27 de noviembre de 2022

LA ESCALERA DE CARACOL EN LA LITURGIA - Primer domingo de Adviento


Una vez más, gracias a Dios, comenzamos el año litúrgico con el ADVIENTO y este año con el ciclo A.

Posiblemente nos parezca que volvemos otra vez a lo mismo, con las mismas lecturas de años anteriores, aunque repartidas en tres ciclos.

¿Qué pretende la Iglesia conduciéndonos de esta forma año tras año?

Yo pienso que la liturgia es como una escalera de caracol que cada año nos lleva por los mismos lugares, pero cada uno debe estar más arriba, es decir, ser más semejantes a Jesucristo. En fin, de cuentas, nuestra perfección consiste en imitar cada vez más a Jesús hasta hacernos semejantes a Él, como nos pide San Pablo.

Entramos, pues, con ilusión en este Adviento; es decir, en el tiempo de espera porque viene alguien, para nosotros Jesucristo.

  • Isaías

Es el profeta más querido de la liturgia. En los cuatro domingos de Adviento será él quien nos hable.

Hoy en concreto profetiza cómo llegará el tiempo en que Jerusalén será el lugar donde llegue el Dios de salvación.

Por ese motivo nos pide:

«Subamos al monte del Señor… Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas porque… de Sion saldrá la ley, de Jerusalén la Palabra de Dios», que para nosotros es Cristo, Verbo encarnado. 

  • Salmo 121

Bajo esta orientación entendemos la alegría de este salmo:

«Vamos a la casa del Señor» porque «allá suben las tribus del Señor, según la costumbre de Israel para celebrar el nombre del Señor».

  • San Pablo

El apóstol nos invita a despertar de la modorra en que estamos metidos para recibir gozosos la luz que es Cristo:

«Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer». Por esto nos pide el apóstol que, dejada la actividad de las tinieblas «nos conduzcamos como en pleno día, con dignidad».

San Pablo nos da estos consejos importantes:

«Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias». Lo que Dios quiere de nosotros es que «nos vistamos del Señor Jesucristo».

  • Verso aleluyático

Como una petición propia de este tiempo de Adviento la liturgia nos invita a repetir:

«Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación».

  • Evangelio

En el Evangelio de hoy San Mateo nos pide estar preparados para cuando venga el Señor.

Nos advierte que cuando llegue Jesús pasará como en tiempo de Noé, cuando los pecadores no hicieron caso a los avisos de Dios y el diluvio se los llevó a todos.

A continuación, Jesús nos advierte que cada uno será premiado según sus obras, por eso, aunque «dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán. Dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán».

La conclusión la saca el mismo Jesús, que nos advierte:

«Estad en vela porque no sabéis qué día vendrá vuestro señor».

Y termina diciendo:

«Estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

20 de noviembre de 2022

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO


En este último domingo del año litúrgico, la Iglesia hace una recapitulación de todo cuanto existe recordándonos que Jesucristo es el único Señor, Señor Dios y Rey, por derecho, porque es el único hombre que es Dios, y, por conquista, porque dio la vida para salvarnos a todos.

En este ciclo C la liturgia nos invita a honrar a Jesús bajo la imagen bíblica del rey David, teniendo en cuenta lo que dijo el ángel a María en la anunciación:

«Será grande, se llamará hijo del Altísimo. El Señor le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Israel y su reino no tendrá fin».

A la luz de este texto entenderemos mejor las lecturas de este día.

  •  2 libro de Samuel

Nos recuerda la reunión de todas las tribus de Israel en Hebrón para declarar rey a David:

«Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel».

Con estas palabras todos los ancianos de Israel escogieron al rey David que los gobernó durante treinta años.

La unción del rey David es símbolo de la unción de Jesucristo y hoy nos invita a tomar en serio a Jesús como único Rey que en su misericordia nos ha salvado.

  • Salmo 121

Nos lleva a la ciudad de Jerusalén y a su rey David, figura de Cristo.

Pensemos en la Iglesia que avanza cantando: «Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén», la ciudad santa.

  •  San Pablo

En el hermoso himno de la carta a los colosenses encontramos un canto precioso a Jesucristo Rey del Universo. Les invito a meditarlo y ojalá puedan hacerlo juntos en familia en este día grande:

«Demos gracias a Dios Padre» porque nos ha permitido compartir todos los dones que nos ha merecido nuestro Salvador.

Y una vez más, entre nosotros, recordemos que Él es «la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos y así es el primero en todo».

Con este lema, que nosotros repetimos con frecuencia, hagamos realidad la realeza de Cristo sobre nuestra vida.

  • Verso aleluyático

Continúa la hermosa comparación de este día recordando las palabras que, según San Marcos, repetía el pueblo aclamando a Jesucristo:

«Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David»

  • Evangelio

Hoy San Lucas, que ya se despide de nosotros en el ciclo C, nos lleva al Calvario donde los soldados, ofreciendo vinagre a Jesús se burlaban de Él diciendo:

«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Y, aunque protestaron los sacerdotes, quedó grabado en una tablilla el título del crucificado, según el mandato de Pilato:

«Este es el rey de los judíos».

De esta manera Dios conduce los sentimientos humanos por encima de todo: Jesucristo, aunque crucificado por los hombres sigue siendo su rey.

El párrafo del Evangelio de hoy termina recordando que Jesús se despide del buen ladrón regalándole su reino:

«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Amigos, que nunca nada ni nadie nos separe de este Dios y hombre verdadero que nos ha introducido en el reino de Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

12 de noviembre de 2022

TRABAJA Y CONFÍA EN LA PROVIDENCIA

En este domingo XXXIII del tiempo ordinario, ya al fin del año litúrgico la Iglesia nos invita a meditar seriamente una vez más:

«Trabajemos honradamente y confiemos en el Padre celestial que nos cuida como a hijos muy queridos».

  • Malaquías

Expone claramente el distinto fin de justos y pecadores. Nos suena mal y no queremos que lo repita, pero la enseñanza es tan grave que no se puede descuidar, aunque los evangelizadores no quieran tratarlo porque dicen que resulta duro.

Muchos no solo no lo quieren oír, sino que simplemente lo niegan.

Sin embargo, se trata de algo de terribles consecuencias y haremos bien en meditarlo profundamente y no solo en este día sino frecuentemente a lo largo de nuestra vida:

«Los malvados y perversos serán la paja y los quemaré el día que ha de venir».

En cambio, a los que honran al Señor «los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas».

Será bueno meditar el capítulo veinticinco de San Mateo para profundizar en las palabras que, sobre el tema, nos ha dejado Jesús.

  • Salmo 97

Nos habla del juicio que hará el Señor como rey de la creación:

«El Señor llega para regir los pueblos con rectitud».

Por eso nos repite el salmo: «Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud», para que siempre creamos que nuestro Creador es bueno, pero también justo.

  • San Pablo

El apóstol nos invita a vivir honradamente trabajando para ganar el pan de cada día.

Recalca su proceder para que lo imitemos:

«No vivimos entre vosotros sin trabajar. Nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche a fin de no ser carga para nadie.

No es que no tuviéramos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar».

Por lo demás, advierte lo que ya ha repetido otras veces:

«El que no trabaje, que no coma».

Y concluye invitando a todos a que «trabajen con tranquilidad para ganarse el pan».

  •  Verso aleluyático

Al final del año litúrgico la Iglesia nos repite que al fin de la vida de cada uno llegará la verdadera liberación:

«Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación».

  • Evangelio

Ante la belleza del templo de Jerusalén, Jesús nos invita a reflexionar sobre la limitación de todo lo humano.

Es una buena reflexión para nosotros que buscamos siempre la riqueza y las apariencias humanas:

«Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido».

Los apóstoles inmediatamente, dejándose llevar de la curiosidad humana, preguntaron:

«¿Cuándo va a ser esto? ¿Cuál será la señal de que todo esto está para suceder

Jesús responde sin concretar, pero aclara dos cosas que debemos de tener en cuenta:

+ Habrá persecuciones de todo tipo, incluso de los parientes más próximos.

+ La providencia de Dios está, sobre todo:

«Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Tengamos fe, amigos, en la providencia divina que está sobre todo y vivamos siempre confiando en Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

5 de noviembre de 2022

CREO EN LA VIDA ETERNA

Ya estamos hacia el fin del año litúrgico y la Iglesia, como buena madre, quiere que renovemos la fe en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, como una certeza de nuestra propia resurrección.

Él, Dios verdadero y hombre verdadero, murió para resucitar y ofrecernos la suya como una seguridad de nuestra vida eterna, después de la vida temporal.

  • Libro 2 de los Macabeos

Encontramos el ejemplo de una familia llena de auténtica fe en el Antiguo Testamento. Ante los diversos y muy atroces malos tratos y vejaciones, escuchemos las palabras que dirigen al tirano algunos de los siete hijos martirizados:

+ «¿Qué pretendes de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres».

+ «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente, pero cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del Universo nos resucitará para una vida eterna».

+ Presentado la lengua y la mano, como le piden, dijo: «De Dios las recibí y por sus leyes las desprecio. Espero recobrarlas del mismo Dios».

+ «Vale la pena morir a mano de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida».

Maravillosa muerte la de estos siete muchachos y su madre, con una fe segura en la resurrección.

  • Salmo 16

Se trata de una súplica preciosa que podemos repetir:

«Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores… Inclina el oído y escucha mis palabras».

En un detalle hermoso de confianza supliquemos al Señor con el salmista: «Guárdame como a la niña de tus ojos. A la sombra de tus alas escóndeme».

  • San Pablo

El apóstol comienza con un deseo y petición a Dios para que consuele interiormente a los tesalonicenses y les «dé fuerzas para toda clase de palabras y de obras buenas».

A continuación, alaba e invita a la perseverancia a sus oyentes:

«Estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado».

Finalmente, un gran deseo también para todos nosotros:

«Que el Señor dirija vuestro corazón para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo».

  • Verso aleluyático

El Apocalipsis glorifica a Jesucristo porque «es el primogénito de entre los muertos y merece el poder y la gloria por los siglos de los siglos».

  • Evangelio

Nos presenta a los saduceos que no creían en la resurrección de los muertos y le cuentan un caso medio posible y medio ridículo:

Una mujer se casa. Muere su marido sin dejarle descendencia y, según la ley de Moisés, se casa con su hermano y le sucede lo mismo con los siete hermanos, sin tener descendencia.

La pregunta es: «¿Cuándo llegue la resurrección de cuál de ellos será la mujer?».

Jesús les advierte que en el cielo no se vive en matrimonio, sino que hombres y mujeres serán como los ángeles de Dios, por eso la Iglesia invita a los valientes, tanto mujeres como hombres, a vivir la virginidad o el celibato como adelantando, ya en este mundo, la vida de los resucitados que gozarán eternamente de la presencia de Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo