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1 de junio de 2019

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR


Es el evangelista San Lucas el que nos cuenta la Ascensión del Señor y lo hace en los dos libros que él nos ha dejado en la Biblia.
Termina el Evangelio con unos detalles muy bonitos de la Ascensión del Señor y comienza el libro de los Hechos diciendo así:
“En mi primer libro, querido Teófilo, escribí todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo”.
Son muchos los detalles que nos ha dejado en ambos párrafos. Intentaremos compartir algunos.
  • Hechos de los Apóstoles
Ante todo nos llamó la atención cómo Jesús, hasta el final de su vida, procuró instruir a los apóstoles aparte de las enseñanzas que daba a la multitud.
Debemos fijarnos en lo que advierte Lucas, que escribía todo lo que Jesús hacía y enseñaba. Muy importante para nosotros si queremos evangelizar, porque no basta hacer, no basta enseñar.
A continuación Lucas narra las últimas recomendaciones que Jesús da a los suyos, y la más importante es que permanezcan unidos en Jerusalén hasta que les envíe el Espíritu Santo.
Pero es entonces cuando los apóstoles manifiestan cómo habían entendido muy poco al Señor, porque le preguntan:
“¿Es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Dios?”
Por lo visto permanecía en ellos la visión triunfalista del Mesías.
Jesús, una vez más, les repite que el Espíritu Santo lo solucionará todo y los hará apóstoles “hasta los confines del mundo”.
Después describe el evangelista cómo Jesús fue elevándose al cielo y unos ángeles les advierten a los apóstoles que volverá un día el Señor “como le habéis visto marcharse”.
  • Salmo responsorial 46
Realmente parece hecho este salmo para el día de la Ascensión del Señor:
“Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas”.
Te invito a leerlo desde el acontecimiento que estamos meditando.
  • Carta a los Hebreos
La segunda lectura nos explica qué es lo que hace Jesús desde que subió al cielo: interceder por nosotros ante Dios.
Verdadero misterio porque Jesús hombre y Dios al tiempo, “emplea” su humanidad para interceder ante la Divinidad.
Hay un puntito en el párrafo de hoy sobre el que quiero llamar tu atención:
“El destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio”.
La conclusión es muy buena:
“Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa”.
Una invitación a mantenernos unidos a Jesús siempre.
  • Verso aleluyático
Este verso nos recuerda el pedido de Jesús a los apóstoles antes de subir a los cielos:
“Id y haced discípulos de todos los pueblos. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.
Es la promesa del Cristo fiel para todos nosotros.
  •  Evangelio
En los tres ciclos A, B y C, el Evangelio de este día nos narra las últimas palabras de los sinópticos.
A nosotros nos toca San Lucas, nuestro compañero del año litúrgico.
Según él Jesús explica a los apóstoles cómo había cumplido su misión de dar la vida y resucitar, para que los hombres pudieran convertirse y recibir el perdón.
Luego les pide que permanezcan en la ciudad hasta que reciban el Espíritu Santo, “la fuerza de lo alto”.
“Después los sacó hacia Betania y, levantando la mano los bendijo”.
Mientras los bendecía se separó de ellos subiendo a lo alto.
Así termina la compañía que Jesús hizo a los hombres aquí en la tierra durante su vida mortal.
Resulta impresionante que, después de una separación así, pueda decir San Lucas que todos se volvieron a Jerusalén con gran alegría.
Así sucede cuando la amistad es en Dios.
La seguridad del reencuentro hace felices a los amigos, especialmente cuando el gran Amigo es el mismo Dios.

José Ignacio Alemany Grau

27 de mayo de 2017

SE FUE Y LOS LLENÓ DE ALEGRÍA


Hoy celebramos la Ascensión del Señor que, junto con la resurrección, constituye la glorificación que el Padre Dios da a su Hijo el predilecto: ¡Gloria a Dios!
*       La Ascensión
En los Hechos de los apóstoles San Lucas, al que tenemos que tomar muy en serio porque al principio del Evangelio nos advierte que:
“Yo he resuelto escribir por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio…”.
El evangelista nos cuenta la Ascensión del Señor a los cielos y lo que sucedió poco antes.
Un día que comían juntos, Jesús  les habló así:
“No os alejéis de Jerusalén… en pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo”.
De esta manera, una vez más, Jesús  prometía la compañía del Espíritu Santo a su Iglesia.
En ese momento tan solemne todavía algunos presentan sus dudas al margen de todos los acontecimientos y enseñanzas de Jesús:
“¿Ahora vas a restaurar el reino de Israel?”
Era la concepción que tenía el pueblo sobre el Mesías. Jesús entonces insiste sobre la venida del Espíritu Santo y cómo les dará fuerza “para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”.
En ese momento Jesús empieza a elevarse “hasta que una nube se lo quitó de la vista”.
Una vez más nos encontramos con la nube, símbolo de la presencia del Espíritu Santo.
Finalmente, cuenta San Lucas que se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:
“¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para ir al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse”.
Alusión clara a la Parusía o segunda venida del Señor que será su glorificación definitiva.
*       Salmo responsorial (46)
Sin duda que todos nosotros al leer este salmo, tantas veces en el Oficio divino, hemos visto una alusión directa a la Ascensión del Señor. Unámonos a este triunfo de Jesús:
“Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas… Dios es el Rey del mundo”.
Y por todo esto se repite la invitación: “aclamad a Dios con gritos de júbilo porque el Señor es sublime… Tocad para Dios, tocad. Tocad para nuestro Rey, tocad”.
Y como terminando esta Ascensión nos dice:
“Dios se sienta en su trono sagrado”.
*       San Pablo a los Efesios
Es un párrafo hermoso en el que les invito a fijar la atención en dos puntos:
*. Que el Señor “ilumine los ojos de vuestro corazón”.
Solo con el corazón iluminado por la fe entenderemos la esperanza a la que Dios nos llama.
*. El Padre “todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia como cabeza”.
Jesús, después de entregarse totalmente por nosotros ha sido glorificado por Dios.
*       Haced discípulos de todos los pueblos
El Evangelio de hoy pertenece a San Mateo.
El evangelista alude también a la duda suscitada en alguno de los apóstoles que pensaban en  la reconstrucción de Israel.
Prescindiendo de todo, Jesús da este mandamiento que, por cierto, es muy grave:
“Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos”.
Nunca en su vida Jesús había puesto tanta exigencia. Es como decir:
Como Dios que soy y tengo poder sobre cuanto existe, les doy un mandamiento. Y el mandamiento consiste en hacer discípulos de todos los pueblos, bautizarlos en nombre de la Santísima Trinidad y enseñarles “a guardar todo lo que les he mandado”.
Finalmente, Jesús aclara que se va y no se va, como dijo en la última cena:
“Me voy y vuelvo a vuestro lado” (Jn 14,28).
*        La alegría fruto de la Ascensión
Una de las cosas más llamativas de la Ascensión es que los discípulos no sienten pena por la ausencia del Maestro sino que por el contrario: “Se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”.
El Papa Benedicto nos ayuda a entenderlo mejor. Él comenta en su libro Jesús de Nazaret:
“Todo adiós deja tras sí un dolor. ¿Cómo entender entonces la alegría?”
Añade el Papa: “La alegría de los discípulos, después de la ascensión, corrige nuestra imagen de este acontecimiento… La ascensión no es marcharse a una zona lejana del cosmos, sino la permanente cercanía que los discípulos experimentan con tal fuerza que les produce una alegría duradera”.
Por eso el mismo Papa nos invita a meditar:
“El cristianismo es presencia: don y tarea; estar contentos por la cercanía interior de Dios y, fundándose en eso, contribuir activamente a dar testimonio en favor de Jesucristo”.
Termino con estas palabras del gran Pontífice:
“El Jesús que se despide no va a alguna parte en un astro lejano. Él entra en la comunión de vida y poder con el Dios viviente, en la situación de superioridad de Dios sobre todo espacio. Por eso ‘no se ha marchado’, sino que, en virtud del mismo poder de Dios, ahora está presente junto a nosotros y por nosotros”.
Así cumple Jesús “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.


José Ignacio Alemany Grau, obispo