9 de abril de 2022

DOMINGO DE RAMOS

+ Semana Santa

Hoy nos lleva la liturgia a la «Semana Mayor» que el pueblo cristiano, en su vivencia de fe durante tantos años, ha llamado siempre la SEMANA SANTA.

Esta semana tiene dos partes bien distintas:

La primera, el DOMINGO DE RAMOS, el lunes, martes y miércoles santos y la misa crismal del jueves.

La segunda parte es el TRIDUO PASCUAL que comienza con la misa vespertina del jueves y termina con el DOMINGO DE PASCUA. El eje de estos días, evidentemente, es la VIGILIA PASCUAL.

Durante esta semana los invito a todos a revivir con fe el momento cumbre de nuestra salvación que es la muerte de Jesús unida a su resurrección. Estos dos acontecimientos son historia, pero en gratitud lo recordamos con tanta fe porque gracias a ese momento pascual podemos estar seguros de nuestra salvación.

Los invito a todos a renovar, una vez más este año y con toda la profundidad de que somos capaces, la muerte y resurrección de Jesucristo.

+ Sexto domingo de cuaresma

Con esta semana cumplimos los cuarenta días de preparación.

Para la liturgia es la semana de «Pasión del Señor», como nos recordará el prefacio del día con su doble título: «La fuerza de la cruz» y «La victoria de la pasión». En este domingo meditamos «en su pasión salvadora y en su resurrección gloriosa. En ella celebramos su triunfo sobre el poder de nuestro enemigo y renovamos el misterio de nuestra redención».

  • Isaías

Los Santos Padres aplican lo que el gran profeta refiere al siervo del Señor, a Jesucristo, y es que, si examinamos los cantos del siervo, nos damos cuenta de que tienen tal vivencia que algunos han llegado a llamar a Isaías el quinto evangelista.

Será bueno que en estos días nos acerquemos al libro que la Biblia llama de Isaías y meditemos de una manera especial los cantos del siervo del Señor que se encuentran en los capítulos 42, 49, 50 y 52.

  • Salmo responsorial

Es el salmo 26 que empieza con una de las 7 palabras de Jesús en la cruz:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Es un salmo profundo y que fácilmente repetimos en algunos momentos de nuestra vida. En ellos parece que acusamos a Dios, sobre todo, de los fuertes sufrimientos que encontramos en nuestra vida y en la de nuestros seres queridos.

Será conveniente, y debemos pedirlo al mismo Señor, que cuando lleguen esos momentos, aceptemos, aunque sea a ciegas, la voluntad de Dios.

Por eso mismo el salmista termina sus quejas:

«Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor alabadlo, linaje de Jacob glorificadlo».

Que nuestra oración termine siempre con esta aceptación de humilde alabanza.

  • San Pablo

Este párrafo del Apóstol es como un resumen de todo lo que celebramos en esta Semana Santa:

Jesús, que es Dios verdadero, «pasó por uno de tantos» hombres que han sufrido en este mundo, llegando Él mismo hasta la máxima humillación de muerte de cruz.

Pero, como ya hemos dicho que era Dios verdadero es la Divinidad misma quien manda a la humanidad entera que le dé el nombre más perfecto con el título de «Señor», que en el Antiguo Testamento se refiere solo a Dios: «Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

Así, de una manera muy especial en la Semana Santa, debemos glorificar a Jesucristo.

  • Evangelio

Propiamente el Evangelio de hoy es la pasión del Señor contada por San Lucas.

Les invito a meditarla en familia durante este hermoso domingo.

Nosotros nos referiremos, por motivo de brevedad, al Evangelio que se lee antes de la procesión de ramos, que también corresponde a San Lucas.

Una de las escenas características de este Evangelio es cuando Jesús manda a dos de sus discípulos que desaten el borrico que van a encontrar y «si alguien les pregunta: ¡por qué lo desatáis?; contestadle: “el Señor lo necesita”».

En humildad sería bueno aplicarnos a nosotros mismos esta situación y hacer que nuestra vida sea de verdad un servicio a Jesucristo que nos necesita a cada uno de nosotros en su plan de salvación.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

2 de abril de 2022

ESTÁ AHÍ Y TE LLAMA

Advertencia

Para evitar equívocos les recuerdo que la liturgia permite hacer las lecturas del ciclo A también este V domingo de cuaresma. El tema fundamental de hoy, en plena cuaresma, nos invita a pensar en la resurrección por la que consciente o inconscientemente todos suspiramos.

  • Ezequiel

En un breve párrafo nos habla de la gran afirmación que ha hecho el Señor: «lo digo y lo hago».

¿Qué promesa es ésta que viene de tan lejos?

La podemos meditar con paz:

«Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros… Y os infundiré mi espíritu y viviréis».

Gran promesa del profeta que será una realidad cuando leamos el Evangelio de este domingo.

  • Salmo 129

Confiando en la misericordia del Señor los seres humanos le pedimos que escuche nuestra humilde voz que, desde lo más profundo de la tierra, le gritamos que escuche nuestras súplicas y perdone nuestros pecados.

Con el salmo terminamos repitiendo:

«Mi alma espera en el Señor porque de Él viene la misericordia y la redención abundante».

Permítanme decirles que el lema de nuestra Congregación Redentorista está tomado de este salmo: «En el Señor hay redención abundante».

  • San Pablo

El apóstol nos invita hoy a confiar en el misterio de nuestra propia resurrección que tanto anhelamos, con estas palabras:

«Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús, vivificará también vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en vosotros».

  • Versículo antes del Evangelio

Nos invita a meditar las palabras más importantes de todo el precioso Evangelio del día: Jesús, conversando con Marta, le dice en el momento cumbre:

«Yo soy la resurrección y la vida».

Este «Yo soy» fascinante es la realidad del famoso eco de las palabras con que Dios se reveló a Moisés en la zarza ardiente: «Yo soy el que soy».

  • Evangelio

Pretender comentar este capítulo once de San Juan es poco menos que una temeridad, porque deberíamos emplear en ello varias horas.

Meditemos por partes:

+ Un día Lázaro, el hermano de Marta y María, cae gravemente enfermo.

Sus hermanas le envían a Jesús una brevísima petición: «Señor, tu amigo está enfermo».

Como Jesús está huyendo de la persecución que le hacen los judíos, y está decidido a ir a la casa de la familia tan querida, los apóstoles se hacen los valientes diciendo por boca de Tomás: «Vamos también nosotros y muramos con Él».

A la hora de la verdad, todos huyeron y dejaron solo a Jesús.

+ Llegan a Betania y el desahogo de Marta al ver a Jesús es súplica y desilusión: «Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

La verdad es que toda la familia estaba bien formada en la fe. Por eso, cuando Jesús le dice a Marta: «Tu hermano resucitará», ella responde: «Ya sé que resucitará en la resurrección del último día».

En aquel momento la expresión del rostro de Jesucristo debió ser impresionante: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá. Y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre».

+ Jesús le pide un acto de fe absoluto a su amiga Marta y ella hace este precioso acto de fe: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Maravilloso acto de fe que será bueno que le pidamos santa Marta que nos lo comparta.

+ Marta dice a María: «El Maestro está ahí y te llama». La escena anterior se repite con la hermana pequeña y Jesús, al ver llorar a María, sollozó y preguntó: «¿Dónde lo han puesto

Lo llevan junto al sepulcro y volvió a llorar. Jesús mandó quitar la losa que tapaba la entrada y, aunque Marta le advirtió que ya estaba en el cuarto día de corrupción, Él le dijo: «Si crees verás la gloria de Dios».

Lo hermoso de este milagro es que Jesús da gracias antes de que resucite Lázaro: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado…» Luego gritó con voz potente: «Lázaro, ven fuera».

Este es el milagro más grande de la vida de Jesús y lo hizo en favor de la familia que lo acogía en su casa con frecuencia.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo