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21 de marzo de 2020


SOMOS HIJOS DE LA LUZ

San Pablo pensaba acabar con todos los cristianos de Damasco y “de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor”.
De la luz salió una voz: “Soy Jesús a quien tú persigues”.
Así es, amigo, Jesús ha querido manifestarse como luz y hoy la santa liturgia nos lo repetirá para que aprendamos de Él a iluminar, como hijos de la Luz.

  • Samuel
Dios rechazó a Saúl y pidió a Samuel que buscara al que lo iba a suplir.
El profeta busca en la casa de Jesé y Dios rechaza a los siete muchachos que le presenta su padre:
“porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia, el Señor ve el corazón”.
Cuando se presentó el octavo, el más joven, el pastorcito David, Dios dijo a Samuel:
“Úngelo porque es éste”.
Al ungirlo “invadió a David el espíritu del Señor que estuvo con él en adelante”.
En el bautismo el Espíritu de Dios entró en nosotros:
¿Le dejamos actuar como hizo el profeta rey?

  • Salmo responsorial
Es el 22 y habla del Buen Pastor.
Sabemos cómo actúa el Buen Pastor.
Sigámoslo con docilidad y nunca nos faltará lo necesario, aún en los momentos difíciles para todos.
Repitamos con fe:
“El Señor es mi pastor, nada me falta… Me guía por el sendero justo… Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo”.
En estos momentos, aprendamos a fiarnos mejor del Buen Pastor, pero seamos ovejas dóciles.

  • San Pablo
Esta lectura entra de lleno en el tema. Reconozcamos nuestra verdad:
“En otro tiempo éramos tinieblas, ahora somos luz en Cristo”.
Ojalá que desde el bautismo viviéramos en la luz y que nunca regresemos por el pecado a las tinieblas.
Que nuestro caminar sea el de los hijos de la luz.
¿Qué significa esta expresión de caminar como hijos de la luz?
Nos lo explica el mismo San Pablo:
+ Es actuar en la bondad y caridad propias de los discípulos de Jesús.
+ Es actuar en la justicia con Dios, dándole el culto que le corresponde, y con el prójimo, como a nosotros mismos según enseña la Escritura.
+ Y actuar en “la verdad que nos hace libres” del pecado y de toda esclavitud.
+ Finalmente, dándole gusto a Dios, cumpliendo su voluntad.
Amigos, nunca durmamos en la oscuridad del pecado. “Que Cristo sea nuestra luz” y si es necesario, una buena confesión nos ayudará.

  • Versículo
Jesús no engaña.
Él da la salvación porque su luz señala el camino a la felicidad:
“Yo soy la luz del mundo, el que me sigue tendrá la luz de la vida”.

  • Evangelio
Es un bello relato de San Juan que enseña cómo Jesús es luz y da la luz.
El joven es ciego de nacimiento.
Nunca había visto la luz.
Jesús le abre los ojos y todo cambia.
Es interesante examinar:
Los fariseos, como siempre, no quieren que la gente acepte a Jesús y menos como autor de un milagro tan grande…
Los padres del invidente no se arriesgan a reconocer a Jesús y por eso ante las preguntas de los fariseos, dicen:
“Preguntádselo a él que ya tiene edad”.
El muchacho nunca había visto a Jesús, porque recuperó la vista después de lavarse en la piscina de Siloé.
Sin embargo lo reconoce como un “hombre de Dios”.
Es bello ver cómo el antiguo ciego va creciendo en valentía, defiende a Jesús y no le importa que lo excomulguen los fariseos.
Cuando está solo, Jesús le sale al encuentro y se le revela:
“¿Crees en el Hijo del hombre?”
El muchacho, iluminado por el mismo Señor, se postra ante Él:
“¡Creo, Señor!”
Amigos, acerquémonos a Jesús que Él nos ilumina de verdad y nunca lo abandonemos.
En medio de este mundo que vive de espaldas a la luz, recordemos lo que nos dijo el Señor:
“Ustedes son la luz del mundo”.
¡Que se note!

José Ignacio Alemany Grau, obispo 
  



25 de marzo de 2017

EL CIEGO QUE VIO LA LUZ

Reflexión homilética para el cuarto domingo de Cuaresma, ciclo A
Avanza la cuaresma y hoy el Evangelio nos presenta a Jesucristo como la luz que alumbra este mundo con su dominio sobre la naturaleza y sobre todo con la luz de su divinidad.
*       Samuel
El profeta Samuel, a pedido de Dios, va a la casa de Jesé, en Belén, para ungir al futuro rey de Israel.
Cuando el profeta piensa que Dios quiere que unja al primero de los hijos, oye la voz del Señor que le ordenaba:
“No te fijes en la apariencia ni en la buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres que ven la apariencia. Él ve el corazón”.
Así pasaron los distintos hijos y quedaba David, el más pequeño, pero no el de menos valores, “era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo”.
Samuel lo mandó traer y lo ungió. En aquel momento el Espíritu del Señor invadió a David.
*       Salmo responsorial (22)
“El Señor es mi pastor”. Este salmo lo conocemos muy bien y hoy nos puede recordar tanto a Jesús el Buen Pastor, como a David, tan querido en el Antiguo Testamento y que también un día fue el pastorcito de Belén.
*       San Pablo
Nos enseña cómo Jesucristo nos pasó de las tinieblas en que vivíamos, a ser luz en el Señor,  buscando siempre lo que agrada a Dios.
Quiere que actuemos según la luz de la bondad, de la justicia y de la verdad que son precisamente fruto y características de la luz.
Termina el santo invitándonos a caminar con valentía en este nuevo camino del reino de Dios que Él ha predicado:
“Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.
*       Aclamación
Como no hay aleluya hoy tenemos la “aclamación” que nos recuerda estas palabras de Jesús: “Yo soy la luz del mundo”.
Esto confirma lo que decía San Pablo, que en Jesucristo encontramos la luz verdadera que precisamente será la que ilumine los ojos del ciego de nacimiento, de que hablaremos más adelante.
*       Evangelio
El Evangelio de hoy es también muy especial. Pertenece a los tres Evangelios largos y bellísimos que correspondían a las lecturas cuaresmales anteriores a la renovación del Misal del año 1970.
Hoy hablamos del ciego de nacimiento.
Se trata de un joven excepcional que defiende a Jesucristo valientemente ante los fariseos, llegando a jugárselo todo por Él.
Lee y medita este bello capítulo 9 de San Juan. Yo te acompaño con unas breves aplicaciones:
*Cuando los discípulos preguntan a Jesús si el joven está ciego por culpa de sus pecados o por los pecados de sus padres, Jesús advierte que es un caso especial en el que va a brillar la gloria de Dios, indicando así que nosotros no tenemos derecho a juzgar a nadie.
*Jesús hace un signo un tanto extraño para sanar al ciego de nacimiento. Toma un poco de saliva y polvo de la tierra. Con este poquito de barro unta los ojos del joven y lo manda a lavarse en la piscina de Siloé.
Estos signos que hace Jesús de una u otra forma llegan a su culmen en los sacramentos que se realizan mediante signos especiales.
Cosa muy distinta es ver cómo algunos (incluso que se dicen católicos) hacen ciertos signos (cosas extrañas) como las famosas cadenas que ahora aparecen también por las redes sociales, los ángeles que dicen que se aparecen y operan, el agua de rosas que sana, etc.
*Llama la atención la sagacidad de los padres del ciego que no quieren comprometerse y terminan diciendo: “pregúntenselo a él que ya tiene edad para responder”.
*Vemos la maldad de los fariseos que pretenden que el joven reniegue de Jesús y lo citan muchas veces hasta aburrirlo.
El joven valientemente llega a culpar de envidia a los fariseos y les dice con ironía que si preguntan tanto será porque quieren ser discípulos de Jesús.
*También llama la atención la bondad de Jesucristo que, cuando excomulgan al joven sale a buscarlo y le revela su divinidad:
“¿Crees tú en el Hijo del hombre?
Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?
Jesús le dijo: lo estás viendo. El que te está hablando, ése es.
Él dijo: creo, Señor. Y se postró ante Él”.
*Finalmente, Jesús nos hace reflexionar aclarando que no es lo mismo ser ciego por ignorancia que ser ciego por maldad, como era el caso de los fariseos.
Así Jesús devolvió la luz de los ojos e iluminó con la luz de la fe a este joven valiente que es para nosotros un ejemplo de cómo debemos vivir en la luz y defender siempre a Jesucristo.

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo