En este domingo pedimos a Dios:
«Que la comunión en tus sacramentos nos salve y nos lleve a la plenitud de la Luz de tu verdad», Jesús.
- Libro 1 de Reyes
Cuando el profeta
Elías llegó a cobijarse en una cueva del monte Horeb, oyó la voz de Dios que le
decía: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a
pasar!».
El profeta cree
descubrir la voz de Dios en un violento huracán que rompía las peñas, luego se
sintió un terremoto, a continuación, vino un fuego, pero en ninguno de los tres
fenómenos de la naturaleza encontró a Dios.
Era demasiado
alboroto para descubrirlo entre tanto ruido, pero después del fuego «se oyó
una brisa tenue, al sentirla Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera
y se puso en pie a la entrada de la cueva». Dios le iba a hablar en la
suave brisa y no en medio del bullicio y la confusión.
No busquemos a Dios en medio del bullicio del mercado, el alboroto de una fiesta, ni en medio de las ideologías que confunden y aturden… A Dios se le encuentra en el silencio de la oración y en un corazón pacificado.
- San Pablo
Judío, como tantos
en su comunidad, se convirtió al cristianismo: «Mi conciencia iluminada por
el Espíritu Santo me asegura que no miento».
Desde su conversión
Pablo siente «una gran pena y un gran dolor incesante» al tener que
separarse del resto de su comunidad judía.
El apóstol afirma
que «por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera
incluso ser proscrito lejos de Cristo».
En el pequeño
párrafo que sigue a continuación, Pablo alaba a los suyos que pertenecen «a
la alianza, a la ley, al culto y las promesas».
El apóstol siente
dolor al ver todas las maravillas que el resto del pueblo judío no puede
recibir, al no seguir las promesas de Dios, siendo «herederos de los
patriarcas de quienes según la carne nació el Mesías».
Por encima de la
fidelidad a todo lo humano, Pablo reconoce que «Dios está por encima de
todo» y concluye con esta oración de alabanza:
«Bendito por los
siglos».
Es bueno confesar que por encima de todas las cosas está el Creador y Santo por los siglos.
- Verso aleluyático
Es un acto de
esperanza en los dones que vienen de Dios:
«Espero en el Señor, espero en su Palabra».
- Evangelio
Se trata de una
secuencia muy bella.
En primer lugar,
aparece Jesús solo, en oración con su Padre, después de despedir a la multitud
tras la multiplicación de los panes.
Los apóstoles
embarcados todos juntos, parten sin Jesús a la otra orilla del lago.
Sacudida la barca
por las olas, Jesús está ausente. De pronto, viene Él caminando sobre el agua,
y los apóstoles al verlo, llenos de temor, gritan de miedo pensando que era un
fantasma.
Jesús les dice
estas palabras que debemos tener siempre en cuenta: «Ánimo, soy yo. No
tengáis miedo».
Al oírlo, Pedro,
quizá por hacer una bravata o quizá con fe verdadera, le dice al Señor: «Si
eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua».
Jesús le dijo: «¡Ven!».
Pedro, bajando de
la barca, echó a andar sobre el agua, pero «al sentir la fuerza del viento
le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame”».
Jesús le agarró las
manos diciendo: «Qué poca fe, ¿por qué has dudado?»
Ambos subieron a la
barca y enseguida amainó el viento y se sosegó el mar.
Queridos amigos, hay
que buscar siempre a Dios en Cristo Jesús, confiar en Él y fiarse de su poder,
pero con auténtica fe, y no con las dudas con que se echó Pedro en el mar y se
asustó por el viento y el oleaje.
José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista
