12 de mayo de 2016

PENTECOSTÉS

La liturgia prepara este gran día con una vigilia especial, que algunos grupos de fe celebran de manera similar a la Vigilia Pascual.
En ella se recuerdan las palabras de Jesús que gritaba, en el día de la Fiesta de las tiendas (Ese día el sumo sacerdote sacaba agua de la piscina de Siloé y con ella rociaba el altar):
“El que tenga sed que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura “de sus entrañas brotarán ríos de agua viva”.
Jesús con estas palabras se proclama como la fuente de agua viva a la que todos debemos acercarnos.
El agua prometida por Jesús brotó el viernes santo de su costado abierto y ahora es el Espíritu Santo quien nos la da abundantemente.
La fiesta de Pentecostés va por el interior de los corazones y los transforma en la medida en que colaboran con Él, porque nunca fuerza nuestra libertad.
Jesús, pues, completa su misterio salvador, enviándonos su Espíritu Santo tal como lo había prometido hacer Él mismo juntamente con el Padre.
¿Cuál es la obra del Espíritu Santo?
Vamos al prefacio que enseña:
“Para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos, por su participación en Cristo.
Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas”.
Como ves hay muchas cosas que meditar en este prefacio y te invito a que lo hagas personalmente.
El Espíritu Santo viene  a crear la unidad que pidió Jesús tantas veces para los suyos.
Sin el amor, que eso es el Espíritu Santo, jamás habrá unidad verdadera sino intereses mezquinos.
*        El libro de los Hechos nos cuenta que “estaban todos juntos en el mismo lugar” (qué necesario es que nosotros estemos juntos para ser eficaces).
Precisamente en los últimos días hemos visto paneles en los que se dice “juntos podemos”…
Además “estaban sentados” que es una actitud de reflexión, conversación y ¿oración?
Las ráfagas de viento y el fuego nos llevan a recordar los momentos de Moisés en el Sinaí cuando se llenó del Espíritu de Dios que transformó hasta su rostro.
Esos fueron los signos externos que empleó el Espíritu Santo para transformar a los apóstoles, apocados y cobardes, en grandes misioneros.
Así veremos cómo Pedro, que por miedo negó a Jesús, en este día se levantará a predicar que Jesús crucificado ha sido glorificado hoy y ha derramado el Espíritu Santo sobre la Iglesia. Más aún, llama a todos para que participen de la redención de Cristo.
Para que tuviera eficacia su venida, el Espíritu Santo hizo el milagro del don de lenguas, por el cual todos los judíos de la diáspora, es decir repartidos por todo el mundo, pudieran entender perfectamente a los apóstoles a pesar de la diversidad de lenguas.
Son diecisiete las lenguas que recoge el texto. Ese número indica universalidad y perfección. De esta manera Dios llama a todos los pueblos a la Iglesia de Jesús.
*        En el salmo responsorial repetiremos “envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”.
Y glorificaremos a Dios con el salmo 103:
“Bendice alma mía al Señor: ¡Dios mío qué grande eres! Cuántas son tus obras Señor, la tierra está llena de tus criaturas… gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras…”
*        San Pablo recordará a los romanos que “vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo”.
Una hermosa lección del capítulo 8 en la que resaltamos estas palabras.
“Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios”. No lo olvides: ¡el Espíritu Santo nos hace hijos de Dios!
*        Secuencia de Pentecostés
Se trata de un bellísimo himno para este día. Ojalá lo profundices:
“Espíritu Divino… Padre amoroso… Don… Luz… Fuente… Dulce huésped… Gozo… Divina Luz…”
Todos estos títulos y muchos más, te ayudarán a entender lo que la Iglesia pide en su oración al Espíritu Santo. 
*        El Evangelio recoge la promesa de Jesús en el cenáculo que se cumple en este día de Pentecostés:
“El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”.
*        Con la Iglesia repitamos nuestra llamada especial al Espíritu Santo en este día con estos tres gritos llenos de esperanza:
“¡Envía tu Espíritu Santo!”
“¡Ven Espíritu Divino!”
“¡Ven Espíritu Santo y llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!”

José Ignacio Alemany Grau, obispo

6 de mayo de 2016

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Es un poco extraño que al narrar San Lucas la subida de Jesús al cielo, diga que los discípulos en vez de quedar llenos de pena, vacío y nostalgia… “se volvieron a Jerusalén con gran alegría”.
De hecho, los encuentros con Dios son así.
Recuerda al eunuco que al irse Felipe, después de bautizarlo, “siguió su camino lleno de alegría”.
Es que cuando el Señor entra en el corazón de verdad no se echa de menos la presencia física.
¿Y qué es la ascensión?
Hay tres prefacios en torno a esta fiesta.
Extraemos las ideas centrales para nuestra meditación:
* Jesús, después de resucitar se apareció un tiempo a los apóstoles y después, “ante sus ojos, fue elevado al cielo para hacernos partícipes de su divinidad”.
* La Iglesia se goza viendo subir al Señor victorioso y cubierto de gloria:
“El Rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte… ha ascendido a lo más alto del cielo como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y muertos”.
* No se fue Jesús al cielo para desentenderse de nosotros, sino para llenarnos de esperanza, sabiendo que nos llevará con Él:
“No se ha ido para desentenderse de este mundo sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra… para que vivamos con ardiente esperanza de seguirlo en su reino”.
* En el cielo Jesús intercede por nosotros y nos asegura la presencia del Espíritu Santo.
* Finalmente la liturgia nos invita a perseverar en oración con María, seguros de que, según la promesa de Jesús, vendrá a nosotros el Espíritu Santo.
Con estos pensamientos profundos podemos entender mejor lo que significa la ascensión del Señor para la Iglesia.
Vayamos ahora a las lecturas.

*        La primera lectura es el comienzo de los Hechos de los apóstoles.
Nos cuenta San Lucas los últimos encuentros de los apóstoles con Jesús que les pide que queden en Jerusalén hasta que se cumpla la promesa del envío del Espíritu Santo:
“Seréis bautizados con el Espíritu Santo”.
No faltó tampoco la dolorosa incomprensión de quienes todavía soñaban que Jesús podía ser el caudillo que libertara a Israel del imperio de Roma.
Jesús no los toma en cuenta y les explica la misión que deberán hacer con el poder del Espíritu:
“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”.
La última escena es bella:
“Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista”.
Creían que, pasando la nube, volverían a ver a Jesús pero unos “hombres vestidos de blanco les dijeron: ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?
El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse”.
*        El salmo responsorial parece escrito para este día:
“Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas”.
Unámonos a la fiesta que celebra el salmista:
“Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo… tocad para Dios tocad, tocad para nuestro Rey, tocad… Dios reina sobre las naciones”.
*        La segunda lectura pertenece a la carta a los Hebreos.
Recoge una de las ideas del prefacio:
“Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios intercediendo por nosotros”.
A continuación nos recuerda todo lo que Jesús ha hecho por nosotros como único Salvador que ofrece al Padre su propio cuerpo como víctima. Y nos aconseja:
“Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos porque es fiel quien hizo la promesa”.
*        Finalmente en el Evangelio, San Lucas nos ofrece un relato similar al de los Hechos de los apóstoles.
Con esta conclusión del Evangelio y el principio de los Hechos, une el fin de la obra sacrificada de Jesús con la eficacia de la salvación, que es el inicio de la Iglesia.
Jesús sube al cielo.
Ellos regresan con alegría.
Van al templo a bendecir a Dios.
Cuando llega el Espíritu Santo se dispersan para evangelizar el mundo como testigos del amor.
Lucas narra un detalle importante:
Jesús es llevado triunfante como Rey de la creación y al mismo tiempo termina actuando como sacerdote, que se despide bendiciendo.
Amigos, que en este día recibamos la bendición de Jesús para nosotros, para nuestras familias y para el mundo entero.
José Ignacio Alemany Grau, obispo