10 de diciembre de 2014

III DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO B

LA ALEGRÍA DE DIOS QUE VIENE
Tradicionalmente el tercer domingo de Adviento es el “Domingo de la alegría”.

Por ese motivo los ornamentos del celebrante son rosados (cuando se puede) y las velas de la Corona de Adviento en lugar de ser las cuatro moradas, hay una rosada que se prende en este domingo.

Como pueden comprender, los colores de las velas de la Corona tienen que ver con los ornamentos que usa el sacerdote en la Santa Misa.

Esa es la razón por el cual la liturgia nos da hoy motivos especiales de alegría para que vivamos la venida de Jesús como lo que es en realidad:

La alegría más grande. La mejor noticia. Lo más hermoso que ha vivido la humanidad.

En este día podemos entender un poco mejor por qué el Papa Francisco nos ha escrito su carta titulada “El gozo del Evangelio”. ¡El Evangelio es Jesús!

Leamos y meditemos con amor gozoso la liturgia de este día.

*La lectura de Isaías. ¡Bellísima!

Tres pensamientos:

-El Espíritu del amor y gozo está sobre ti, amigo. Lo que el profeta dice del Mesías se lo aplicó Jesús en la sinagoga de Nazaret y tú debes hacerlo tuyo también.

Léelo así: El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido el día del bautismo y de la confirmación para que haga el bien a todos y les descubra la buena nueva de Jesús.

-Ese Espíritu Santo nos hace desbordar de un gozo indecible porque me ha vestido un traje de gala que es la gracia santificante:

“Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas”.

-Toda esta belleza de Dios constituye el jardín más hermoso que podemos imaginar acompañado de la música más agradable, es decir, los himnos que entonan todos los pueblos a su Creador.

*El Magníficat. 

La Madre nos ha dejado el más bello himno de alabanza para que glorifiquemos a Dios como lo hizo Ella.

Rézalo con el gozo de este domingo y mientras lo haces, recuerda tantos regalos y maravillas que Dios te ha ido regalando a lo largo de tu vida.

*Pablo invita a los Tesalonicenses a vivir siempre en la alegría y eso es lo que dice también para ti:

“Estad siempre alegres”.

Pero no se contenta Pablo con esta invitación. Nos da unos hermosos consejos para que nunca perdamos ese gozo profundo que nos regala Dios:

-Ser constantes en la oración.

-Vivir siempre en acción de gracias.

-No apagar el Espíritu Santo.

-Y examinarlo todo quedándonos con lo bueno.

-Guardarnos de todo tipo de maldad para que cuando venga el Señor Jesús nos encuentre dignos de Él.

Por lo demás, san Pablo nos recuerda que es la fidelidad de Dios la que respalda nuestras promesas:

“El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas”.

*El Evangelio nos presenta al Bautista en la descripción que hace de él el apóstol Juan:

-La presentación de Juan:

-Se trata de un hombre que Dios ha enviado como testigo de la luz, esa luz que es el Verbo de Dios.

-La humildad de Juan que pudo aprovecharse de la situación ya que todos lo tenían como alguien muy importante. Él afirma, sin embargo, que ni es el Mesías ni Elías ni ningún profeta especial.

Se define simplemente como una voz que repite lo que se le ordena.

Él ha venido simplemente a preparar los caminos del Señor. De todas formas Juan da a conocer su inmensa alegría al comunicar que el Mesías ya está aquí.

-Lo que más admiramos es la humildad de este Precursor que nos hace ver cuánto agrada a Dios esta virtud que Jesucristo escogió para ponerse como modelo:

“Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”.

Aprovechemos, amigos, este domingo importante para descubrir la alegría de saber cuánto nos ha amado Dios y cómo sólo por amor nos ha enviado a su Hijo querido, este Hijo que constituye, precisamente, el gozo del Padre:

“Este es mi Hijo, mi Amado, mi Predilecto”.
José Ignacio Alemany Grau, obispo

5 de diciembre de 2014

II DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO B

DA IGUAL UN DÍA QUE MIL AÑOS

En este segundo Domingo de Adviento la Iglesia se muestra como la Esposa enamorada de Dios, que sale animosa a su encuentro.

Ella conoce los falsos atractivos de un mundo que pretende encantarnos y pide a Dios la sabiduría necesaria para poder llegar a la plenitud de la vida en Cristo (ver Oración colecta).

Analicemos, por separado, las tres lecturas del ciclo B.

* El capítulo 40 de Isaías, cuyo principio leemos hoy, pertenece en realidad al Deuteroisaías, es decir, un personaje distinto del primer Isaías que escribió los treinta y nueve primeros capítulos.

Con este párrafo comienza el llamado “Libro de la Consolación” y en verdad que desde el inicio trae ecos de ese consuelo de Dios:

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios.

Hablad al corazón de Jerusalén y gritadle que… está pagado su crimen”.

En un segundo momento el mismo Isaías grita que preparen el camino al Señor.

La imagen que utiliza nos recuerda cómo se preparaba la llegada de un rey, allanando cerros y rellenando valles y enderezando caminos tortuosos, para que el viaje le fuera más cómodo al magnate.

El personaje a que se refiere Isaías es evidente: el mismo Dios.

Realmente en este domingo se nos prepara para encontrarnos con Él:

“Aquí está vuestro Dios, mirad, el Señor Dios llega con poder y su brazo manda. 

Viene con Él su salario y su recompensa lo precede”.

Les dejo para su meditación personal estas bellísimas frases de Isaías, que sin duda, es el profeta preferido en la liturgia para su oración, después de los salmos.

Medita y aplícate a ti mismo la ternura y belleza de esta palabra de Dios:

-“Hablad al corazón de Jerusalén.

-Dios viene con la recompensa.

-Como un pastor que apacienta el rebaño lleva los corderos sobre el pecho.

-Cuida personalmente a las ovejas que cría”.

* De la carta de san Pedro.

El apóstol nos habla de la paciencia de Dios “que no quiere que nadie perezca sino que todos se conviertan”.

¡Así es la misericordia de Dios para con nosotros: siempre nos espera!

Nos habla a continuación, con palabras propias del género apocalíptico, de la venida del Señor que “llegará como un ladrón… con gran estrépito los elementos se desintegrarán y la tierra con todas sus obras se consumirá”.

Para nosotros los consejos concretos que da san Pedro son lo importante y nos deben servir siempre:

“Nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que habite la justicia.

Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables”.

Para san Pedro el antes o el después importa poco porque “para el Señor un día es como mil años y mil años como un día”.

* La lectura del Evangelio de hoy es el inicio de San Marcos.

En el primer versículo nos presenta el propósito de todo su escrito: 

La persona de Jesucristo como hijo de Dios.

El relato del día nos recuerda al Bautista, preparando en el desierto la venida del Señor. Lo hace evocando precisamente al profeta Isaías.

La predicación de Juan pedía la conversión para recibir el perdón de los pecados.

Él bautizaba en el Jordán con un bautismo de agua que no es precisamente el sacramento que inaugurará Jesús personalmente.

Por eso el Bautista advertía a la gente que el más importante era Jesús:

“Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle la sandalia. Yo os he bautizado con agua pero Él os bautizará con Espíritu Santo”.

* El salmo responsorial nos anuncia la salvación y la paz:

“Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.

La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra”.

Y aludiendo, sin duda, a la venida del Mesías, dice:

“El Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto”.

Bellas palabras que muchos autores aplican a María que es la tierra que da fruto y ese fruto que da María es el Señor que nos llueve del cielo.
José Ignacio Alemany Grau, obispo