8 de junio de 2019

PENTECOSTÉS: ESPÍRITU SANTO DIOS Y AMIGO



PENTECOSTÉS: ESPÍRITU SANTO DIOS Y AMIGO

El Espíritu Santo es Dios porque es la tercera Persona de la Santísima Trinidad.
Y Amigo porque vive en el interior de quienes aceptan su amistad. No puede haber amistad más grande.
Nuestra reflexión la comenzamos con esta breve oración:
“Espíritu Santo, tú estás dentro de cada uno de nosotros como Dios infinito y como Amigo cercano. Ilumina nuestra mente y nuestro corazón para escuchar la Palabra que el Padre quiere comunicarnos por medio de ti.
Espíritu Santo, nosotros, como María Santísima, queremos acoger la Palabra, meditarla, gozar con ella y llegar a la santidad a la que el Padre Dios nos llama.
Ilumina nuestra inteligencia para conocerla y enciende nuestro corazón para amarla:
¡Espíritu Santo, ven!”.
  •  Hechos de los apóstoles
Estaban todos reunidos en el cenáculo, fieles al pedido de Jesús y “se llenaron todos de Espíritu Santo”.
Esto es lo importante para un cristiano, la presencia interior del Espíritu que le llevará a amar a Dios y a servir al prójimo.
Tengamos en cuenta que esta presencia se realiza cuando vivimos en comunión dentro de la Iglesia de Jesús.
  • Salmo responsorial
Nos invita a repetir esta breve oración tan conocida en la Iglesia:
“Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”.
El resto del salmo (103) nos invita a bendecir y glorificar al Señor por su grandeza y las obras maravillosas que realiza.
  •  La lección de Pablo
Hoy nos enseña el apóstol:
“Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios”.
¿Podemos decir que de verdad somos hijos de Dios?
Solo el Espíritu Santo nos permite llamar de verdad Padre a Dios.
No olvidemos que Dios es el Creador de todos y de todo, pero solo el Espíritu Santo nos permite llamar Padre a Dios y ser verdaderos hijos adoptivos suyos.
  •  Evangelio
Meditamos la profundidad de la promesa de Jesucristo:
Unión íntima entre el Padre y Él.
A vivir esa intimidad nos invita también a nosotros:
“El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él”.
¿Quién puede entender esta posible unidad entre el Padre con el Hijo y con nosotros?
Solo el Espíritu Santo, que es la tercera Persona de la Trinidad, lo conoce y nos lo puede dar a conocer. Esto es precisamente lo que nos promete Jesús:
“El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”.
Llamamos Pentecostés al gran regalo que hizo Jesús a los apóstoles reunidos con María, cincuenta días después de la resurrección.
Sin embargo, a partir de ese momento se repite la venida del Espíritu Santo, no solo en las grandes ocasiones que cuentan los Hechos de los Apóstoles, sino también frecuentemente después de recibir el bautismo cada uno de nosotros.
¿Y cuál es la obra del Espíritu Santo en nosotros?
Es bueno que meditemos las maravillas que obra la tercera Persona de la Trinidad:
+ Nos hace templos vivos de Dios, es decir, se introduce en nuestro interior.
+ Nos comunica la vida sobrenatural dándonos las gracias, dones, carismas, frutos, bienaventuranzas.
De esta manera nos enriquece y nos hace agradables a Dios como hijos adoptivos.
+ Nos lleva a la plenitud de la verdad para que la conozcamos y podamos darla a conocer.
+ Nos resucita después de la muerte y nos lleva a gozar de Dios en el cielo.
Recordemos también la obra maravillosa del Espíritu Santo que es encarnar a Jesús en el seno de María y hacerlo presente en la consagración de la Eucaristía.
Y finalmente, hacer presente a Dios en nuestro corazón.
Aprovechemos esta fiesta importante y con la Iglesia repitamos frecuentemente la oración que hemos citado: “¡Ven, Espíritu Santo!”

José Ignacio Alemany Grau

1 de junio de 2019

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR


Es el evangelista San Lucas el que nos cuenta la Ascensión del Señor y lo hace en los dos libros que él nos ha dejado en la Biblia.
Termina el Evangelio con unos detalles muy bonitos de la Ascensión del Señor y comienza el libro de los Hechos diciendo así:
“En mi primer libro, querido Teófilo, escribí todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo”.
Son muchos los detalles que nos ha dejado en ambos párrafos. Intentaremos compartir algunos.
  • Hechos de los Apóstoles
Ante todo nos llamó la atención cómo Jesús, hasta el final de su vida, procuró instruir a los apóstoles aparte de las enseñanzas que daba a la multitud.
Debemos fijarnos en lo que advierte Lucas, que escribía todo lo que Jesús hacía y enseñaba. Muy importante para nosotros si queremos evangelizar, porque no basta hacer, no basta enseñar.
A continuación Lucas narra las últimas recomendaciones que Jesús da a los suyos, y la más importante es que permanezcan unidos en Jerusalén hasta que les envíe el Espíritu Santo.
Pero es entonces cuando los apóstoles manifiestan cómo habían entendido muy poco al Señor, porque le preguntan:
“¿Es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Dios?”
Por lo visto permanecía en ellos la visión triunfalista del Mesías.
Jesús, una vez más, les repite que el Espíritu Santo lo solucionará todo y los hará apóstoles “hasta los confines del mundo”.
Después describe el evangelista cómo Jesús fue elevándose al cielo y unos ángeles les advierten a los apóstoles que volverá un día el Señor “como le habéis visto marcharse”.
  • Salmo responsorial 46
Realmente parece hecho este salmo para el día de la Ascensión del Señor:
“Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas”.
Te invito a leerlo desde el acontecimiento que estamos meditando.
  • Carta a los Hebreos
La segunda lectura nos explica qué es lo que hace Jesús desde que subió al cielo: interceder por nosotros ante Dios.
Verdadero misterio porque Jesús hombre y Dios al tiempo, “emplea” su humanidad para interceder ante la Divinidad.
Hay un puntito en el párrafo de hoy sobre el que quiero llamar tu atención:
“El destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio”.
La conclusión es muy buena:
“Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa”.
Una invitación a mantenernos unidos a Jesús siempre.
  • Verso aleluyático
Este verso nos recuerda el pedido de Jesús a los apóstoles antes de subir a los cielos:
“Id y haced discípulos de todos los pueblos. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.
Es la promesa del Cristo fiel para todos nosotros.
  •  Evangelio
En los tres ciclos A, B y C, el Evangelio de este día nos narra las últimas palabras de los sinópticos.
A nosotros nos toca San Lucas, nuestro compañero del año litúrgico.
Según él Jesús explica a los apóstoles cómo había cumplido su misión de dar la vida y resucitar, para que los hombres pudieran convertirse y recibir el perdón.
Luego les pide que permanezcan en la ciudad hasta que reciban el Espíritu Santo, “la fuerza de lo alto”.
“Después los sacó hacia Betania y, levantando la mano los bendijo”.
Mientras los bendecía se separó de ellos subiendo a lo alto.
Así termina la compañía que Jesús hizo a los hombres aquí en la tierra durante su vida mortal.
Resulta impresionante que, después de una separación así, pueda decir San Lucas que todos se volvieron a Jerusalén con gran alegría.
Así sucede cuando la amistad es en Dios.
La seguridad del reencuentro hace felices a los amigos, especialmente cuando el gran Amigo es el mismo Dios.

José Ignacio Alemany Grau