- Hechos de los apóstoles
Es impresionante la
despedida y el subir hacia los cielos de Jesucristo.
Un tanto despistados, los apóstoles, le preguntan a Jesús si es la hora de restaurar el reino de Israel. La respuesta del Señor no se hace esperar y prácticamente se convierte en una llamada de atención, porque al parecer los suyos han entendido casi nada de su mensaje y les muestra como despedida el ascender a la casa del Padre. De todas maneras, la narración de los Hechos termina poniendo en boca de dos hombres vestidos de blanco, posiblemente dos ángeles, la confirmación del triunfo de Jesús:
«El mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo vendrá como lo han visto marcharse».
- Salmo 46
El salmista
presenta a Dios ascendiendo entre aclamaciones, en su «ascensión» a los cielos:
«Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo»; y describe
la ascensión de esta manera: «Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son
de trompetas».
Y, además, pide a
todos:
«Tocad para nuestro Rey, tocad… porque Dios es el Rey del mundo».
- San Pablo
En su Carta a los
efesios el apóstol presenta la extraordinaria grandeza del poder de Dios en la
Ascensión de Jesús, «resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su
derecha en el cielo, por encima de todo Principado…».
Según San Pablo, el
Padre «todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia como Cabeza sobre todo»;
y concluye con esta bella confirmación: «La Iglesia es su cuerpo, plenitud del
que lo acaba todo en todos».
¡Qué importante es esta verdad para la Iglesia de nuestros tiempos cuando se pretende quitar el poder a Jesucristo!
- Verso aleluyático
Es el envío misionero
de Jesús para todos los que le han de seguir:
«Id y haced discípulos de todos los pueblos. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» … Esta es la gran tarea para la Iglesia: evangelizar al mundo entero porque este es el «mandato» del Señor.
- Evangelio
El Evangelio de
este ciclo A narra la Ascensión de Jesús según el Evangelio de San Mateo:
«Los once
discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Ellos se
postraron adorándolo y Jesús se despidió con estas palabras: “Se me ha dado
todo el poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los
pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y
enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado”».
Esta será la tarea para
todos nosotros, cada uno de los bautizados, durante nuestra vida en el mundo.
A continuación,
viene la gran promesa de Jesús que no quiere abandonarlos:
«Sepan que yo estoy
con ustedes todos los días hasta el fin del mundo».
Esta es la promesa
de Jesucristo como Dios y hombre verdadero.
Glorifiquemos a la
Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Verbo encarnado, cercano siempre a
nosotros con su poder y contemos con Jesucristo siempre a la hora de
evangelizar.
+ José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista
