11 de junio de 2022

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Quiero empezar recordando, con ustedes, el bautismo de cada uno de nosotros, con las palabras que san Gregorio Nacianceno repetía a sus bautizados:

«Los confío a la Santísima Trinidad. Por ella los introduciré, dentro de poco, en el agua y los sacaré de ella. Se la doy como compañera y patrona de toda su vida».

En efecto, nuestro bautismo se realizó con estas palabras, según el mandato de Jesús:

«Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

La liturgia de hoy que pertenece a la solemnidad de la Santísima Trinidad, en el ciclo C, nos invita a meditar en unos párrafos bíblicos que nos llevan a entrar con el corazón en el misterio trinitario.

  • Proverbios

Nos habla de la sabiduría de Dios. En la reflexión de esa sabiduría los Santos Padres han visto una referencia directa a la segunda Persona de la Santísima Trinidad, de quien se dice que es la Sabiduría del Padre.

En efecto, podemos leer este pasaje pensando que todo lo que dice se refiere al Verbo encarnado, sobre el que leemos en Jn 1,3: «Por medio de Él se hizo todo y sin Él no se hizo nada de cuanto fue hecho».

Es interesante que los proverbios digan que la sabiduría «jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres», como haciéndonos imaginar que el Hijo estaba jugando con la bola de la tierra, como un niño juega con la obra que está haciendo su padre.

Les invito a leer este hermoso párrafo de la liturgia de hoy refiriéndolo al Verbo de Dios.

  • Salmo 8

El salmista canta la gran belleza de la creación de Dios y nos invita a meditar en su grandeza:

«Cuando contemplo el cielo obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?»

A continuación, canta la grandeza del hombre creado por Dios, «coronado de gloria y dignidad».

A este hombre Dios le da el poder sobre la creación, como nos enseña también el Génesis.

  • San Pablo

El apóstol nos invita a tener presente a la Santísima Trinidad reflexionando sobre las tres virtudes teologales:

Por la fe hemos recibido la justificación que nos pone en paz con el Padre.

Esta fe nos ha llevado a la esperanza que nos da el sacrificio del Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Y esta esperanza no defrauda porque «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado».

  • Verso aleluyático

Nos pide que alabemos a la Santísima Trinidad con las palabras que tantas veces hemos repetido con la Iglesia:

«Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene».

  • Evangelio

El Evangelio de hoy nos enseña lo que debemos esperar de cada una de las tres divinas Personas:

El Padre enviará al Espíritu Santo.

El Hijo, Él mismo, ya les dio durante toda la vida el mensaje (el Evangelio) que traía del Padre.

Por su parte, el Espíritu Santo llevará a los suyos hasta la verdad plena.

La enseñanza más profunda de hoy es conocer que todo está en común entre las tres divinas Personas y que las tres son la única divinidad.

Recordemos una vez más hoy que «todo es común en la Trinidad excepto la relación de Personas; es decir, que el Padre engendra al Hijo. Que el Hijo es engendrado por el Padre y el Espíritu Santo procede del amor del Padre y del Hijo».

Quiero terminar compartiendo con ustedes este número del Catecismo Católico que considero muy importante para toda familia cristiana:

«Para la oración personal el lugar favorable puede ser un “rincón de oración”, con las Sagradas Escrituras e imágenes, a fin de estar “en lo secreto” ante nuestro Padre (ver Mt 6,6). En una familia cristiana este tipo de pequeño oratorio favorece la oración común» (CIC 2691).

Si no lo tienes ya, reserva un lugar tranquilo dentro de tu casita para hacer oración tú solo y con los tuyos.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

4 de junio de 2022

VEN, ESPÍRITU SANTO, VEN

Muchas veces andamos pidiendo claridad en la fe. Es decir, que no nos falte la verdad que prometió Jesús.

El secreto será siempre pedir al Espíritu Santo que venga a nosotros y nos descubra la verdad plena y nos recuerde todas las cosas que enseñó Jesús.

Hoy es un buen día para que todos, en la Iglesia, invoquemos al Espíritu Santo pidiéndole este don.

  • Hechos de los apóstoles

Nos explica, en este día, el gran acontecimiento que había prometido realizar Jesús, cuando llegara Él a la casa del Padre.

En esta celebración debemos distinguir unos signos externos:

+ Ruido del cielo, igual a un viento recio que hizo resonar toda la casa.

+ Lenguas como llamaradas sobre cada uno.

+ Hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les sugería.

Pero también, unos signos internos que eran los más importantes:

«Se llenaron todos del Espíritu Santo».

De esta manera, se cumplió la promesa de Jesús:

«Vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días. Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo».

Esa transformación interior es el milagro más grande. Por él entendieron los apóstoles todo el mensaje que Jesús les había dado y se transformaron en hombres valientes que comenzaron a evangelizar.

Esto es lo que tenemos que pedir hoy al Espíritu Santo: la conversión interior, que nos ayude a conocer bien el plan salvador de Dios; y la parresía, valentía, necesaria para seguir proclamando el Evangelio.

  • Salmo 103

Una invitación en este día tan grande para glorificar y bendecir al Señor por las maravillas que ha hecho en la creación y, sobre todo, en la Iglesia: «Bendice, alma mía, al Señor (…) Cuántas son tus obras (…) La tierra está llena de tus criaturas (…) Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras».

  • San Pablo

En este importante capítulo ocho de la carta a los Romanos, nos descubre la acción del Espíritu Santo en cada uno de nosotros, bautizados en la Iglesia de Jesús: somos de Cristo porque «el Espíritu Santo habita en nosotros».

Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios.

Hemos recibido el espíritu de hijos adoptivos y, qué importante y cuán grande es nuestro poder, porque podemos hablar a Dios Padre con las mismas palabras y sentimientos de Jesús, que repetía en su oración:

«Abbá, Padre».

Aprendamos bien esta hermosa enseñanza: nuestro espíritu, limitado y pequeño, pero unido al Espíritu Santo, nos convierte en testigos de nuestra filiación divina.

Esta filiación divina, aunque no es como la de Jesús ya que Él es hijo del Padre por naturaleza, nos asegura que, lo mismo que Jesús, seremos herederos de Dios y glorificados con Él, si padecemos con Jesús mientras vivimos en el mundo.

  • Verso aleluyático

Es una invocación al Espíritu Santo pidiéndole que realice también hoy la obra que nos prometió Jesús: «Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor». Que el Espíritu nos regale su fuego transformante.

  •  Evangelio

El evangelista San Juan nos recuerda la obra de Dios en los fieles.

Los fieles son los que cumplen con fidelidad los mandamientos. Fijémonos en la perfecta ilación de esta promesa de Jesús: Jesús pide al Padre para nosotros y el Padre se lo concede todo siempre.

Lo más importante que quiere para nosotros es: «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él».

¡Dios, la Trinidad Santa en nosotros!

En este día de Pentecostés pido, para ustedes y para mí, que de la meditación sobre el amor que hemos hecho durante todo el período pascual, queden en nuestro corazón estas palabras y las meditemos frecuentemente:

«El que me ama guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo