5 de abril de 2023

Reflexión homilética para el TRIDUO PASCUAL 2023 - 1


Jueves Santo

Tenemos tres momentos especiales:

  • El primero es la misa crismal.

Cada Jueves Santo, en la mañana, los obispos del mundo entero celebran con sus sacerdotes la misa crismal. A veces por eficacia pastoral se cambia la misa crismal a otro día.

En ella el obispo consagra los óleos que durante todo el año los sacerdotes utilizarán como un signo de unidad con su obispo:

+ El óleo de los enfermos para atender a estos y darles la unción sacramental.

+ El óleo de los catecúmenos para ungir antes del bautismo a los que van a recibir este sacramento.

+ El crisma que es un aceite especial mezclado con colonia y que sirve para la consagración de sacerdotes y obispos. También se unge con el crisma a los recién bautizados.

En este día los sacerdotes renuevan las promesas sacerdotales ante su obispo.

  •  La santa «Misa vespertina de la cena del Señor»

Para este momento le pedimos al evangelista San Juan que nos acompañe y explique sus profundos sentimientos:

No sabíamos dónde iba a ser la reunión para la cena pascual. El Maestro actuaba con misterio. Fueron dos a preparar. Celebramos todo en el cenáculo de la casa de un amigo. Tampoco sabíamos por qué adelantó la pascua y no la celebramos el viernes sino el jueves.

Nos reunimos en el cenáculo. Era un salón grande. Estábamos los doce, también algunas mujeres, entre ellas la Madre del Señor.

Empezó la cena. Había tensión. Jesús nos decía que tenía un gran deseo de celebrar la pascua con nosotros. Hubo momentos difíciles, sobre todo porque nos dijo que uno de nosotros lo iba a entregar.

Todos preguntamos. Él dijo claramente a Judas que era él. Este salió pronto, sin cenar.

También Pedro lo pasó mal, porque cuando Jesús dijo que todos nos íbamos a escandalizar dejándolo solo, Pedro afirmó y repitió que él daría su vida por Jesús.

Al fin nos serenamos todos. Hubo paz. Jesús aprovechó para darnos un trozo de pan especial a cada uno, diciendo:

«Esto es mi cuerpo…».

Luego tomó la cuarta copa y nos la fue dando mientras decía:

«Esta es mi sangre de la nueva y eterna alianza».

Yo no sé lo que pasó. Aquel vino de siempre me pareció muy especial y me hizo entrar dentro de mí. Sentí como si en aquel momento Jesús me amara desde dentro, de una manera única.

Según bebíamos quedábamos todos en silencio. Al final Jesús nos sacó de dentro al decirnos:

«Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros como yo los he amado».

A continuación, Jesús hizo una preciosa oración al Padre como preparándose a la pasión que se acercaba.

  •  Getsemaní

En realidad, teníamos la costumbre de ir al Huerto de Getsemaní para hacer oración en la noche.

Íbamos en silencio como midiendo los pasos a la luz de la luna.

Algo muy pesado había caído sobre cada uno de nosotros.

Jesús dejó en la entrada del huerto a ocho discípulos y entró con Pedro, Santiago y conmigo un poco más adentro, entre los olivos del huerto. Y él se adelantó un tanto y se tiró al suelo sobre una roca.

Se le notaba la angustia que soportaba y que, como vimos después, le hizo sudar sangre.

Nosotros tres nos dormimos pronto porque estábamos cansados y agobiados por los distintos sentimientos del día.

Yo entre sueños le oía decir al Señor:

«Padre, si quieres aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya».

Entre sueños le oía repetir:

«Que se haga tu voluntad».

Vino a nosotros y con dulzura nos corrigió:

«¿Por qué dormís? Levantaos y orad para no caer en la tentación».

Todavía estaba hablando cuando apareció Judas con una turba armada con espadas y palos.

Hubo un diálogo duro y, al mismo tiempo, cariñoso por parte de Jesús:

«Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

Apresaron al Señor y todos los discípulos huyeron. A una distancia regular lo seguimos Pedro y yo hasta la casa de Caifás.

1 de abril de 2023

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

En esta semana que la liturgia llama «santa» porque en ella se encierra el Triduo Pascual, entremos con fe profunda en las reflexiones y lecturas que nos presenta.


Lo que recordaremos en este domingo con amor ya sucedió y ahora Jesús está glorificado en el cielo y en la Eucaristía, pero recordamos con mucha gratitud su entrega por nosotros, en la liturgia de esta semana que comienza con el Domingo de Ramos.

  • Procesión de ramos

Antes de celebrar la Eucaristía de este domingo, los fieles suelen ir a una plazuela o un templo menos importante para celebrar allí la bendición de los ramos y salir luego cantando en procesión a la parroquia.

El pequeño evangelio que leemos en ese momento es de Mateo.

Jesús, montado en un pollino, entra en la ciudad de Jerusalén y los que lo acompañan, cortando ramas de olivos y de palmeras, lo van aclamando:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!».

Según San Mateo la gente se preguntaba:

«¿Quién es este?»

Procuremos, nosotros, durante esta semana contestar a esa pregunta que siempre nos interpela y exige una respuesta.

  • Isaías

En esta profecía nos presenta a Jesús como un discípulo fiel:

«Ofrecí la espalda a los que me apaleaban. Las mejillas a los que mesaban mi barba. No me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos…».

Este siervo del Señor, a pesar del terrible sufrimiento, venció todos los ultrajes con la fuerza de Dios.

Ante cualquier dolor recordemos al Maestro y contemplemos su ejemplo.

  • Salmo 21

Viene a ser un resumen del dolor de Cristo en la crucifixión cuando, de hecho, exclamó el viernes santo en el Calvario desde la cruz:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

A continuación, el salmo describe muchos detalles que se realizaron en la pasión del Señor:

«Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos. Fuerza mía ven corriendo a ayudarme».

Un salmo para los momentos duros de la vida.

  • San Pablo

Nos invita a meditar en la profundidad del misterio del dolor de Cristo en la crucifixión. A pesar de ser Dios todopoderoso, actuó como un hombre cualquiera soportando la humillación de la cruz.

Ya desde ahora la liturgia, con palabras de esta carta de Pablo a los Filipenses, nos habla de la glorificación de Jesús para que, desde el principio, estemos seguros del triunfo porque además de siervo humilde es verdadero Dios y su Padre lo glorificó:

«Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo».

Y finalmente, nos pide a todos que glorifiquemos a nuestro Redentor:

«Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

  •  Versículo de aclamación

En varios momentos de este día la liturgia nos repite estas palabras:

«Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre».

  • Evangelio

En el ciclo A la liturgia nos presenta el relato de San Mateo. Les invito a todos a meditar con profundidad, y ojalá en familia, los hechos que más les llamen la atención.

De toda esta lectura de la pasión de Jesús será bueno concluir estas palabras:

«Así se ama».

Y que todos aprendamos de Él a amar.

Si queremos aprender a amar veamos los detalles del amor en nuestro Señor y Redentor Jesucristo.

El evangelista termina el relato de su larga pasión con estas palabras:

«Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro».

No contaban con el poder de Dios que tenía Jesús y que quedó bien claro a los tres días.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo