4 de enero de 2026

Y LA LUZ LLEGÓ A LA HUMANIDAD - Solemnidad de la Epifanía del Señor

Hoy celebra la Iglesia la «Epifanía de Jesús», es decir, la «Manifestación de lo alto» que trae alegría y esperanza a quienes buscan a Dios.

Una vez más nos permite comprender por qué Dios se presenta como luz y Jesús mismo nos dirá: «Yo soy la luz del mundo». El Verbo, Dios como el Padre, se manifiesta como luz.

  • Isaías

El gran profeta tiene una visión maravillosa en la que nos invita a entrar a todos con esperanza:

«Levántate, brilla Jerusalén, que llega tu luz. La gloria del Señor amanece sobre ti».

Esta alegría la concreta Isaías viendo a la distancia las riquezas de todos los pueblos que Dios ha permitido que lleguen a la ciudad santa:

«Vienen todos de Saba trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor».

En tiempos muy difíciles para Jerusalén y para todo Israel, el profeta ha prometido las riquezas humanas y divinas que llegarán a Israel de todo el mundo.

  • Salmo 71

Es una alabanza especial al Señor de todos los pueblos de la tierra y el salmista, con ilusión, afirma:

«En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar, del gran río al confín de la tierra».

La seguridad y la grandeza de Dios se acercan a los más necesitados:

«Él librará al pueblo que clamaba, al afligido que no tenía protector. Él se apiadará del pobre y del indigente y salvará la vida de los pobres».

Esta riqueza material se unirá a la riqueza espiritual representada en los mismos magos que hoy recordamos.

  • San Pablo

El apóstol nos da a conocer algo que era un gran secreto en todos los tiempos y es que «también los gentiles son herederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo por el Evangelio».

Esto nos aclara que la salvación es para todos, pero tenemos que acogerla desde nuestra pequeñez y humildad.

  • Verso aleluyático

Es la explicación que dan los magos de su largo viaje hasta Belén:

«Hemos visto su estrella y venimos a adorar al Señor».

  • Evangelio

Tiene la gran enseñanza para todos nosotros:

Cuando los magos encuentran una estrella especial en el cielo y comienzan a caminar con fe, llevando sus tesoros al rey que indica la estrella, pensando a lo humano creen que el Mesías que indica la estrella está en el palacio de Jerusalén.

Hacia allá se encaminan y reciben buen trato de Herodes que los quiere engañar para acabar con el recién nacido.

Los sabios recuerdan la profecía que conocen muy bien, porque el tiempo ha llegado:

«Y tú Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».

De esta manera los reyes salen felices del palacio con un último «consejito» del rey Herodes:

«Id a averiguar cuidadosamente que hay del niño y cuando lo encontréis avisadme para ir yo también a adorarlo».

Así ha sido, es y será siempre la maldad de los quieren seguir ejerciendo la fuerza sobre el pueblo sencillo.

Pero es entonces cuando entra a tallar el mismo Dios:

«Los magos al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría» y entonces sí, entraron en la casita que marcaba la estrella y encontraron «al niño con su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron».

Al punto, con una fe inimaginable, abren sus tesoros como adoración y regalo: «Oro, incienso y mirra».

El Señor les hizo ver la maldad de Herodes y avisados por un ángel volvieron a su tierra por otro camino, llenos de felicidad, porque su fe les había hecho descubrir, en una casa tan sencilla y en personas tan humildes, la presencia del «Dios con nosotros».

Cuidemos siempre la sencillez con la que se presentan las maravillas de Dios, no solo entonces sino también en nuestros días, y cómo siempre descubrimos una estrella y enemigos de la luz.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista