23 de septiembre de 2023

VAYAMOS, AUNQUE SEA A ÚLTIMA HORA


Como hijos de Dios procuremos dar a conocer a Jesús para que los hombres se salven. Aunque sea a última hora, ya que Dios nos acoge siempre.

Por nuestra parte, vayamos a Jesús como buenos trabajadores que llegan a la viña felices, de sol a sol.

  • Isaías

El profeta nos invita a todos a buscar siempre al Señor:

«Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca.

Que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes.

Que regresen al Señor y Él tendrá piedad».

El Señor mismo advierte que sus caminos no son como los caminos de los hombres:

«Vuestros caminos no son mis caminos». 

Esto sin duda nos hace recordar lo que le dirá a su tiempo Jesús a Pedro: «Tú piensas como los hombres, no piensas como Dios».

Por eso, Isaías termina diciendo:

«Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes».

  • Salmo 144

«El Señor está cerca de los que lo invocan». Invoquémosle con fe y adoración.

Y meditemos:

«El Señor es clemente y misericordioso… El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas… Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente».

Al contemplar la obra de la Creación y oír que ya no hablan del «calentamiento global» sino de su «ebullición», nos damos cuenta de cómo los mismos seres humanos hemos estropeado las maravillas del Señor. A tal punto que, la tierra que es de Él, porque la modelaron sus manos para nuestro bien, se ha convertido en nuestra enemiga.

  • San Pablo

El apóstol nos habla de la lucha que vive en su corazón noble: desea irse ya con Cristo porque para él «mi vida es Cristo».

Morir para estar con Él es una ganancia. Pero su caridad es tanta al servicio del Evangelio que, si su vida en este mundo les aprovecha a los hombres, acepta quedarse.

Y termina diciendo: «Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo».

  • Verso aleluyático

Nos pide que escuchemos la Palabra de Dios con un corazón abierto y generoso para convertirnos y proclamarlo:

«Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las Palabras de tu Hijo».

  • Evangelio

Es una muy hermosa parábola que nos habla de la viña y del propietario de ella, que representa la misericordia de Dios para con todos.

El dueño, lleno de gran bondad, busca los obreros para darles trabajo en su viña y conseguir así el sueldo de un día de trabajo, que es un denario.

Va a la plaza temprano y contrata un grupo de ellos. Estos obreros están felices porque han asegurado el sueldo del día y, por tanto, el pan para su familia.

Pero el propietario es tan generoso que continúa llamando, durante todo el día, a los parados que no consiguen trabajo y también los envía a su viña.

La originalidad de este propietario es que al anochecer paga el denario a todos por igual. Y ante la incomprensión de los que trabajaron todo el día, les dice:

«¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti… ¿o vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?».

Así es la generosidad de nuestro Dios que siempre nos espera, aunque sea en la última hora de nuestra vida.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

16 de septiembre de 2023

PERDONA Y SERÁS PERDONADO


 Al rezar el padrenuestro piensa bien lo que Jesús te enseñó:

«Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos».

Este domingo de la semana XXIV del tiempo ordinario, la Iglesia nos pide que aprendamos a perdonar como Dios nos perdona. De una manera especial lo veremos en el Eclesiástico y en la parábola de San Mateo.

  • Eclesiástico

Nos advierte que si somos vengativos Dios se vengará de nuestros pecados.

Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, Dios perdonará tus pecados. Si fomentas la ira contra otro no esperes que Dios te perdone.

Si no te compadeces del prójimo, ¿cómo quieres que Dios se compadezca de ti?

Tres consejos bien concretos, nos da hoy el Eclesiástico para tener valor y perdonar cuando se hace difícil:

+ Piensa en tu muerte.

+ Medita los mandamientos.

+ Recuerda la alianza que Dios hizo contigo a pesar de tus pecados.

  • Salmo 102

Es una especial oración a Dios para que aprendamos de Él a perdonar al prójimo y a tener de él misericordia:

«El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia… Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades.

No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas».

  • San Pablo

Nos invita a meditar en la trascendencia de nuestra vida:

«Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo... En la vida y en la muerte somos del Señor».

Todo esto se lo debemos a Jesucristo que «murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos».

Perdonemos como Él nos ha perdonado.

  • Verso aleluyático

Este verso recoge el mandamiento nuevo de Jesús, que es una invitación para querernos y perdonarnos entre nosotros:

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado».

  • Evangelio

¡Ya me cansé de perdonar!

Algo así fue la pregunta que hizo Pedro a Jesús, como quien dice: - ¿Con que perdone siete veces ya he cumplido?

Pensó que perdonar siete veces era suficiente. La respuesta de Jesús es muy fuerte:

«Setenta veces siete», que no equivale a 490, sino a siempre.

Para que aprendamos a perdonar nos cuenta una parábola, así, cuando sea preciso perdonar, se nos hará más sencillo si recordamos las veces que el Señor nos perdonó:

Un hombre debe una cantidad muy grande, «diez mil talentos». Su señor le exige que le pague. El siervo se echa a sus pies diciendo: «Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo».

Su señor tuvo compasión y lo perdonó.

(Según la Biblia de la Conferencia Episcopal Española, diez mil talentos equivalen a cien millones de denarios).

Este siervo perdonado se encuentra con un compañero que le debe apenas «cien denarios» y «lo estrangulaba diciéndole: “págame lo que me debes”».

El consiervo repite lo que hizo el de la gran deuda a su señor «arrojándose a sus pies: ten paciencia conmigo y te lo pagaré».

Jesús resalta la cantidad tan miserable frente a la gran deuda perdonada por el señor y destaca también las mismas palabras de los siervos pidiendo perdón.

La parábola continúa narrando cómo los compañeros le explican al señor la escena que han visto: el señor manda llamar al siervo miserable y le dice: «Siervo malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú tener compasión con tu compañero como yo la tuve contigo?»

Esto mismo debemos pensar todos cuando se trate de perdonar comparando las deudas que tenemos entre nosotros con el perdón de Dios.

De todas maneras, la parábola de Jesús termina con estas poderosas palabras:

«Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo