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11 de noviembre de 2023

SIEMPRE CON EL SEÑOR

Según la liturgia en este día se pueden suprimir estas palabras (del título) tan consoladoras de la carta de San Pablo a los Tesalonicenses.

Nosotros meditémoslas y hagámoslas llegar, sobre todo, a las familias de algunos difuntos.

  • Libro de la Sabiduría

Este libro de la Sabiduría, dicen que cronológicamente es el último libro del Antiguo Testamento.

Nosotros podemos, con la Tradición, referir la Sabiduría a Dios y en concreto al Verbo, Palabra, Sabiduría del Padre:

«Meditar en ella (la Sabiduría) es prudencia consumada; el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones. Ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen…».

  • Salmo 62

Nos invita a tener presente a Dios, día y noche, en nuestra vida. Experimentar el hambre de Dios es algo muy importante que el mismo Dios ha puesto en nuestro corazón de criaturas:

«Mi alma está sedienta de ti.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo. Mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene hambre de ti como tierra reseca, agostada, sin agua».

Pidamos a Dios tener conciencia de esta necesidad de Él.

  • San Pablo

Quiere que los Tesalonicenses no ignoren la suerte de los buenos después de la muerte. Todo esto es debido al sacrificio de Cristo Jesús:

«Si crees que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con Él».

Confiando en los méritos del sacrificio de Cristo, Pablo exclama:

«Seremos arrebatados al encuentro del Señor».

Por eso, nos anima a la confianza diciendo:

«Estaremos siempre con el Señor».

Ese sí es motivo de consuelo que debemos de llevar, sobre todo, a los familiares que han perdido un ser querido. Y repitamos:

«Consuélense mutuamente con estas palabras».

  • Verso aleluyático

Recoge el pensamiento principal de este domingo:

«Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

  • Evangelio

Nos trae un detalle más sobre lo que es el reino de los cielos, según enseña Jesucristo:

«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo».

Se trata de las jóvenes que embellecen la fiesta de un matrimonio. Jesús las divide en dos grupos: unas que llevan sus lámparas junto con alcuzas de aceite de repuesto. Las otras no.

Como nos ha repetido muchas veces Jesús, la llegada del esposo siempre es inesperada:

«A medianoche se oyó una voz: que llega el esposo, salid a recibirlo».

Entonces, despertaron todas y las necias pidieron: «Dadnos un poco de vuestro aceite que se nos apagan las lámparas».

Las sensatas les pidieron que fueran a comprar para que luego no les faltara el aceite a todas.

Cuando llega el esposo, entran cinco, y más tarde las otras cinco golpeaban la puerta pidiendo: «Señor, ábrenos».

El señor les dijo esta respuesta muy dura:

«Os aseguro: no os conozco».

La conclusión la saca el mismo Evangelio de hoy y debemos tenerla en cuenta:
«Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

7 de noviembre de 2020

ESTÉN PREPARADOS


En los tres ciclos la Iglesia nos invita a meditar, hacia el final del año litúrgico, en los misterios del más allá, para que purifiquemos nuestra conducta y vivamos siempre de cara a Dios, buscando una eternidad feliz. Esto mismo sucede con las lecturas del día de hoy.

  • La Sabiduría

La primera pregunta es:

¿Quién es esta sabiduría a la que da tanta importancia la Escritura?

Por una parte sabemos que los santos padres la han aplicado al Logos, es decir a Jesucristo, Sabiduría de Dios.

La liturgia por su parte también ve en alguno de estos párrafos la figura de la Virgen María.

¿Y qué enseña el párrafo de hoy?

Da a entender que la Sabiduría sale al encuentro del sabio. Y el sabio, a su vez, movido por el deseo de encontrarla, sale ansioso a buscarla.

De esta manera, se hace posible y hasta fácil un encuentro entre el hombre sabio y la sabiduría.

  • Salmo responsorial

El salmo 62 nos habla también del hambre de Dios que tiene el salmista.

Es como un desahogo del corazón que tiene necesidad del Creador:

“Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo. Mi alma está sedienta de ti”.

Comparándolo con la tierra reseca, que se agrieta en el calor del verano, dice también:

“Mi carne tiene ansia de ti como tierra reseca, agostada, sin agua”.

Día y noche tenemos la invitación de acordarnos y meditar en nuestro Dios:

“En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti”.

  • San Pablo

En su carta a los tesalonicenses, nos ofrece un motivo muy importante para vivir la esperanza en el Señor:

“Si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con Él”.

Esa es la profunda esperanza, fruto de la fe, que nos ofrece llevarnos hasta el corazón de Dios.

Y así nos pide el apóstol que nos consolemos con estas maravillosas palabras:

“Estaremos siempre con el Señor”.

  • Verso aleluyático

Se trata del gran aviso para este domingo, ya hacia el final del año litúrgico.

En él encontramos la clave para la reflexión de hoy:

“Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del hombre”.

Una de las cosas que el mundo no quiere que pensemos es en las postrimerías, porque puede perderse a los “clientes” que las tomen en serio.

La Iglesia, por el contrario, como conoce bien que estas son una especie de motor que nos ayudará a actuar bien, sí quiere que las pensemos con seriedad y confianza al mismo tiempo. No dejemos de recordarlas:

+ La muerte, cuyo pensamiento nos ayudará a restar importancia a las cosas perecederas que nos ofrecen “el mundo, el demonio y la carne”.

+ El juicio, para que nos preparemos y quedemos bien ante el único Juez verdadero y justo que nos pedirá cuentas de cómo ha sido nuestra vida.

+ El infierno, como un peligro, muy doloroso por cierto, del que hay que huir.

+ La gloria que es el encuentro con Jesús, nuestro amor y nuestro amigo, que nos invita a vivir eternamente con Él, con el Padre y el Espíritu Santo.

Con esto te darás cuenta de que el mundo tiene sus motivos para llenarte de ruidos, vicios y distracciones con toda clase de imágenes y diversiones, para no perderte.

  • Evangelio

Nos presenta la conocida parábola de las diez vírgenes que acompañaban a los novios para celebrar las bodas.

De entre ellas cinco eran prudentes y llevaron repuesto de aceite para las lámparas con las que debían iluminar la fiesta. Las otras cinco no lo llevaron.

Cuando a medianoche oyeron que gritaban: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!”,

las primeras entraron, en cambio las otras, como habían ido a buscar el repuesto de aceite, no pudieron ingresar a la celebración.

Cuando llegaron, desesperadas, gritando: “¡Señor, señor, ábrenos!”, el novio, que se había visto defraudado, les dijo:

“Os lo seguro: no os conozco”.

Y Jesús vuelve a sacar la conclusión tan importante para este domingo:

“Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora”.

Buena meditación, amigos, para este domingo treinta y dos del tiempo ordinario.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo