31 de marzo de 2024

RESUCITÓ PARA BORRAR TUS PECADOS


En unos preciosos carteles colocados en distintas ciudades de España por la ACdP (Asociación Católica de Propagandistas) se lee:

«Murió por tus pecados, aunque vivas como si no existiera».

Lo más bello es que hoy, Domingo de Pascua, podemos añadir:

«¡Y resucitó para borrar tus pecados, aunque vivas como si no existiera Jesús!».

Así es su amor.

Es el gozo de este domingo pascual.

La liturgia de este día comienza con esta antífona:

«En verdad ha resucitado el Señor, aleluya. A Él la gloria y el poder por toda la eternidad».

  • Hechos

San Pedro hace un resumen de lo que sucedió el día de Pascua:

«Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Él había designado».

El ser testigo de esta entrega de Jesús se convierte en una obligación para San Pedro y le invita a proclamarlo con los otros once, para que todo el pueblo se entere, de que Dios ha nombrado a Jesús juez de vivos y muertos.

  • Salmo 117

Se trata de un salmo impresionante que habla de la victoria de Jesucristo, de quien afirma:

«La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente».

  • San Pablo

Es una invitación apremiante de San Pablo, a los colosenses, que, seguro del triunfo y resurrección de Jesús, y de nosotros con Él, nos pide que se note en nuestra vida el cambio:

«Ya que habéis resucitado con Cristo buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios».

También nos invita a mirar hacia la salvación futura «porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios».

Pidamos a Jesús la gracia de ser conscientes para que un día podamos resucitar con Él.

  • Secuencia

Bello poema que recoge los momentos fuertes de la muerte, resurrección de Jesús y primeras apariciones:

«Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la víctima propicia de la Pascua… Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa».

  • Verso aleluyático

Recoge unas palabras de la carta de San Pablo a los corintios invitándoles a celebrar gozosamente la Pascua del Señor:

«Aleluya. Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua en el Señor. Aleluya».

  • Evangelio

Nos recuerda el nerviosismo de María Magdalena que, visitando el sepulcro y no viendo en él el cadáver de su Señor, se fue desesperadamente a avisar a San Pedro y a San Juan:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Podemos imaginar también la gran preocupación de estos apóstoles. Primero ingresa Pedro en el sepulcro y ve que no está el cadáver de Jesús, pero sí admira «las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte».

A continuación, entró San Juan en el sepulcro y nos advierte algo muy importante:

«Vio y creyó».

No necesitó la presencia de Jesús para aceptar su resurrección. Sin duda uniendo lo que veía con la profecía de Jesús de que al tercer día resucitaría de entre los muertos.

En este día, de una manera muy especial, amigos todos, debemos tener presente y hacer el gran acto de fe:

Jesús sufrió como hombre y mereció como Dios.

¡Feliz Pascua de resurrección: Jesús ha resucitado!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

23 de marzo de 2024

DOMINGO DE RAMOS

 

En este domingo queremos acompañar a Jesús que, subiendo de Jericó a Jerusalén desde Galilea, vino seguido de una multitud. Varias veces profetizó su muerte en Jerusalén. Pero quiso entrar solemnemente en la ciudad, cosa que siempre había querido evitar.

La liturgia de hoy pide a los fieles que se congreguen en el lugar conveniente, un templo menos importante o una plaza, y ahí concentrados se hará la lectura del evangelio que este año es el del ciclo B, es decir de San Marcos. Luego se bendicen solemnemente los ramos y comienza una procesión hasta la Iglesia.

En la liturgia se recuerda lo que Jesucristo quiso vivir en esta entrada en Jerusalén:

Jesús hace un signo que siempre ha evitado: pide a los discípulos que entren en el pueblito próximo donde encontrarán una burra con su pollino. Que los traigan a Él.

Se monta en el pollino, como signo de humildad, según la profecía de Zacarías: «Mira a tu rey que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino hijo de acémila».

Hay un grupo de personas que vienen acompañándolo y que se entusiasman:

«Echaron encima sus mantos y Jesús montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos. Algunos cortaban ramas de árboles y la gente iba adelante y atrás proclamando: «Hosanna» (que propiamente significa sálvanos, pero después se ha convertido en una simple aclamación).

Con esta expresión el pueblo vitorea a Jesús diciendo: «Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna».

La liturgia nos invita a vivir un momento de gozo en este domingo y nos pide guardar los ramos bendecidos para que el próximo año, en miércoles de ceniza, se quemen para empezar, con humildad, otra vez la cuaresma.

Es bueno recordar lo que el Papa Benedicto nos dijo sobre la multitud que en el domingo de ramos aclama al Señor Jesús. Los del Viernes Santo serán otras personas que movidas por los sumos sacerdotes pedirán su crucifixión.

 

La Pasión del Señor

En la eucaristía del Domingo de Ramos leemos la pasión según San Mateo. Es la más larga y será bueno que, en familia, la meditemos recordando el sufrimiento de nuestro Redentor.

También debemos meditarla a nivel personal para sacar el mayor provecho y descubrir el amor infinito con que Jesucristo se entregó a la muerte para salvarnos del pecado.

Pienso que, en este día, al leer la Pasión, y posiblemente durante toda la Semana Santa, será bueno que meditemos estas palabras de San Pablo: «Me amó y se entregó por mí».

Todos y cada uno de los sufrimientos de Jesús por mí.

El apóstol centra nuestros sentimientos en un párrafo precioso de la Carta a los filipenses que leemos en la misa del día y a continuación meditamos:

«Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz…»

Precisamente por esta humillación que hoy meditamos fue glorificado con su resurrección por el Padre Dios.

Al proclamarlo «Señor» está refiriéndose a su divinidad:

«Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el “nombre-sobre-todo-nombre” de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

De esta manera nosotros caminaremos cerca de Él en esta semana y sobre todo durante el Triduo Pascual que empieza el jueves por la tarde, con la última cena, y termina con la vigilia pascual y el triunfo de Jesús.

Sintámonos como Iglesia que quiere acompañar el dolor de Jesús, su esposo, y pasar con Él de muerte a vida.


José Ignacio Alemany Grau, obispo