13 de marzo de 2021

EL JUICIO DE LA LUZ

En este domingo como en  los anteriores del tiempo de cuaresma vamos a meditar el evangelio de San Juan que nos habla del ciego de nacimiento.


Si bien este capítulo 9 del evangelista, pertenece al ciclo A, la liturgia, por la belleza e importancia del mismo, permite meditarlo en los tres ciclos. Así hacemos nosotros.

Tomamos del ciclo B las dos primeras lecturas y el salmo y meditamos el evangelio del ciclo A.

  • 2 Crónicas

El final de este libro resume la historia del pueblo hebreo, mostrando rápidamente las desviaciones que el pueblo había tenido en el cumplimiento de los mandamientos de Dios y termina con el cumplimiento de las profecías de Jeremías que marcó el límite del tiempo del destierro. Esto sucedió a la llegada de los persas a Babilonia y siendo el primer rey, Ciro. Él proclamó la libertad de Israel con el siguiente decreto:

“Así dice Ciro, rey de Persia: el Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a ese pueblo, puede volver. ¡Que el Señor su Dios esté con él!”

De esta manera termina el destierro de Babilonia y comienza otra etapa totalmente nueva para el pueblo de Dios.

  • Salmo 136

Para el salmista Jerusalén es la cumbre del dolor en su destrucción y destierro o del gozo en la reconstrucción y vuelta a la ciudad querida y llorada. Junto a los canales de Babilonia se sentaban para llorar sus nostalgias y negándose a cantar y menos todavía los cánticos que repetían gozosos en el templo de Jerusalén.

Podemos compartir un rato este salmo uniéndonos al sentir de este pueblo profundamente religioso que vivía las ansias de Dios y la pena después de haberlo negado:

“Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión. En los sauces de sus orillas colgábamos nuestra cítaras”.

  • San Pablo

Dirigiéndose a los efesios, el apóstol habla de la misericordia de Dios que con su amor infinito, “aunque estábamos nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho revivir con Cristo” resucitado y nos enseña que nuestro lugar estará para siempre en el cielo junto a Jesús.

Tengamos en cuenta que todas estas maravillas son fruto de la fe que también es regalo de Dios.

 Los hombres no podremos nunca merecer esta gracia que nos regaló Jesús.

  • Aclamación

Se refiere, precisamente, al evangelio de hoy en el que Jesús aparece como luz y da la luz a quien no la tiene:

“Yo soy la luz del mundo. El que me sigue tendrá la luz de la vida”.

  • Evangelio

Es la curación de un joven que había nacido ciego.

Jesús hizo un poco de barro con saliva y tierra del piso, le untó los ojos, lo mandó a la piscina de Siloé para que se lavara; se lavó y vio.

Ese es el milagro. Veamos las contradicciones que tuvo que superar el muchacho hasta que pudo reconocer a Jesucristo como Señor.

+ Primero era la gente que le preguntaba y él respondía lo que le había hecho Jesús y cómo había recobrado la vista.

+ Después fueron los fariseos que le interrogaron largamente queriendo que el joven admitiera que Jesús era un pecador porque había hecho el milagro en sábado.

+ A continuación los fariseos llaman a los padres del muchacho para preguntarles. Ellos  para evitar caer en la condenación que los fariseos habían prometido a los que creyeran en Jesús, les dijeron:

Sí es nuestro hijo. Sí nació ciego. ¿Cómo ve ahora? Pregúntenle a él que ya es grandecito.

+ Por segunda vez y mostrando todo su odio hacia Jesús, le preguntan nuevamente los fariseos al joven.

El muchacho defiende valientemente a Jesucristo. Es uno de los pocos que lo defiende con valentía y al final los fariseos lo expulsaron de la sinagoga.

+ Entonces Jesús se hace el encontradizo y el que era ciego no se inmutó porque no lo había visto. Pero apenas oyó la voz que le preguntaba “¿crees en el hijo del hombre?” el joven contestó: “¿Quién es para que crea?”

La respuesta de Jesús es simple: “lo estás viendo. El que te está hablando; ése es”. El joven se postra y adora.

La conclusión la saca el mismo Jesús:

“Yo he venido a este mundo para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos”.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

6 de marzo de 2021

LA LEY DEL SEÑOR ES DESCANSO DEL ALMA

 Todos sabemos que vivimos en un ambiente de inquietud debido sobre todo a la corrupción.

Vivimos mal porque despreciamos a Dios y sus mandamientos y qué duro es el castigo que nosotros mismos nos damos.

En este domingo la Iglesia nos recuerda el Decálogo que en realidad es lo único que puede traernos la paz verdadera, la confianza en los demás y la seguridad de Dios.

  • El Éxodo

El Señor pronuncia estas palabras como una justificación de lo que va a pedir al pueblo de Israel:

“Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud”.

A continuación proclama los diez mandamientos que muchos aprendimos de pequeños y otros o no los aprendieron, o los han olvidado, o han querido olvidarlos.

Será bueno que nos sentemos en un momento de soledad y de paz para releer este capítulo 20 o si queremos la redacción más breve que aprendimos en el catecismo.

Seamos sinceros para descubrir nuestra verdad, porque unida a ella estará nuestra felicidad.

  • Salmo responsorial

Un bello salmo durante el cual repetiremos las palabras de Pedro a Jesús:

“Tú tienes palabras de vida eterna”.

El salmo nos ayuda a recordar que en el Decálogo, la ley de Dios, está el descanso del alma y, que si lo cumplimos, Dios será siempre fiel. Más aún, el salmo nos enseña que los mandatos del Señor alegran el corazón e iluminan nuestra alma y nuestro cuerpo:

“La voluntad del Señor es pura y eternamente estable. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos”.

  • San Pablo

Según el apóstol los judíos exigen signos, como hemos visto hace poco que se los pedían a Jesús. Teniendo el signo máximo de la presencia de Dios en Cristo, pedían otros signos.

Por su parte, los griegos a quienes predicaba de manera especial Pablo, pedían sabiduría. Ellos eran personas instruidas a quienes les gustaba profundizar de una manera racional e inteligente.

Pero el apóstol, respondiendo en el fondo a la misma enseñanza de Jesús, decía que la novedad y felicidad que anunciaba él es precisamente el Mesías, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

  • Aclamación

Imposible comprender el amor de un Dios que fue capaz de entregar a su unigénito para salvar a la humanidad caída:

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.

Todo el que cree en Él tiene vida eterna”.

  •  Evangelio

Para el evangelio, como permite la liturgia, tomamos el del ciclo A, por la belleza y enseñanzas que contiene.

Jesús llega a Sicar, un pueblito de Samaría. Se siente cansado y se adormece mientras los discípulos van a comprar. Llega una mujer a sacar agua del pozo de Jacob.

Jesús, que conoce la profundidad de aquella mujer, comienza el diálogo pidiéndole agua.

La mujer, muy viva, se extraña de que un hombre y además un judío, le pida a ella, mujer y samaritana.

Esto le sirve a Jesús como introducción para hablarle del agua viva y aclararle el gran misterio que no ha dicho normalmente a nadie:

“Yo soy (el Mesías), el que hablo contigo”.

En ese momento llegan los apóstoles con la comida y la mujer se escurre olvidando su agua y su cántaro.

Y la Samaritana se dirige a los hombres del pueblo diciéndoles:

“Venid a ver un hombre que me ha dicho lo que he hecho: ¿Será este el Mesías?”

Aquellos hombres salieron del pueblo para buscar a Jesús.

Se lo trajeron y muchos de ellos se convirtieron, llegando a decirle a la mujer:

“Ya no creemos por lo que tú dices. Nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo”.

Es el fruto más grande que puede conseguir un evangelizador: dar a conocer al Salvador del mundo y “la culpa de todo” esta vez la tuvo una mujer.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo