21 de octubre de 2023

DA A DIOS LO QUE LE PERTENECE

 


Mucho me costó entender por qué Ciro dio la libertad al pueblo de Israel, pero los profetas, tanto Isaías como Jeremías, dijeron que fue una inspiración de Dios para este rey de Persia, Ciro el Grande.

Poco después de empezar a reinar mandó al pueblo de Israel que regresase a Jerusalén para reconstruir el templo de Jerusalén. Con esta finalidad dio la libertad a los israelitas que llevaban bastantes años en el cautiverio de Babilonia.

  • Isaías

Según el profeta un buen día dijo el Señor a su ungido Ciro «a quien llevaba de la mano: “Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro. Fuera de mí no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepas que de oriente a occidente no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro”».

  • Salmo 95

Contad y cantad:

Contando las maravillas de Dios nos admiramos y nos vemos obligados a cantar su alabanza:

«Cantad al Señor un cántico nuevo. Cantad al Señor toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria. Sus maravillas a todas las naciones. Porque es grande el Señor y muy digno de alabanza».

  • San Pablo

El apóstol habla de la predicación del Evangelio anunciado por Pablo, Silvano y Timoteo.

Los tesalonicenses recibieron, con el corazón abierto, el Evangelio.

Pidamos que también nosotros hoy lo recibamos así y mantengamos el Evangelio de Jesús en medio de las dificultades, como dice Pablo que hicieron los tesalonicenses.

San Pablo recuerda «la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor».

Amigos, seamos siempre fieles y valientes para mantener las virtudes teologales que Dios nos regaló en el bautismo.

  • Verso aleluyático

La Iglesia, hoy como ayer, tiene la misión de ser luz para los hombres dando una razón para vivir en este mundo difícil que parece que ha perdido el horizonte:

«Brilláis como lumbreras del mundo mostrando una razón para vivir».

  • Evangelio

Nos cuenta San Mateo que unos fariseos llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Comienzan con mucha palabrería, terminando con esta pregunta capciosa:

«¿Es lícito pagar impuesto al César o no?»

 Jesús percibe sus intenciones:

«Comprendiendo su mala voluntad les dijo Jesús: “hipócritas, ¿por qué me tentáis?”».

La pregunta venía con tan mala intención que pensaban que cualquier respuesta que diera Jesús lo comprometería. Sin embargo, Él, con toda tranquilidad, les pide una moneda del impuesto. Cuando la tiene en la mano, les pregunta:

«¿De quién es esta cara e inscripción?»

Cuando responden que pertenecen al César, Jesús aprovecha para enseñarles, a pesar de su mala voluntad, una lección para la vida social y también para la vida de fe:

«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Tengamos en cuenta esta gran lección para nuestra vida de ciudadanos y también de hijos de Dios.

Paguemos las contribuciones que nos corresponden al Estado, pero no olvidemos nunca nuestras obligaciones como criaturas e hijos de Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

14 de octubre de 2023

EL CONVITE DE DIOS Y EL TRAJE DE BODAS

Nos encontramos hoy, domingo XXVIII del tiempo ordinario, con distintos modos de compartir la felicidad de Dios aquí en la tierra, como un signo de la eternidad feliz que esperamos gozar con Él.
  •  Isaías 

 El profeta nos habla de la generosidad de Dios que está dispuesto a regalar a todos los pueblos «manjares suculentos en un festín de vinos de solera».

Junto a este primer don, el Señor ofrece «enjugar las lágrimas de todos los rostros y el oprobio de su pueblo».

Finalmente, nos ilusiona Isaías con estas palabras: «Aquí está nuestro Dios de quien esperábamos que nos salvara. Celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte».

Sion, monte del Señor, simboliza para nosotros la Iglesia que Jesús dejará a su paso por este mundo.

  • Salmo 22

Posiblemente ya este salmo lo sabemos de memoria, pero hoy es una nueva invitación a gozar con el amor de Dios que es el Buen Pastor y protector de la humanidad que Él mismo ha creado. Por eso nos dice:

«El Señor es mi pastor, nada me falta… Me guía por el sendero justo… Prepara una mesa ante mí… Y me unge la cabeza con perfume y mi copa rebosa».

Con el mismo salmo concluyamos:

«Habitaré en la casa del Señor por años sin término». Esta es la seguridad del encuentro con Dios, Buen Pastor, en su casa.

  • San Pablo

Sabemos que San Pablo tiene confianza especial con los filipenses por el esfuerzo de Pablo en la evangelización y los detalles de generosidad que ellos han tenido también con el apóstol.

En este día nos habla Pablo de cómo los filipenses han compartido con él los tiempos difíciles a los que él llama «mi tribulación».

Como respuesta, el apóstol está seguro de que «mi Dios proveerá a vuestras necesidades con magnificencia, conforme a la espléndida riqueza en Cristo Jesús».

No sabemos cuánta fue la generosidad concreta de los filipenses con San Pablo, pero nos queda una invitación para colaborar, unos con otros, en la fe.

  • Verso aleluyático

Se trata de un párrafo precioso de San Pablo a los efesios para invitarlos a vivir en la esperanza a la que ellos, y todos nosotros, somos llamados en la fe. Les invito a meditarlo:

«El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama».

Recordemos con fe lo que Jesús nos ha ofrecido, después de esta vida, para gozar de Dios en la eternidad.

  • Evangelio

Hoy Jesús habla a los sacerdotes y ancianos del pueblo y les propone una parábola:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo». Los invitados no quieren ir (una alusión clara a que Dios llama primero a estos sacerdotes y ancianos, pero ellos no aceptan su llamada).

Entonces, el rey envía a su gente: «id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda».

Los criados van y llevan al banquete a todos los que encuentran, «buenos y malos».

Hay un momento muy interesante y es que cuando llega «el rey a saludar a los comensales reparó en uno que no llevaba el traje de fiesta…: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?», es evidente que todos los demás convidados sí lo llevaban, a pesar de su pobreza.

Aclara el Evangelio que «el otro no abrió la boca» y el rey lo mandó sacar fuera y castigarlo.

Todos somos llamados por Dios a gozar en el banquete del reino, pero todos debemos tener también el vestido de la gracia que nos regala el mismo Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo