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24 de mayo de 2025

SI QUIERES ENTRAR EN EL MISTERIO DE DIOS - Domingo VI de Pascua

 

Nos llenamos de satisfacción cuando podemos compartir con un grupo de personas que hablan y actúan con alegría y profundidad.

¿Podremos entrar en la intimidad de Dios donde las tres Personas divinas viven en el amor y la alegría más profunda?

Algo podemos intuir en la liturgia de este domingo que nos está preparando para Pentecostés.

  • Hechos de los apóstoles

Mientras predican con tanta ilusión Pablo y Bernabé, como suele suceder, no faltó la cizaña:

Unos judíos quisieron obligar a los convertidos del paganismo al cristianismo a someterse a la ley de Moisés:

Pablo y Bernabé viajaron a Jerusalén para presentar el problema ante la autoridad de los apóstoles.

Los apóstoles «eligieron a Judas Barsabá y Silas, miembros eminentes entre los hermanos y los enviaron con una carta: “Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Silicia convertidos del paganismo…”».

En la misiva alaban a los nuevos cristianos y terminan diciéndoles que no se preocupen y que, solamente se «abstengan de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación».

La carta termina con estas sencillas palabras: «Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud».

No es fácil imaginar la alegría con que recibieron esta noticia los nuevos cristianos de las ciudades evangelizadas por Pablo y Bernabé.

  • Salmo 66

Es una oración de alabanza a Dios en la que se nos invita a todos a glorificarlo con nuestra oración y cantos de alegría:

«Porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra».

  • Apocalipsis

Hace una descripción maravillosa de la Jerusalén celestial que baja del cielo «ataviada por Dios, trayendo la gloria de Dios».

La descripción es preciosa: rodeada de murallas y con doce puertas con los nombres de los apóstoles del Cordero.

Lo más destacado es que el apóstol Juan dice:

«Santuario no vi ninguno porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.

La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero».

Esta es la descripción que hace el evangelista cuando ha sido transportado «en éxtasis a un monte altísimo y me enseñó la ciudad santa que bajaba desde el cielo, enviada por Dios trayendo la gloria de Dios».

  • Verso aleluyático

La liturgia nos repite cómo podemos construir, en cada uno de nosotros, el verdadero amor a Dios:

«El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él».

Esta venida en el amor del Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, es la mayor invitación que se nos hace para entrar en la vida que nos prometió Jesús en el Misterio Trinitario.

  • Evangelio

El Evangelio tiene tres ideas fundamentales.

(1) La manera de entrar en el amor de la Santísima Trinidad es guardar la Palabra, los mandamientos de Dios, como lo hizo Jesús en su vida.

(2) Jesús nos ofrece la futura presencia del Espíritu Santo: «Que enviará el Padre en mi nombre, será el que os enseñe todo…».

(3) El saludo de la paz. No con la paz del mundo sino la paz especial que brota del Corazón de Cristo, paz que es fruto de su muerte y resurrección para abrirnos las puertas de la gloria.

Por eso, en su ida de este mundo nos advierte:

«Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es mayor que yo…».

Ya hemos explicado que Jesucristo, como Dios es igual al Padre, pero al hacerse criatura para sufrir y resucitar se ha hecho como nosotros y, por tanto, como hombre es menor que el Padre.

La liturgia en este día nos está invitando a prepararnos para Pentecostés, fiesta que celebraremos el próximo domingo. Entonces recibiremos la fuerza del Espíritu Santo que viene a santificarnos para que podamos entrar en esta maravillosa intimidad del misterio Trinitario al que hemos sido llamados desde el bautismo.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

21 de mayo de 2022

EL PRIMER CONCILIO DE LA IGLESIA

A varias personas les he oído comentar después de su participación en la Asamblea Sinodal: «Ya no mandan los obispos sino el pueblo (otros dicen “los laicos”)».

Nada más falso.

La Iglesia católica es apostólica, jerárquica y lo seguirá siendo como confesamos en el Credo:

«Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica».


Esto es lo que nos enseñan hoy los Hechos de los apóstoles.

  • Hechos de los apóstoles

Es importante leer, les invito a que lo hagan, Hechos de los apóstoles capítulo 15.

Surgió un problema. ¿Cómo no? Y bien grave, por cierto:

Algunos que eran judíos se convirtieron al cristianismo y querían que todos siguieran las leyes de Moisés, empezando por la circuncisión. Y añadían que, de lo contrario, los convertidos «no podrían salvarse».

Esta discusión fue muy fuerte en Antioquía y los mismo en Jerusalén.

En el caso de Antioquía enviaron a Pablo y Bernabé, con algunos representantes más, para preguntarles a los apóstoles qué tenían que hacer.

(Me permito advertirles que la liturgia de este domingo pasa por alto muchos versículos y, sin tener esto en cuenta al leer, se puede prestar a equívocos).

Según esto, Pablo y Bernabé, con otros, fueron enviados con todo lo necesario para el camino a fin de presentarse en Jerusalén y exponer su problema.

La escena es preciosa.

Primero, habló Pedro recordando la autoridad que Dios le había concedido. Luego, habló Santiago y, finalmente, les entregaron una preciosa carta aclarando la situación y cómo resolver el problema.

Les invito a leer esa carta, pero quiero recalcar estas palabras llenas de fe y seguridad:

«Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros…».

Qué hermoso acto de fe y cuánta paz produjo en los de Antioquía y también en los de Jerusalén que tuvieron el mismo problema.

  •  Salmo 66

Es una invitación a bendecir al Señor:

«Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones… Que Dios nos bendiga y que le teman hasta los confines del orbe».

  • Apocalipsis

Presenta a la nueva Jerusalén embellecida por Dios con piedras preciosas, símbolo de las gracias del Señor y renovada según el misterio de la redención.

Las puertas, que son doce, las cuidan los ángeles del Señor.

Y mantienen los nombres bíblicos de las doce tribus de Israel.

En las bases de cada puerta está el nombre de «cada uno de los doce apóstoles del Cordero».

La ciudad no necesita luz del sol o de la luna porque la gloria de Dios (que es el Espíritu Santo) la ilumina y su lámpara es el Cordero (el Verbo encarnado).

  • Verso aleluyático

Recoge uno de los versículos más importantes de toda la Biblia, que forma parte del evangelio que leemos hoy:

«El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él».

  • Evangelio

Podemos meditar tres puntos, especialmente:

+ «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos morada en Él». En contraposición a esto, Jesús dice que quien no le ama no guarda la Palabra, pero que tenga en cuenta que esta Palabra no es de Jesús solo sino también del Padre que lo ha enviado.

+ A continuación Jesús promete el Espíritu Santo «que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que yo os he dicho».

Es importante que desde ahora también nosotros nos preparemos para la fiesta de Pentecostés que se va acercando.

+ En otro momento Jesús promete la paz y advierte que no es como la paz de este mundo (que muchas veces se hace a base de comprar armas para asustar al enemigo o haciendo negocios a costa de los demás). La paz de Jesús nos une con Dios y con los hermanos.

Que la caridad, que ha sido desde el principio de la Iglesia su distintivo, continúe uniéndonos también hoy en la misma Iglesia de Jesús.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo