28 de mayo de 2023

PENTECOSTÉS, EL DON DEL ESPÍRITU SANTO

    

Hoy cumplimos los cincuenta días de fiesta por la Pascua de la Resurrección de Jesús y así termina la liturgia el tiempo pascual, en este día del Espíritu Santo. Y se apaga el cirio pascual.

Como todos conocemos, la confusión que reina dentro y fuera de la Iglesia es tanta y tan peligrosa que pone en riesgo la salvación de muchas personas.

Por eso, comenzamos nuestra reflexión pidiendo al Señor, como la primera comunidad cristiana:

«Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu Palabra con toda valentía; extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu siervo santo Jesús».

  • Una petición inspirada en la Secuencia del día

Ven, Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo. Ven, tú que eres el dulce huésped que habita en nuestra alma y nos permite descansar en tu amor.

Ven Espíritu Divino, danos tu luz para que podamos distinguir y vencer el pecado.

Fortalece nuestro corazón para que con tu agua divina podamos dar el fruto que tú esperas de nosotros.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.

  • Hechos de los Apóstoles

Fieles al pedido de Jesús los apóstoles permanecieron reunidos en el cenáculo esperando el cumplimiento de la promesa.

«De repente un ruido del cielo, como un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban». Al mismo tiempo, aparecieron unas como lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno y todos quedaron llenos del Espíritu Santo.

A partir de ese momento, los apóstoles cobardes se convirtieron en grandes apóstoles y, ese mismo día, comenzaron a anunciar el mensaje de Jesucristo.

Salieron y al ver la multitud que se había congregado comenzaron a anunciar a Jesucristo.

La maravilla que advirtió la gente fue que, siendo todos ellos judíos de una sola lengua, todos podían entenderlos en sus distintos idiomas, por lo que, a ese hecho, desde entonces, lo llamamos el «don de lenguas», fruto del Espíritu Santo.

  • Salmo 103

En este día la Iglesia nos invita a admirar la grandeza del Señor que, en Pentecostés, hizo maravillas para que apareciera su poder:

«Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío qué grande eres!

Cuántas son tus obras, Señor. La tierra está llena de tus criaturas…

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras».

  • San Pablo

Nos advierte la importancia del Espíritu Santo ya que sin Él ni siquiera podemos decir «Jesús es Señor».

Por eso, todos los milagros que hicieron los apóstoles en el nombre de Jesús los hicieron movidos por el Espíritu Santo.

A continuación, nos advierte el apóstol que en la Iglesia hay multitud de dones y ministerios y también diversidad de funciones, pero todo esto es obra del único y mismo Espíritu Santo que, mediante la diversidad, busca la riqueza de la Iglesia.

Pidamos también nosotros que Jesús nos comunique el don del Espíritu Santo para santificarnos y para que sea eficaz nuestra evangelización.

  • Evangelio

Nos cuenta San Juan que el mismo día de la resurrección, por la noche, Jesús se presentó con las puertas cerradas en el cenáculo y les hizo tres grandes regalos:

Primero, la paz, que es el nuevo saludo del Resucitado: «Paz a vosotros».

En segundo lugar, constituye a los suyos en apóstoles con estas hermosísimas palabras: «Como el Padre me ha enviado así también os envío yo».

Es la misma misión de Jesús que va a continuar la Iglesia a través de los siglos.

El tercer regalo es el poder de perdonar los pecados en virtud del poder del Espíritu Santo:

«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados…».

De esta manera la fuerza del Espíritu Santo se convierte en el gran regalo de Jesús a la Iglesia naciente.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

20 de mayo de 2023

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

 


«Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo…

Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas…

Tocad para nuestro Rey».

Esta es la alegría que nos trae este día gloriosos para Jesús y dichoso también para los discípulos que volvieron a la ciudad para esperar al Espíritu Santo, según el pedido de su Maestro.

  • Hechos de los Apóstoles

San Lucas nos cuenta cómo sucedió el momento de la Ascensión de Jesucristo.

Comenzó recomendándoles que permanecieran en Jerusalén hasta que «se cumpla la promesa de mi Padre… Dentro de pocos días seréis bautizados con Espíritu Santo».

Después de darles las últimas recomendaciones «lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista».

Esa nube, símbolo del Espíritu Santo, declaraba que el mismo Espíritu que lo encarnó en el seno de la Virgen María, lo llevó al triunfo de la Gloria donde está sentado a la derecha de Dios Padre.

  • Salmo 46

Se trata de un salmo muy alegre que invita a glorificar a Dios y que, precisamente, la liturgia lo utiliza de manera especial para este día.

Habla de la realeza de Dios y su grandeza:

«Porque el Señor es sublime y terrible… Dios es el Rey del mundo…

Dios reina sobre las naciones.

Dios se sienta en su trono sagrado».

  • San Pablo

El apóstol nos habla de Jesucristo resucitado y nos dice:

«Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo».

A continuación, pide también el apóstol, que este Señor «ilumine los ojos de vuestro corazón» para comprender las maravillas de nuestro Redentor que fue llevado al cielo y Dios «lo puso todo bajo sus pies y lo dio a la Iglesia como cabeza sobre todo».

Qué maravilla para nosotros saber que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo.

Somos parte inseparable de Jesús desde el bautismo que nos dio la vida divina.

  • Verso aleluyático

Insiste en el gran mandamiento que nos deja Jesús.

Su importancia es mayor por la fuerza con que pide y porque es lo último, como un testamento paternal que nos deja al salir de este mundo y marchar al Padre:

«Id y haced discípulos de todos los pueblos.

Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

  • Evangelio

El párrafo, que corresponde al ciclo A, es el final del Evangelio de San Mateo que cuenta cómo los discípulos fueron Galilea y al encontrarse con Jesús «se postraron, pero algunos vacilaban».

Jesús les dijo, empleando una majestad que nunca antes ha utilizado y que debemos meditar todos nosotros porque es el mandamiento más fuerte que Jesús nos ha dejado al terminar su vida terrena:

«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra».

Y ahora, añade este mandato único en la historia de Jesús:

«Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado».

¡Bautizar a todos y enseñarles!

Antes de irse Jesús les asegura su presencia continua en la Iglesia para que se sientan fuertes en el apostolado que les pide:

«Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Amigos todos, no olvidemos que Jesús sube al cielo y nos deja un mandato que cumplir y una presencia maravillosa que debemos aprovechar para ser valientes en la tarea.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

14 de mayo de 2023

JESÚS PROMETE EL ESPÍRITU SANTO

La liturgia nos sigue invitando a meditar la reflexión de Jesús en la última cena.

A Jesús le cuesta irse, pero advierte que se va y se queda, en fin de cuentas, es Dios verdadero y lo puede hacer.

  • Hechos de los Apóstoles

Este libro escrito por San Lucas nos va contando los inicios de la Iglesia de Jesús. Ya hemos visto cómo empezó el servicio de los diáconos, que se convirtió en sacramento.

Hoy nos cuenta también cómo se hace la distinción entre el bautismo y la confirmación, porque dice que los apóstoles, al ver cómo se extendía la Palabra de Dios y el bautismo, mandaron a Pedro y a Juan «ellos bajaron hasta Samaría y oraron por los fieles para que recibieran el Espíritu Santo… Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo».

  • Salmo 65

Después de escuchar la Palabra de Dios, lógicamente brota del corazón agradecido la alabanza al Señor e invita a que todos lo hagamos:

«Aclamad al Señor la tierra entera. Tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria».

Y continúa invitándonos:

«Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres».

Alabanza y gratitud.

  • San Pedro

En su primera carta nos invita, una vez más, a admirar la grandeza de la entrega de Jesús que «murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables para conducirnos a Dios».

Lo más admirable para nosotros es saber que «lo mataron por ser hombre, pero como poseía el Espíritu fue devuelto a la vida».

Glorifiquemos al Señor por tantas maravillas como hizo en Jesús para todos nosotros.

  • Verso aleluyático

Este versículo extrae unas palabras del Evangelio del día, que haremos muy bien en meditar profundamente, porque se trata de una de las maravillas más grandes de la gracia de Dios para nosotros:

«El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él».

  •  Evangelio

Continúa San Juan, en su capítulo 14, invitándonos a profundizar y cumplir las enseñanzas de Jesús. Es Jesús mismo quien nos dice que si tenemos un verdadero amor debe traducirse en el cumplimiento de los mandamientos.

Y ahora, ya próximos a Pentecostés, la liturgia nos va llevando hacia el encuentro con el Espíritu Santo:

«Yo pediré al Padre que os dé otro defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad».

Aunque Jesús promete el Espíritu Santo debió sentir que los apóstoles creyeron que se iba Jesús y vendría el Espíritu Santo. Por si acaso les aclaró: «No os dejaré huérfanos», haciéndoles ver que Jesús resucitará tras su muerte y permanecerá siempre con ellos, de otra manera, desde el seno del Padre adónde va:

«Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo y yo con vosotros».

Ese es el milagro de amor más grande que nunca pudimos imaginar:

¡Dios, Jesús y nosotros en una unidad eterna!

***

En este domingo, DÍA DE LA MADRE, en pleno mes de mayo, felicito a todas las Madres, deseándoles que puedan imitar la ternura y dedicación de la Madre de Jesús.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

6 de mayo de 2023

JESÚS ES LA «FOTOGRAFÍA» DEL PADRE

 


Sabemos que al Padre Dios no lo podemos ver porque su rostro es tan bello que ninguno puede verlo y seguir viviendo.

Además, nos dice el Evangelio que «a Dios nadie lo ha visto»:

«A Dios nadie lo ha visto jamás. Dios unigénito que está en el seno del Padre es quien nos lo ha dado a conocer».

Precisamente el Evangelio de hoy nos presenta a Felipe pidiendo, con simplicidad, a Jesús: «Muéstranos al Padre y eso nos basta».

  • Hechos de los Apóstoles

San Lucas nos cuenta uno de los problemas que tuvo la primera comunidad que pidió a los apóstoles la solución.

Se trataba del reparto ecuánime de los bienes materiales que se distribuían entre todos.

La solución que dieron fue: «No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración».

Pidieron que ellos mismos escogieran siete hombres buenos para servir a la comunidad mientras los apóstoles se dedicarían a la oración y a evangelizar.

Nombraron a siete y los apóstoles les impusieron las manos orando. Así empezó el diaconado como sacramento.

  • Salmo 32

Es una invocación a la Divina Misericordia, que será bueno hagamos también nosotros frecuentemente:

«Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti».

  • San Pedro

Jesús es «la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida por Dios».

Nosotros, precisamente, por el mismo Jesús, nos convertimos en piedras vivas formando el templo del Espíritu Santo.

Como dirá San Pablo: «¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?».

Si Jesús hablaba de su propio cuerpo como su templo que querían destruir, pero Él lo reedificaría en tres días; implícitamente nos unía a nosotros con Él en una bella definición de lo que es la Iglesia: el cuerpo de Cristo unido a su Cabeza.

Por esto mismo, termina San Pedro diciéndonos hoy que nosotros, unidos a Cristo, «somos una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada y un pueblo adquirido por Dios» para evangelizar.

  • Verso aleluyático

En Jesús está todo. Él «es el camino y la verdad y la vida».

Solo a través de Jesús llegamos al Padre y encontramos la salvación.

  •   Evangelio

Es un hermoso párrafo de San Juan en el que Jesús conversa familiarmente con los apóstoles después del lavatorio de los pies.

En primer lugar, pide la confianza en Él, la misma que nosotros tenemos con Dios Padre: «Creed en Dios y creed también en mí».

En segundo lugar, va hablando de cosas maravillosas:

Él va a ir al cielo para prepararnos una morada donde vivir siempre con Él en la casa del Padre.

Cuando Tomás le pregunta a Jesús cómo conocer el camino, el Señor le advierte: «Yo soy el camino y la verdad y la vida».

Solo por Jesús puede irse al Padre.

Cuando Felipe al oír cosas tan bellas pretende resumir, diciendo: «Muéstranos al Padre y nos basta», Jesús quiere que aprendamos que como al Padre no lo podemos ver con ojos temporales, lo debemos descubrir en Él mismo: su corazón y ternura, su poder, su cercanía.

Jesús mismo es el resumen de la vida y actuar del Padre Dios, como tantas veces irá repitiendo.

Amigos todos, tengamos presente que contemplando a Jesús nos encontramos con el Padre Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo