En el libro del Deuteronomio (6,5) leemos:
«Amarás al Señor,
tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas».
No olvides el gran
consejo y si quieres mandato de Jesús:
«Sean imitadores de
Dios como hijos queridos».
En este domingo
ayudémonos unos a otros a conocer a nuestro Dios uno y trino. Esto nos hará muy
felices.
Recordemos hoy
estas conocidas palabras de San Gregorio Nacianceno, cuando bautizaba:
«Os confío hoy a la
Santísima Trinidad. Por ella los introduciré dentro de poco en el agua y los
sacaré de ella. Se la doy como Compañera y Patrona de toda su vida».
Que las palabras de San Gregorio nos ayuden a conocer un poquito más de los tesoros de nuestro Dios.
- Libro del Éxodo
Moisés está en
contemplación de Dios y oye esta definición que Dios da de sí mismo:
«Señor, Señor, Dios
compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad».
A partir de ese
momento Moisés, lleno de confianza, le pide a Dios:
«Si he obtenido tu favor que mi Señor vaya con nosotros, aunque ese es un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».
- Salmo (tomado del libro de Daniel)
Es una alabanza
gozosa al único Señor a quien alaba diciendo:
«Bendito tu nombre
santo y glorioso… ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!
Bendito eres sobre el trono de tu reino… Bendito eres en la bóveda del cielo»
- San Pablo
El apóstol ofrece
estos hermosos consejos a los corintios:
«Alegraos,
enmendaos, animaos, tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y
de la paz estará siempre con vosotros».
El texto termina
con esta alabanza al Señor:
«La gracia del
Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre
con todos vosotros».
Ojalá aprendamos a saludarnos unos a otros como fervorosos cristianos.
- Verso aleluyático
Glorifica a nuestro
Creador repitiendo estas palabras:
«Gloria al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene».
Repitamos frecuentemente estas palabras porque mientras glorificamos a Dios preparamos nuestra propia santificación.
- Evangelio
San Juan nos pide
que nazca la gratitud y admiración de nuestro Dios, con estas palabras:
«Tanto amó Dios al
mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que crean
en Él, sino que tengan vida eterna».
Advierte el
evangelista que Dios no mandó su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que
se salve por Él. Y termina aconsejándonos que tengamos una fe profunda en el
Verbo de Dios encarnado.
Agradezcamos a Dios
el don maravilloso que nos ha dado en Cristo Jesús, verdadero Dios como el
Padre y el Espíritu Santo y pongamos en la Santa Trinidad toda nuestra confianza.
+ José Ignacio
Alemany Grau, obispo Redentorista