27 de diciembre de 2025

LA SAGRADA FAMILIA EN LA LITURGIA

 

La liturgia de este día nos presenta la familia en sus diversas facetas. Comienza por las virtudes humanas de la primera lectura, luego San Pablo nos explica las virtudes sobre naturales de la familia y encontramos la perfección de la familia de Nazaret haciendo la voluntad de Dios y terminamos con la oración del salmo del día.

  • Eclesiástico

Pide que los padres sean más respetados que los hijos. El respeto a los padres es la purificación de las faltas y pecados de la vida:

«La limosna del padre no se olvida será tomada en cuenta para pagar tus pecados».

Por otro lado, el respeto a la madre acumula tesoros en la familia: Dios promete escuchar a quienes honran a su progenitora.

La recompensa al respeto del padre es una larga vida:

«Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva. Aunque chochee ten indulgencia. No lo abochornes mientras viva».

  • San Pablo

La carta a los colosenses nos habla de las virtudes sobrenaturales que pide San Pablo:

«Como elegidos de Dios, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura y comprensión».

También nos pide que en el trato mutuo nos sobrellevemos unos a otros cuando hay algún altercado. Además, que imitemos a Dios en el perdón, como Él nos ha perdonado.

La más importante de las virtudes debe ser el amor que es el ceñidor de la unidad consumada.

Por lo demás, San Pablo desea que «la paz de Cristo actúe de árbitro en nuestro corazón» y que el agradecimiento se considere como una virtud sobrenatural y que «la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza».

El apóstol no se queda corto en las recomendaciones. Se dirige a cada uno de los integrantes de la familia:

«Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas».  Y a los hijos: «Obedeced a vuestros padres en todo, que esto le gusta al Señor».

Finalmente, pide a los padres que eviten exasperar a sus hijos para que no se desanimen.

Dichosa la familia en la que se viven todas las virtudes humanas y espirituales que nos presentan estas lecturas.

  • Verso aleluyático

«Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo». Es una invitación a seguir el Evangelio que nos enseñó Jesucristo.

  • Evangelio

La gran lección que nos da la Sagrada Familia es seguir las instrucciones que de distintas maneras nos da el Señor.

Después de la visita jubilosa que significó la llegada de los Magos con sus dones y regalos en la casita de Belén donde vivía la Sagrada Familia, se le apareció, en sueños, un ángel a José y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto hasta que yo te avise porque el rey Herodes va a buscar al niño para matarlo».

Inmediatamente se levantó José y obedeciendo, huyó a Egipto y sin pretenderlo realizó la profecía que dice: «Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto».

Muerto Herodes, y avisado por el ángel, José reunió a su familia y volvió a Israel. Como se enteró de que Arquelao sucedió a su padre Herodes en Judea, llevo de temor y avisado en sueños, se retiró a una casita de Nazaret. Nuevamente se cumplió la Escritura en la que leemos: «Será llamado nazareno».

Tenemos que admirar la docilidad de la Sagrada Familia acogiendo siempre los caminos que le presentó Dios, que en el caso concreto fue a través del ángel a José.

Quiero concluir, queridos lectores, con la oración del salmo que nos ofrece hoy la liturgia:

«Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos. Comerás el fruto de tu trabajo. Serás dichoso y te irá bien. Tu mujer, como parra fecunda en medio de tu casa, tus hijos como renuevos de olivo alrededor de tu mesa. Esta es la bendición del hombre que teme al Señor: “Que el Señor te bendiga desde Sion, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida”».

¡Feliz Año nuevo 2026!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

20 de diciembre de 2025

ES VERDAD: EL SEÑOR ESTÁ CERCA Domingo IV de Adviento – ciclo A

 

Desde el 17 de diciembre, la liturgia ha tomado un nuevo camino de Adviento y nos lleva de la mano al nacimiento del Verbo eterno de Dios que entra en el tiempo para compartir con toda la humanidad su poder divino.

Este es el Niño que esperamos: «Dios-con-nosotros».

Es cierto: «El Señor está cerca».

  • Isaías

Según el gran profeta Isaías, él se acercó a Acaz, que era el rey, y le dijo:

«Pide una señal, al Señor, tu Dios, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Ante la negación a pedir, el profeta le anuncia la gran profecía de la venida del Mesías:

«Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa “Dios-con-nosotros”».

Con esta profecía comenzamos el cuarto domingo de Adviento, en el ciclo A.

  • Salmo 23

Con este versículo: «Va a entrar el Señor, él es el rey de la gloria», el salmo nos invita a meditar en la cercanía de Dios: «Del Señor es la tierra y cuanto la llena… ¿Quién puede subir al monte del Señor?».

La respuesta es una invitación a la limpieza del cuerpo y el alma, con estas palabras: «El hombre de manos inocentes y puro corazón… Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación».

A continuación, el salmista afirma que «este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia Dios de Jacob».

  • San Pablo

Escribiendo el apóstol a los romanos, dice: «A todos los de Roma, a los que Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos: os deseo la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo».

De esta manera aclara el apóstol que la salvación de Dios es para todos:

«Hacer que todos los gentiles respondan a la fe para gloria de su nombre».

  • Verso aleluyático

En un versículo de San Mateo la Iglesia se llena de alegría esperando a la Virgen que, sin perder la virginidad, da a luz al Verbo encarnado:

«Mirad, la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios-con-nosotros».

  • Evangelio

El evangelio de San Mateo describe cómo va a ser el nacimiento de Cristo:

«María, su Madre, estaba desposada con José y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo que era justo, decidió no denunciarla sino repudiarla en secreto. Apenas tomó esta decisión se le apareció el ángel del Señor y le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”».

Termina San Mateo explicando que de esta manera se cumplió la profecía, de Isaías, como hemos visto en la primera lectura de hoy:

«Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros».

Nunca podremos imaginar la alegría con que José, ya esposo de Santa María, aceptó la propuesta de ser padre adoptivo de la criatura que dio a luz Santa María Virgen.

Ahora podemos entender, una vez más, las palabras del domingo anterior: «Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres: ¡El Señor está cerca!».

A todos ustedes, queridos lectores, les deseo una muy Feliz Navidad y un encuentro con Jesús Eucaristía de manera especial en esta Navidad.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

14 de diciembre de 2025

FLORES EN ADVIENTO Domingo III de Adviento, «Domingo de la alegría»



En este tercer domingo de Adviento la liturgia se llena de alegría y lo manifestamos externamente encendiendo la tercera vela de la Corona, que tiene color rosa, y no morado.

Comenzado por Isaías, el gran profeta, y leyendo el Evangelio que alaba tanto a Juan Bautista, nos encontramos con este domingo del gozo que comienza con estas palabras:

«Estad siempre alegres en el Señor. Os lo repito: estad alegres».

Y el gran motivo que ofrece el mismo versículo: «El Señor está cerca».

¡Nos acercamos a la Navidad!

  • Isaías

El párrafo bíblico tomado del capítulo 35, nos invita a ver en el desierto cómo las flores se multiplican y «se alegran el páramo y la estepa. Florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría».

En realidad, admiramos al gran profeta Isaías que ha podido recalcar en sus escritos, tanto el gozo como el sufrimiento.

Por otra parte, este profeta nos anima diciendo:

«Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes. Decid a los cobardes de corazón:

“Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite. Viene en persona, resarcirá y os salvará”».

Visión maravillosa del profeta, sin duda privilegiado del Señor.

  • Salmo 145

Nos habla del gozo que trae la presencia del Señor que viene para traer la salvación que tanto necesitamos:

«El Señor liberta a los cautivos, da pan a los hambrientos y hace justicia a los oprimidos».

Todos estos hermosos pensamientos los combina la liturgia con esta antífona: «Ven, Señor, a salvarnos», con la seguridad de la Navidad que se acerca.

  • Santiago

Nos da unos consejos muy importantes antes de la Navidad:

«Tened paciencia hasta la venida del Señor».

Él va comparando la vida de cada uno de los trabajadores del campo que tienen que esperar con paciencia hasta que la semilla produzca fruto.

Y nos recuerda así «al labrador que aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía».

De esta manera, Santiago nos advierte:

«Tened paciencia también vosotros y manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca», para nosotros la Navidad.

  • Verso aleluyático

Es San Lucas el que nos invita a confiar en el Espíritu Santo, el mismo que recibimos en el bautismo y nos fuerza a evangelizar: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado a anunciar el Evangelio a los pobres».

Nuestra obligación desde el día que fuimos bautizados es Evangelizar.

  • Evangelio

El profeta San Juan Bautista está en la cárcel. Y para llenar de confianza a los discípulos suyos, que no por desconfianza de él, les pide que vayan a preguntarle al mismo Jesús, que está evangelizando:

«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

La respuesta de Jesús nos abre a todos las puertas de la auténtica Navidad:

«Id y anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen…».

Después de esta lista que Jesús completó, les dijo a los enviados:

«Dichoso el que no se escandalice de mí».

Cuando los enviados volvieron con la respuesta, Jesús alabó grandemente a este precursor, Juan Bautista, del que dijo entre otras cosas, aplicándole las palabras del profeta Jeremías:

«Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti».

Finalmente, el Evangelio concluye con esta gran alabanza para Juan Bautista, que cada uno de nosotros nos la debemos aplicar, porque como bautizados somos por esencia evangelizadores:

«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan Bautista».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


7 de diciembre de 2025

CONVIÉRTETE: LLEGA EL SEÑOR - Domingo II de Adviento

 

La liturgia rompe el silencio de este domingo con estas palabras: «Pueblo de Sion mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz y os alegraréis de todo corazón».

Preparémonos, pues, a vivir este Adviento buscando un cambio en nuestra vida que nos acerque cada día más a nuestro Dios y Creador.

En la oración del día le pedimos al Dios bueno que, mientras preparamos la Navidad para encontrarnos con el pequeño Jesús, no lo impidan los afanes de este mundo, sino que su sabiduría divina nos dé la gracia de participar en la venida del «Dios con nosotros».

  • Isaías

El profeta quiere llevarnos a la ilusión con la certeza de que habrá un renuevo en el tronco de Jesé y de su raíz brotará un vástago:

«Sobre él se posará el Espíritu del Señor, espíritu de prudencia y de sabiduría, espíritu de consejo y de valentía, espíritu de ciencia y de temor del Señor».

Cuando llegue ese momento, la humanidad entera cambiará y se convertirá en un paraíso donde todos vivirán felices, a pesar de lo que solemos pensar, en los daños terribles que tienen fama de hacerse unos a otros:

«Habitará el lobo con el cordero… la vaca pastará con el oso y sus crías se tumbarán juntas… Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles y será gloriosa su morada».

  • Salmo 71

Confiando en la abundancia de paz, bienestar y justicia, el salmista dice así: «Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente… En aquel día Dios librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector. Que su nombre sea eterno y su fama dure como el sol. Que Él sea la bendición de todos los pueblos y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra».

  • San Pablo

En la carta a los romanos el apóstol nos da a entender que todas las Escrituras han sido escritas para enseñanza nuestra, de manera que «nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras nos mantenga siempre en la esperanza».

A continuación, San Pablo pide al Señor que Él «que es fuente de toda paciencia y consuelo, nos conceda estar de acuerdo entre nosotros, según las enseñanzas de Jesucristo para que a una voz alabemos a Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo».

Es muy importante acogernos mutuamente como Cristo nos acogió a todos nosotros para gloria de Dios, imitando la actitud de Jesús, «servidor de los judíos», para probar la fidelidad de Dios cumpliendo sus promesas, echas al pueblo judío y «acogiendo a los gentiles para que alaben también a Dios por su misericordia».

  • Verso aleluyático

Es una invitación del evangelista San Lucas que nos pide preparar el camino del Señor «para que todos vean la salvación de Dios».

  • Evangelio

El capítulo tres de San Mateo nos presenta a Juan Bautista anunciando en el desierto de Judá: «Convertíos porque está cerca el reino de los cielos».

Se trata de una referencia lógica al profeta Isaías que decía: «Una voz grita en el desierto: “preparad el camino del Señor, allanad sus sendas”».

San Mateo presenta a Juan como el hombre recio, «vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y alimentándose de saltamontes y miel silvestre».

Vemos, a continuación, cómo todo el pueblo de Dios, atraído por Juan Bautista, iba al Jordán a recibir el bautismo, confesaban sus pecador y Juan los bautizaba.

Como entre la gente que acudía había muchos fariseos y saduceos que querían bautizarse, Juan les dijo: «Camada de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión y no os hagáis ilusiones pensando: “Abraham es nuestro padre”».

Algo muy importante les aclara el Bautista: «Porque os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras».

Finalmente, el asceta Juan termina poniendo la confianza en Cristo que viene: «Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego…».

Aprovechamos este Adviento para convertirnos y abrirnos a Jesús que viene a salvarnos.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

29 de noviembre de 2025

ESTÉN SIEMPRE PREPARADOS - Domingo I de Adviento



Cuando oímos la palabra «Adviento» nos preparamos porque algo importante, o una persona muy especial, viene a nosotros. 

El Adviento, al que ahora nos referimos, es nada menos que la llegada de Dios para compartir la vida, la muerte y su triunfo final con todos nosotros.

Cada año renovamos la seguridad de que Dios ha entrado y está con nosotros y permanecerá hasta el final de los tiempos.

  • Isaías

El gran profeta tiene una visión maravillosa que se refiere al final de los tiempos y que la liturgia nos va a recordar durante este tiempo de Adviento:

En esa gran visión se revela que «al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor».

Y ve proféticamente cómo millones de seres humanos se acercan repitiendo: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas».

El mundo pacificado será testigo de que «las espadas se convierten en arados y las lanzas en podaderas».

Termina la cita con estas preciosas palabras: «Caminemos a la luz del Señor» y encontraremos la paz para la humanidad.

  • Salmo 121

Se trata de un salmo lleno de ilusión y de alegría, que rebosa felicidad: «¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!».

Después, descubre cómo la humanidad entera camina hacia esa casa que representa la paz que todos los pueblos desean y que se encuentra en Jerusalén.

En nombre de esa paz y de esa felicidad termina el salmo diciendo:

«Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien».

  • San Pablo

En su carta a los romanos descubre cómo tiene que ser la vida de quienes quieren encontrarse con Cristo: «Conduzcámonos… con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias».

Es una invitación a una vida maravillosa para lo cual el mismo apóstol nos pide: «Vestíos del Señor Jesucristo».

  • Verso aleluyático

Con uno de los salmos hacemos esta oración al inicio del Adviento esperando este fruto de la llegada de Dios a la humanidad:

«Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación».

  • Evangelio

El Evangelio que leemos hoy, en el ciclo A, pertenece a San Mateo y contiene estas palabras que permiten continuar el tema apocalíptico, al final del año litúrgico.

Jesús, refiriéndose a la llegada del Hijo del hombre (Jesucristo), dijo:

«Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio».

Algo así como ahora la humanidad vive totalmente de espaldas a Dios y a sus enseñanzas y es Jesucristo el que nos advierta a todos:

«Estad en vela porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor».

Con el evangelista, en este primer ciclo, terminamos pensando:

«Estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Recordemos con qué ansiedad los apóstoles preguntaban los detalles de la venida y cómo Jesús lo dejó todo en suspenso, para que estemos siempre bien preparados.

¡Feliz primer domingo de Adviento!

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


22 de noviembre de 2025

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

A veces la palabra “rey” no cae tan bien en este tiempo de la historia, pero hay algo que destacar: lo de menos es el título, lo importante es la realidad.

Por ser Dios y por ser el hombre más importante de la historia, la Iglesia dedica a Jesucristo este último domingo del año litúrgico, con el título de “Rey del Universo”. Profundicemos:

  • II Libro de Samuel

En el capitulo 5, nos dice: que «todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón».

Dos cosas importantes afirmaron:

- «Hueso tuyo y carne tuya somos».

Era una manera de explicar el parentesco de David con todos ellos.

A continuación, le dijeron al rey David:

«Tú pastorearás al pueblo de Israel. Tú serás el jefe de Israel».

De esta manera comenzó el reinado de David.

Los ancianos de Israel fueron a Hebrón y, en presencia del Señor, ungieron como rey a David:

«David tenía treinta años cuando comenzó a reinar» y reinó cuarenta años: siete años y seis meses sobre Judá y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá.

A este gran rey se le considera una especial figura de Cristo Rey, de ahí que el Ángel, en la anunciación, le dijo a María:

«El Señor le dará el trono de David, su padre. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

  • Salmo 121

Se trata de un breve salmo que nos invita a la alegría. Todo el pueblo de Dios cantaba: «Subamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron: “vamos a la casa del Señor”!».

  • San Pablo

En su carta a los colosenses viene un precioso himno que es bueno meditar. Ante todo, dar gracias a Dios Padre, fuente de toda felicidad y que «nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz».

Dios nos sacó del dominio de las tinieblas «al reino de su Hijo querido».

La sangre de Cristo nos ha traído a todos «la redención y el perdón de los pecados».

Luego el apóstol canta la grandeza de Jesús con distintas imágenes:

«Jesús es imagen de Dios invisible, Primogénito de todas las criaturas…

En Él quiso Dios que residiera toda la plenitud y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:

Los del cielo y los de la tierra haciendo la paz por la sangre de su cruz».

Esta es la grandeza de nuestro Rey y Señor.

  • Verso aleluyático

Es una glorificación de Jesucristo enviado del Padre:

«Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David».

  • Evangelio

En el Evangelio encontramos una manera singular de Jesucristo Rey.

Mientras que las autoridades y los soldados se burlan de Jesús que está agonizando en la cruz, uno de los ladrones también se burla de Él diciendo:

«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

El otro ladrón canta el triunfo de Jesucristo Rey, después de hablar en contra de lo que piensa su compañero de cruz. Vuelto a Jesús dice al Señor:

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le contestó: «Te lo aseguro: “hoy estarás conmigo en el paraíso”».

De esta manera el Rey de cielos y tierra termina su vida regalando el reino de los cielos a uno de los malhechores que moría arrepentido junto a Él.

Reconozcamos también hoy la realeza de nuestro Señor Jesucristo y por difícil que haya sido nuestra vida no dejemos de confiar en su gran misericordia.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


16 de noviembre de 2025

OCUPADOS EN NO HACER NADA - Domingo XXXIII del tiempo ordinario

 

Cuando se nos habla de alguna cosa que sucederá en el futuro, la reacción más frecuente es preguntar: ¿Cuándo será?

La otra gran pregunta: ¿Nos adelantas alguna señal?

Hoy lo pensaremos bien sobre todo en la lectura del Evangelio.

  • Malaquías

El gran profeta nos ofrece una pequeña señal del futuro que tendrá la humanidad, con estas palabras:

«Malvados y perversos serán la paja y los quemaré el día que ha de venir, pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas».

Es una alusión que hace Malaquías para que podamos mirar el porvenir con esperanza.

  • Salmo 97

El salmista habla de Dios como un gobernante justo que rige a los pueblos con rectitud.

En medio de la alegría de este Dios justo, exclama: «Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan. Aplaudan los ríos, aclamen los montes al Señor que llega para regir la tierra».

El salmista está seguro de que «el Señor regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud».

  • San Pablo

En su carta a los tesalonicenses San Pablo pone el ejemplo de su propia vida para que aprendamos también nosotros a vivir.

Él ha trabajado, «día y noche a fin de no ser carga para nadie».

Reconoce el apóstol que, dado el trabajo que se ha impuesto, merece una recompensa, pero la ha rechazado: «Nadie nos dio de balde el pan que comemos, sino que quisimos daros un ejemplo que imitar».

Según él, toda su vida ha procurado invitar a todos a ganarse el pan del día, hasta llegar a decir:

«El que no trabaja, que no coma».

A continuación, da a entender que hay algunos que no trabajan y están «muy ocupados en no hacer nada».

La conclusión del santo es esta:

«A esos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan».

De esta manera, en el tiempo, con el esfuerzo personal, nos ganamos la eternidad feliz.

  • Verso aleluyático

Refiriéndose Jesucristo a su segunda venida, nos invita a mantener la alegría diciendo:

«Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación».

  •  Evangelio

Es una meditación muy importante, no por la pregunta de los apóstoles, sino por las afirmaciones y consejos de Jesucristo.

Comienza el Señor diciendo: «Eso que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».

La pregunta de los apóstoles es un tanto infantil: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?».

Y la segunda pregunta, también superficial, es: «¿Cuál será la señal de que todo eso va a suceder?».

La respuesta de Jesús es evasiva, pero quiere que entendamos que cuando suceda no será porque la gente anda diciendo que llega el fin del mundo, sino porque llega el tiempo del juicio de Dios.

De todas maneras, habrá unas señales muy difíciles de entender y no sirven como respuesta a la pregunta de los apóstoles. Creo que lo mejor es atenernos a las últimas palabras de este Evangelio:

«Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Una vez más, insiste Jesús en algo que nos cuesta bastante: perseverar fielmente hasta el final.


José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

9 de noviembre de 2025

Y DESPUÉS, ¿QUÉ? - Domingo XXXII del tiempo ordinario

 

Conocemos la curiosidad humana que quiere saber qué sucederá después, mucho antes de que suceda.

En este domingo tenemos una respuesta impresionante ya en el Antiguo Testamento. Meditemos con profundidad.

  • Libro de los Macabeos

Sabemos que la Ley (Torá) prohibía comer carne de cerdo.

Una madre y sus siete hijos fueron condenados a muerte. Las palabras de los cuatro primeros muchachos, antes de ser ejecutados, son impresionantes y aunque ahora con toda facilidad comemos carne de cerdo, entonces tuvieron que sufrir el martirio.

Después de azotarlos, hablaron de esta manera antes de ser martirizados:

El primero: «¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres…».

El segundo: «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente, pero cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del Universo nos resucitará para una vida eterna».

El tercero nos dejó este gran testimonio: «De Dios las recibí (la lengua y manos) y por sus leyes las desprecio. Espero recobrarlas del mismo Dios».

El cuarto, dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará».

Cuatro pensamientos que nos tienen que ayudar a confirmar el futuro de nuestra vida, después de la muerte temporal.

  • Salmo 16

«Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor».

Es la seguridad de que, después de la muerte, viene la resurrección. De ahí, entre otras, estas palabras:

«Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme».

  • San Pablo

Meditamos las últimas palabras de este párrafo de su carta a los tesalonicenses:

«Por el Señor estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado.

Que el Señor dirija vuestro corazón para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo».

  • Verso aleluyático

Toda la redención nos la ha merecido Jesucristo:

«Él es el primogénito de entre los muertos. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos».

Que toda nuestra vida en este tiempo que pasa sea apoyarnos en la salvación que nos ha merecido nuestro Redentor.

  • Evangelio

Se trata de una pequeña “trampa” que los saduceos, que no creían en la resurrección, le ponen públicamente a Jesús:

Una mujer se ha casado y su marido muere sin dejar descendencia. La ley de Moisés obliga a casarse al otro hermano con ella para darle descendencia a la mujer.

En este caso, fueron siete los hermanos que se casaron con ella y todos murieron sin dejar descendencia.

Ahora le presentan a Jesús esta pregunta capciosa: «¿De cuál de ellos será la mujer cuando llegue la resurrección?».

Aunque más parece un cuentito de mal gusto, Jesús se lo toma en serio y responde:

«En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán… Son como ángeles; son hijos de Dios porque participan en la resurrección».

A continuación, el Evangelio presenta a Jesús recordando las palabras de Moisés en el episodio de la zarza ardiendo donde llama al Señor:

«Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob».

El Evangelio concluye con esta expresión de Jesús: «No es Dios de muertos sino de vivos, porque para Él todos están vivos».

De esta manera confirma Jesucristo que después de la muerte temporal hay vida eterna. Por eso, será bueno vivir preparados para poder gozar de una felicidad eterna con Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

2 de noviembre de 2025

LA CURIOSIDAD SALVÓ A ZAQUEO - Domingo XXXI del tiempo ordinario

 

Las lecturas del ciclo C de este domingo XXXI del tiempo ordinario hay que leerlas muy despacio porque tienen respuestas importantísimas para el momento en que estamos viviendo.

  • Libro de la Sabiduría

Nos explica que el mundo entero es para Dios como un granito de arena en la balanza. Todo lo que existe ha recibido de Dios la “vida”.

Dios lo ha creado todo y ama todo hasta el punto de que este libro de la Biblia llama a Dios «Amigo de la vida».

En el mundo hay pecadores, pero a todos los quiere el Señor y por eso les ha dado la vida y, de una manera muy pedagógica «corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes para que se conviertan y crean en ti, Señor».

No olvidemos que todo pecador en el plan de Dios es querido por su capacidad de salvación.

  • Salmo 144

Este salmo nos invita a glorificar al Señor como nuestro Dios y Rey verdadero. Es bueno que repitamos con el salmista:

«Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendeciré tu nombre por siempre jamás».

El salmista se apoya en estas características del Señor:

«Es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas».

  • San Pablo

Dos cosas destaca el apóstol en este parrafito de su carta a los tesalonicenses. La primera es una oración por sus lectores pidiendo que «Dios os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe».

La segunda, es un consejo importantísimo que quiere ayudarnos en este momento que para algunos es como el fin del mundo. Ya en aquel tiempo empezó a correrse la realidad de «distintas revelaciones, dichos o cartas nuestras (de Pablo) como si afirmásemos que el día del Señor está cerca».

Meditemos estas palabras de San Pablo cuando nos digan también que con tantas torrenciales lluvias, huracanes y terremotos se acerca el fin del mundo.

  • Verso aleluyático

Para algunos padres de familia de hoy puede sonar muy raro, pero tratándose del mejor padre de familia, el Padre Dios, entregar a su Hijo inocente para salvar a unos pecadores es inimaginable, pero ha sido una realidad:

«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único».

  • Evangelio

Es muy simpático y bajo ese atractivo tiene unas enseñanzas muy profundas:

Zaqueo, hombre rico y recaudador de impuestos, tenía tan mala fama como todos los que estaban al servicio de Roma, con lo que se enriquecían.

Zaqueo era pequeño de estatura. Se empeñó en ver a Jesús y se fue corriendo a un lugar por donde iba a pasar el Señor. Sin dejarse condicionar por la vergüenza se trepó en una higuera (sicomoro). Cuando Jesús llegó a donde estaba él, alzó los ojos y sin más, lo llamó por su nombre: «Zaqueo, baja enseguida porque hoy tengo que alojarme en tu casa».

Pronto aparecieron los comentarios y críticas de los fariseos:

«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Lo que aconteció fue totalmente distinto porque mientras ofrecía su banquete, Zaqueo dijo delante de todos:

«Mira, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más».

La conclusión la saca Jesús y no los fariseos que siempre están en contra del Maestro:

«Hoy ha sido la salvación de esta casa. También este es hijo de Abraham».

Cuántas enseñanzas podemos sacar de la liturgia de este día, lecturas que les invito a volver a leer y meditar en familia.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

26 de octubre de 2025

SÍ HAY UN JUEZ JUSTO - Domingo XXX del tiempo ordinario

Resulta que sí hay un juez justo. Lo vamos a encontrar en las tres lecturas más importantes de la liturgia del día.

  • Eclesiástico

Empieza diciéndonos que el Dios verdadero es justo y no puede ser parcial con unos ni con otros. Ni se inclina por el oprimido, simplemente por serlo, ni por el huérfano ni por la viuda. La debilidad humana es la que goza de los privilegios de Dios. Por eso «los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa».

Según el Eclesiástico los gritos del pobre no cejan hasta que Dios los atiende porque Él es el justo Juez que hace justicia, sobre todo a los débiles.

Por eso la conclusión importante la encontramos al principio: «El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial».

  • Salmo 33

El salmo abunda en la misma idea de la primera lectura por lo cual el salmista se gloría en el Señor e invita «a los humildes (que) lo escuchen y se alegren».

De esta actitud nace la oración profunda: «Cuando uno grita el Señor lo escucha y lo libra de todas sus angustias».

Es más, la realidad del Dios bueno es que «está cerca de los atribulados y salva a los abatidos».

  • 2Timoteo

San Pablo, viéndose ya cerca a la muerte se confía a Dios y reconoce humildemente: «He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe».

Aunque los hombres no siempre lo han apoyado, el apóstol confía en el Señor proclamándolo: «Justo juez que me premiará en aquel día».

Después de hablar de todo el recorrido de su vida esforzándose por evangelizar, San Pablo reconoce que «el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles».

Reconoce también que el fruto de su esfuerzo será éste: «El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo».

Termina la carta el gran santo dando «gloria a Dios por los siglos de los siglos».

  • Verso aleluyático

El versículo escogido, tomado de la segunda Carta a los corintios, reconoce que Dios estaba en Cristo reconciliando con su vida y muerte a la humanidad entera y, al mismo tiempo, según el apóstol, el Señor ha confiado el fruto de la reconciliación a los apóstoles: «Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo y a nosotros nos ha confiado la palabra de reconciliación».

  •  Evangelio

El párrafo de este domingo es muy interesante porque presenta una dolorosa realidad: Se trata de un orgulloso fariseo que reza a Dios y, en vez de pedirle o adorarle, se glorifica a sí mismo: «Te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos adúlteros».

Incluso se burla de un publicano que toca el corazón de Dios con su humilde petición de perdón.

A continuación, nos trae San Lucas la oración humilde del publicano, «que se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo. Solo se golpeaba el pecho diciendo: “Oh, Dios, ten compasión de este pecador”».

La conclusión que todos sacamos es que el fariseo se volvió a su casa con todos sus pecados, más el orgullo; y el publicano, en cambio, volvió purificado.

De esta manera Jesús retrata dos formas frecuentes de orar: la del orgulloso cuya oración no va a llegar al cielo y la del publicano que llega al cielo y entra por la puerta grande de la misericordia divina.

Examinemos nuestra oración para que siempre llegue hasta Dios y no se quede en manos de nuestro propio orgullo, como la oración del fariseo.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista