- Hechos de los Apóstoles
Cuando Jesús
asciende al cielo hay un momento muy significativo para el grupo que lo
acompaña y lo ve elevarse a la gloria, pero no se disgrega, sino que todos
ellos permanecen unidos en el cenáculo donde habían recibido tantos regalos de
Dios:
«Todos ellos se
dedicaban a la oración en común junto con algunas mujeres, entre ellas María,
la Madre de Jesús…».
Eso es lo que prepara precisamente la venida del Espírito Santo; es decir, la oración comunitaria que hará presente al Espíritu prometido con sus manifestaciones gloriosas: temblor, lenguas de fuego, don de lenguas...
- Salmo 26
El salmista glorifica
a Dios a través de una petición muy importante:
«Una cosa pido al
Señor, eso buscaré: Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida. Gozar
de la dulzura del Señor contemplando su gloria».
Continúa su
oración: «Escucha, Señor, que te llamo: ten piedad, respóndeme».
Y termina el
salmista: «Oigo en mi corazón: buscad mi rostro».
Busquemos el rostro de Dios con fidelidad.
- San Pedro
Nos pide que vivamos en la alegría compartiendo los padecimientos de Jesucristo para que estos se transformen en gloria. Recuerda el apóstol que habrá muchos ultrajes por el nombre del Señor: «Si sufre por ser cristiano que no se avergüence, que dé gloria a Dios por este nombre».
- Verso aleluyático
Una vez más en este
tiempo se nos repiten las palabras consoladoras de Cristo Jesús: «No os dejaré
huérfanos. Me voy y vuelvo a vuestro lado y se alegrará vuestro corazón».
Admiremos el cariño de Jesús que promete no abandonar a su Iglesia nunca.
- Evangelio
Recoge el capítulo
que se llama «la oración sacerdotal de Jesús»; que es, de hecho, una oración al
Padre cuando Jesús se da cuenta de que termina su vida. Primero, glorifica a su
Padre:
«Padre glorifica a
tu Hijo para que tu Hijo te glorifique por el poder que tú le has dado». Y, en
segundo lugar, aprovecha para exponer en qué consiste la vida eterna: «Esta es
la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado
Jesucristo».
Toda la vida de Jesús
fue glorificar al Padre haciendo su santa voluntad y, dentro del plan trazado
por la providencia, Jesús tiene conciencia clara de haber manifestado la verdad
de Dios a sus apóstoles que constituyen la primera Iglesia y que le escuchan
junto con María, Madre de la Iglesia desde el principio.
Al empezar su
oración deja bien claro Jesús:
«Te ruego por ellos
(los apóstoles), no ruego por el mundo sino por estos que tú me has dado y que
son tuyos».
Advierte el Señor
que quede bien claro: «Que todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío y en ellos he sido
glorificado».
El párrafo del
Evangelio concluye aclarando que Jesús se va al Padre, pero al mismo tiempo,
quedará con los suyos.
¡Feliz domingo de
Pentecostés!
