Este es un domingo muy importante y quiera Dios que no pase desapercibido por el tema que plantea la liturgia.
Pero
antes de empezar nuestra reflexión te invito a hacer un examen personal y
particular para que puedas responder eficazmente al deseo de Jesús…
- Eclesiástico
Empieza
diciendo que el pecador posee el furor y la cólera que son odiosos para la humanidad.
Advierte
el autor sagrado que el Señor, por su parte, es el dueño de toda «venganza».
Por
otro lado, nos propone que la actitud del ser humano debe ser esta:
«Perdona
la ofensa a tu prójimo y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas».
Como
una regla de conducta pide el Eclesiástico perdonar a sus semejantes para ser
perdonados por Dios. Y concluye el párrafo de hoy con estas palabras:
«Recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo: la alianza del Señor y perdona el error».
- Salmo 102
El
salmista nos presenta al Señor de toda la creación como compasivo y
misericordioso. Y a continuación, nos manifiesta la actitud de Dios para con el
hombre pecador:
«Bendice alma mía al Señor y no olvides sus beneficios… Él perdona todas tus culpas… No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas».
- San Pablo
En
su carta a los romanos el apóstol, para que tengamos una caridad verdadera, nos
advierte en este parrafito muy corto de hoy: «Ninguno de nosotros vive para
sí mismo y ninguno muere para sí mismo».
Tengamos en cuenta este pensamiento muy importante para aplicar a nuestra vida: «Si vivimos, vivimos para el Señor…. Para esto murió Cristo y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos».
- Verso aleluyático
Es
el mandamiento que resume la gran enseñanza de Jesucristo: «Os doy un
mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».
No puede haber más claridad en la actitud del discípulo y en la enseñanza del Maestro.
- Evangelio
Un
buen día se le ocurrió a Pedro preguntarle a Jesús:
«Si
mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete
veces?».
Ante
tal generosidad que parece tener Pedro, Jesús responde:
«No
te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete».
Jesús
confirma sus palabras con una parábola muy interesante:
Un
siervo que debía mucho dinero a su señor, y colmada la paciencia, el señor lo
manda encarcelar y que con todas sus posesiones pueda pagar su deuda.
La
parábola no puede ser más clara…
El
señor lleno de compasión ante los ruegos del siervo, perdona toda la deuda y el
siervo sale feliz y sin deuda.
Pero
al salir de la casa él, que debía más de diez mil talentos y que había sido
perdonado, se encuentra con un compañero que le debía apenas la pequeña
cantidad de cien denarios, y quería estrangularlo repitiendo: «Págame lo que
me debes».
El
contraste entre lo que debemos a Dios por el pecado y lo que nos debemos unos a
otros como criaturas es tan grande que Jesucristo, llamando al perdonado, le
dice:
«Siervo
malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías
también tener compasión de tu compañero?».
Y
le mandó que pagara toda su deuda.
Está
claro lo que quiere enseñarnos Jesús en este domingo: comparemos lo que nos ha
perdonado Dios con lo poco que nos ofenden nuestros hermanos y entenderemos
cómo la caridad verdadera lleva siempre al perdón de corazón ante las faltas
del prójimo.
