracia y luego más gracia.
El Padre Dios nos entrega a su Hijo, luego nos da el Espíritu Santo.
Cuando los hombres matan a Jesús Él resucita y sube al cielo.
La humanidad sorprendida escucha a Jesús que promete quedarse con nosotros hasta el fin del mundo.
¿Y cómo será posible esto?
Por medio de la gracia Jesús habita en nosotros con el Padre y el Espíritu Santo.
Después, de un modo impensable, ha inventado la Eucaristía para estar siempre con nosotros.
Más aún. Entra en nuestro cuerpo como alimento que santifica.
¿Quién pudo imaginar esto jamás?
Por eso la Iglesia en este día quiere mostrar su amor a su esposo con flores, alfombras, adoración, pasearlo por las calles y recibir el homenaje de adoración de sus hijos.
Ya que este año casi ninguno podrá hacerlo como de costumbre en las calles, que Jesús encuentre un trono en cada corazón y en él mucho amor.
  • Deuteronomio
El símbolo de la Eucaristía ha sido, evidentemente, el maná.
En pleno desierto Dios alimentó a su pueblo con aquel pan misterioso y agua salida de la roca.
Ambos son símbolo de la Eucaristía pero con una gran diferencia, lo dirá Jesús:
“Vuestros padres comieron el maná en el desierto pero todos murieron”. En cambio quien coma la Eucaristía vivirá para siempre.
  • Salmo responsorial
En esta solemnidad de Corpus Christi procuremos, de una manera especial, glorificar a Dios porque nos ha fortalecido con el Santísimo Sacramento: “ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina”.
En esta expresión podemos entender nosotros ahora que lo mejor del trigo es el consagrado en la santa misa.
  • San Pablo a los corintios
El apóstol nos explica y quiere sacar una conclusión importante:
El cáliz consagrado es la comunión con la sangre de Cristo lo mismo que el pan consagrado nos lleva a la intimidad con Cristo.
Algo así como muchos granos de uva o de trigo forman la unidad, los cristianos debemos formar un solo cuerpo por el amor ya que comemos el mismo pan y vino.
  • Verso aleluyático
Nos recuerda lo esencial de la fiesta de hoy; es decir, que Jesús es el pan vivo y quien lo come vivirá para siempre: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”.
De esta manera la palabra de Jesús confirma la eficacia salvadora que encierra este sacramento.
  • Evangelio
Pertenece al capítulo seis de San Juan y recoge la promesa de la Eucaristía.
Aunque algunos hombres de hoy, como los judíos que escuchaban a Jesús, solo entienden que se trata de pan y vino, la fe nos asegura que en esos elementos está Jesús con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.
No podemos más que agradecer a Jesucristo la generosidad de estar dentro de nosotros para ir purificándonos y santificándonos.
Cuentan de santo Tomás de Aquino, el gran teólogo enamorado de la Eucaristía, que acercaba su cabeza al sagrario como para sentir palpitar el corazón divino y humano de Jesús.
Esta fue siempre la fe de los verdaderos cristianos que entendemos y vivimos de la palabra del Señor:
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.
Nosotros mantengamos la fe y nuestra gratitud por este gran misterio eucarístico que es Jesús, Dios y hombre verdadero, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad y que quiere ser la certeza de la felicidad eterna.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

6 de junio de 2020

LA SANTÍSIMA TRINIDAD


LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Este domingo debe ser de acción de gracias a la Santísima Trinidad porque es a ella a quien debemos todos los bienes espirituales y materiales, la vida humana y la vida de la gracia.
La Santísima Trinidad es el primero y más importante misterio de la fe que enseña que hay un solo Dios, es decir, una sola naturaleza divina con todas las perfecciones. En esa única divinidad hay tres Personas, el Padre, fuente de vida, que engendra al Hijo; el Hijo, engendrado por el Padre, y el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo.
La oración colecta presenta maravillosamente la fiesta de hoy:
Dios nos ha revelado este misterio:
El Padre es quien ha enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para realizar la salvación de la humanidad.
Por eso hoy le pedimos la gracia de mantenernos siempre en “la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa”.
Por su parte el prefacio nos resume así el misterio de hoy:
El Padre “que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola persona, sino tres personas en una sola naturaleza… de modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.
  • Éxodo
Nos presenta las palabras del Señor que se define a sí mismo en el monte Sinaí ante Moisés que lo adora:
“Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”.
Moisés aprovecha aquel momento para pedir a Dios que perdone a su pueblo y lo tome como heredad suya.
Una manera inteligente de pedir misericordia como lo consiguió, porque Dios hizo la alianza acogiendo a Israel como heredad suya.
  • Salmo responsorial
No es uno de los ciento cincuenta salmos sino que pertenece al libro de Daniel (3,51) que centra la alabanza con estas palabras:
“Entonces los tres, como una sola boca, empezaron a cantar himnos, a glorificar y bendecir a Dios dentro del horno, diciendo: Bendito eres Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo  y glorioso. A ti gloria y alabanza por los siglos”.
  • San Pablo
Nos invita a llevar una vida de alegría y paz en el Señor y nos deja el gran saludo que la liturgia nos repite al principio de la santa misa:
“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros”.
  • Verso aleluyático
Expresa la máxima alabanza que la Iglesia da a la Santísima Trinidad, diciendo:
“Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene”.
La segunda parte del versículo, tomada del Apocalipsis (1,8), se refiere directamente a Jesucristo más que a la Santísima Trinidad, ya que habla implícitamente de la parusía o segunda venida del Señor.
  •  Evangelio
Brevemente nos presenta un resumen de la economía de la salvación:
“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”.
El Evangelio nos advierte, una vez más, que Jesús no vino al mundo para condenar a nadie, sino para dar la oportunidad a los que crean en Él para que se salven.
Como siempre Dios respeta la libertad humana pero sí nos advierte que, el que no crea, es él mismo el que se condena y de ningún modo podemos echar las culpas a Dios.
Agradezcamos, pues, hoy a la Santísima Trinidad por el regalo más grande que es el envío del Hijo y del Espíritu Santo para que entre las dos divinas Personas realizaran el plan de salvación trazado por Dios desde toda la eternidad.

José Ignacio Alemany Grau, obispo