28 de junio de 2026

El milagro de la vida en Cristo - Domingo XIII del tiempo ordinario – ciclo A

 

A menudo parece que nos peleamos con la vida. En realidad, la vida es un regalo de Dios, tanto la vida temporal como la vida eterna. Meditemos.

  • Libro II de Reyes

Eliseo se convierte en el gran taumaturgo después de Elías, su maestro. Va con frecuencia a una casa para comer. Le toman cariño y preparan una habitación pequeña para que pueda pasar la noche el gran profeta de Dios.

Cierto día llega a la casa, como de costumbre, y le presentan la habitación en la que podrá pasar la noche. Eliseo desea ser agradecido y le pregunta a su criado qué puede regalarle a la sunamita. La respuesta fue: «¿Qué sé yo? No tiene hijo y su marido es viejo».

Eliseo manda llamar a la mujer y le promete: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás un hijo».

Es el regalo más grande para una mujer estéril que no puede tener descendencia, pero es al mismo tiempo, la recompensa de Dios por el cariño con que acoge al profeta cada vez que va a su casa.

  • Salmo 88

Glorificar y cantar al Señor es el deseo de toda persona que tiene fe; por eso leemos estas palabras del salmista:

«Cantaré eternamente las misericordias del Señor… Dichoso el pueblo que sabe alabarte, camina, oh, Señor, a la luz de tu rostro… Porque tú eres su honor y su gloria: El Santo de Israel nuestro Rey».

  • San Pablo

En su carta a los romanos, el apóstol enseña que «los que por el bautismo nos hemos incorporado a Cristo fuimos incorporados a su muerte».

Y por la muerte temporal se nos incorpora «a su resurrección de entre los muertos por la gloria de Dios Padre».

La enseñanza de Pablo es que morir al pecado en el bautismo nos abre las puertas de la eternidad con Cristo muerto y resucitado.

Por eso el apóstol termina exclamando: «Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús».

  • Verso aleluyático

Es una llamada a la esperanza definitiva en Dios. Con el nacimiento, con el bautismo «vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada».

Termina el versículo pidiéndonos:

«Proclamad las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa».

  • Evangelio

Es un parrafito del capítulo diez de San Mateo en que se recalca que lo más importante de todo es colocar a Cristo como el primero. Y así entendemos:

«El que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí».

Lo mismo sucede respecto de los hijos. El primero será siempre Cristo.

Incluso, la misma vida que poseemos en este mundo no es el primer tesoro. El primer tesoro siempre será Jesucristo mismo. Por eso: «El que encuentre su vida la perderá y el que pierde su vida por mí la encontrará».

Concluye este párrafo del Evangelio con una invitación práctica de Jesús:

«El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, solo porque es mi discípulo, no perderá su paga».

El primero para nosotros siempre es Jesús y a Él lo encontramos en el necesitado.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

21 de junio de 2026

¡No tengan miedo! - Domingo XII del tiempo ordinario – ciclo A

 

Vivimos condicionados por muchas cosas que parecen insignificantes y en realidad de esta manera también condicionamos nuestra libertad que es un don de Dios. Tengamos siempre presente estas palabras de San Pablo: «Donde está el Espíritu del Señor allí está la libertad».

  • Jeremías

«Oía el cuchicheo de la gente: “pavor en torno. Delatadlo, vamos a delatarlo”. Mis amigos acechaban mi traspié: a ver si se deja seducir y lo abatiremos…».

Después de estas duras palabras el profeta Jeremías termina glorificando al Señor:

«Cantad al Señor, alabad al Señor que libró la vida del pobre de manos de los impíos».

  • Salmo 68

El salmista invita a la confianza en Dios:

«Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro… Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor, que me escuche tu gran bondad».

En medio de las dificultades más grandes confiemos siempre en el Señor y alabemos su gran bondad:

«Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas».

  • San Pablo

Dice el Apóstol a los romanos que la salvación de Jesucristo llegó a todos los hombres por la misericordia de Dios.

Por muchos que sean los pecados y los problemas que encontremos en la vida, confiemos siempre en nuestro Redentor:

«No hay proporción entre el delito y el don…: La gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud».

  • Verso aleluyático

Jesucristo confía plenamente en el Espíritu Santo y también en los que poco a poco van ingresando en la Iglesia primitiva:

«El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí -y añade Jesús- También ustedes darán testimonio».

  • Evangelio

En el evangelio de San Mateo, nos advierte Jesucristo que no tengamos miedo a los hombres porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse.

Todas las cosas que pasen en este mundo serán conocidas a la hora del juicio de Dios.

De nuevo repite el Señor: «No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma».

Y nos invita: «No temáis al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. Temed más bien al que puede mandar el cuerpo y el alma al fuego».

A continuación, nos invita a renovar nuestra confianza en Dios observando a los pajaritos del cielo:

«¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones».

En medio de tantas dificultades que podemos encontrar en la vida, la misericordia -y el amor de Dios- es siempre grande para los seres humanos. No olvidemos nunca las palabras del Señor en este domingo: ¡No tengáis miedo!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

14 de junio de 2026

ID Y PROCLAMAD - Domingo XI del tiempo ordinario – ciclo A

 

Hoy escucharemos un mosaico de la bondad de Dios y de la continuidad que debemos vivir los seres humanos.

  • Éxodo

Nunca imaginaremos suficientemente el amor que Dios sentía por el pueblo de Israel a pesar de las faltas de caridad que tuvieron con Él.

Hoy dice Dios a Moisés: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí».

Israel no fue capaz de comprender nada de esto y nosotros lo único que podemos es admirar la gran caridad de Dios con este pueblo al que Él mismo llevó «como un águila a sus polluelos» mientras castigaba al opresor.

Dios ama el amor verdadero y donde no lo hay lo siembra.

  • Salmo 99

Este salmo, muy corto, por cierto, alaba las grandezas del Señor y nos invita a todos a saber que toda nuestra vida tiene que ser una canción a Dios:

«Servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores».

Continúa alabando al Señor Dios que nos hizo y, por tanto, a quién pertenecemos y debemos saber que «el Señor es bueno».

  • San Pablo

En su Carta a los romanos el apóstol canta la ternura de Dios que murió por todos:

«En verdad apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez… Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo siendo nosotros todavía pecadores murió por nosotros».

De aquí saca San Pablo esta conclusión:

«Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados por Dios por la muerte de su Hijo, con cuánta más razón cuando ya reconciliados seremos salvos por su vida»

  •  Verso aleluyático

Muchas veces repetimos en el padrenuestro: «Venga a nosotros tu reino». Se trata del reino de Dios que estando cerca nos pide a todos la conversión y la fe: «Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

  • Evangelio

Vemos en este párrafo de San Mateo la misericordia del Señor cuando ve a tantos hombres y mujeres como extenuados y agotados, algo así como cuando las ovejas no tienen pastor que les señale el camino. De ahí el dolor de Cristo:

«La mies es abundante, pero los trabajadores pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Es precisamente cuando San Mateo relata cómo Jesús en ese momento nombra a sus apóstoles, entre los cuales está Pedro, el de las traiciones, y también Judas Iscariotes, el que lo entregó.

Con este montón de hombres Jesús construye el principio de su Iglesia y les da unas normas que en sus inicios tienen ciertos recortes, pero al terminar el Evangelio irán por el mundo entero según el mandato último del Señor.

De todas formas, queremos hoy concluir esta reflexión recordando el mandato de Jesús.

«Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca».

¿Te sientes llamado por Dios a evangelizar a los de tu tiempo?

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

7 de junio de 2026

QUIEN ME COMA TENDRÁ VIDA - Domingo del Corpus Christi

La fiesta de la Eucaristía, de manera especial en este año, se celebra en distintos días debido a las Elecciones Generales en Perú.

Los invito, queridos lectores, a meditar en este domingo como la gran Fiesta del Corpus Christi.

Por un milagro muy importante que una hostia dejó caer sangre sobre el corporal, el Papa Urbano IV instituyó esta gran fiesta con la certeza que se tenía de la presencia de Jesús en la Eucaristía, confirmada por aquel gran milagro.

Desde entonces (siglo XIII) la Iglesia celebra con gran solemnidad el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo con procesiones embellecidas con alfombras de flores y oraciones especiales.

Son famosos los cánticos de santo Tomás, especialmente «Pange lingua» y «Tantum ergo».

  • Deuteronomio

En esta lectura se recuerda el amor de Dios que sacó de Egipto a los israelitas que vivían como auténticos esclavos. Ellos tuvieron que caminar a través de todo el desierto expuestos a peligros, carencias de todo tipo, especialmente por la falta de agua y de alimento:

«Les hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; sin embargo, Dios sacó agua para ti de una roca de pedernal y te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».

Esto en realidad era una prueba del mismo Señor que quería que su pueblo aprendiera «que no solo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios».

  • Salmo 147

Es una invitación a «glorificar al Señor»:

«Alaba a tu Dios Sion que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti… Ha puesto paz en tus fronteras».

El salmista termina invitando también a Jacob para que anuncie la Palabra de Dios.

  • San Pablo

En su Carta a los corintios el apóstol tiene unos simples versículos que transcribo para su meditación:

«El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo?

Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

El pan es uno y así nosotros, aunque somos muchos formamos un solo cuerpo porque comemos todos el mismo pan».

Qué importantes es aprovechar la Eucaristía para vivir la comunión entre todos nosotros.

  • Verso aleluyático

Recoge unas palabras del Evangelio como una invitación a meditarlas con profundidad:

«Yo soy el pan vivo… El que coma de este pan vivirá para siempre».

Procuremos comulgar con frecuencia para asimilar este milagro de amor.

  • Evangelio

El Evangelio de San Juan nos invita a renovar nuestra fe en el gran sacramento de la Eucaristía. Es Jesús mismo quien dice:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi vida para la vida del mundo».

Cuando los presentes oyen estas palabras se preguntan:

«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Jesús no solamente no se retracta, sino que vuelve a afirmar de distintas maneras:

«Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros».

A continuación, estas palabras nos invitan a tomar muy en serio el sacramento de la Eucaristía y asegurarnos de esta manera una eternidad feliz:

«El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día».

Para nosotros la Eucaristía es un gran regalo porque nos asegura la inhabitación de Dios en nuestro corazón: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él».

Medita la grandeza de este gran don, pero también la gravedad que acarrea no comerlo como el gran alimento de la vida presente y la futura.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista