2 de marzo de 2019

EL CRISTIANO DA RAZONES PARA VIVIR


EL CRISTIANO DA RAZONES PARA VIVIR

Hoy quiero compartir contigo esta reflexión dominical a base de pensamientos sueltos. Los creo muy importantes para la vida diaria y estoy seguro que nos ayudarán a tomar conciencia de lo que es un cristiano en el mundo, según el plan de Dios.
  •  Eclesiástico
Una de las cosas que todos sabemos, aunque no lo tengamos en cuenta, es que la vida nos va probando a todos sin excepción.
El Eclesiástico lo compara con la vasija que el alfarero prueba en el horno.
Qué importante es resistir la prueba. No debes achicarte ante los problemas de la vida, sino tomar fuerzas de la fe para superarlos.
Un buen consejo del Eclesiástico es que no debemos alabar a una persona “antes de que abra la boca” porque la manera de razonar es la que define al hombre.
Por eso las personas que comienzan alabando muchas veces terminan desilusionadas.
Recuerda que “la palabra muestra la mentalidad del hombre”.
  • Salmo 91
Este salmo nos invita a dar gracias a Dios simplemente porque es bueno.
Muchas veces pedimos y pocas damos gracias.
Es verdad que estamos muy necesitados de todo, pero el no ser agradecidos no se justifica con nada.
El mismo salmo nos dice que “el justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano plantado en la casa del Señor”.
Ten en cuenta que el verdadero fruto del justo es el que permite conocer lo maravilloso que es Dios y por tanto es esta la mejor forma de evangelizar.
  • San Pablo
El apóstol nos advierte que todos estamos sometidos a la muerte, todos somos corruptibles por nuestra naturaleza, pero la gracia hará que “esto mortal se vista de inmortalidad”.
¿No es cierto que tenemos muy poca fe en la vida práctica?
¿No suele suceder que nos preocupamos mucho más de lo corruptible que de lo incorruptible?
Este es un buen día para pensar que solo por Cristo, el hombre está seguro de la inmortalidad.
Por Cristo el hombre es más fuerte que la muerte.
  • Verso aleluyático

Nos recuerda que Jesucristo nos definió a los suyos como luces:
“Ustedes son la luz del mundo”.
San Pablo a los Filipenses, en este versículo, les advierte que los cristianos “brillan como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir”.
Debíamos tener siempre presente en nuestra vida que, si somos luz, tenemos obligación de iluminar pero no de una forma vacía, sino que con nuestras palabras y con nuestra vida debemos dar razones para vivir a tantas personas que no encuentran sentido a esta vida.
  • Evangelio
Hoy Jesús en el Evangelio nos ofrece una especie de reflexiones, algunas de las cuales hacen sonreír porque llevan consigo ironía; por ejemplo: el ciego que guía a otro ciego… ¿qué puede pasar? Jesús mismo contesta: “ambos caen en el hoyo”.
Ciertamente es muy ridículo que pretendamos encontrar la solución a los problemas graves de la vida apoyándonos en hombres débiles e ignorantes como nosotros.
Más interesante resulta esta otra comparación de las personas creídas que pretenden corregir a todos. Jesús dice sobre ellos:
“¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo?”.
Esto, aparentemente tan ridículo, es muy frecuente cuando personas cargadas de defectos pretenden corregir a otros como puede ser el caso del papá que corrige a los hijos que responden mal a la mamá, cuando los chicos son testigos de que el papá, no solo la trata mal de palabra sino que incluso a veces la agrede con violencia.
Esto mismo sucede con algunos maestros, superiores, representantes de grupos, etc.
Qué buenos son los últimos consejos de Jesús en el Evangelio de hoy:
Sé como el árbol sano que da fruto sano y no como el árbol dañado cuyos frutos son enfermos.
Y finalmente recuerda que todos tenemos un corazón y de lo que llevamos en él vamos sacando día a día en nuestras conversaciones.
Recuerda las palabras de Jesús: “Lo que rebosa del corazón lo habla la boca”.
Creo que tenemos aquí una serie de pensamientos profundos que nos ayudarán mucho hoy si les damos un tiempo para meditarlos y compararlos con nuestra conducta.

José Ignacio Alemany Grau