- Libro de la Sabiduría
Refiriéndose a la
Segunda Persona de la Santísima Trinidad, la liturgia nos presenta a Jesucristo
que es verdadero Dios y verdadero hombre y que «por nuestra salvación bajó del
cielo y se encarnó de María por la intervención del Espíritu Santo».
Esta Sabiduría de
Dios es Dios mismo. Sabemos que esta Sabiduría en la teología católica es la
representación de la Santísima Trinidad, Sabiduría del Padre, que hemos de
buscar siempre en nuestra vida.
En este libro de la
Sabiduría se describe al hombre en busca de Dios: «la encuentran los que la
buscan» y en ella encuentran la salvación definitiva, en el seno de Dios. «Ella
misma se da a conocer a los que la buscan».
Por eso, bajo estas expresiones encontramos cómo solamente participando de la Sabiduría de Dios podemos encontrar la felicidad que buscamos y solo Dios puede saciar.
- Salmo 62
El salmista nos
habla de la necesidad de Dios que tenemos en nuestro ser, consciente o
inconscientemente, pero esta necesidad de Dios la ha puesto Dios mismo en
nuestro corazón y así todos buscamos al Dios que nos creó, y por eso nos
echamos en sus brazos porque en Él está la plenitud de nuestro ser:
«Oh Dios, tú eres
mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de
ti, como tierra reseca, agostada, sin agua».
Toda alma bien orientada encuentra su satisfacción en esta Sabiduría que, como hemos dicho, representa a Dios mismo, la Segunda Persona de la Trinidad Santa, Sabiduría de Dios.
- San Pablo
Hablando a los
tesalonicenses de una manera muy escueta, pero muy importante para todos
nosotros, ahora ya, al fin del año litúrgico nos invita a meditar:
«Hermanos, no
queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que os aflijáis como los
hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del
mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con
él».
¿Cuál fue el
resultado de la muerte de Cristo?
Tengámoslo siempre presente: La resurrección, prenda y seguridad de la nuestra propia. Nos da la certeza de que «si morimos con Cristo reinaremos con Él. Y así estaremos siempre con el Señor».
- Verso aleluyático
Es como un resumen
de la parábola que cuenta el Evangelio y que no debemos tener como cosa sin
importancia:
«Estad en vela y
preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Fijémonos que así
termina nuestro Credo: «Creo en la resurrección de la carne y en la vida
eterna».
Motivo no menos importante hacia el fin del año litúrgico.
- Evangelio
Se trata de una
hermosa parábola que responde indirectamente a las grandes preguntas que
solemos tener los seres humanos:
¿Cuándo será el
fin? ¿Cómo será? ¿Adónde iremos?
Estas preguntas que
hacemos todos, sabios y necios, tienen una respuesta clara y definitiva en
Jesús. Meditemos:
Según Jesús se
trata de diez vírgenes que van en busca del esposo y, como tarda, se duermen.
Cinco de ellas eran
prudentes y llevaron alcuzas con aceite, junto con las lámparas, por si se les
apagaran.
En cambio, hay
otras cinco, vírgenes también, que por pura necedad se descuidan y acuden
simplemente con las lámparas.
Jesús lleva al
extremo la parábola. El novio tarda en llegar y todas se duermen.
A medianoche se oye
el grito festivo: «¡Qué llega el esposo! Salid a recibirlo».
Y ahora viene lo
más interesante de la parábola:
Las que tenían
alcuzas de aceite rellenaron las lámparas con el combustible y acudieron con
sus lámparas encendidas.
Las otras cinco,
como no tenían aceite y tenían apagadas sus lámparas no pudieron entrar.
Para nosotros la
enseñanza es importante:
Seamos generosos al
esperar al Señor en nuestras vidas. Lleguemos con las lámparas encendidas y con
abundante repuesto.
Qué alegría para
las prudentes entrar felices al matrimonio de quien representa a Cristo.
Feliz domingo para
todos, con abundante repuesto de aceite.
+ José Ignacio
Alemany Grau, obispo Redentorista
