9 de septiembre de 2023

CORREGIR ES UNA MANERA DE AMAR AL PRÓJIMO

En este Domingo XXIII del tiempo ordinario, la liturgia nos invita a evitar el peligro que tenemos con mucha frecuencia y es imitar a Caín que, cuando Dios le preguntó: «¿Dónde está tu hermano Abel?», le contestó: «¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?».

Normalmente preferimos no corregir para evitar problemas.


  • Ezequiel

Nos da una enseñanza práctica para que veamos la importancia que tiene corregir al descarriado para evitar el pecado; y así nos dice que Dios le pide al profeta que cuando escuches «palabra de mi boca les darás la alarma de mi parte». Y lo explica de esta manera:

«Si yo digo al malvado: “malvado eres reo de muerte” y si tú no hablas poniéndolo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá en su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre».

En cambio, dice el Señor que, si se le advierte del peligro y no quiere hacer caso, la responsabilidad será solo del malvado.

  • Salmo 94

Muchas veces en la liturgia de la Iglesia aparecen las palabras de este salmo:

«Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: no endurezcáis vuestro corazón».

El salmo es una invitación continua a escuchar la voz del Señor evitando la postura de Caín que no quiso reconocer la verdad de su pecado porque tenía el corazón aún más endurecido después del crimen. 

  • San Pablo

«A nadie le debáis nada más que amor».

Estas palabras dirigidas a los romanos son muy importantes para nuestra vida cristiana.

El apóstol lo explica haciéndonos ver el resumen de los mandamientos que se refieren al prójimo con esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Por eso, así concluye san Pablo nuestro párrafo: «Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera».

Como decía el Catecismo: «los diez mandamientos se encierran en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo».

  • Verso aleluyático

El servicio de Jesús, Dios y hombre es reconciliar a los hombres con Él. Con ese fin se encarnó, murió y resucitó.

Este don que le corresponde a Él por su divinidad lo ha confiado a los hombres: «A nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación».

  •   Evangelio

Jesús nos enseña una manera concreta de corregirnos entre nosotros:

«Si tu hermano peca repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano».

Esto es importante que lo tengamos en cuenta para ayudar al prójimo a conseguir la misericordia de Dios.

«Si no te hace caso llama a otro, o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos».

Advertimos la caridad de Jesucristo que quiere evitar que la falta del hermano se vaya «ventilando» entre los demás.

Pero todavía continúa Jesús aclarando la forma de tocar el corazón del hermano y añade:

«Si no les hace caso, díselo a la comunidad y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano».

Esto es duro, pero es una manera de poner todos los medios posibles y respetar la libertad del que ha cometido una falta grave.

A continuación, Jesús habla del perdón de los pecados que da a los apóstoles y a sus sucesores.

Finalmente, Jesús nos habla del poder de la oración comunitaria:

«Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Por eso, promete el Señor que, si somos capaces de unirnos para pedir, no faltará la respuesta de Dios a la petición comunitaria.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

2 de septiembre de 2023

EL CAMINO DE JESÚS

Cuando pensamos en el camino que Jesús ofrece a los suyos suponemos que ofrecerá victorias y felicidad para conseguir seguidores.

Pero no es así. Él va por delante, y ofrece a todos los suyos un camino muy difícil que no podemos entender. Para entender a Jesús hay que esperar, con fe, el final. Es el mensaje de este Domingo XXII del tiempo ordinario.

  • Jeremías

Se presenta fascinado por Dios:

«Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir. Me forzaste y me pudiste».

Luego nos cuenta cuál fue el camino que, de hecho, tuvo que recorrer:

«Yo era el hazmerreír todo el día. Todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: ¡violencia, destrucción!».

Esto le cuesta tanto al profeta que decide no hablar más en el nombre de Dios, pero llega a exclamar que la Palabra del Señor «era en mis entrañas fuego ardiente… intentaba contenerlo y no podía».

  • Salmo 62

El alma sedienta de Dios, en este bello salmo, lo busca con ansiedad y es bueno que nosotros lo meditemos y repitamos con frecuencia:

«Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo. Mi alma está sedienta de ti».

Y en una bellísima comparación con el campo reseco, añade: «Mi carne tiene ansia de ti como tierra reseca, agostada, sin agua».

  • San Pablo

En una breve exhortación a los romanos les pide que presenten sus cuerpos ante Dios como «hostia viva, santa, agradable a Dios».

Por otra parte, les advierte que se alejen de la mundanidad, como suele repetir el Papa Francisco:

«No os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente».

De esta manera, según San Pablo, podremos «discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto».

  • Verso aleluyático

Pedimos a Dios la gracia especial que necesitamos para poder distinguir la verdad del espejismo, en este caminar con Jesús:

«El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama».

  • Evangelio

Jesús «empieza a explicar» a sus discípulos cuál es su futuro:

Ir a Jerusalén, padecer mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas.

Todo terminará en la ejecución… pero el fin será glorioso: la resurrección.

Esta será la clave para que entendamos, también nosotros, lo que nos espera después de caminar con Jesús y su cruz.

Pedro, el impetuoso, se revela y aprovechando que Jesús le ha nombrado «Roca» de su Iglesia, aconseja al Señor:

«No lo permita Dios. Eso no puede pasarte».

Jesús no admite medias tintas y le responde:

«Quítate de mi vista, Satanás.

Piensas como los hombres, no como Dios».

Ese es el plan de Dios sobre Jesús.

El Señor, aclarando su futuro y el de todo el que desee seguirlo, enseña:

El camino del discípulo, definitivamente, es como el del Maestro: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

La respuesta de todo la encontramos en estas palabras:

«El Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles con la gloria de su Padre y entonces pagará a cada uno según su conducta».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo