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20 de junio de 2020

NO TENGAN MIEDO

En las lecturas de este día se nos pide fidelidad a Dios, porque Él está por encima de todos los hombres y de todas las cosas y es el único que puede pedir fidelidad porque Él realmente es fiel.
Un ejemplo de esta fidelidad la encontraremos en Jeremías, el santo profeta que sufrió mucho por mantenerse fiel en medio de las terribles pruebas que padeció.
  • Jeremías
Es el gran profeta a quien Dios eligió de una manera muy especial:
“Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno te consagré: te constituí profeta de las naciones”.
En el capítulo 20, Jeremías tiene una duda sobre Dios como si, al haberlo elegido, no le hubiera dicho los sufrimientos que tendría que soportar a lo largo de su vida profética:
“Me sedujiste Señor y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido”.
Después de esto, en la lectura de hoy, el profeta concreta algunos de los momentos difíciles que le hicieron pasar sus enemigos; pero Dios lo libró con su fortaleza.
Jeremías termina glorificando al Señor:
“Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de la gente perversa”.
Por encima de todo, Jeremías es el profeta que proclama los mensajes difíciles de Dios con toda valentía ante las mismas autoridades, jugándose la libertad y hasta la vida muchas veces.
  • Salmo 68
Es precioso, pidiendo a Dios que nos escuche por su bondad y misericordia:
“Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión vuélvete hacia mí”.
  • San Pablo
Pablo enseña que por un hombre, Adán, pecamos todos, y por eso la muerte pasó de él a todos los hombres.
Pero la maravilla de la misericordia de Dios fue mucho más grande en la recuperación porque en Jesús, que además es Dios, toda la humanidad ha encontrado la salvación:
“No hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más por la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre Jesucristo, sobró para la multitud”.
Nuestra gratitud nos debe llevar a la fidelidad de por vida.
  • Verso aleluyático
Nosotros somos testigos, junto con el Espíritu Santo, de la salvación que nos ha traído Jesucristo:
“El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio”.
  • Evangelio
San Mateo recoge unos consejos muy importantes de Jesucristo.
Sabemos que cuando se descubre que una persona de prestigio y poder ha cometido un grave delito de corrupción, tiemblan él y toda la familia. Incluso, los que lo han “ayudado”, temen lo peor para ellos mismos y los suyos.
¿Cómo será cuando Jesús descubra nuestra conducta “porque nada hay escondido que no llegue a saberse”?
Frente a todas estas cosas Jesús nos pide:
“No tengáis miedo a los hombres”.
Porque debemos entender que los hombres pueden matar el cuerpo pero no pueden matar el alma. Por eso Jesús aclara:
“Temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”.
También nos invita Jesús a confiar en la providencia porque si Dios cuida de los pajaritos, mucho más nos protege a nosotros, ya que “no hay comparación entre vosotros y los gorriones”.
Y termina el párrafo diciendo:
“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombre yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.
Aprendamos hoy de Jeremías el grande y valiente profeta, y también de tantos mártires que no temieron dar la vida para mantener su fidelidad a Jesús.

+ José Ignacio Alemany Grau, obispo

25 de junio de 2017

GRACIAS JESÚS: ¡TE ENTREGASTE POR MÍ!

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO , CICLO A

Los profetas suelen desahogarse ante el Señor y piden ayuda en los momentos más duros.
El gran profeta Jeremías lo hace de una manera especial. Lo meditamos hoy:
*       Jeremías
La Biblia nos presenta estos momentos fuertes de la vida del profeta como “confesiones de Jeremías”. En ellas se queja ante Dios y se desahoga, pero se mantiene fiel por encima de todo.
La “confesión” de hoy es muy llamativa. Tiene una primera parte que no leemos este día, pero es la más bella y conocida:
“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”.
Después pasa a los sufrimientos que tiene que soportar por parte de la gente, pero sobresale su confianza en el Señor que expresa así:
“Pues te he encomendado mi causa”.
Luego Jeremías nos invita, a pesar de sus sufrimientos:
“Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de la mano de gente perversa”.
En los versículos siguientes sigue desahogándose Jeremías.
Esta actitud de desahogo, e incluso con sus mismas palabras, las podemos repetir posiblemente todos nosotros. Podemos decir que esta oración pudo hacerla Jeremías. Pero también el pueblo; Jesús en su vida y pasión. Y también nosotros en algunos momentos.
De una manera especial hagamos esta oración en nombre de los hermanos tan perseguidos en nuestro tiempo y a pesar de todo fieles a la fe.
Será bueno leer hoy el Catecismo Católico (2584) para entender a los profetas y sus oraciones:
“En el cara a cara con Dios, los profetas extraen luz y fuerza para su misión. Su oración no es una huida del mundo infiel, sino una escucha de la Palabra de Dios, es a veces un debatirse o una queja, y siempre, una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador, Señor de la historia”.
Hoy nos hemos entretenido un poco con el profeta Jeremías y sus desahogos.
Nos quedan las otras lecturas que nos  ofrecen buenas enseñanzas

  • San Pablo
Nos recuerda cómo por un solo hombre, Adán, entró el pecado en el mundo, pero hubo un personaje mucho más maravilloso que vino a redimirnos para conseguirnos el perdón de Dios.
Su muerte fue nuestro rescate.
Como Jesús es Dios, Pablo nos advierte:
“Si por el delito de uno murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos”.
(Te invito a completar esta importante lección leyendo Rm 5,12-21).

  • Salmo responsorial
El salmo (68) recoge las angustias que sufrieron los profetas. Especialmente podemos aplicar este salmo a Jesús durante la pasión:
“Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí”.

  • Evangelio
San Mateo, en su famoso capítulo diez, el capítulo misionero, habla de las persecuciones que soportarán los suyos.
Los perseguirán como persiguieron a los profetas y al mismo Jesús.
Pero Jesús, en un párrafo hermoso, nos pide que a pesar de todo “no les tengáis miedo”... porque a la hora de la verdad “los que matan el cuerpo no pueden matar el alma”.
El Padre Dios es el dueño de todo. Por eso Jesús nos pide que confiemos en Él, cuya providencia cuida de los gorriones, ninguno de los cuales cae al suelo “sin que lo disponga vuestro Padre”.
Y este Padre Dios cuida a sus hijos con mucho más cariño que a los pajaritos, hasta el punto que “tenéis los cabellos de la cabeza contados” por Él.
Al final Jesús vuelve a insistir:
“No tengáis miedo”.
Buena lección para tenerla en cuenta en tantos ambientes difíciles de hoy.
Después de esto y de cuanto nos ha dicho Pablo ¿quién no confiará plenamente en Jesús que ha hecho tanto por nosotros?
De todas formas ahí quedan las últimas palabras del Evangelio de hoy:
“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.
Gracias, Jesús, porque te entregaste por mí.

José Ignacio Alemany Grau, obispo