14 de mayo de 2015

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, CICLO B

LA ASCENSIÓN

¿Querido amigo, sabías que tú tienes un nombre en la Biblia?
¿Sabías también que te habían escrito dos libros?
Pues es cierto y fue San Lucas el que te escribió.
*   Quizá no te has fijado, pero hoy, cuando leas los Hechos de los apóstoles, fíjate bien porque dice:
“En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo”.
No es ninguna broma porque el nombre Teófilo significa “amigo de Dios” y nos dicen que el destinatario pudo ser un hombre importante que se llamaba así, o que Lucas escribía con este nombre a todos sus futuros lectores.
Por si no lo has hecho, te aconsejo que leas con cariño y gratitud ambos libros, el tercer Evangelio y los Hechos de los apóstoles.
En el párrafo de hoy se describe la despedida de Jesús y la subida al cielo.
Una vez que comían juntos, les da Jesús unos consejos, pidiéndoles que esperen en Jerusalén la venida del Espíritu Santo.
No hay duda de que todo lo humano tiene sus amarguras y precisamente, cuando Jesús está para subir al cielo le hacen la pregunta otras veces repetida:
“¿Señor, es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?”
Jesús, disimulando el posible sufrimiento por la incomprensión que encierra la pregunta, aprovecha para aclararles de otra cosa. Solamente el Padre conoce los tiempos y fechas:
-          Se pregunta al médico cuánto tiempo va a vivir el enfermo.
-          Se habla del terremoto y con inquietud se pregunta cuándo llegará.
-          Muchos especulan sobre el fin del mundo.
Jesús ya nos dio la respuesta a todas esas preguntas: solo el Padre lo sabe.
Después Jesús empieza a elevarse y una nube lo oculta.
Los apóstoles miran envidiosos la nube que les oculta a Jesús, esperando que, pasada la nube puedan verlo de nuevo.
Pero unos hombres vestidos de blanco les advierten que lo verán volver al final de los tiempos, de una manera similar.
Ahí quedó el pedido de Jesús, advirtiéndoles que recibirán el Espíritu Santo “para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”.
Estos confines del mundo, según Isaías (49,6) se refieren a los gentiles. Pronto harán los apóstoles esta predicación.
Jesús sube al cielo y María queda con los apóstoles.
*    El salmo responsorial (46) parece que estuviera escrito desde hace siglos para la fiesta de la Ascensión:
“Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas.  Pueblos todos batid palmas. Aclamad con gritos de júbilo… tocad para Dios, tocad; tocad para nuestro Rey porque el Señor es el Rey del mundo”.
*    Pablo en su carta advierte que escribe en uno de los momentos que dan más autoridad a una persona. Está en la cárcel por Cristo.
Nos exhorta para que andemos “como pide la vocación a la que hemos sido convocados”.
Y nos ofrece una serie de consejos:
“Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz”.
El motivo por el cual Pablo insiste en la unidad es fundamentalmente este:
“Un solo Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”.
Por eso la Iglesia insiste en que busquemos la unidad entre todos.
No debemos olvidar que todas las diferencias (carismas, diversidad de dones, etc)  proceden de Cristo y del Espíritu Santo que Él nos regaló.
*    El Evangelio que corresponde a este día es el de San Marcos que nos relata los últimos momentos de Jesús en este mundo.
Les dice que “vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación”.
Marcos no se refiere solo a los hombres, como lo hace Mateo, sino que se refiere a toda la creación. Por eso, en la historia de los santos, hemos visto cómo algunos de ellos hablaban a los pájaros, los peces, los árboles del bosque…
Algo que llama la atención es que, cuando Marcos nos dice que los apóstoles se fueron a predicar por todo el mundo, “el Señor cooperaba con ellos, confirmando la Palabra con las señales que los acompañaban”. Y estas señales eran las prometidas por Jesús:
“Echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos” y los enfermos quedarán sanos.
La historia de la Iglesia también nos presenta a muchos santos que han hecho todos estos signos y aún mayores.
En fin de cuentas, Jesús lo había prometido también en la última cena:
“Harán las obras que yo he hecho y aún mayores”.
Terminemos con las bellas palabras de Pablo que leímos el día de Pascua:
“Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la derecha del Padre”.


José Ignacio Alemany Grau, obispo

7 de mayo de 2015

VI domingo de Pascua, Ciclo B

EL AMOR DE DIOS VA POR DELANTE

Hasta que se descubren los criterios de Dios, andamos con los nuestros que nos parecen siempre los mejores.
*   Pedro, como buen judío, piensa que la salvación que ha traído Jesús sigue el mismo camino de la revelación en el Antiguo Testamento: todo y solo para Israel.
Pero, un buen día, Dios le presenta en una visión un mantel bien provisto de toda clase de animales para que los coma.
Pedro se niega: “de ningún modo, Señor; nunca comí cosa profana e impura”.
Tres veces Dios le hace ver la misma visión. A Pedro se le caen sus principios cuando oye:
“Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”.
En ese momento llegan unos enviados de Cornelio, que es un centurión romano y no pertenece, por tanto, a la religión judía.
Le piden que vaya a su casa. Pedro no entiende, pero el Espíritu Santo le dice:
“Ponte en camino con ellos sin dudar, pues yo los he enviado”.
Pedro va. Y queda con la boca abierta cuando ve que el Espíritu Santo cayó sobre todos los que había en la casa de Cornelio escuchando sus palabras.
No acababa de entender pero él mismo dijo:
“¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?”
Es interesante que no es Pedro el que los bautiza sino que manda a sus acompañantes que bauticen a la familia y amistades de Cornelio en el nombre de Jesucristo.
*   El salmo responsorial canta la grandeza del Señor que se revela, no solamente al pueblo judío, sino que da la salvación a todas las naciones:
“El Señor revela a las naciones su salvación”.
Y a continuación nos invita a todos, y así lo haremos en la Santa Misa, a “cantar al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas… El Señor da a conocer su victoria… los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor tierra entera; gritad, vitoread, tocad”.
Podríamos irnos a la casa del Cornelio para cantar este himno de alabanza. Lo entenderíamos mejor en este domingo.
*   En la segunda lectura San Juan sigue hablándonos del amor:
“Amémonos unos a otros ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios”.
Tenemos que tener presente que lo importante “no es que nosotros hayamos amado a Dios sino  que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados”.
Esto es muy importante porque a veces nos creemos algo así como que Dios debe estar contento porque lo amamos. En realidad el amor de Dios siempre va por delante y el nuestro es solo una respuesta a su entrega.
*   El versículo aleluyático nos recuerda que nuestro amor a Dios lo manifestamos cuando “guardamos la Palabra de Dios”. Guardando la Palabra estamos guardando al Verbo de Dios y así ¡el Padre ama al Verbo dentro de nosotros!
Esta presencia de la Palabra y del Padre nos hace verdadero templo de Dios:
“Mi Padre lo amará y vendremos a Él”.
*   El Evangelio es continuación del capítulo quince de San Juan y sigue insistiendo en el verbo permanecer que resaltamos el domingo pasado, repitiendo tres veces el mismo verbo:
Permanecer en mi amor... si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamiento de mi Padre y permanezco en su amor”.
Ahora te invito a que medites con profundidad algunos pensamientos.
- “Como el Padre me amó yo os he amado”. Aunque no pertenece la frase a este párrafo, es la clave para entenderlo mejor: Jesús nos ama con la misma ternura que el Padre lo ama a Él.
- Para permanecer en Cristo y con Él, tenemos que guardar los mandamientos de Jesús como Él los del Padre: piensa que Jesús te quiere semejante a Él también en esto.
- El mandamiento nuevo, el mandamiento de Jesús es el amor, pero como el de Él. Una vez más nos damos cuenta cómo quiere que nos parezcamos a Él, para que el Padre Dios nos ame como ama a Jesús: “que os améis unos a otros como yo os he amado”.
- Por otra parte, en el Evangelio vemos cómo Jesús nos da las dos grandes pruebas de su amistad: Dar la vida física: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” y en segundo lugar “os llamo amigos porque todo lo que he oído de mi Padre os lo he dado a conocer”. No olvidemos que “la vida eterna consiste en conocer al Padre y a su enviado Jesucristo”.
Sigue meditando por tu cuenta, este hermosísimo capítulo quince de San Juan.
Terminamos con las últimas palabras de hoy: “esto os mando: que os améis unos a otros”.
Un saludo especial para las mamás que son las que mejor nos recuerdan la ternura de Dios para con nosotros.

José Ignacio Alemany Grau, obispo