30 de abril de 2023

JESÚS, BUEN PASTOR, NOS CUIDA




En este Domingo IV de Pascua la liturgia nos habla del Buen Pastor y nos invita, de distintas formas, a seguir su ejemplo.n este Domingo IV de Pascua la liturgia nos habla del Buen Pastor y nos invita, de distintas formas, a seguir su ejemplo.

  • Hechos de los Apóstoles

Tras el versículo 14 del capítulo 2, nos presenta el resultado maravilloso de la evangelización kerygmática que Pedro dio al pueblo de Israel la mañana de Pentecostés:

«Al mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

El fuego del Espíritu a través de la inquietud apostólica de Pedro dio su resultado y la multitud preguntó:

«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».

Pedro, que ha anunciado bien, ahora da una auténtica respuesta para todos, los de entonces y los de ahora:

«Convertíos y bautizaos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados y recibiréis el Espíritu Santo».

Seguramente que nosotros de alguna forma ya hemos realizado esto, pero será bueno que examinemos cómo hemos seguido a lo largo de nuestra vida.

Lucas nos dice el resultado de aquella predicación:

«Aquel día se les agregaron unos tres mil».

Pidamos a Jesús el celo apostólico que nos enseñaron los apóstoles en la Iglesia.

  • Salmo 122

El salmo responsorial, lógicamente, es el del Buen Pastor y no por saberlo, posiblemente de memoria, debemos dejar de meditarlo hoy:

«El Señor es mi pastor, nada me falta… Me guía por el sendero justo… Preparas una mesa ante mí…» y sentimos el gozo y la felicidad de que «tu bondad y tu misericordia nos acompañan todos los días de nuestra vida».

  • San Pedro

En este día nos invita a imitar a nuestro Buen Pastor, Cristo, que padeció su pasión por nosotros y así nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas.

Él fue el ejemplo luminoso que nunca cometió pecado ni engañó a nadie, mas soportando todos los sufrimientos «cargó con nuestros pecados, subió al leño, para que… Vivamos para la justicia».

Tengamos siempre presente que «sus heridas (las heridas de Jesús) os han curado».

Gracias a este gran don «habéis vuelto al Pastor y guardián de vuestras vidas».

  • Verso aleluyático

San Juan nos recuerda lo fundamental del Evangelio de este día, con palabras de Jesús:

«Yo soy el Buen Pastor. Conozco a mis ovejas y las mías me conocen».

Si es bello conocer a Jesús, más importante es, todavía, que Él nos conozca porque nos da seguridad.

  • Evangelio

El evangelio de este día pertenece a San Juan (Jn 10) que confirma la descripción que Jesús ha hecho de sí mismo para invitarnos a confiar en Él:

«Yo soy la puerta de las ovejas… Quien entre por mí se salvará, y podrá entrar y salir y encontrará pastos».

Es muy bello el servicio que hace Jesús como Buen Pastor en esta comparación, a través de la cual nos enseña cómo quiere a las ovejas y cómo las lleva a los mejores pastos, para que puedan encontrar la felicidad lejos de los enemigos que las persiguen.

Termina nuestro párrafo de hoy con esta comparación que hace el mismo Jesús:

«El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

No olvidemos nunca que cuando Jesús habla de vida, habla de la Vida. Para que la podamos tener en abundancia Él nos dejó, en la Eucaristía, su cuerpo como alimento:

«Yo soy el pan de la Vida».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

22 de abril de 2023

NUESTRA PRIMERA COMUNIDAD

Lo más apasionante en este tiempo de Pascua es ir conociendo cómo vivió la Iglesia primitiva la resurrección de Jesucristo y su propio nacimiento.

Les invito a seguir la liturgia o, si prefieren, ir leyendo los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles.

  • Hechos de los Apóstoles

Nos cuenta hoy San Lucas la gran predicación kerygmática, muy valiente por cierto, de San Pedro en el día mismo de Pentecostés:

«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchadme: os hablo de Jesús nazareno… Conforme al designio previsto y sancionado por Dios os lo entregaron y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte…

Pues bien, Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos».

Y termina, en este día glorioso de Pentecostés, diciendo:

«Ahora exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y lo ha derramado».

  • Salmo 15

Nos invita a celebrar la protección de Dios. Este Dios que «es el lote de mi heredad y mi copa…».

El salmista bendice y alaba al Señor porque siente su protección día y noche y es su fortaleza: «Con Él a mi derecha no vacilaré».

A continuación, se llena de alegría porque Dios lo libra de la corrupción y de la muerte eterna:

«Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción» (en esto encuentra la Iglesia una profecía sobre la resurrección del Mesías).

  •  San Pedro

Nos recuerda que hemos recibido el regalo de Dios que es nuestra fe y nuestra esperanza gracias a Jesucristo, resucitado de entre los muertos.

El apóstol nos advierte que gracias a la preciosa sangre de Cristo hemos recibido esas dos virtudes fundamentales de nuestra vida cristiana: la fe y la esperanza en Dios:

«Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza».

  • Verso aleluyático

Nos invita a hacer una hermosa petición del Evangelio del día:

«Señor Jesús, explícanos las Escrituras. Haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas».

Pidamos con mucha fe este regalo a Jesús para que su Palabra sea nuestra fortaleza.

  • Evangelio

En este tercer domingo de Pascua la liturgia nos presenta de nuevo la aparición de Jesús a los dos discípulos que iban a Emaús.

Son muchas las lecciones que debemos aprender.

Ante todo, debemos tener en cuenta que leer o escuchar la Palabra de Dios, para que sea eficaz en nuestra vida, se necesita que el Señor mismo ilumine nuestra mente y nos llene de fervor el corazón.

Llama la atención cómo los dos peregrinos se regresan desilusionados de Jerusalén, a pesar de que prácticamente se habían enterado de las distintas apariciones de Jesús en ese primer día de la semana, pero no creyeron.

Vemos cómo por el camino Jesús mismo es el que va explicando a los dos todo lo que la Escritura hablaba del Mesías y cómo todo se había cumplido.

Y entonces sí, al escuchar a Jesús mismo, sienten arder su corazón y se conmueven. Por eso, cuando Jesús parte el pan regresan a Jerusalén para unirse nuevamente a la comunidad que habían abandonado, confirmando con valentía que habían reconocido a Jesús al partir el pan:

«Ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan».

Para nosotros, entre otras lecciones, vemos cómo se cumplió la promesa de Jesús:

«Tuve hambre y me disteis de comer» y, además: «Fui peregrino y me acogisteis».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

16 de abril de 2023

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

Jesús le dijo a santa Faustina, el 22 de febrero de 1931: «Pinta una imagen según el modelo que ves y firma: Jesús en ti confío... Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de resurrección. Ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia».

Respecto a los rayos, Jesús le explicó:

«Los rayos significan la sangre y el agua. El rayo pálido significa el agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la sangre que es la vida de las almas».

Si nos fijamos, desde hace siglos la Iglesia en el esquema litúrgico de esta fiesta venía hablando de la misericordia, de manera especial en la oración colecta y en el salmo responsorial.

  • Hechos de los Apóstoles

Nos cuenta cómo debe vivir la familia cristiana siguiendo el ejemplo de las primeras comunidades. Fundamentalmente invita a imitarlas en estos detalles:

«Acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón».

El resultado era maravilloso ya que «eran bien vistos de todo el pueblo y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando».

  • Salmo 117

Es un canto a la Misericordia Divina:

«Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia».

A continuación, el salmo invita a los pequeños grupos humanos «a dar gracias al Señor porque es eterna su misericordia».

Termina el salmo con estas bellas palabras que la liturgia nos repite tantas veces en estos días:

«Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo».

  • San Pedro

Comienza el apóstol alabando a Dios que, «en su gran misericordia, por la resurrección de Cristo de entre los muertos nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva».

También nos invita a alegrarnos pensando que «aunque de momento tendréis que sufrir un poco en pruebas diversas... llegará la alabanza y la gloria cuando se manifieste Jesucristo».

Termina San Pedro con una alabanza maravillosa, digna de meditación:

 «No habéis visto a Jesucristo y lo amáis, no lo veis y creéis en Él».

Felicidades, amigos todos, porque esta es nuestra esperanzadora realidad.

  • Verso aleluyático

Recoge las palabras de Jesús acogiendo el acto de fe de Tomás, pero indicándole que él creyó por haber visto, sin embargo, «dichosos los que crean sin haber visto».

  • Evangelio

El evangelio de hoy es de San Juan y, en primer lugar, describe los tres grandes regalos de Jesús en el día primero de la Pascua:

(1) «Paz a vosotros».

(2) El gran envío a la misión: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

(3) El envío del Espíritu Santo para perdonar los pecados:

«Recibid el Espíritu Santo: a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados...».

En segundo lugar, el evangelista cuenta que a los ocho días Jesús viene cuando está Tomás con los otros apóstoles y le dice directamente:

«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo sino creyente».

Tomás adora a su Señor con estas benditas palabras que tantas veces repetimos con fe:

«Señor mío y Dios mío».

Nos alegra que en el octavo día ya están todos los apóstoles con Jesús.

Más adelante, Pedro, pedirá a la comunidad que después de hacer oración echen suertes para saber a quién escogió el Señor en lugar de Judas y el elegido fue Matías.

Amigos, todos, gocen esta Pascua felices por el triunfo de Jesús que es también nuestra propia salvación.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

7 de abril de 2023

Reflexión homilética para el TRIDUO PASCUAL 2023 – 3


Vigilia Pascual

Con la puesta del sol del sábado comienza el tercer día del Triduo Pascual

Nadie esperaba nada.

Como las velitas que se encienden en el Cirio de la Vigilia Pascual, se fue corriendo la voz:

¡El cuerpo del Señor no está en el sepulcro!

Pero dejemos que el evangelista San Juan nos cuente también lo que vivió en este día:

Yo dormía en la casa en que estábamos varios de nosotros, cuando estando aún oscuro, unos fuertes golpes en la puerta nos despertaron.

Era María Magdalena que nos sobresaltó con sus nerviosas palabras:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Tal como estábamos, salimos corriendo Pedro y yo.

La verdad es que yo, como más joven corrí más aprisa, pero al llegar al sepulcro no entré, sino que esperé la llegada de Pedro que, en fin de cuentas, era nuestro responsable.

Después ingresé yo y al ver la sábana bien doblada y el sudario doblado aparte: vi y creí.

Después de todo, Jesús nos lo había dicho varias veces: «al tercer día resucitaré» … Y había llegado el tercer día.

Luego dijo Pedro: llevemos estos lienzos que serán un tesoro para nosotros.

Salimos del sepulcro y nos fuimos a casa a ver en qué paraba todo.

Nos enteramos de que Jesús se apareció a la Magdalena y le pidió que fuera comunicando a todos que lo había visto resucitado. Y ella fue a decirlo por todas partes, aunque nadie le daba crédito.

Más tarde nos enteramos que dos de los discípulos, que ya nos habían dejado, pensando que había acabado todo, se encontraron con Jesús en el camino de Emaús y, cuando lo invitaron a cenar, Jesús partió el pan, se lo dio y se abrieron sus ojos y al punto lo reconocieron.

Con toda prontitud regresaron a Jerusalén, al Cenáculo, para contárnoslo a todos.

Estábamos todos allí reunidos y, de repente, sin llamar ni tocar la puerta, apareció Jesús bellísimo, algo así como cuando lo vimos en el Tabor. Nos dijo:

«La paz con ustedes».

Comió delante de nosotros para que nos convenciéramos de que era Él mismo y después nos dijo dos cosas que quedaron muy profundamente grabadas en mi alma:

«Como el Padre me envió, así los envío, yo a ustedes».

Nosotros estábamos impresionados. Y Él añadió:

«Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados les serán perdonados».

Nadie podrá entender la fiesta que hicimos en aquel momento todos los que estábamos reunidos en el Cenáculo:

Era verdad. Todo lo que dijo vale:

«El Señor ha resucitado».

Desde entonces todo cambió y nos hemos ido felices a hablar del nombre de Jesús que murió y resucitó para salvarnos.

Y hoy, queridos amigos, quiero terminar mi relato contándoles algo que ha quedado muy grabado en mi corazón:

Pedro y yo fuimos al templo y a la entrada nos encontramos con un tullido que nos pidió limosna.

Pedro le dijo:

«Míranos».

El hombre abrió unos ojos muy grandes esperando una limosna, pero Pedro añadió:

«No tengo oro ni plata. Lo que tengo, eso te doy. En nombre de Jesús Nazareno: levántate y anda».

El tullido se levantó y entró con nosotros al templo dando brincos de alegría.

Yo también les pido a ustedes que, en el nombre de Jesús, lleven la alegría de la resurrección del Señor por todas partes.

(Hasta aquí Juan evangelista).

 Concluyamos que cuando nos falta Dios es porque se nos va Jesús. Y donde no está Jesús no está Dios.

¡Feliz Pascua! Gocemos estos cincuenta días con los que la Iglesia celebra el triunfo de su Esposo.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

Reflexión homilética para el TRIDUO PASCUAL 2023 – 2 VIERNES SANTO


Viernes Santo

Seguimos el relato de la Pasión de Jesús que nos está haciendo San Juan evangelista, con imaginación y fondo bíblico:

Queridos amigos, les cuento que yo me acomodé en la casa de Caifás donde podía oír bien lo que pasaba en la reunión del Sanedrín, porque a mí todos me conocían en la casa del pontífice.

Pedro quedó fuera y se calentaba con la gente en torno a un fogón porque hacía frío.

Oí el juicio que hicieron a Jesús y, cuando el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, gritando: «Ha blasfemado, reo es de muerte», yo sentí que a mí se me rasgó el corazón. Pero no podía hacer nada.

Estaban todos furiosos.

Luego lo condujeron a Pilato pidiendo que también el poder civil lo condenara. Pilato no era malo, pero sí muy débil y ante todo tenía ojo político. Por eso hizo el teatro de lavarse las manos mientras condenaba al inocente: «Irás a la cruz».

Yo en aquel momento salí a buscar a María, la Madre de Jesús, y los dos nos acompañamos hasta el Calvario. Ella iba con entereza, pero muy dolida en su corazón.

Llegados a la cumbre, vimos cómo desnudaron al Señor, le clavaron en la cruz y, ¡qué valiente!, mientras lo clavaban decía a Dios:

«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

Luego fijaron la cruz en el piso y nosotros nos acercamos hasta ponernos debajo de la cruz.

En un momento Jesús dijo a su Madre:

«Mujer: ahí tienes a tu hijo». Y a mí: «Ahí tienes a tu Madre».

Los dos acogimos el mensaje con gran dolor, pero no pudimos abrazarnos porque el sufrimiento era más grande que el regalo del Señor.

Cuando le clavaron la lanza en el costado, me cayeron algunas gotas de sangre en la cabeza. No puedo describir lo que sentí, pero fue una mezcla de dolor y gozo redentor.

Poco más tarde llegaron unos amigos de Jesús que eran fariseos importantes, pero por prudencia habían ocultado su fe en el Señor. Lo descendieron de la cruz, lo enterraron.

Yo también ayudé.

Su Madre lo estrechó unos momentos entre sus brazos, y en seguida se lo quitaron porque no había tiempo ya que se nos venía encima el descanso sabático.

El sepulcro era de uno de los fariseos y se lo prestó con mucho gusto porque estaba cerca del Calvario.

Rodaron una gran piedra sobre la puerta y nos fuimos. Yo dejé a María en su casa y me fui con Pedro que no cesaba de llorar porque había negado al Maestro.

Amigos todos, los invito a aprovechar la liturgia de la Iglesia que, entra en este viernes sabático, en un silencio profundo adorando al Maestro muerto y enterrado, y contemplando el dolor y soledad de la Madre de Jesús que pasó el día en espera.

 

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo

5 de abril de 2023

Reflexión homilética para el TRIDUO PASCUAL 2023 - 1


Jueves Santo

Tenemos tres momentos especiales:

  • El primero es la misa crismal.

Cada Jueves Santo, en la mañana, los obispos del mundo entero celebran con sus sacerdotes la misa crismal. A veces por eficacia pastoral se cambia la misa crismal a otro día.

En ella el obispo consagra los óleos que durante todo el año los sacerdotes utilizarán como un signo de unidad con su obispo:

+ El óleo de los enfermos para atender a estos y darles la unción sacramental.

+ El óleo de los catecúmenos para ungir antes del bautismo a los que van a recibir este sacramento.

+ El crisma que es un aceite especial mezclado con colonia y que sirve para la consagración de sacerdotes y obispos. También se unge con el crisma a los recién bautizados.

En este día los sacerdotes renuevan las promesas sacerdotales ante su obispo.

  •  La santa «Misa vespertina de la cena del Señor»

Para este momento le pedimos al evangelista San Juan que nos acompañe y explique sus profundos sentimientos:

No sabíamos dónde iba a ser la reunión para la cena pascual. El Maestro actuaba con misterio. Fueron dos a preparar. Celebramos todo en el cenáculo de la casa de un amigo. Tampoco sabíamos por qué adelantó la pascua y no la celebramos el viernes sino el jueves.

Nos reunimos en el cenáculo. Era un salón grande. Estábamos los doce, también algunas mujeres, entre ellas la Madre del Señor.

Empezó la cena. Había tensión. Jesús nos decía que tenía un gran deseo de celebrar la pascua con nosotros. Hubo momentos difíciles, sobre todo porque nos dijo que uno de nosotros lo iba a entregar.

Todos preguntamos. Él dijo claramente a Judas que era él. Este salió pronto, sin cenar.

También Pedro lo pasó mal, porque cuando Jesús dijo que todos nos íbamos a escandalizar dejándolo solo, Pedro afirmó y repitió que él daría su vida por Jesús.

Al fin nos serenamos todos. Hubo paz. Jesús aprovechó para darnos un trozo de pan especial a cada uno, diciendo:

«Esto es mi cuerpo…».

Luego tomó la cuarta copa y nos la fue dando mientras decía:

«Esta es mi sangre de la nueva y eterna alianza».

Yo no sé lo que pasó. Aquel vino de siempre me pareció muy especial y me hizo entrar dentro de mí. Sentí como si en aquel momento Jesús me amara desde dentro, de una manera única.

Según bebíamos quedábamos todos en silencio. Al final Jesús nos sacó de dentro al decirnos:

«Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo los he amado».

A continuación, Jesús hizo una preciosa oración al Padre como preparándose a la pasión que se acercaba.

  •  Getsemaní

En realidad, teníamos la costumbre de ir al Huerto de Getsemaní para hacer oración en la noche.

Íbamos en silencio como midiendo los pasos a la luz de la luna.

Algo muy pesado había caído sobre cada uno de nosotros.

Jesús dejó en la entrada del huerto a ocho discípulos y entró con Pedro, Santiago y conmigo un poco más adentro, entre los olivos del huerto. Y él se adelantó un tanto y se tiró al suelo sobre una roca.

Se le notaba la angustia que soportaba y que, como vimos después, le hizo sudar sangre.

Nosotros tres nos dormimos pronto porque estábamos cansados y agobiados por los distintos sentimientos del día.

Yo entre sueños le oía decir al Señor:

«Padre, si quieres aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya».

Entre sueños le oía repetir:

«Que se haga tu voluntad».

Vino a nosotros y con dulzura nos corrigió:

«¿Por qué dormís? Levantaos y orad para no caer en la tentación».

Todavía estaba hablando cuando apareció Judas con una turba armada con espadas y palos.

Hubo un diálogo duro y, al mismo tiempo, cariñoso por parte de Jesús:

«Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

Apresaron al Señor y todos los discípulos huyeron. A una distancia regular lo seguimos Pedro y yo hasta la casa de Caifás.

1 de abril de 2023

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

En esta semana que la liturgia llama «santa» porque en ella se encierra el Triduo Pascual, entremos con fe profunda en las reflexiones y lecturas que nos presenta.


Lo que recordaremos en este domingo con amor ya sucedió y ahora Jesús está glorificado en el cielo y en la Eucaristía, pero recordamos con mucha gratitud su entrega por nosotros, en la liturgia de esta semana que comienza con el Domingo de Ramos.

  • Procesión de ramos

Antes de celebrar la Eucaristía de este domingo, los fieles suelen ir a una plazuela o un templo menos importante para celebrar allí la bendición de los ramos y salir luego cantando en procesión a la parroquia.

El pequeño evangelio que leemos en ese momento es de Mateo.

Jesús, montado en un pollino, entra en la ciudad de Jerusalén y los que lo acompañan, cortando ramas de olivos y de palmeras, lo van aclamando:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!».

Según San Mateo la gente se preguntaba:

«¿Quién es este?»

Procuremos, nosotros, durante esta semana contestar a esa pregunta que siempre nos interpela y exige una respuesta.

  • Isaías

En esta profecía nos presenta a Jesús como un discípulo fiel:

«Ofrecí la espalda a los que me apaleaban. Las mejillas a los que mesaban mi barba. No me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos…».

Este siervo del Señor, a pesar del terrible sufrimiento, venció todos los ultrajes con la fuerza de Dios.

Ante cualquier dolor recordemos al Maestro y contemplemos su ejemplo.

  • Salmo 21

Viene a ser un resumen del dolor de Cristo en la crucifixión cuando, de hecho, exclamó el viernes santo en el Calvario desde la cruz:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

A continuación, el salmo describe muchos detalles que se realizaron en la pasión del Señor:

«Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos. Fuerza mía ven corriendo a ayudarme».

Un salmo para los momentos duros de la vida.

  • San Pablo

Nos invita a meditar en la profundidad del misterio del dolor de Cristo en la crucifixión. A pesar de ser Dios todopoderoso, actuó como un hombre cualquiera soportando la humillación de la cruz.

Ya desde ahora la liturgia, con palabras de esta carta de Pablo a los Filipenses, nos habla de la glorificación de Jesús para que, desde el principio, estemos seguros del triunfo porque además de siervo humilde es verdadero Dios y su Padre lo glorificó:

«Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo».

Y finalmente, nos pide a todos que glorifiquemos a nuestro Redentor:

«Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

  •  Versículo de aclamación

En varios momentos de este día la liturgia nos repite estas palabras:

«Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre».

  • Evangelio

En el ciclo A la liturgia nos presenta el relato de San Mateo. Les invito a todos a meditar con profundidad, y ojalá en familia, los hechos que más les llamen la atención.

De toda esta lectura de la pasión de Jesús será bueno concluir estas palabras:

«Así se ama».

Y que todos aprendamos de Él a amar.

Si queremos aprender a amar veamos los detalles del amor en nuestro Señor y Redentor Jesucristo.

El evangelista termina el relato de su larga pasión con estas palabras:

«Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro».

No contaban con el poder de Dios que tenía Jesús y que quedó bien claro a los tres días.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo