14 de octubre de 2016

INSISTE COMO LA VIUDA

Reflexión homilética para el XXIX domingo del Tiempo ordinario, ciclo C
Muchas veces Jesús ha insistido en que debemos rezar siempre y no desfallecer.
La liturgia nos repite con frecuencia alguna de las muchas oportunidades en las que Jesús nos invita a pedir. Suelen decir que oración y caridad son los dos temas en que más insiste Jesús  en el Evangelio.
Hoy vamos a ver cómo la oración debe ser insistente.
*        La oración de intercesión
“Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué” que escogiera unos hombres para atacar al enemigo. Mientras Josué va a la lucha, Moisés sube al monte con Aarón y Jur. 
Moisés reza con los brazos extendidos, intercediendo por su pueblo. Hay un gesto significativo, Moisés extendía sus brazos en cruz. Cuando se cansaba y bajaba los brazos vencía Amalec. Cuando los levantaba vencía Israel.
Viendo esto, sus dos compañeros sentaron a Moisés en una piedra y cada uno sujetó un brazo. A la tarde triunfó Israel.
Este ejemplo de oración sacrificada se toma siempre para enseñar la constancia en la oración.
*        Dios ayuda
El salmo (120) atribuye la victoria de Israel al poder de Dios y no al esfuerzo suyo:
“El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra”.
Israel se siente seguro en Dios que vela día y noche por los suyos.
“Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio?... no permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme, no duerme ni reposa el guardián de Israel”.
El salmo nos hace ver la confianza de Israel en Dios cuya bondad lo ha convertido en guardián de su pueblo:
“El Señor te guarda a la sombra… de día el sol no te hará daño… el Señor te guarda de todo mal… ahora y por siempre”.
Esta predilección de Dios por Israel nos hace ver, una vez más, la fidelidad de Dios a pesar de las ingratitudes de su pueblo.
*        La Escritura, fuerza de Dios
Es muy bello el caso de Timoteo de quien dice San Pablo que “desde niño conoce la Sagrada Escritura”.
Esto nos hace pensar que quizá muchos de nosotros, ya mayores, aunque somos católicos, no conocemos la Palabra de Dios. Tengamos en cuenta que la Palabra nos da “la sabiduría, que por la fe en Cristo Jesús, nos da la salvación”.
Conocer, vivir y orar la Palabra de Dios es el camino de salvación para todos.
Pablo insiste además en que “toda la Escritura es inspirada por Dios”, no es cosa de hombres.
La Escritura así vivida es útil para todo, “para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud. Así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena”.
Pablo termina el párrafo de hoy invitando a Timoteo a que “proclame la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprenda, reproche, exhorte, con toda paciencia y deseo de instruir”.
La constancia y la insistencia son prueba de que uno es buen evangelizador.
*        Verso aleluyático
“La Palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón”.
Si queremos conocer nuestra propia conducta delante de Dios, la Palabra nos permite descubrir la verdad de los deseos e intenciones que tenemos al actuar.
*        Había un juez…
El Evangelio una vez más nos cuenta una parábola para que seamos constantes en la oración:
“Había un juez en la ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres”.
Una viuda pobre y desvalida le pedía justicia. Seguramente tenía un juicio y el juez decía o pensaba: ¡como no hay plata, no hay juicio!
Pero la viuda sabe más que el juez y lo va a aburrir con su insistencia. Al final la viuda derrota al juez inicuo que dice:
“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara”.
Jesús termina la parábola diciendo que Dios es nuestro juez y es bueno y, por tanto si acudimos a Él nos tratará mejor que ese juez.
Lo que sí pide el Señor es fe.
La última frase del párrafo es para temblar. En este mundo de hoy tan descreído, cuando hasta los católicos negamos la fe en tantas verdades graves: negar verdades del Credo, rechazar las enseñanzas del Papa o del obispo, exaltar el pecado como cosas de la sociedad de hoy, etc… pensemos: “cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontraré fe en la tierra?”
Busquemos con sencillez y mucha fe al Señor que nos ama.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

6 de octubre de 2016

NO SEAS INGRATO

Reflexión homilética para el XXVIII domingo del Tiempo ordinario, ciclo C
En este domingo se nos presenta la lepra como una enfermedad muy dolorosa y durante mucho tiempo incurable. Basados en esto, muchas veces se compara el pecado con esta enfermedad.
Jesús, redentor del pecado y dueño de la salud, dominará esta enfermedad varias veces como un signo de salvación, a lo largo de su vida.
*       El profeta Eliseo
La primera lectura de hoy es sobre el profeta Eliseo, cuyo nombre significa “Dios salva”.
La curación de una persona, sobre todo tratándose de la vida de fe, suele preparar a la conversión y por ésta a la salvación de Dios.
Hoy recordamos a Naamán, jefe del ejército del rey sirio que “era un gran militar, pero era leproso”.
Cuando fue a Eliseo para que lo curase, el profeta le mandó bañarse siete veces en el Jordán.
El militar se pone furioso y se burlaba del Jordán, que es una acequia comparado con los grandes ríos el Farfán y el Abaná.
Resolvió regresarse a su tierra, pero la gente que iba con él le hizo pensar: “padre mío, si el profeta te hubiera mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho?”.
El general hace un acto de humildad que nos enseña cuán bueno es a los que se creen importantes escuchar los consejos de los sencillos.
Naamán baja al río. Se baña siete veces y “su carne volvió a ser como la de un niño”.
El párrafo de hoy recoge el agradecimiento de Naamán, que dice:
“Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel”.
A su manera, como un recuerdo y una promesa de adoración al Dios de Israel, pide llevar tierra de Israel para adorar sobre ella, en Damasco, solamente al Dios que ha descubierto.
*       San Pablo
Cristo ha vencido no solamente la enfermedad sino la misma muerte.
Por eso Él nos da esperanza no solo de la curación de una enfermedad sino de algo más importante: la resurrección.
Como todo esto lo debemos a Cristo, tengamos en cuenta las palabras de Pablo: “haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos. Es doctrina segura: si morimos con Él, viviremos con Él, si perseveramos reinaremos con Él”.
Por otra parte nos advierte el apóstol que si negamos a Cristo Él nos negará.
Por tanto, es en Jesucristo en quien encontramos la salud y la salvación.
*       Evangelio
La mayor parte del Evangelio de Lucas nos va narrando el camino de Jesús desde Galilea, donde empieza el apostolado, hasta Jerusalén donde será crucificado.
En cada una de las etapas nos lo recuerda. Hoy que empieza una nueva etapa nos dice así:
“Yendo Jesús camino de Jerusalén pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iban a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos” que se pararon a lo lejos, cumpliendo la ley que les prohibía acercarse a los sanos, y comenzaron a gritar:
“Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.
Jesús también, cumpliendo la ley, les indica: “Id a presentaros a los sacerdotes”.
Mientras van a los sacerdotes se dan cuenta de que han quedado totalmente limpios de la lepra.
Los nueve siguieron adelante, seguramente con mucha alegría. Uno de ellos recapacita, se da la vuelta y busca a Jesús “alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús dándole gracias”.
En ese momento Jesús tiene una reacción muy humana y dice:
“¿No han quedado limpios los diez? ¿Los otros nueve dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”
Seguramente que este hombre se fue muy feliz sobre todo por las últimas palabras que le dijo Jesús y que una vez más confirman lo que tantas veces nos repite la liturgia: “levántate y vete, tu fe te ha salvado”.
Este pasaje nos hace pensar que los diez leprosos tenían fe y por eso fueron a Jesús  a pedirle el milagro.
Él los mandó al sacerdote, pero su fe era interesada y no supieron agradecer.
Les faltó fe para agradecer a Dios.
No olvidemos que precisamente la acción de gracias es una de las oraciones más importantes.
*       Texto aleluyático
Pertenece a la carta de Pablo a los tesalonicenses.
Después de pedirles la alegría: “estad siempre alegres. Sed constantes en orar”, (¡ojo!) que la alegría y la oración unidas es una lección importante para todos nosotros que muchas veces al orar más tenemos cara de amargados que de hijos felices que rezan al Padre.
Pues después de estas frases, viene la del verso aleluyático de hoy:
“Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto a vosotros”.
El texto viene a resaltar la espontaneidad con que Jesús se lamenta porque solo uno vino a dar gracias.
Ser agradecido es una cualidad muy humana que todos merecemos. Pero Dios es quien merece más que nadie nuestra acción de gracias gozosa.
Como ya está dicho antes, Pablo advierte: “esta es la voluntad de Dios”.
“¡Dios quiere que seamos agradecidos!”
¡Gracias por todo, Señor!
José Ignacio Alemany Grau, obispo