6 de julio de 2019

PAZ A ESTA CASA


                                 PAZ A ESTA CASA

No hay duda que una de las cosas que más añoramos todos es la paz.
Y sin embargo, hacemos más por la desunión que por la unidad; y por las peleas, muy pobres por cierto, que por la comunión.
Veamos qué nos dicen las lecturas de este día, sobre todo el saludo misionero que enseña Jesús.
  •  Isaías
El tercer Isaías nos cuenta el regreso de los desterrados de Babilonia y hoy nos habla de la reconstrucción de Jerusalén y la presenta como un pueblo en crecimiento, utilizando los términos de la maternidad fecunda: “ubres abundantes”, “mamaréis a los pechos”, “llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán”…
El profeta presenta a Jerusalén en fiesta y resalta la promesa de Dios que dice:
“Yo haré derivar hacia ella como un río la paz”.
La paz que todos deseamos y de una manera especial el pueblo de Israel que ha sufrido tanto en el destierro y regresa a la capital y a la presencia de Dios en su templo.
  • Salmo responsorial 65
Es un himno de alabanza en el que se pide a toda la humanidad que glorifique al Señor:
“Aclamad al Señor tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria”.
No olvidemos que siempre la alabanza produce alegría en el corazón sincero y abierto a Dios:
“Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente”.
No hay duda que compartir las cosas de Dios y glorificarlo juntos se traduce en paz. Por eso es bueno que los que seguimos a Jesús compartamos con frecuencia las cosas de Dios:
“Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo”.
  • San Pablo
Hoy nos habla, al final de la carta a los Gálatas, de cómo en su labor apostólica ha aprendido a dar toda la gloria a Dios y no a sí mismo:
“Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”.
A continuación se despide Pablo deseando la paz y la misericordia de Dios para todos:
“La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos”.
  • Verso aleluyático
Nos presenta el versículo dos deseos importantes que Pablo expresa en la carta a los Colosenses:
“La paz de Cristo… y la palabra de Cristo habiten entre vosotros en toda su riqueza”.
Dos deseos que debemos compartir también nosotros con quienes convivimos y a quienes evangelizamos.
  •   Evangelio
El Evangelio de Lucas tiene diversos pensamientos entre los que resaltamos:
+ “La mies es abundante y los obreros pocos. Rueguen al Dueño”.
Tengamos siempre presente que el que da las vocaciones es Dios y la Iglesia las tendrá si se las pide al Señor.
No olvidemos que la Iglesia somos todos los bautizados y por tanto todos debemos hacer oración para que el Señor envíe vocaciones a su mies.
+ “Pónganse en camino”.
Es Jesús quien envía a todos los bautizados a evangelizar, como nos están pidiendo continuamente los últimos Papas, en especial desde San Pablo VI en su preciosa carta Evangelii Nuntiandi.
+ El saludo del misionero debe ser éste, según el pedido de Jesús:
“Cuando entréis en una casa, decid primero la paz a esta casa”.
Es interesante que Jesús añada que, si hay gente de paz, “descansará sobre ellos vuestra paz; si no volverá a vosotros”.
+ Resalta también San Lucas la vuelta de los setenta y dos, que vienen muy contentos y felices porque han visto los signos que Jesús les prometió, hasta dominar a los demonios en los posesos.
+ Concluye el Evangelio con la advertencia de Jesús, diciendo que el motivo más importante de nuestra alegría debe ser que “vuestros nombres están inscritos en el cielo”.
Recordemos, para terminar, que una de las bienaventuranzas que dejó Jesús en el sermón del monte fue ésta:
“Bienaventurados los que construyen la paz porque éstos serán llamados hijos de Dios”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

29 de junio de 2019

“ESCLAVOS UNOS DE OTROS POR AMOR”

“ESCLAVOS UNOS DE OTROS POR AMOR”

Todos sabemos que cuando se trata de las cosas de Dios no suele haber mucha prontitud, sino más bien nos encontramos con: “no tengo tiempo”, “tengo que pensarlo”, “tengo que cuidar a mis hijos”…
En las lecturas de hoy encontraremos distintas respuestas, que nos servirán para reflexionar sobre nuestra respuesta personal a Dios.
  •  1 Reyes
Elías busca a Eliseo para ungirlo profeta.
Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió un tiempo para despedirse de sus padres.
El gran Elías le contestó:
“Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?”
La actitud de Eliseo no pudo ser más generosa:
“Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con los aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente. Luego se levantó y marchó tras Elías y se puso a su servicio”.
Qué maravilla de respuesta y fidelidad. Por eso sabemos que Eliseo comenzó a hacer milagros y a evangelizar como un gran profeta.
  • Salmo responsorial 15
Este salmo es una invitación a pensar cómo la respuesta y fidelidad a Dios es lo más importante para toda persona que tiene fe:
Se trata del gozo de la mejor herencia a la que podemos aspirar:
“Dios es el lote de mi heredad”.
¿Alguna vez habías pensado que Dios es la mejor herencia que puede tener una criatura?
“Mi suerte está en tu mano… El Señor me aconseja, hasta de noche me instruye internamente”.
Qué importante es vivir en la presencia de Dios para sentir la verdadera alegría en el corazón:
“Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas”.
  • San Pablo
El apóstol nos habla de la verdadera libertad.
No se trata de una libertad para que se aproveche la carne, sino de una libertad que nos lleva a servir a los demás:
“Sed esclavos unos de otros por amor”.
Por lo demás, el apóstol nos advierte que evitemos lo que suele pasar con frecuencia:
“Si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente”.
Para vivir esta libertad San Pablo nos pide que andemos según el Espíritu Santo.
  • Verso aleluyático
Nos invita a vivir una actitud de siervos ante el Señor al estilo del Verbo encarnado o de las palabras que María contestó al ángel:
“He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra”.
  • Evangelio
El Evangelio tiene dos partes muy claras:
Según San Lucas, Jesús decide salir de Galilea para ir a Jerusalén.
En el camino quiere pernoctar en Samaría con los suyos, pero sabiendo que se dirigían a Jerusalén los rechazan.
En ese momento Santiago y Juan, que se debían sentir ya entonces fuertes, respaldados por Jesús, le dicen:
“Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?”
“Jesús se molestó y los regañó”.
La segunda parte trata de tres personajes que quieren seguir a Jesús.
Al primero le advierte Jesús su vida de pobreza:
“No tiene dónde reclinar la cabeza”.
A otro le dice Jesús: “¡Sígueme!”
Como respuesta oyó decir: “¡Déjame primero enterrar a mi padre!”
Jesús le contesta:
“¡Deja que los muertos entierren a los muertos! ¡Tú vete a anunciar el Reino de Dios!”
Un tercero dice a Jesús: “Te seguiré, Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia”.
Dos cosas hay que tener en cuenta. Según las costumbres de entonces tanto los entierros como las despedidas suponían muchos días.
Por otra parte, Jesús, según Lucas, ha tomado la decisión de ir a Jerusalén pensando ya en su muerte y resurrección.
Momento muy importante y exigente para él y… para los suyos.
Pensemos lo mucho que ha hecho Jesús por nosotros para corresponderle con generosidad anunciando el Evangelio.

José Ignacio Alemany Grau