Los profetas Jeremías y Ezequiel, en el Antiguo Testamento, se referían al pueblo de Israel como «el rebaño» y a quienes los conducían como «pastores».
Es hermoso el salmo
23 que habla expresamente del Señor como un pastor que guarda su rebaño y cuida
de sus ovejas.
Hoy los fieles de
la Iglesia de Jesús son el rebaño que entra a través de la puerta que es Cristo
y se alimentan de su cuerpo y su sangre. Jesús ha encomendado a los apóstoles y
sus sucesores a cuidar de ese rebaño para que nunca les falte el verdadero pan
del cielo que es la Eucaristía.
+ Lo
primero que quiere el Señor es que no lo confundamos a Él con los falsos
pastores que no entran por la puerta del redil, sino que saltan por otras «entradas».
A esos Jesús los llama ladrones y bandidos.
Es el buen pastor el
que entra por la puerta de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas se
ponen atentas a su voz porque lo conocen a él y porque llama a cada una de las
ovejas por su nombre.
De esta manera nos
advierte Jesús sobre la confianza que hay entre las ovejas y el verdadero
pastor.
Se conocen por el
nombre tanto el pastor a cada oveja, como las ovejas siguen a su pastor porque
están seguras conociendo la voz de él.
Advierte también
Jesús que las ovejas no conocen la voz de los extraños.
+ Más
adelante, Jesús dirá de sí mismo:
«Yo soy la puerta
de las ovejas».
Es el único Buen
Pastor:
«Los que han venido
antes de mí son ladrones y bandidos».
Repitiendo de nuevo
que es la «puerta verdadera», asegura que el que entra por esta puerta tendrá
libertad para entrar y salir; y lo más importante de todo es que el Buen Pastor
da de comer -como lo ha dicho hace poco- su propio cuerpo:
«El que me come
vivirá por mí».
+ Otro
signo del Buen Pastor es la diferencia que hay entre el falso pastor que viendo
venir al lobo abandona a las ovejas y huye; «y el lobo las roba y las dispersa
porque no era un buen pastor sino un asalariado a quien no le importan la vida
de las ovejas». En cambio, lo más hermoso del Buen Pastor es la relación
personal entre el Padre Dios y Él; y es esa la gran diferencia entre el falso
pastor y Jesucristo que asegura: «Yo doy mi vida por mis ovejas».
+ Y
alzando la mirada sobre la tierra entera, advierte Jesús:
«Tengo, además,
otras ovejas que no están en mi redil; también a estas las tengo que traer y
escucharán mi voz»; y entonces será plenitud de la eficacia y alegría del Buen
Pastor:
«Todas las ovejas
escucharán su voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor».
Por otra parte,
advierte Jesús y es muy importante tenerlo en cuenta:
«Por esto me ama mi
Padre porque yo entrego mi vida para poder recuperarla… Nadie me quita la vida,
sino que yo la entrego libremente».
+ Finalmente,
el Buen Pastor advierte que tiene «poder para entregar su vida y para
recuperarla: Este mandato lo he recibido de mi Padre».
Para nosotros lo
importante es conocer al Buen Pastor y no confundirlo con otros que tienen,
quizá, malos intereses.
Hay que reconocer
que el Buen Pastor entra y sale por la puerta para alimentarnos con pastos
buenos, especialmente el cuerpo y la sangre del propio Pastor que se llama a sí
mismo el «Pan de vida», alimento para la eternidad.
Es conveniente,
además, que las ovejas conozcan al Padre Dios que nos entregó a Jesús como
Redentor y le agradecemos a la Santísima Trinidad en este tiempo de Pascua su
muerte y resurrección.
Creo que una buena
conclusión de estos pensamientos que nos ha dejado especialmente San Juan en su
Evangelio (capítulo 10) es que sepamos ser las verdaderas ovejas que siguen al
Buen Pastor y que piden continuamente pastores santos para su Iglesia.
José Ignacio
Alemany Grau, obispo Redentorista
