9 de marzo de 2019

DÉJATE CONDUCIR POR EL ESPÍRITU

DÉJATE CONDUCIR POR EL ESPÍRITU

Según el prefacio del primer domingo estas son las enseñanzas de la cuaresma.
El protagonista es Jesús, Señor y Maestro:
+ Penitencia cuaresmal: ayuna cuarenta días.
+ Rechaza las tentaciones del enemigo para sofocar la fuerza del pecado.
+ Nos ha enseñado a caminar por la pasión y muerte a la Pascua, la de Él que ya pasó y la nuestra que será una gozada: encontrarnos en los brazos de nuestro Creador y Padre en una Pascua eterna.
  •  Deuteronomio
Moisés pide al sacerdote que cuando reciba las ofrendas de los fieles, del Antiguo Testamento, les recuerde que esa oblación es el agradecimiento por la providencia de Dios, el cual se ha portado como un verdadero Padre con todos y cada uno de los fieles, sacándolos de la esclavitud de Egipto  y haciéndolos un pueblo que vive en libertad en “una tierra que mana leche y miel”.
Será bueno que aprovechemos la oportunidad para ofrecernos a Dios en agradecimiento por la salvación que nos ha dado en Cristo Jesús, que con su muerte y resurrección nos ha hecho pasar de la muerte que mereció nuestro pecado a la vida definitiva con la Pascua de Jesús.
Así la liberación del pueblo judío, que pasó de la esclavitud de Egipto a la libertad de la nueva tierra, será siempre el símbolo de la Pascua con que nos liberó Jesús.
  •  Salmo 90
El salmo de hoy nos lo recuerda la liturgia para que pensemos que si lo empleó el diablo distorsionando su sentido, nosotros procuremos aprovecharlo para confiar en la misericordia de Dios que siempre nos protege:
Si nos ponemos en manos de Dios con la confianza de hijos con su Padre podremos estar seguros de que Él cumplirá su promesa:
“Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré”.
Esto quiere Dios para cada uno de nosotros: ¡glorificarnos!
  • Romanos
San Pablo nos recuerda que Dios no hace acepción de personas. Para Él todos somos queridos y aceptados:
“Todo el que invoca el nombre del Señor se salvará”.
Por eso Dios nos ha regalado su Palabra.
Con gratitud llevemos siempre la Palabra de Dios, que es Jesucristo, en los labios y en el corazón.
Teniendo siempre a Jesús en nuestra vida con fe auténtica, seremos justificados y santificados ante Dios.
Ninguno que tenga fe verdadera en Jesucristo, el enviado del Padre, quedará defraudado.
¡Qué importante es la fe en el Hijo que el Padre nos dio para salvarnos!
  • Evangelio
La primera lección para nosotros es que el verdadero cristiano debe dejarse conducir en todo por el Espíritu Santo.
Esto hizo Jesús que empezó su vida pública siguiendo el impulso del Espíritu Santo.
Tengamos presente que todo lo más importante de hizo Jesucristo comenzó con oración profunda.
Esto lo vemos especialmente ahora, al comenzar el apostolado y en el huerto al empezar la pasión.
¿Y qué pasó en el desierto?
Que Jesús ayunó y rezó.
¡Qué feliz debió estar en comunicación continua con su Padre!
Jesús ayunó y rezó.
Posiblemente nuestra oración se parece muy poco a la de Jesús, pero Él ha querido ser el mejor Maestro para nuestra oración.
A continuación el Evangelio nos presenta al diablo interpretando la Biblia:
¡Qué cosa más fea!
La verdad es que si él interpretara bien la Biblia, perdería su “clientela” y esa falsa interpretación es la que enseña a sus clientes.
Por su parte Jesús da la explicación correcta para que sus “hijos”, en el momento de la prueba, no nos dejemos llevar por la conveniencia.
La Palabra de Dios es suya y no nuestra y no podemos jugar con ella.
En fin de cuentas la Palabra es el Verbo, el Verbo encarnado que es Jesucristo (Dios con nosotros) y por Él que es camino y verdad, llegamos al Padre:
En la Palabra está nuestra salvación.
Cuando Jesús venció al diablo, éste agachó las orejas y se marchó con el rabo entre las patas “hasta otra ocasión”.
Debemos estar siempre alerta y no olvidar que el diablo “como león rugiente, anda buscando a quien devorar”.
Aprendamos de Jesús a vencerlo.

José Ignacio Alemany Grau

2 de marzo de 2019

EL CRISTIANO DA RAZONES PARA VIVIR


EL CRISTIANO DA RAZONES PARA VIVIR

Hoy quiero compartir contigo esta reflexión dominical a base de pensamientos sueltos. Los creo muy importantes para la vida diaria y estoy seguro que nos ayudarán a tomar conciencia de lo que es un cristiano en el mundo, según el plan de Dios.
  •  Eclesiástico
Una de las cosas que todos sabemos, aunque no lo tengamos en cuenta, es que la vida nos va probando a todos sin excepción.
El Eclesiástico lo compara con la vasija que el alfarero prueba en el horno.
Qué importante es resistir la prueba. No debes achicarte ante los problemas de la vida, sino tomar fuerzas de la fe para superarlos.
Un buen consejo del Eclesiástico es que no debemos alabar a una persona “antes de que abra la boca” porque la manera de razonar es la que define al hombre.
Por eso las personas que comienzan alabando muchas veces terminan desilusionadas.
Recuerda que “la palabra muestra la mentalidad del hombre”.
  • Salmo 91
Este salmo nos invita a dar gracias a Dios simplemente porque es bueno.
Muchas veces pedimos y pocas damos gracias.
Es verdad que estamos muy necesitados de todo, pero el no ser agradecidos no se justifica con nada.
El mismo salmo nos dice que “el justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano plantado en la casa del Señor”.
Ten en cuenta que el verdadero fruto del justo es el que permite conocer lo maravilloso que es Dios y por tanto es esta la mejor forma de evangelizar.
  • San Pablo
El apóstol nos advierte que todos estamos sometidos a la muerte, todos somos corruptibles por nuestra naturaleza, pero la gracia hará que “esto mortal se vista de inmortalidad”.
¿No es cierto que tenemos muy poca fe en la vida práctica?
¿No suele suceder que nos preocupamos mucho más de lo corruptible que de lo incorruptible?
Este es un buen día para pensar que solo por Cristo, el hombre está seguro de la inmortalidad.
Por Cristo el hombre es más fuerte que la muerte.
  • Verso aleluyático

Nos recuerda que Jesucristo nos definió a los suyos como luces:
“Ustedes son la luz del mundo”.
San Pablo a los Filipenses, en este versículo, les advierte que los cristianos “brillan como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir”.
Debíamos tener siempre presente en nuestra vida que, si somos luz, tenemos obligación de iluminar pero no de una forma vacía, sino que con nuestras palabras y con nuestra vida debemos dar razones para vivir a tantas personas que no encuentran sentido a esta vida.
  • Evangelio
Hoy Jesús en el Evangelio nos ofrece una especie de reflexiones, algunas de las cuales hacen sonreír porque llevan consigo ironía; por ejemplo: el ciego que guía a otro ciego… ¿qué puede pasar? Jesús mismo contesta: “ambos caen en el hoyo”.
Ciertamente es muy ridículo que pretendamos encontrar la solución a los problemas graves de la vida apoyándonos en hombres débiles e ignorantes como nosotros.
Más interesante resulta esta otra comparación de las personas creídas que pretenden corregir a todos. Jesús dice sobre ellos:
“¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo?”.
Esto, aparentemente tan ridículo, es muy frecuente cuando personas cargadas de defectos pretenden corregir a otros como puede ser el caso del papá que corrige a los hijos que responden mal a la mamá, cuando los chicos son testigos de que el papá, no solo la trata mal de palabra sino que incluso a veces la agrede con violencia.
Esto mismo sucede con algunos maestros, superiores, representantes de grupos, etc.
Qué buenos son los últimos consejos de Jesús en el Evangelio de hoy:
Sé como el árbol sano que da fruto sano y no como el árbol dañado cuyos frutos son enfermos.
Y finalmente recuerda que todos tenemos un corazón y de lo que llevamos en él vamos sacando día a día en nuestras conversaciones.
Recuerda las palabras de Jesús: “Lo que rebosa del corazón lo habla la boca”.
Creo que tenemos aquí una serie de pensamientos profundos que nos ayudarán mucho hoy si les damos un tiempo para meditarlos y compararlos con nuestra conducta.

José Ignacio Alemany Grau