9 de julio de 2023

JESÚS MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN


La liturgia de este DOMINGO XIV del tiempo ordinario nos invita a penetrar en la profundidad del Corazón de Jesucristo, tal como Él mismo se describe en el Evangelio. 

  • Zacarías 
El profeta nos adelanta la imagen del Mesías que cada año recordamos el domingo de ramos.

Hoy, un día cualquiera, para ambientar el evangelio del día, en conexión con él, nos pide glorificar al Señor, en la alegría del espíritu:

«Alégrate, hija de Sion, canta hija de Jerusalén» y nos presenta así al futuro rey poderoso que dominará el mundo de un extremo a otro:

«Viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica».

Poder y humildad son los dos grandes distintivos del Señor.

  • Salmo 144

Bendecimos al Señor, nuestro Dios y nuestro Rey, por una serie de hermosos motivos que nos invitan a confiar en Él:

«El Señor es clemente y misericordioso… El Señor es bueno con todos. Es cariñoso con todas las criaturas».

Lógicamente la invitación del salmista es para dar gracias al Señor y aclamar la gloria de su reinado.

Finalmente, para darnos más seguridad confirma la fidelidad de Dios a sus promesas:

«El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones».

  • San Pablo

El Apóstol nos advierte que al ser bautizados hemos sido habitados por el Espíritu Santo. Tengamos presente que las que deben mandar en nosotros no han de ser las pasiones de la carne sino este Señor, que es nuestro Dios, Creador y dueño.

El Espíritu Santo está dentro de nosotros y Él debe inspirar nuestras acciones.

Ese único y mismo Espíritu Santo, que resucitó a Jesús y que ahora está en nosotros con el mismo poder para dar vida a nuestros cuerpos después de la muerte, nos resucitará:

«Vivificará también nuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en nosotros».

Amigos todos, no olvidemos que estamos en deuda con este Dios maravilloso que vive dentro de nosotros y será Él mismo quien nos ayude a dominar nuestras pasiones para vivir según su voluntad.

  • Verso aleluyático

Insiste en el tema central del Evangelio de hoy, que es un desahogo de Jesús en oración a su Padre, sin temor de hacerlo públicamente.

  • Evangelio

Podemos destacar tres puntos importantes:

+ Jesús en humildad profunda acepta la voluntad del Padre, que no es que sea aceptado por los sabios e intelectuales del mundo, sino por los sencillos:

«Sí, Padre, así te ha parecido bien».

+ La esencia del descubrimiento que nos hace Jesús es cómo es el Padre y cómo es el Hijo dentro del misterio trinitario:

«Nadie conoce al Hijo más que el Padre y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

+ Y, al decirnos «venid», nos invita para que vayamos a Él con todas nuestras miserias, confiando en su ayuda. Nos pide que nos esforcemos por imitar su propio corazón:

«Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón».

En su conocimiento e imitación encontraremos la paz.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

1 de julio de 2023

EL AMOR A DIOS, SOBRE TODO


Este domingo les invito a fijarse en las palabras de Jesús que nos pide que, por encima de todo amor humano, muy importante, por cierto, está el amor a Dios que siempre debe ser el primero.

  • 2Reyes

Te invito a leer el capítulo 4 del segundo libro de Reyes para ver algo de la vida impresionante de Eliseo, el gran discípulo de Elías, que heredó «dos partes de su espíritu».

La lectura de hoy nos cuenta el regalo que hizo a la sunamita que le acogía en su casa para darle de comer e, incluso, le hizo una habitación sencilla en el segundo piso de su vivienda.

El profeta preguntó a su criado qué podía hacer por la señora. El criado contestó:

«Qué se yo. No tiene hijos y su marido es viejo».

Eliseo mandó llamar a la mujer y le dijo:

«El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo».

Sabemos que más adelante el niño murió y al reclamarle la sunamita, Eliseo resucitó al pequeño y se lo devolvió vivo a su madre.

  • Salmo 88

Nos recuerda el deber que tenemos de adorar y cantar el nombre de Dios.

A nosotros nos es fácil y espontáneo pedir, pero nuestra primera obligación es adorar, alabar y bendecir al Creador:

«Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Anunciaré tu fidelidad por todas las edades… El Señor es nuestro escudo y el santo de Israel nuestro rey».

  • San Pablo

Nos enseña la importancia del sacramento del bautismo. Es bueno que recordemos que es el regalo de Dios, que con este sacramento nos ha hecho hijos suyos.

Para ello, nos incorporó a Cristo en su muerte y, al morir con Cristo al pecado, hemos resucitado con Él a una vida nueva «y sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más. La muerte ya no tiene dominio sobre Él».

San Pablo nos invita a sacar como conclusión de este regalo de la gracia del bautismo que debemos «considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús».

  • Verso aleluyático

Proclamemos las maravillas que ha hecho Dios con nosotros porque «nos llamó a salir de las tinieblas (pecado) y a entrar en su luz maravillosa». Por Cristo somos, como nos ha dicho Él mismo, luz del mundo.

  • Evangelio

Son varios pensamientos sueltos que recoge San Mateo, en el capítulo 10, invitándonos a tenerlos en cuenta para nuestra vida:

+ El amor a Dios por encima de todo amor humano: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí».

Para entender esto es preciso creer que por encima de los sentimientos está la voluntad, que es la reina de nuestros pensamientos y sentimientos.

Nuestra voluntad, como una flecha, debe volar por encima de los sentimientos hacia Dios que es el primero en todo.

Pidamos fuerzas para que sepamos organizar sabiamente el corazón.

+ «El que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí». Esto nos lo ha repetido Jesús en varias oportunidades para que lo imitemos.

+ Nuestra vida es muy importante, pero debe estar siempre condicionada a la fe en Dios. Por eso, Jesús enseña que «el que encuentre su vida la perderá y el que pierda su vida por mí la encontrará».

+ Finalmente, Jesús insiste en la caridad como una señal de ser verdaderos discípulos suyos: «El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, porque es mi discípulo, no perderá su paga».

Recordemos, queridos amigos, una vez más, el mandamiento de Jesús: «Ámense unos a otros como yo os he amado».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo