12 de julio de 2025

DOS COSAS, PERO UNA MÁS IMPORTANTE

 

A nuestra sociedad le cae muy mal que le manden. Cada uno cree que es la autoridad de sí mismo y ahí acaba todo. Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña un camino muy claro para seguirlo y encontrar el Reino de Dios.

  • Deuteronomio

Nos asegura que todos los seres humanos, lo reconozcamos o no, tenemos inscrito en el corazón la ley de Dios; es decir, los mandamientos que debemos cumplir.

Atendamos:

«Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandamientos… Conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma».

Por más que la humanidad se resista a obedecer a Dios, sus normas, sus mandamientos, sus leyes, están claras en cada uno de los seres humanos:

«El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo».

Aunque la humanidad sea infiel a Dios, Él no se apartará de ella porque desde dentro la conduce.

  • Salmo 68

«Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias».

El salmista nos da un consejo muy importante para todos:

«Miradlo los humildes y alegraos, buscad al Señor y revivirá vuestro corazón».

  • San Pablo

El apóstol nos presenta hoy su gran himno a Cristo que deberíamos meditar porque nos habla de la profundidad de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, «porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas, celestes y terrestres».

De esta manera la invitación del apóstol es para admirar, glorificar y reconocer la grandeza de Jesucristo. Para nosotros resulta muy importante esta afirmación de San Pablo: Jesús es «el principio, el primogénito de entre los muertos y así es el primero en todo».

En Jesucristo el Padre Dios ha querido reconciliar consigo todos los seres del cielo y de la tierra: ¡Jesús es una maravilla!

Por eso nos alegra saber que nuestro Papa León XIV ha puesto a Jesucristo como centro de unidad y amor para toda la Iglesia.

  • Verso aleluyático

Queramos reconocerlo o no, todas las criaturas tenemos que afirmar hoy con el evangelista San Juan:

«Tus palabras Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna». Jesús es Dios.

  • Evangelio

El capítulo diez de San Lucas resulta muy interesante para meditarlo en este domingo XV del tiempo ordinario:

Un maestro de la ley pregunta: «¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Jesús le hace dar la respuesta a él mismo, con las palabras de la Escritura, puesto que es un maestro:

«¿Qué lees en la Ley?».

El maestro responde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser y al prójimo como a ti mismo».

Jesús lo felicita y parece que ahí quedó todo. Pero aquel maestro no se contenta, quizá por vanidad o quizá porque quiere aprender y pregunta:

«¿Y quién es mi prójimo?».

Jesús aprovecha para contarnos a todos la parábola del «buen samaritano».

Este señor se encuentra por el camino con un hombre herido y despojado de todo y, aunque no es de su religión, sintió lástima de él, «se le acercó, lo vendó y echándole aceite y vino en las heridas, lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a la posada y pagó. Dijo al posadero: “cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta”».

Al terminar la parábola, Jesús pregunta al maestro de la Ley: «¿Cuál te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».

Él contestó: «El que practicó la misericordia con él».

Jesús concluyó aquel día, y sigue diciéndonos a todos, lo que le dijo al maestro de la Ley:

«¡Anda y haz tú lo mismo!».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

5 de julio de 2025

LA FUERZA DE LA EVANGELIZACIÓN EN NOMBRE DE CRISTO -Domingo XIV del tiempo ordinario-

No solamente Jesucristo anunció el Evangelio mientras estuvo en este mundo, sino que sostuvo pequeñas experiencias de evangelización con sus discípulos por los pueblos y aldeas para proclamar el reino y los caminos hacia él.

  • Isaías

En el último de sus capítulos predice un bienestar para Jerusalén e invita al pueblo de Dios a festejar a Jerusalén que es como la personificación del pueblo escogido por Dios.

Concreta su fecundidad diciendo: «Yo haré derivar hacia ella como un río la paz, como un torrente en crecida las riquezas de las naciones…».

El Señor multiplicará su fecundidad y la alegría de la paz exaltará al Señor por encima de los demás pueblos.

  • Salmo 65

Pide a toda la tierra que aclame al Señor y que le cante con júbilo porque así lo merece su gloria. Luego el salmista pide que se postre ante el Señor la tierra entera:

«Que toquen en tu honor… Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres».

Finalmente, el salmista pide «a los fieles de Dios que vengan a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo».

El salmo termina con una bendición al Señor que dice así:

«Bendito sea Dios que no rechazó mi suplica ni me retiró su favor».

  • San Pablo a los gálatas

Pablo, después de haberse convertido a Jesucristo, tiene como única gloria la cruz de Jesús en la que se siente él mismo crucificado y no entendido por el mundo.

Resalta que lo que importa es la criatura nueva que nace del compartir los sufrimientos de Cristo: «La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma, también sobre el Israel de Dios».

En adelante, la única gloria que pide para sí mismo el apóstol es llevar sobre sí los signos de la cruz de Cristo.

  • Verso aleluyático

San Pablo pide «que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: la Palabra de Cristo habite entre vosotros con toda su riqueza».

Es muy importante que la riqueza de la Palabra de Dios brille en nuestra vida.

  • Evangelio de San Lucas

Narra los consejos que da Jesucristo a los setenta y dos discípulos que irán por los pueblos anunciando la buena noticia del Evangelio.

Empieza pidiéndoles oración: «La mies es abundante y los obreros pocos. Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

La oración es sumamente importante para todo misionero, porque, sea o no consciente de ello, todo el que anuncie la Palabra de Dios tropieza, más o menos pronto, con los enemigos de Dios.

Después de pedir esta oración continúa con unos consejos concretos para los discípulos:

«Cuando entréis a una casa decid primero: “paz a esta casa”».

Si hay gente de paz entre los oyentes «descansará sobre ellos vuestra paz, si no volverá a vosotros… Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan porque el obrero merece su salario».

De todas formas, es muy serio lo que advierte Jesús:

«Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comen lo que os pongan, curad a los enfermos que haya y decid: “está cerca de vosotros el reino de Dios”».

De esta manera el misionero debe ir siempre en nombre del Señor, proclamar su Palabra con respecto al reino y prometer, a quienes escuchen su mensaje la entrada en el reino.

Amigos todos, recuerden que por el bautismo hemos recibido la hermosa misión de proclamar a Cristo a todos los pueblos; empezando por las personas cercanas con las que tenemos más obligación.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista